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Audiometría infantil

El papel del auxiliar

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El papel del audiólogo auxiliar, cuando se trabaja con niños, adquiere especial relevancia. Su presencia en la cabina puede mejorar notablemente los resultados de las audiometrías. Es conveniente saber qué pueden hacer para conseguir una mayor colaboración por parte de los menores y cómo deben actuar según el tipo de prueba.

Instintivamente el trato que damos a un niño no es el mismo que a un adulto; nos adaptamos a su nivel de desarrollo cognitivo, social, emocional y comunicativo. Al demandar su atención y colaboración para las pruebas audiológicas, también es necesaria esta adaptación. Los profesionales que evalúan al niño han de tener en cuenta algunas consideraciones que se describirán en este artículo destacando el papel del auxiliar.

En alguna ocasión he oído a audiólogos mostrar cierto rechazo a hacer audiometrías infantiles por miedo a no saber guiar al niño, no ver respuestas claras y fiables o no conseguir evaluaciones completas, por ejemplo. Aunque algunos de sus temores puedan ser ciertos, no deben ser un motivo para delegar en otros este tipo de pruebas, si se sienten motivados a realizarlas. Con conocimiento, paciencia y práctica, se pueden conseguir muchos y buenos resultados, que en el caso de los niños necesitamos para complementar el resto de pruebas y saber qué están oyendo. Les animamos a formarse mediante el estudio o lectura sobre desarrollo infantil y la práctica; comprobarán lo gratificante y, en muchos casos, divertido que resulta. Aunque nos centraremos en el papel del auxiliar en la Audiometría con Refuerzo Visual (ARV), muchos de los consejos que daremos podrán igualmente servir para el resto de pruebas conductuales.

Las condiciones ideales de partida serían: dos profesionales (audiólogo y audiólogo auxiliar), una cabina con espacio amplio en el que el niño se sienta cómodo y que esté libre de distracciones y, cuanto menor sea el niño, mayor es la necesidad de que el padre, madre o tutor legal permanezca en la cabina con él. En general, los niños están más tranquilos, se consiguen mejores resultados y es más fácil que el adulto entienda el porqué de las pruebas y las conclusiones. Además, los padres son los mejores conocedores de sus hijos y durante la evaluación nos pueden hacer sugerencias para seguir contando con la colaboración del niño. Ambos profesionales han de mostrar alegría y buen trato, han de divertirse con los niños, confiar en ellos y en sus capacidades, y tener claro el objetivo de la prueba, al igual que el papel que desempeñan en la misma.

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De no contar con un auxiliar, el audiólogo tendría que atender a muchos frentes (elementos distractores, condicionamiento, atención del niño, el familiar, manejo del audiómetro y cuidado con las pistas visuales al presentar el estímulo) pudiendo interferir en la obtención de buenos resultados. Por ello, destacamos el papel del auxiliar, ya que gracias a su trabajo se obtienen más resultados, en menos tiempo, y son más fiables. El auxiliar guía al niño, dirige la dinámica de la prueba adaptándose a los acontecimientos inesperados (rabietas, pérdida de atención, pistas del adulto…), optimizando así el tiempo y la colaboración del pequeño.

El auxiliar debe conocer los hitos del desarrollo normativo y debe ser capaz de adaptar la prueba a ese niño en particular. Si tiene un desarrollo evolutivo normal, lo lógico sería empezar con una metodología acorde a su edad, aunque lo más recomendable es ajustarla a cada niño en particular. Por ejemplo, si el paciente no da respuestas condicionadas al estímulo auditivo, el auxiliar puede condicionarle con otro tipo de estímulo (visual, táctil) con el fin de averiguar si no responde porque no entiende la prueba o porque no está escuchando el estímulo. Para la ARV es necesario considerar la visión del niño, al igual que el control cefálico y nivel cognitivo para su condicionamiento. 

La forma en la que el auxiliar se adapta al pequeño será anticipatoria en la medida de lo posible, es decir, tratará de prever y evitar situaciones que dificulten la prueba. Por ejemplo, cambiar de elemento distractor si observa que uno en particular puede ser demasiado atractivo para ese niño y pueda hacerle centrar toda su atención en él. También el auxiliar debe atender al estado emocional del adulto,  le explicará lo que se está haciendo, lo que se espera, y tratará de evitar cualquier signo de ansiedad. Al citar al niño, hay que tener en cuenta que, aun contando con la figura del auxiliar, para completar la audiometría puede ser normal citarle al menos un par de veces, evitando la hora de la comida o la siesta.

Contar con un auxiliar además nos ayuda a visualizar las respuestas; cuando son muy claras no hay dudas, pero cuando no lo son, la comparación de ambas observaciones puede ser determinante. La ubicación del niño tiene que permitir una buena visibilidad tanto al auxiliar como al audiólogo y debe dejarle girar la cabeza con facilidad hacia el refuerzo visual (90º).

El auxiliar condicionará y re-condicionará al niño cuando pierda su atención. Este recibirá tanto el refuerzo visual como la aprobación social del auxiliar. Hay que tener en cuenta que, cuanto menor es la edad de los niños, en general, la colaboración también es menor, y que hasta los tres años es normal ver respuestas unos 10-15dB por encima del umbral real.

Por último, añadir algunas consideraciones generales en cuanto a la audiometría con juego. El auxiliar debe elegir juguetes de menos a más atractivos para ir manteniendo la atención del niño. Han de ser juguetes que no emitan ruido (también en la ARV) y hay que tener en cuenta el control de estímulos,  mostrando solo el que sea necesario en cada momento. La acción que tenga que ejecutar el niño debe resultarle fácil y rápida. Hay que considerar, al igual que en la ARV, su visión, nivel cognitivo y motricidad que ha de ser más precisa en este tipo de audiometría. Hacer partícipe al adulto que le acompaña en muchas ocasiones es sinónimo de éxito. Es el auxiliar el que tiene que plantearse si el adulto que está en la cabina le será de ayuda o todo lo contrario.

No hay que olvidar que los niños son niños; la mayoría quieren jugar, se enfadan si se les obliga a hacer algo que no quieren, sus períodos de atención son cortos, necesitan cambios de estímulos durante el juego, pueden tener un mal día como cualquiera, y para aprender a gestionar todo ello requieren, como en todo, de un adulto que les guíe. Durante la audiometría esa función la desempeñará el auxiliar, adaptando la dinámica de la prueba al niño, guiándole y haciéndole pasar un rato divertido y productivo para todos.

AUTORA

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LETICIA GÓMEZ
Audióloga y Logopeda

Audióloga en la Asociación Alexander Graham Bell Internacional (antes Fundación Oír es Clave).
Máster y Experto en Audiología por la Universidad de Salamanca.

revistagacetaudio@gmail.com

Revista Gaceta Audio

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