Hipoacusia mínima en niños… ¿o quizá no tan mínima?

27/02/2023 | Comparte:
Autor/a: Myriam González
Las primeras publicaciones sobre hipoacusias unilaterales en niños, hace 25 años, despertaron gran interés en la comunidad médica y audiológica. Gracias a ellas, la atención dejó de concentrarse exclusivamente en los niños con pérdidas auditivas severas y profundas y se diversificó considerablemente, incluyendo hipoacusias más leves, de otros grados y tipos.

Muchos niños con hipoacusia mínima sin diagnosticar «sobreviven» en el sistema educativo con evidentes problemas escolares, que difícilmente pueden resolverse sin llegar a su origen.

Antes de estos primeros estudios, los profesionales consideraban que las hipoacusias leves y moderadas (y en esta categoría cabe incluir las hipoacusias unilaterales) no tenían una repercusión relevante en el aprendizaje ni en el desarrollo. Sin embargo, los datos de estas incipientes investigaciones demostraron que los niños con grados mínimos de hipoacusia permanente o transitoria se encontraban en claro riesgo de presentar problemas de aprendizaje o de conducta.

Aunque pueda parecer increíble y pese a haber experimentado algunos avances notorios en este terreno, estos problemas todavía persisten en gran medida, y aún existe cierto desconocimiento sobre esta hipoacusia y sus consecuencias, así como algo de polémica sobre qué niños de los que presentan hipoacusia mínima requieren una intervención por parte de los especialistas, qué tipo de intervención es la más efectiva o qué medidas preventivas podrían ponerse en práctica para evitar las dificultades de aprendizaje que se presentan en muchos de estos casos.

Para poder avanzar en la revisión de este tema, es importante hacer referencia al trabajo de Bess (1998), precursor de estos estudios, que definió por primera vez las diferentes categorías de hipoacusia que puede englobar la denominación de «hipoacusia mínima», a saber:

— Hipoacusias neurosensoriales bilaterales con una media de umbral tonal vía aérea entre 20 y 40 dBHL bilateral, con una media de GAP óseo-aéreo de no más de 10 dB en las frecuencias 1000, 2000 y 4000 Hz.

— Hipoacusia neurosensorial unilateral con una media de umbral tonal vía aérea ≥20 dB HL en el oído afectado en las frecuencias 500, 1000 y 2000 Hz y una media de GAP óseo-aéreo de no más de 10 dB en las frecuencias 1000, 2000 y 4000 Hz. La media de los umbrales tonales por vía aérea en el oído no afectado debe ser ≤15 dB HL.

— Hipoacusia neurosensorial de alta frecuencia, con umbrales tonales de vía aérea >25 dB HL en dos o más frecuencias por encima de 2000 Hz
(por ejemplo, 3000, 4000, 6000, 8000 Hz), en uno o en los dos oídos, con un GAP óseo-aéreo en 3000 y 4000 Hz no mayor de 10 dB. 

Las hipoacusias unilaterales, a las que se ha prestado en los últimos años especial atención, no siempre forman parte de esta clasificación; algunos autores las consideran como una entidad aparte de las hipoacusias mínimas.

Pese a haber experimentado algunos avances notorios en este terreno, aún existe cierto desconocimiento sobre la existencia de esta hipoacusia y sus consecuencias.

Históricamente, estos grados de hipoacusia se han definido de diferentes formas, utilizándose también otros términos como hipoacusias leves o hipoacusias moderadas, de modo que la terminología tampoco ha estado exenta de polémica. En este sentido, Bess siempre destacó que, a pesar de las implicaciones de todos estos términos, el hecho de que la pérdida auditiva sea mínima, leve o moderada, no significa en absoluto que su repercusión en el aprendizaje para algunos niños sea igual de mínima o leve. Más bien hace hincapié en que dicha terminología alude exclusivamente al grado de hipoacusia y no a sus consecuencias.

¿Cuáles son entonces las repercusiones de estas pérdidas mínimas? 

