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La sordera en los ancianos

impacto en el estado emocional

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La presbiacusia en la Tercera Edad conlleva síntomas parecidos a los del deterioro cognitivo, debido a que la información del entorno no se recibe de forma adecuada. Esto provoca, en muchos casos, el aislamiento social de la persona que lo padece y una cierta predisposición a la depresión.
La sordera en los ancianos se considera la tercera afección crónica, después de los trastornos de las articulaciones y del corazón y los vasos sanguíneos (Broto, 2004; Salgado, Guillén & Ruipérez, 2003).

Se estima que un 11% de la población  de entre 44 y 54 años presenta dificultades auditivas, porcentaje que asciende a un 25% entre los hombres y mujeres de 55 a 65 años, y alcanza el 50% cuando se superan los 70 (Klein, 2015).

Las deficiencias sensoriales del anciano no siempre son visibles porque en las primeras fases de la pérdida no existe una disminución en sus capacidades. Además, en este caso, se considera algo natural que el envejecimiento lleve asociado alguna pérdida auditiva. Tampoco existen programas de detección precoz en atención primaria que puedan reconocer las primeras fases del deterioro auditivo (Caballero, Ramírez & Regueiro, 1999; Cohen, Labadie & Haynes, 2005; Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, 2004).

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La presbiacusia no causa únicamente dificultades en la audición, sino que afecta también a la integración sensorial. Esto significa que puede causar síntomas similares al deterioro cognitivo, pero en este caso son síntomas ligados a la disminución de la entrada de información auditiva. Por tanto, no se trata de un deterioro cognitivo como tal, sino de la manifestación del envejecimiento en la audición, que comienza aproximadamente a los 60-65 años (Calenti & Calenti, 2006; Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, 2004).

Es muy importante conocer la diferencia entre una señal de pérdida auditiva (envejecimiento fisiológico) y un síntoma de demencia. En el primer caso, la curva audiométrica mostrará el déficit auditivo únicamente. En el segundo caso, además de la pérdida auditiva, se encontrará lentitud en las respuestas,  un tiempo cognitivo ralentizado y dificultades de memoria, entre otros síntomas, que sugerirán la necesidad de informar a la familia y derivar al paciente para un diagnóstico adecuado (Delano, Martínez, Leiva, Soto, Elespuru & Delgado, 2017; Peracino, 2014).

Las implicaciones que la deficiencia auditiva ocasiona, van a modificar la vida del anciano en la familia y en la sociedad, lo que conllevará problemas asociados como  la indiferencia progresiva hacia el mundo exterior y la interpretación lenta de los sonidos del lenguaje. Dentro de entornos ruidosos, el anciano tendrá una participación en la conversación siempre y cuando esta sea lenta o el tema le sea conocido. De igual forma, durante la misma se hará necesario repetirle frases y aumentar el volumen de la voz. Esto conducirá de forma progresiva a un deterioro en la comunicación, provocando aislamiento social y una mayor tendencia a la depresión en los ancianos con sordera, si no es tratada (Kochkin, 2005; 2007), porque la comunicación se puede convertir en un enfrentamiento con los demás y consigo mismo (Pronk, Deeg & Kramer, 2013; Pronk et al., 2014).

Para analizar el impacto que la pérdida auditiva causa en los ancianos, debemos conocer los factores que pueden cambiar la forma de afrontar la situación que conlleva la discapacidad auditiva que afecta a los pacientes (Shankar, McMunn, Demakakos, Hamer & Steptoe, 2017). En primer lugar, hay que conocer el estado de ánimo del anciano, si  se encuentra deprimido o ansioso. En este caso, la percepción de la realidad estará alterada y se tenderá a minimizar los aspectos positivos, mientras que se maximizarán los negativos. En segundo lugar, hay que conocer las características de personalidad del anciano; su grado de sociabilidad, las relaciones sociales, su entorno familiar o sus intereses, por ejemplo.  Y en tercer lugar, es importante analizar los recursos personales del paciente, como su situación actual o el grado de independencia y movilidad del que disfruta. También hay que considerar el nivel de dificultad que el proceso de adaptación protésica supone para el anciano (Monzani et al., 2008; Pronk, et al, 2011; Sanabria, 2014; Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, 2004).

Es muy importante recomendar al hipoacúsico que inicie y mantenga su proceso de adaptación protésica con audífonos o implantes para lograr mejorar la sintomatología depresiva, de aislamiento y el envejecimiento progresivo que la incomunicación producida por la sordera puede provocar. Se debe, por tanto,  insistir en la idea de que el aislamiento que acompaña a la pérdida auditiva acelera el deterioro cognitivo (Sprinzl & Riechelmannn, 2010).

