Implantes cocleares: evolución y ventajas

29/04/2016 | Comparte:

Aunque ha dejado de ser algo excepcional, el implante coclear es una de las tecnologías que más ha revolucionado el mundo de la deficiencia auditiva profunda neurosensorial.

Desde que André Djourno realizó en 1957 el considerado primer implante coclear, esta práctica ha ido evolucionando pasando por el IC monocanal del Doctor William F. House en los años 60 o el IC multicanal del Profesor Graeme Clark hasta convertirse en una ayuda tecnológica esencial para el tratamiento de determinado tipo de sorderas.

Y es que hoy en día, esta tecnología implantada por primera vez en España en 1985 cuenta con gran proyección. Los datos así lo reflejan: cerca de 13.500 implantados en nuestro país, más de 40 centros implantadores y 4 empresas fabricantes. Sin duda, un escenario muy prometedor, en el que se sigue avanzando.

Para entender la proyección de esta importante ayuda auditiva, previamente es importante entender su definición y funcionamiento. A grandes rasgos, un implante coclear (IC) es un transductor que transforma las señales acústicas en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo; y que son procesadas a través de las diferentes partes de las que consta el dispositivo, y que se dividen en externas e internas:

Externas:

Micrófono (1):

Recoge los sonidos que pasan al procesador.

Procesador (3):

Selecciona y codifica los sonidos más útiles para la comprensión del lenguaje.

Transmisor (4):

Envía los sonidos codificados al receptor (5).

Internas:

Receptor-Estimulador (5):

Se implanta en el hueso mastoides, detrás del pabellón auricular. Envía las señales eléctricas a los electrodos.

Electrodos (6):

Se introducen en el interior de la cóclea oído interno y estimulan las células nerviosas que aún funcionan. Estos estímulos pasan a través del nervio auditivo al cerebro, que los reconoce como sonidos y se tiene -entonces- la sensación de “oír”.

Ambas partes (externa e interna) se ponen en contacto por un cable (2) y un imán (4).


Más en detalle, su funcionamiento se basa en un proceso en el que primeramente los sonidos son recogidos por el micrófono, y pasan por el procesador a través de un cable que conecta con el auricular, en una señal eléctrica codificada.

Esa señal eléctrica es enviada por el cable a la bobina transmisora (antena) y desde allí se transmite por ondas de radiofrecuencia al procesador, por un imán a través de la piel. Dicha señal viaja hasta el filamento de los electrodos (ubicados tonotópicamente en la cóclea) que estimulan el nervio auditivo, transmitiéndose al cerebro dónde es interpretada como sonido.

En lo referente a las tipologías de IC, actualmente existen en el mercado español cuatro empresas, con sus cuatro respectivas marcas comerciales, que están fabricando implantes de última generación, muy fiables y avanzados: Nucleus, de la casa australiana Cochlear; Clarión, de la casa americana Advanced Bionics; Medel, fabricante austriaco; y la compañía sueca Oticon Medical. Cada una de ellas, con diferentes modelos, según su número de electrodos y estrategias de programación.

EL ANTES: LA VALORACIÓN

No todas las personas sordas pueden llevar un IC, ya que esta ayuda es específica sólo para algunos tipos de sordera. En este sentido, valorar su indicación corresponde a un equipo multidisciplinar de un Centro Implantador, capitaneado por un ORL. La decisión dependerá de cada caso, y de si el candidato en cuestión cumple con los siguientes requisitos mínimos:

Sordera neurosensorial bilateral profunda o total
Imposibilidad de beneficiarse de una prótesis auditiva convencional.
Convicción del paciente de que la mejora auditiva que obtendrá le beneficiará personal y socialmente.

Normalmente, antes de tomar una decisión, se somete al candidato a diferentes pruebas como, por ejemplo, una revisión otológica general, diversas audiometrías, potenciales evocados, otoemisiones acústicas, un escáner, radiografías y un examen logopédico y de lenguaje.

Y se analiza meticulosamente el perfil de la persona y su tipo de sordera, ya que se sabe que las personas que sacarán mayor beneficio del implante serán los niños implantados precozmente, por su mayor plasticidad neurosensorial, y las personas postlocutivas con una sordera de poco tiempo de evolución (las que han perdido la audición después de tener adquirido el lenguaje y que tienen huellas auditivas en su cerebro porque han oído previamente).

A diferencia de las personas prelocutivas, que son las que han nacido sordas o las que han adquirido la sordera a edades tempranas y aún no han incorporado el lenguaje.