Los estudios realizados por Bess y sus colaboradores evaluaron estas repercusiones diferenciando las hipoacusias unilaterales y las hipoacusias bilaterales. 

En el primero de estos estudios, el grupo de investigación liderado por Bess trató de caracterizar el impacto psicoeducativo de la hipoacusia unilateral comparando con un grupo control de audición normal. Así, su estudio comenzó en los 80, con un grupo de 60 niños con hipoacusia unilateral, llegando a la alarmante revelación de que aproximadamente un tercio de estos repetían al menos un curso en la escuela y casi el 50% repetía un curso o necesitaba apoyo escolar o extraescolar. El estudio de Bess fue replicado en varias ocasiones en los años posteriores en Estados Unidos y también en Europa y tan solo un par de estudios no encontraron diferencias estadísticamente significativas en el rendimiento académico entre los niños con pérdida unilateral y los niños con audición normal.

De este modo, y considerando que cada vez estaba más probada la repercusión de la hipoacusia unilateral en el rendimiento escolar, empezaron a planificarse estudios más exhaustivos que permitieran identificar factores condicionantes de estas dificultades, como déficits cognitivos, auditivos o de habla y lenguaje.

Así, muchos de estos trabajos demostraron que los niños con hipoacusia unilateral obtenían puntajes más bajos en percepción del habla que sus pares de audición normal, tanto en ambiente ruidoso como en ambiente silencioso, si bien en la primera situación la diferencia entre los dos grupos se incrementaba. 

Los estudios realizados sobre el desarrollo del habla y del lenguaje no muestran sin embargo diferencias significativas entre los dos grupos, aunque sí se detecta un mayor porcentaje de niños con retraso de lenguaje respecto al grupo control en edades más tempranas, entre 15 y 62 meses. Una hipótesis probable a este respecto es que las diferencias en el desarrollo del lenguaje van disminuyendo a medida que los niños van creciendo y acceden a la educación primaria.

En el caso de los niños con hipoacusia bilateral, la mayor parte de los estudios se han orientado a la evaluación de la influencia de las condiciones acústicas del aula y del ruido ambiental en la percepción del habla y en el aprendizaje, y se han centrado en evaluar aspectos como la reverberación o el ruido de fondo. En conjunto, todos los estudios realizados en esta dirección resaltan una evidente diferencia en la percepción auditiva entre los niños con hipoacusia bilateral y los niños con audición normal, que se materializa en una mayor dificultad para entender el habla en unas condiciones acústicas que simulan las condiciones de un aula escolar tipo. La causa real de esta dificultad no se conoce con seguridad; sin embargo, podrían subyacer ciertos cambios cocleares que afectan al procesamiento temporal y espectral del habla de los niños con hipoacusia. Esta última hipótesis precisa una mayor investigación que incluya también la consideración de otras habilidades psicoacústicas en el estudio.

En los países anglosajones y en muchos países de América del Sur se realiza un cribado auditivo durante la primera etapa de escolarización y está implementado dentro del propio contexto escolar.

Desde el punto de vista audiológico, parece haber consenso entre los especialistas; la actuación en cada uno de estos casos debe ser evaluada individualmente, dado que, aunque aparentemente todos los niños con hipoacusia mínima parecen tener mayor riesgo de encontrarse con dificultades académicas, no está claro qué niños necesitarán algún tipo de apoyo y qué niños no. 

El cribado neonatal puede no ser suficientemente sensible como para detectar pérdidas auditivas de grado leve, a excepción de las unilaterales más severas.

Parece evidente, entonces, que en todos estos casos es preciso realizar un seguimiento exhaustivo de su evolución (por parte del especialista ORL y del audiólogo) y del desarrollo del lenguaje, la socialización, y más concretamente, las habilidades auditivas, para que, en caso de que se detecten dificultades, se establezcan protocolos y estrategias de intervención bien definidas que pueden ir desde indicaciones para minimizar el efecto del ruido de fondo en las aulas e indicaciones para el profesorado, hasta la colocación de drenajes transtimpánicos, la adaptación de audífonos o la utilización de sistemas de micrófono remoto.