Por último, hay que ser conscientes de que en las personas mayores puede existir una resistencia lógica al cambio que supone introducir un audífono en su vida. Saber cómo manejarla, con información y empatía, contribuirá a mejorar las habilidades del profesional. Así, las instrucciones que se ofrezcan al anciano en el proceso de conocer su nuevo audífono, la resolución de  todas las cuestiones previas y el seguimiento personalizado del paciente, pueden ayudar al anciano, no solo a recuperar la audición, sino también a su envejecimiento activo (Broto, 2004; Caballero et al, 1999; Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, 2014; Sprinzl & Riechelmann, 2010).

Los audioprotesistas deben conocer todos estos síntomas y circunstancias asociados a la deficiencia auditiva en la tercera edad para poder realizar mejor su trabajo con esta población. 

Bibliografía

Broto, J. P. (2004). Sordera en el anciano. Geriátrika: Revista Iberoamericana de Geriatría y Gerontología, 20(3), 153-154.
Caballero, T. L., Ramírez, A. L., & Regueiro, M. V. (1999). La sordera en el anciano como problema de salud pública. En: Salud pública y envejecimiento: problemas de la geriatría en el año 2000 (pp. 505-516). La Coruña: Fundación Pedro Barrié de la Maza
Calenti, M., & Calenti, J. C. C. M. (2006). Principios de geriatría y gerontología. Barcelona: McGraw-Hill.
Cohen, S. M., Labadie, R. F., & Haynes, D. S. (2005). Primary care approach to hearing loss: the hidden disability. Ear, Nose & Throat Journal, 84(1), 26.
Delano, P. H., Martinez, P. M., Leiva, A., Soto, A., Elespuru, K., & Delgado, C. (2017). Hidden hearing loss and cognitive measures in healthy elders. Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association, 13(7), 1392-1393.
Klein, A. (2015). Del anciano al adulto mayor: procesos psicosociales, de salud mental, familiares y generacionales. Barcelona: Plaza y Valdés.
Kochkin, S. (2005). MarkeTrak VII: Hearing loss population tops 31 millionpeople. Hearing Review, 12(7), 16-29.
Kochkin, S. (2007). MarkeTrak VII: Obstacles to adult non‐useradoption of hearing aids. The Hearing Journal, 60(4), 24-51.
Monzani, D., Galeazzi, G. M., Genovese, E., Marrara, A., & Martini, A. (2008). Psychological profile and social behaviour of working adults with mildor moderate hearing loss. Acta OtorhinolaryngologicaItalica, 28(2), 61.
Peracino, A. (2014). Hearing loss and dementia in the aging population. Audiology and Neurotology, 19(S1), 6-9.doi: 10.1159/000371595
Pronk, M., Deeg, D. J., & Kramer, S. E. (2013). Hearing status in olderpersons: A significant determinant of depression and loneliness? Results from the Longitudinal Aging Study Amsterdam. American Journal of Audiology, 22(2), 316-320. doi: 10.1044/1059-0889 (2013/12-0069)
Pronk, M., Deeg, D. J., Smits, C., Twisk, J. W., van Tilburg, T. G., Festen, J. M., & Kramer, S. E. (2014). Hearing loss in olderpersons: Does the rate of decline affect psychosocial health?. Journal of Aging and Health, 26(5), 703-723. doi: 10.1177/0898264314529329
Pronk, M., Deeg, D. J., Smits, C., van Tilburg, T. G., Kuik, D. J., Festen, J. M., & Kramer, S. E. (2011). Prospective effects of hearing status on loneliness and depression in older persons: Identification of subgroups. International Journal of Audiology, 50(12), 887-896. doi: 10.3109/14992027.2011.599871
Salgado, A., Guillén, F., & Ruipérez, I.(2003). Manual de Geriatría. Barcelona: Masson.
Sanabria, N. (2014). Relación entre el déficit sensorial y la depresión en ancianos. Tesis doctoral de la Universidad de Extremadura.
Shankar, A., McMunn, A., Demakakos, P., Hamer, M., & Steptoe, A. (2017). Social isolation and loneliness: Prospective associations with functional status in older adults. Health Psychology, 36(2), 179. doi: 10.1037/hea0000437
Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (2004). Guía de buena práctica clínica en Geriatría: depresión y ansiedad. [Documento PDF]. Recuperado en diciembre de 2017 de URL: http://envejecimiento.csic.es/documentos/documentos/segg-guiadepresion-01.pdf
Sprinzl, G. M., & Riechelmann, H. (2010). Current trends in treating hearing loss in elderly people: a review of the technology and treatment options–a mini-review. Gerontology, 56(3), 351-358. doi:10.1159/000248761

Autora

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MONTSERRAT DIAZ
Doctora en Psicología.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga Clínica en Centro Integral San Lorenzo
Profesora de Grado en Univ. CEU San Pablo y en el módulo de Técnico Superior en Audioprótesis ISEP-CEU.

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