EL DURANTE: LA CIRUGÍA Y SUS RESULTADOS

La colocación del implante se basa en una cirugía, con anestesia general, de aproximadamente tres horas de duración. Una operación que, fundamentalmente, consiste en colocar los electrodos en la cóclea y en rebajar el hueso parietal para ubicar y fijar el estimulador receptor. Después de esto, se cierra y se sutura la zona con puntos, que se retirarán en una semana.

Es una práctica hospitalaria que no entraña mayores riesgos que cualquier otra operación de microcirugía otológica; y que por lo general requiere una estancia de 2 a 3 días de ingreso en el Centro Implantador.

Una vez realizada la implantación, hay que esperar aproximadamente un mes para poder empezar a oír. La zona debe haber cicatrizado totalmente, antes de que se conecten las partes externas del aparato. Es justo en estas zonas exteriores donde pueden surgir algunos inconvenientes, ya que están más expuestas a roces y golpes.

Al principio, cuando estas partes externas son programadas, el sonido se oye de un modo metalizado y con mucha falta de discriminación entre las diferentes señales y voces, pero a medida que se van acoplando los electrodos al oído, y con las pertinentes reprogramaciones y ajustes periódicos, esta diferenciación será mayor, hasta llegar al punto de discriminar claramente un 98% de los sonidos y el habla.

A la hora de entender la televisión, escuchar música o el teléfono, el resultado dependerá del tipo de sordera del paciente, y de la duración de la misma. En el caso de los prelocutivos este hecho puede resultar algo más complejo debido al tiempo de su hipoacusia; por lo tanto en estos casos se necesitará una mayor rehabilitación y práctica auditiva con estos aparatos domésticos. En el caso de los postlocutivos su posible comprensión puede resultar menos compleja e incluso más significativa ya que muchos de estos pacientes pueden llegar a mantener conversaciones telefónicas y a discriminar la música.

A medida que se vaya avanzando en la rehabilitación, en la estimulación y en las programaciones del implante se notará que la discriminación de las voces resultará más clara con respecto a cada persona interlocutora, llegando a diferenciar perfectamente los timbres y entonaciones.

A medida que se vaya avanzando en la rehabilitación, en la estimulación y en las programaciones del implante se notará que la discriminación de las voces resultará más clara con respecto a cada persona interlocutora, llegando a diferenciar perfectamente los timbres y entonaciones.

En el caso del teléfono, es importante advertir de las posibles interferencias que pueden aparecer en el uso de teléfonos digitales, producidas por su campo magnético; por lo que para estos pacientes se sigue aconsejando el uso de teléfonos analógicos.

No obstante, en la actualidad diversas casas comerciales están mejorando los implantes para hacerlos más compatibles con todo tipo de móviles y demás dispositivos.

EL DESPUÉS: REHABILITACIÓN Y MANTENIMIENTO

La rehabilitación es la parte más importante después de la cirugía.

El factor tiempo dependerá en gran medida de la evolución del paciente y de la sordera padecida, según sea postlocutiva o prelocutiva; pero por lo general durará entre seis meses y un año. Un periodo que consiste en sacar el máximo provecho auditivo del IC, para lo cual es necesario detectar los sonidos y las voces, identificarlos y saber a qué corresponde cada uno.

A partir de aquí, ya sólo habrá que ser cuidadoso con el mantenimiento del implante, que es bastante sencillo. Bastará con tener sumo cuidado con las partes externas para evitar al máximo que puedan sufrir daños o golpes, y tener precaución con el cable que une el procesador con el micrófono, ya que con los roces puede romperse. Se ha comprobado que esta parte es la que más se desgasta, y la que más posibilidades tiene de romperse y estropearse.

Además, los recambios de los implantes suelen ser caros dada su importancia para el funcionamiento, aunque varían en precio según las marcas y modelos.

En el caso de que se rompa alguna parte implantada interna, lo más probable es que el estimulador del implante deje de funcionar correctamente. En tal caso se debería sustituir este elemento dañado por otro nuevo en el quirófano, teniendo que volverse a someter a una intervención quirúrgica para poder reimplantarlo, extrayendo el estimulador estropeado y colocando el nuevo.

En lo referente al desgaste energético, la duración de las pilas dependerá en gran medida del uso continuado que se le dé al implante y a la cantidad de información sonora que reciba el procesador, ya que cuanto más deba trabajar este elemento para interpretar sonidos más batería gastará. Por otro lado, también dependerá de la calidad de las pilas o baterías utilizadas. Normalmente deben ser alcalinas que son de mayor duración (duran alrededor de un día o día y medio).