En la introducción a este artículo se hacía referencia al desconocimiento que aún hoy día hay acerca de la existencia de esta hipoacusia y sus consecuencias; de hecho, muchos niños con hipoacusia mínima sin diagnosticar «sobreviven» en el sistema educativo con evidentes problemas escolares, que difícilmente pueden resolverse sin llegar a su origen. Se suelen abordar con ayudas extraescolares de logopedia o lectoescritura, en las que prioritariamente se trabaja el output (problemas de pronunciación, articulación, vocabulario, etc.), cuando el input nunca se ha explorado

Evidentemente, para poder realizar el seguimiento de estos casos y diseñar protocolos de intervención, es fundamental que sean detectados cuanto antes. En los países anglosajones, por ejemplo, y en muchos países de América del Sur, se realiza un cribado auditivo durante la primera etapa de escolarización. Este cribado se implementa dentro del propio contexto escolar o en gabinetes o clínicas concertados para ello. En España, desafortunadamente, no existe esta posibilidad, y el único cribado auditivo que se realiza de forma sistemática es el del recién nacido; con posterioridad, la audición de los niños no vuelve a explorarse de forma sistemática.

Los pequeños con hipoacusia mínima, a veces, presentan dificultades de aprendizaje muy similares a las de otros niños con problemas diferentes, por lo que la pérdida de audición puede quedar «enmascarada».

Cabe preguntarse si estas hipoacusias mínimas de las que se habla en este artículo pueden estar ya presentes en el nacimiento, en cuyo caso, ya serían detectadas en el cribado neonatal. Pues la realidad es, por una parte, que el cribado neonatal puede no ser suficientemente sensible como para detectar pérdidas auditivas de grado leve (a excepción de las unilaterales más severas), incluso aunque estén presentes en el nacimiento, y que, por otra parte, muchas de estas hipoacusias mínimas no están presentes en el nacimiento y se desarrollan con posterioridad. Las causas pueden ser muchas, incluso puede darse el caso de que la etiología sea desconocida, pero entre las más frecuentes se encuentran las otitis serosas recurrentes, muy frecuentes en niños de educación infantil y primeros cursos de educación primaria.

Dado que el cribado auditivo escolar no es una opción en nuestro país, al menos en la actualidad, quizá es importante exponer algunos síntomas que pueden alertar de la existencia de una hipoacusia mínima o que al menos sugieren la conveniencia de realizar un estudio auditivo para contribuir al diagnóstico. 

Los niños con hipoacusia mínima presentan a veces dificultades de aprendizaje muy similares a las de otros niños que no tienen pérdida auditiva sino otro tipo de dificultades y necesidades educativas, y por tanto, puede ocurrir que la hipoacusia quede «enmascarada» por esa sintomatología similar. A continuación se describen ciertos comportamientos o características que pueden hacernos sospechar de la existencia de una hipoacusia mínima:

— Tirarse de las orejas o presionarlas, tocar las orejas o los oídos, en general.

— Catarros frecuentes, dolores de garganta o enfermedades de las vías respiratorias altas.

— Problemas de comportamiento (falta de atención).

— Inquietud, nerviosismo, no poder permanecer en la silla.

— Distracciones frecuentes, especialmente cuando hay mucho ruido en la clase o cuando hay ruido de fondo (otros niños por el pasillo, obras en la calle, tráfico, etc.).

— Demanda frecuente de repetición de la información («¿Qué has dicho?»).

— Bajo rendimiento académico.

Como se ha mencionado anteriormente, algunos de estos síntomas se presentan también en niños con otras dificultades, mientras que otros son más específicos de los niños con hipoacusia. En realidad, la presencia de cualquiera de estos síntomas podría justificar, al menos, la realización de una exploración auditiva por parte del especialista como parte del protocolo de diagnóstico.

Habitualmente, estas hipoacusias mínimas permanecen más «latentes» en el entorno familiar por ser un ambiente más controlado para el niño.