Nuestra labor como audioprotesista es la adaptación y posterior seguimiento de los IC: programar  y realizar los ajustes necesarios del procesador mediante el software específico de cada fabricante, colaborar en la rehabilitación y seguimiento del paciente para que, junto con el trabajo del equipo multidisciplinar, obtenga los mejores resultados posibles.

En lo referente a las revisiones, éstas dependerán en gran parte de la evolución del paciente y de los buenos resultados que vaya obteniendo con el implante, pero en cualquier caso al principio de la implantación las revisiones suelen ser más periódicas (normalmente cada tres meses) para evaluar el rendimiento que el implante proporciona al paciente implantado. Una vez que el rendimiento ya empieza a ser regularizado, y si no surge ningún problema añadido, se podrá llevar un control del estado del paciente con dos visitas al año.

Con el paso del tiempo otro de los inconvenientes que pueden ir surgiendo es la incompatibilidad de “nuestro” implante con los nuevos modelos que vayan apareciendo en el mercado, más precisos y avanzados, con mejoras y nuevas prestaciones.

Por lo que cabe pensar que a largo plazo será necesaria una reimplantación, ya que se puede dar el caso de que las partes externas del implante no sean compatibles con las partes internas, o que el modelo o la marca desaparezca (como, por ejemplo, Laura e Ineraid); con lo cual, con el paso del tiempo, encontrar piezas de recambio podría resultar dificultoso.

Fuente consultada: Federación de Asociaciones de Implantados Cocleares de España (AICE).

CENTROS IMPLANTADORES:

  • Ciutat Sanitaria de la Vall d’Hebron de Barcelona
  • Ciutat Sanitaria de Bellvitge de Barcelona
  • Clínica Clarós
  • Clínica Girona
  • Clínica Universitaria de Navarra
  • Complejo Asistencial Son Dureta de Palma de Mallorca
  • Complejo Hospitalario Juan Canalejo-Marítimo de Oza de A Coruña
  • Complejo Hospitalario Materno Insular de las Palmas de Gran Canaria
  • Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de A Coruña
  • Complexo Hospitalario Xeral-Cies de Vigo
  • Fundació de G.S. de l’Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona
  • Clínica Ntra. Sra. de la Concepción de Madrid
  • Fundación de Otología Dr. García-Ibáñez
  • Hospital de Badalona Germans Trias i Pujol de Barcelona
  • Hospital Central de Asturias
  • Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza
  • Hospital Clínico Universitario San Cecilio de Granada
  • Hospital Clínico Universitario de Valencia
  • Hospital Doce de Octubre de Madrid
  • Hospital Niño Jesús de Madrid
  • Hospital Nuestra Señora de Aranzazu de Guipúzcoa
  • Hospital Ramón y Cajal de Madrid
  • Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona
  • Hospital Universitario La Fe de Valencia
  • Hospital Universitario Dr. Peset
  • Hospital Universitario de Salamanca
  • Hospital Universitario de La Paz de Madrid
  • Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca
  • Hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres
  • Complejo Hospitalario Móstoles-Alcorcón de Madrid
  • Complejo Hospitalario Virgen de la Victoria de Málaga
  • Hospital Miguel Servet de Zaragoza
  • Hospital del Río Hortega de Valladolid
  • Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Cantabria
  • Hospital Universitario de Canarias de Tenerife
  • Instituto ORL Antolí Candela
  • Complejo Hospitalario Universitario de Albacete
  • Hospital General La Mancha Centro de Ciudad Real
  • Hospital General de Ciudad Real
  • Hospital Universitari Arnau de Vilanova de Lleida
  • Fundación Jiménez Díaz de Madrid
  • Hospital Clínico San Carlos de Madrid
  • Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid
  • Hospital Central de la Cruz Roja Española
  • Hospital Severo Ochoa de Madrid
  • Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela
  • Hospital de San Sebastián

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Cómo abordar la rehabilitación de la hipoacusia generada por el AVD