Además, habitualmente estas hipoacusias mínimas permanecen más «latentes» en el entorno familiar próximo, por ser un ambiente más amable y controlado para el niño, pero se evidencian en el ámbito escolar, en el que las condiciones auditivas se complican de forma manifiesta.

Al hilo de la «latencia» de las hipoacusias mínimas en el entorno familiar, un interesante estudio publicado recientemente en el International Journal of Pediatric Otorhinolaringology (2021), realizado en Polonia, concluye que los padres, habitualmente, subestiman los problemas auditivos de sus hijos, pero tienen mayor facilidad para detectarlos si la pérdida afecta a las frecuencias conversacionales o si es al menos moderada o bilateral.

Siendo esto así… ¿Qué medidas podrían aplicarse para mejorar la comunicación en los niños con hipoacusia mínima?

En primer lugar, para todos estos niños es importante ver la cara del orador; no es que realicen una lectura labial consciente y eficaz, pero tener al orador enfrente proporciona información adicional para descifrar el mensaje. Es importante no hablar de espaldas o cerca de una ventana en la que se produzcan reflejos o la cara quede en sombra.

Si se tiene la sensación de que el niño no ha entendido el mensaje, debe reformularse con otras palabras que reflejen la idea central a transmitir, lo que proporcionará claves para descifrarlo más fácilmente. 

Por otra parte, la información importante debe expresarse verbalmente y por escrito (en el caso del aula, preferiblemente en la pizarra). Además, cualquier elemento que contribuya a reducir el nivel de ruido en la clase (pelotas de tenis en las patas de las sillas y de las mesas, por ejemplo), permitirá mejorar la relación señal/ruido y contribuirá a mejorar la inteligibilidad.

A modo de conclusión, las estadísticas más recientes señalan que alrededor del 15% de los niños del mundo en edad escolar tienen hipoacusias transitorias o leves que, a pesar de su denominación, pueden interferir en su comunicación, sus relaciones psicosociales y su aprendizaje, lo que provoca una clara afectación del rendimiento escolar. Muchas de ellas, por no decir la mayoría, no son detectadas ni tratadas, debido entre otras cosas a la inexistencia de un protocolo universal de cribado auditivo en edad escolar. Dado que los estudios realizados hasta el momento evidencian las dificultades que estos niños presentan, especialmente en la inteligibilidad en ruido y en el desarrollo de otras destrezas auditivas de procesamiento, parece recomendable incluir un estudio auditivo en el protocolo de valoración de los niños con dificultades escolares.

Las estadísticas más recientes señalan que alrededor del 15% de los niños en edad escolar tienen hipoacusias transitorias o leves que pueden interferir en su comunicación y su aprendizaje, lo que provoca una clara afectación del rendimiento escolar.

Bibliografía

Ansari, M. (2021) Hearing screening program for school going children in India: necessity, justification, and suggested approaches. The Egyptian Journal of Otolaryngology.Doi:10.1186/s43163-021-00182-x.

Bess, F.H.; Dodd-Murphy J.D., Parker, R.A. (1998). Childrenwith minimal sensorineural hearingloss: prevalence, educational performance and functionalstatus. EarHear 1998; 19:339-354.

Brook, G.P. (2022) Schools Survey Report: Trends in Educational Audiology 2010-2022. American Speech-Language-Hearing Association.

Gwenaël, G., Aumond, P., Bocher, E. et al. (2022) Noise Capture smartphone application as pedagogical support for education and public awareness. The Journal of the Acosutical Society of America 151. Doi: 10.1121/10.0010531.

Moore, D.R. Ph.D. et al. (2020) Minimal and mildhearingloss in children: Association withauditory perception, cognition and communication
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Swierniak, W., Gos, E. et al. (2020) Theaccuracy of parental suspicion of hearingloss in children. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology 141 (2021). Doi: 10.1016/ijporl.2020.110552.


Notas

*Las imágenes de este artículo han sido creadas artificialmente usando Lexica® una iA capaz de generar imágenes a partir de lo que escribimos.


Myriam González
Audióloga / Audioprotesista

CV Autor:

Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia.
Técnico Superior en Audiología Protésica.
Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.
Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Publicado en:
GA #48

2 comentarios en “Hipoacusia mínima en niños… ¿o quizá no tan mínima?”

  1. ANA RUTH HERNANDEZ C.

    Agradezco que realicen publicaciones de este tema tan olvidado en nuestra disciplina de Audiología, y que son de vital importancia en el desarrollo comunicativo de los niños u adolescentes.

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Cómo abordar la rehabilitación de la hipoacusia generada por el AVD

El acueducto vestibular dilatado (AVD) es una anomalía del oído interno que puede afectar tanto a la audición como al equilibrio. Está encuadrada dentro de las hipoacusias neurosensoriales, en el grupo de alteraciones cocleovestibulares. Conocer sus características clínicas y audiológicas es clave para ofrecer rehabilitaciones auditivas adecuadas y una atención centrada en el paciente, como se ha tratado en otros artículos de esta misma revista. Este artículo explora esta condición y revisa las recomendaciones basadas en la literatura científica para la adaptación de audífonos y el seguimiento de los pacientes. El AVD es la malformación del oído interno más frecuente asociada con hipoacusia neurosensorial (entre un 5% y un 15%). Fue descrito por primera vez en 1791 por Carlo Mondini durante una disección del hueso temporal. Sin embargo, no fue hasta 1969 que Valvassori relacionó estas malformaciones con síntomas similares a los del síndrome de Ménière 1. En 1978, Valvassori y Clemis definieron formalmente el AVD tras revisar 3,700 estudios de tomografía y establecieron que un acueducto vestibular se considerará dilatado cuando su diámetro supere 1,5 mm. En adultos, el diámetro puede oscilar entre 1,5 mm y 8 mm, siendo el promedio de 4 mm. Aunque algunos estudios utilizan criterios diferentes, la definición de Valvassori y Clemis sigue siendo la más aceptada en la actualidad. El acueducto vestibular dilatado se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada y la resonancia magnética. Antes de continuar y para evitar posibles confusiones, cabe destacar que aunque  Mondini fue el primero en describir estructuras relacionadas con el acueducto vestibular dilatado, la condición que se conoce como displasia de Mondini  hace referencia a una malformación de la cóclea, caracterizada por encontrarse una vuelta y media en lugar de dos vueltas y media, y un saco endolinfático bulboso, junto con otras posibles anomalías del oído interno. Es importante destacar que la displasia de Mondini y el acueducto vestibular dilatado (EVA) no son lo mismo, aunque en algunos pacientes con Mondini también puede presentarse EVA. Esta distinción ayudará a evitar confusiones al interpretar diagnósticos y al planificar la rehabilitación auditiva. EL AVD se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). La TC permite visualizar el acueducto vestibular, mientras que la RM muestra el conducto endolinfático y el saco endolinfático. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres, y puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos. Hoy en día, las pruebas de imagen están incluidas en los estudios que se realizan cuando se detectan niños con pérdida auditiva y gracias a esto se ha descubierto que el AVD es la malformación del oído interno que con más frecuencia se encuentra en estas imágenes, aunque en el 40% de los casos aparece junto con otras malformaciones 1. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres. Puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos como el síndrome de Pendred, que provoca problemas tiroideos y bocio, así como a otros síndromes como CHARGE o Branquio-oto-renal (BOR). Los síntomas que podemos encontrar asociados con el AVD pueden ser auditivos y vestibulares. Incluyen no superar el cribado auditivo, menor respuesta a los sonidos en la vida diaria, retraso o dificultades en el desarrollo del habla y el lenguaje, así como problemas para oír, que en algunos casos aparecen tras golpes en la cabeza. Respecto a los síntomas vestibulares, es frecuente que haya retraso para empezar a andar, episodios de vértigo de duración variable y/o sensación persistente de desequilibrio. Las