El acueducto vestibular dilatado (AVD) es una anomalía del oído interno que puede afectar tanto a la audición como al equilibrio. Está encuadrada dentro de las hipoacusias neurosensoriales, en el grupo de alteraciones cocleovestibulares. Conocer sus características clínicas y audiológicas es clave para ofrecer rehabilitaciones auditivas adecuadas y una atención centrada en el paciente, como se ha tratado en otros artículos de esta misma revista. Este artículo explora esta condición y revisa las recomendaciones basadas en la literatura científica para la adaptación de audífonos y el seguimiento de los pacientes. El AVD es la malformación del oído interno más frecuente asociada con hipoacusia neurosensorial (entre un 5% y un 15%). Fue descrito por primera vez en 1791 por Carlo Mondini durante una disección del hueso temporal. Sin embargo, no fue hasta 1969 que Valvassori relacionó estas malformaciones con síntomas similares a los del síndrome de Ménière 1. En 1978, Valvassori y Clemis definieron formalmente el AVD tras revisar 3,700 estudios de tomografía y establecieron que un acueducto vestibular se considerará dilatado cuando su diámetro supere 1,5 mm. En adultos, el diámetro puede oscilar entre 1,5 mm y 8 mm, siendo el promedio de 4 mm. Aunque algunos estudios utilizan criterios diferentes, la definición de Valvassori y Clemis sigue siendo la más aceptada en la actualidad. El acueducto vestibular dilatado se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada y la resonancia magnética. Antes de continuar y para evitar posibles confusiones, cabe destacar que aunque  Mondini fue el primero en describir estructuras relacionadas con el acueducto vestibular dilatado, la condición que se conoce como displasia de Mondini  hace referencia a una malformación de la cóclea, caracterizada por encontrarse una vuelta y media en lugar de dos vueltas y media, y un saco endolinfático bulboso, junto con otras posibles anomalías del oído interno. Es importante destacar que la displasia de Mondini y el acueducto vestibular dilatado (EVA) no son lo mismo, aunque en algunos pacientes con Mondini también puede presentarse EVA. Esta distinción ayudará a evitar confusiones al interpretar diagnósticos y al planificar la rehabilitación auditiva. EL AVD se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). La TC permite visualizar el acueducto vestibular, mientras que la RM muestra el conducto endolinfático y el saco endolinfático. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres, y puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos. Hoy en día, las pruebas de imagen están incluidas en los estudios que se realizan cuando se detectan niños con pérdida auditiva y gracias a esto se ha descubierto que el AVD es la malformación del oído interno que con más frecuencia se encuentra en estas imágenes, aunque en el 40% de los casos aparece junto con otras malformaciones 1. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres. Puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos como el síndrome de Pendred, que provoca problemas tiroideos y bocio, así como a otros síndromes como CHARGE o Branquio-oto-renal (BOR). Los síntomas que podemos encontrar asociados con el AVD pueden ser auditivos y vestibulares. Incluyen no superar el cribado auditivo, menor respuesta a los sonidos en la vida diaria, retraso o dificultades en el desarrollo del habla y el lenguaje, así como problemas para oír, que en algunos casos aparecen tras golpes en la cabeza. Respecto a los síntomas vestibulares, es frecuente que haya retraso para empezar a andar, episodios de vértigo de duración variable y/o sensación persistente de desequilibrio. Las pruebas para evaluar la función auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado (AVD), no difieren de las normales, siendo recomendable que se lleve a cabo una impedanciometría para comprobar la movilidad del tímpano y la presión del oído medio. En contexto clínico también incluyen emisiones otoacústicas (OAE), que verifican la función de las células ciliadas externas de la cóclea, y potenciales evocados vestibulares (VEMP), para valorar la función del sistema vestibular. Esta batería permite diferenciar entre problemas del oído medio y del oído interno, y proporciona información clave para el manejo clínico y la planificación de audífonos o implantes cocleares. No obstante, una vez que se conoce la condición, puede eludirse la medición de los reflejos teniendo en cuenta que pueden generar molestias vestibulares. Con relación al tipo de pérdida, la pérdida auditiva asociada al AVD puede presentarse como conductiva, neurosensorial o mixta, predominando el componente conductivo o mixto en las bajas frecuencias (250–1000 Hz) y el neurosensorial en las frecuencias altas. Si tenemos en cuenta las características del perfil audiométrico, los más frecuentes son tres: curva con caída en agudos y graves normales o más conservados, curva plana o el perfil conocido como «cookie-bite inverso», en el que la audición es peor en las frecuencias bajas y altas, pero se conserva relativamente mejor en las frecuencias medias. La severidad de la hipoacusia asociada al AVD es muy variable, y puede manifestarse desde leve hasta profunda. Una particularidad en esta condición es su evolución, pudiendo permanecer estable o progresar de forma gradual o súbita a lo largo del tiempo. Diferentes estudios, como el de Gopen et al.2, concluyen que entre el 60% y el 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico, mientras que solo el 30–40 % se mantiene estable a lo largo de este período. En este sentido, es muy importante entender que en el AVD puede aumentar el riesgo de un descenso súbito en la audición por factores como traumatismos craneales, cambios de presión, fiebre alta, exposición a ruidos intensos o infecciones respiratorias, aunque no siempre ocurre, especialmente en el caso de los traumatismos si estos son leves. Alrededor del 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico. Los pacientes que han tenido fluctuaciones previas en la audición son más susceptibles de que ocurran nuevos episodios de pérdida. El tamaño del acueducto vestibular y del saco endolinfático no permite predecir cómo