pruebas para evaluar la función auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado (AVD), no difieren de las normales, siendo recomendable que se lleve a cabo una impedanciometría para comprobar la movilidad del tímpano y la presión del oído medio. En contexto clínico también incluyen emisiones otoacústicas (OAE), que verifican la función de las células ciliadas externas de la cóclea, y potenciales evocados vestibulares (VEMP), para valorar la función del sistema vestibular. Esta batería permite diferenciar entre problemas del oído medio y del oído interno, y proporciona información clave para el manejo clínico y la planificación de audífonos o implantes cocleares. No obstante, una vez que se conoce la condición, puede eludirse la medición de los reflejos teniendo en cuenta que pueden generar molestias vestibulares. Con relación al tipo de pérdida, la pérdida auditiva asociada al AVD puede presentarse como conductiva, neurosensorial o mixta, predominando el componente conductivo o mixto en las bajas frecuencias (250–1000 Hz) y el neurosensorial en las frecuencias altas. Si tenemos en cuenta las características del perfil audiométrico, los más frecuentes son tres: curva con caída en agudos y graves normales o más conservados, curva plana o el perfil conocido como «cookie-bite inverso», en el que la audición es peor en las frecuencias bajas y altas, pero se conserva relativamente mejor en las frecuencias medias. La severidad de la hipoacusia asociada al AVD es muy variable, y puede manifestarse desde leve hasta profunda. Una particularidad en esta condición es su evolución, pudiendo permanecer estable o progresar de forma gradual o súbita a lo largo del tiempo. Diferentes estudios, como el de Gopen et al.2, concluyen que entre el 60% y el 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico, mientras que solo el 30–40 % se mantiene estable a lo largo de este período. En este sentido, es muy importante entender que en el AVD puede aumentar el riesgo de un descenso súbito en la audición por factores como traumatismos craneales, cambios de presión, fiebre alta, exposición a ruidos intensos o infecciones respiratorias, aunque no siempre ocurre, especialmente en el caso de los traumatismos si estos son leves. Alrededor del 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico. Los pacientes que han tenido fluctuaciones previas en la audición son más susceptibles de que ocurran nuevos episodios de pérdida. El tamaño del acueducto vestibular y del saco endolinfático no permite predecir cómo evolucionará la pérdida auditiva, aunque algunos estudios sugieren que los acueductos más grandes podrían asociarse a un mayor riesgo de empeoramiento progresivo. Es importante que los audiólogos conozcan que, a medida que progresa la pérdida auditiva, la capacidad de reconocer palabras suele disminuir, y que esta dificultad en la discriminación puede ser mayor a la esperada en comparación con otras hipoacusias con similar componente conductivo o mixto de origen en el oído medio y no coclear. Según las conclusiones de Wolf 1, no existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Se han utilizado procedimientos como el «Shunt», consistente en drenar o derivar el exceso de líquido del saco endolinfático, la oclusión o el uso de corticosteroides, si bien no se han mostrado eficaces y en algunos casos, pueden empeorar la audición. Por ello, el manejo se centra en los síntomas y en mejorar la comunicación del paciente mediante audífonos, implantes cocleares, sistemas FM y estrategias de apoyo a la comunicación, como la ubicación preferencial en el aula y medidas que favorezcan la lectura labial. No existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Como se ha dicho unas líneas más arriba, la pérdida auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado puede ser conductiva, mixta o sensorioneural, y su evolución varía: puede mantenerse estable, fluctuar o empeorar de manera súbita. Es por ello muy importante ante este diagnóstico, utilizar todas las herramientas clínicas disponibles para poder diferenciar componentes conductivos de origen coclear de los relacionados con el oído medio. La vigilancia continua de la audición, el rendimiento de los audífonos y la programación de implantes cocleares es esencial cuando hay fluctuaciones. Además, dado que el EVA puede tener un componente genético, se recomienda también evaluar a otros miembros de la familia. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante el feedback del paciente. En referencia a la programación de los audífonos, no existe una regla estricta sobre si usar los umbrales óseos o tratar la adaptación como pérdida neurosensorial, a pesar del eventual GAP. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante retroalimentación y cuestionarios de validación al paciente, comprobaciones electroacústicas o pruebas verbales en cabina, ajustando la programación según la respuesta funcional del paciente. Por ello, en nuestra práctica, la rehabilitación de la hipoacusia generada por un AVD sugiere contemplar los siguientes aspectos: 1. Asesoramiento y educación familiar como un aspecto clave. • Informar a pacientes y familias sobre actividades que deben evitarse para prevenir la progresión de la pérdida auditiva, como deportes de contacto, golpes en la cabeza o cambios bruscos de presión. •  Explicar la naturaleza fluctuante de la EVA y la importancia del uso constante del audífono. 2. Plan de revisiones y seguimiento flexible. •  Establecer un calendario de controles auditivos que pueda adaptarse a las fluctuaciones auditivas del paciente. •  Permitir evaluaciones anticipadas si se detectan cambios en la audición entre citas programadas. •  Registrar las observaciones de la familia o del paciente sobre la audición y el comportamiento comunicativo para optimizar ajustes. 3. Selección de dispositivos versátiles dada la posibilidad de progresión. •  Elegir audífonos que permitan la modificación flexible de la ganancia (audífonos Rite con diferentes potencias de auricular) a cambios en la audición, evitando usar de entrada una ganancia muy alta que pueda ser perjudicial. •  Informar y formar a los pacientes para que puedan utilizar accesorios de conectividad y aplicaciones como apoyo en el manejo de las fluctuaciones. 4. Programación conservadora de la Máxima Presión de Salida (MPO). •  Ajustar la MPO con precaución debido a los posibles síntomas vestibulares asociados con AVD, evitando molestias y sobrecarga auditiva. 5. Diferenciación de causas de fluctuaciones. •  Considerar que a los síntomas producidos por el AVD pueden sumarse otros problemas típicos de oído medio (mucosidad, infecciones, tapones de cerumen). •  Realizar pruebas como timpanometría para diferenciar si la fluctuación se debe al AVD o a condiciones del oído medio. 6.  Ajustes de ventilación (venting). •  Tras seleccionar la ventilación según las características de la pérdida auditiva, es fundamental su verificación objetiva mediante mediciones en oído real (REM), asegurando que no se genere presión sonora inesperada. 7. Programación basada en pérdida neurosensorial. •  Aunque pueda existir un componente conductivo, se recomienda programar los audífonos considerando la pérdida neurosensorial, ajustando según la respuesta del paciente y las evaluaciones de desempeño auditivo. Puede ocurrir que en este tipo de condición finalmente sea necesario un implante coclear. En cuanto al resultado de esta intervención,  los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados 3 si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En adultos, la duración del uso previo de audífonos puede influir en el rendimiento posoperatorio, afectando la adaptación y aprovechamiento del implante. Los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En conclusión, el conocimiento del Síndrome del Acueducto Vestibular Dilatado y la atención a las consideraciones clínicas asociadas es fundamental para un manejo adecuado de la rehabilitación auditiva de esta población, permitiendo abordar con confianza una patología no siempre bien conocida, así como tomar decisiones más precisas. Referencias: 1 Wolf, J. (s.f.). Advanced management of complex cases: Enlarged Vestibular Aqueduct. Audiology Online. https://www.audiologyonline.com 2 Gopen Q, Zhou G, Whittemore K, Kenna M. Enlarged vestibular aqueduct: review of controversial aspects. Laryngoscope. 2011 Sep;121(9):1971-8. doi: 10.1002/lary.22083. Epub 2011 Aug 16. PMID: 22024854. 3 Hura, N., Stewart, M., & Walsh, J. (2020). Progression of hearing loss and cochlear implantation in large vestibular aqueduct syndrome. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 135, 110133. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2020.110133