evolucionará la pérdida auditiva, aunque algunos estudios sugieren que los acueductos más grandes podrían asociarse a un mayor riesgo de empeoramiento progresivo. Es importante que los audiólogos conozcan que, a medida que progresa la pérdida auditiva, la capacidad de reconocer palabras suele disminuir, y que esta dificultad en la discriminación puede ser mayor a la esperada en comparación con otras hipoacusias con similar componente conductivo o mixto de origen en el oído medio y no coclear. Según las conclusiones de Wolf 1, no existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Se han utilizado procedimientos como el «Shunt», consistente en drenar o derivar el exceso de líquido del saco endolinfático, la oclusión o el uso de corticosteroides, si bien no se han mostrado eficaces y en algunos casos, pueden empeorar la audición. Por ello, el manejo se centra en los síntomas y en mejorar la comunicación del paciente mediante audífonos, implantes cocleares, sistemas FM y estrategias de apoyo a la comunicación, como la ubicación preferencial en el aula y medidas que favorezcan la lectura labial. No existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Como se ha dicho unas líneas más arriba, la pérdida auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado puede ser conductiva, mixta o sensorioneural, y su evolución varía: puede mantenerse estable, fluctuar o empeorar de manera súbita. Es por ello muy importante ante este diagnóstico, utilizar todas las herramientas clínicas disponibles para poder diferenciar componentes conductivos de origen coclear de los relacionados con el oído medio. La vigilancia continua de la audición, el rendimiento de los audífonos y la programación de implantes cocleares es esencial cuando hay fluctuaciones. Además, dado que el EVA puede tener un componente genético, se recomienda también evaluar a otros miembros de la familia. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante el feedback del paciente. En referencia a la programación de los audífonos, no existe una regla estricta sobre si usar los umbrales óseos o tratar la adaptación como pérdida neurosensorial, a pesar del eventual GAP. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante retroalimentación y cuestionarios de validación al paciente, comprobaciones electroacústicas o pruebas verbales en cabina, ajustando la programación según la respuesta funcional del paciente. Por ello, en nuestra práctica, la rehabilitación de la hipoacusia generada por un AVD sugiere contemplar los siguientes aspectos: 1. Asesoramiento y educación familiar como un aspecto clave. • Informar a pacientes y familias sobre actividades que deben evitarse para prevenir la progresión de la pérdida auditiva, como deportes de contacto, golpes en la cabeza o cambios bruscos de presión. •  Explicar la naturaleza fluctuante de la EVA y la importancia del uso constante del audífono. 2. Plan de revisiones y seguimiento flexible. •  Establecer un calendario de controles auditivos que pueda adaptarse a las fluctuaciones auditivas del paciente. •  Permitir evaluaciones anticipadas si se detectan cambios en la audición entre citas programadas. •  Registrar las observaciones de la familia o del paciente sobre la audición y el comportamiento comunicativo para optimizar ajustes. 3. Selección de dispositivos versátiles dada la posibilidad de progresión. •  Elegir audífonos que permitan la modificación flexible de la ganancia (audífonos Rite con diferentes potencias de auricular) a cambios en la audición, evitando usar de entrada una ganancia muy alta que pueda ser perjudicial. •  Informar y formar a los pacientes para que puedan utilizar accesorios de conectividad y aplicaciones como apoyo en el manejo de las fluctuaciones. 4. Programación conservadora de la Máxima Presión de Salida (MPO). •  Ajustar la MPO con precaución debido a los posibles síntomas vestibulares asociados con AVD, evitando molestias y sobrecarga auditiva. 5. Diferenciación de causas de fluctuaciones. •  Considerar que a los síntomas producidos por el AVD pueden sumarse otros problemas típicos de oído medio (mucosidad, infecciones, tapones de cerumen). •  Realizar pruebas como timpanometría para diferenciar si la fluctuación se debe al AVD o a condiciones del oído medio. 6.  Ajustes de ventilación (venting). •  Tras seleccionar la ventilación según las características de la pérdida auditiva, es fundamental su verificación objetiva mediante mediciones en oído real (REM), asegurando que no se genere presión sonora inesperada. 7. Programación basada en pérdida neurosensorial. •  Aunque pueda existir un componente conductivo, se recomienda programar los audífonos considerando la pérdida neurosensorial, ajustando según la respuesta del paciente y las evaluaciones de desempeño auditivo. Puede ocurrir que en este tipo de condición finalmente sea necesario un implante coclear. En cuanto al resultado de esta intervención,  los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados 3 si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En adultos, la duración del uso previo de audífonos puede influir en el rendimiento posoperatorio, afectando la adaptación y aprovechamiento del implante. Los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En conclusión, el conocimiento del Síndrome del Acueducto Vestibular Dilatado y la atención a las consideraciones clínicas asociadas es fundamental para un manejo adecuado de la rehabilitación auditiva de esta población, permitiendo abordar con confianza una patología no siempre bien conocida, así como tomar decisiones más precisas. Referencias: 1 Wolf, J. (s.f.). Advanced management of complex cases: Enlarged Vestibular Aqueduct. Audiology Online. https://www.audiologyonline.com 2 Gopen Q, Zhou G, Whittemore K, Kenna M. Enlarged vestibular aqueduct: review of controversial aspects. Laryngoscope. 2011 Sep;121(9):1971-8. doi: 10.1002/lary.22083. Epub 2011 Aug 16. PMID: 22024854. 3 Hura, N., Stewart, M., & Walsh, J. (2020). Progression of hearing loss and cochlear implantation in large vestibular aqueduct syndrome. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 135, 110133. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2020.110133

Beltone refuerza su compromiso con la audiología en ópticas durante ExpoÓptica 2026

Madrid. 8 de abril de 2026 La compañía participa en el principal encuentro del sector para impulsar el desarrollo de la audiología como línea estratégica de crecimiento sanitario y empresarial. Beltone participa un año más en ExpoÓptica 2026, el principal encuentro profesional del sector óptico y audiológico en España, que se celebra del 9 al 11 de abril en IFEMA Madrid (pabellón 10, stand E12). Con motivo de esta edición, la compañía presentará un espacio expositivo orientado a la experiencia directa con la innovación, donde los asistentes podrán interactuar con las soluciones tecnológicas y conocer de primera mano su aplicación práctica en el ámbito audiológico. Ubicación: Stand Beltone. Pabellón 10 | 10E12 Horario: De 10:00 a 20:00 Entre los principales contenidos del stand destacan: Novedades de producto Presentación de las últimas innovaciones y del portfolio completo de soluciones auditivas de Beltone. Experiencia SAR 01 Espacio diseñado para la demostración práctica de la tecnología auditiva en condiciones reales de escucha. Nueva imagen Beltone Ópticas Evolución de la identidad orientada a reforzar la integración de la audiología en el entorno óptico y mejorar la conexión con el profesional. Con esta presencia, Beltone reafirma su compromiso con el desarrollo de la audiología dentro de las ópticas, una línea de actividad en crecimiento que combina impacto sanitario y oportunidad empresarial para los profesionales del sector. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el aumento de los problemas auditivos, la audiología se consolida como un servicio con elevado potencial. Las ópticas, gracias a su proximidad, capilaridad y relación de confianza con el cliente, se sitúan en una posición estratégica para integrar esta disciplina en su propuesta de valor. Según datos del estudio EuroTrak, cerca del 30 % de las ópticas españolas ya ofrecen servicios de audiología, una tendencia al alza que refleja la evolución del sector hacia un modelo de atención más integral, en el que visión y audición se abordan de forma conjunta. En este contexto, Beltone se posiciona como aliado de los profesionales, facilitando la incorporación y el desarrollo de la audiología mediante soluciones, herramientas y programas de apoyo orientados a garantizar la calidad asistencial, la sostenibilidad del negocio y una experiencia óptima para el paciente. Durante la feria, la compañía centrará su actividad en la generación de conocimiento, la resolución de consultas y el fomento del intercambio profesional en torno al desarrollo de esta área dentro de los establecimientos ópticos. Con su participación en ExpoÓptica, Beltone consolida su papel como partner estratégico del sector óptico, impulsando la evolución hacia modelos más completos de atención sanitaria y contribuyendo a mejorar el acceso de la población a soluciones auditivas de calidad.
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