GN pone la primera piedra de su nueva sede en España, ubicada en el Parque Tecnológico de Leganés

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El reto de la audiología pediátrica: muchos roles y una sola misión

Han pasado más de 20 años desde que la CODEPEH (Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia), instaurara en España el cribado auditivo universal en neonatos. Desde entonces se ha recorrido un largo camino, los protocolos de evaluación se han agilizado y mejorado y la detección y el diagnóstico de la hipoacusia en los primeros meses de vida es una realidad desde hace unos años. Las implicaciones en la Audiología de tan notables avances son innegables; los otorrinos infantiles, los fabricantes de audífonos y los especialistas dedicados tradicionalmente a la Audiología protésica pediátrica, han tenido que formarse y emplearse a fondo para poder responder con celeridad y precisión a esta nueva demanda de amplificación y estimulación auditiva a edades tan tempranas. Pero el trabajo en Audiología pediátrica va mucho más allá de la evaluación auditiva y la ulterior adaptación de audífonos. Jace Wolfe, especialista en Audiología pediátrica, escribe en un reciente artículo publicado en el blog de audiología del fabricante de audífonos Phonak, sobre los muchos «sombreros» que el audiólogo pediátrico debe llevar, con el objetivo de proporcionar el mejor asesoramiento posible a la familia y de optimizar los resultados de la estimulación. Aunque la evidencia de que la Audiología pediátrica tiene muchas caras existe desde que se publicaron los primeros «manuales» de Audiología en niños, allá por los años 70 (inevitable acordarse, por ejemplo, de la primera edición de Hearing in Children de Northern, en 1974), está claro que la detección precoz ha hecho que muchas familias entren por primera vez en el mundo de la pérdida auditiva con sus bebés de tres o cuatro meses, con la ilusión de la nueva vida ensombrecida por el reciente hallazgo y con una absoluta y total incertidumbre hacia el futuro. Como numerosos estudios concluyen, alrededor del 95% de los niños que nacen con hipoacusia son hijos de padres oyentes, que nunca tuvieron contacto alguno con niños con pérdida auditiva, y que quizá toda su relación con este mundo se reduce a algún abuelo o abuela que ha llevado audífonos en sus últimos años de vida. Alrededor del 95% de los niños que nacen con hipoacusia son hijos de padres oyentes, que nunca tuvieron contacto alguno con niños con pérdida auditiva. Así, uno de nuestros «sombreros» más importantes como audiólogos pediátricos consiste en ser «proveedores de esperanza», y brindar a las familias confianza, información y seguridad hacia el futuro. Hoy día todos los que trabajamos en audiología sabemos los excelentes resultados que los niños obtienen en todas las áreas de desarrollo y socialización en las que la audición se encuentra implicada (lenguaje comprensivo y expresivo, aprendizaje escolar, relaciones personales y familiares, etc.), cuando se brindan los instrumentos necesarios en el momento adecuado, tanto en lo referente a dispositivos de amplificación como a estimulación auditiva y rehabilitación. Ambos instrumentos son imprescindibles e inseparables; solo la conjunción de ambos permitirá alcanzar óptimos resultados y normalizar al máximo la vida de estos niños, equiparando su evolución a la de otros niños normoyentes de su edad lo antes posible. Tal y como menciona Wolfe en el blog, numerosos estudios ratifican esta afirmación. Hutchings y Hogan, en su estudio de 2018, evaluaron las tasas de progreso de un grupo de niños de preescolar con diferentes grados de hipoacusia, con y sin necesidades educativas especiales, después de aplicar un programa individualizado «Auditivo Verbal». Los niños desarrollaron el programa entre 2007 y 2017. Las conclusiones de este estudio mostraron que, en general, el 79% de los niños de esta cohorte alcanzaron puntuaciones de lenguaje hablado apropiadas para su edad. La edad de intervención es un factor determinante, ya que afecta directamente a la plasticidad neuronal y al desarrollo del sistema auditivo y sus diferentes conexiones. Los niños con necesidades educativas especiales, que representaban el 40% de la muestra, alcanzaron un desarrollo menor al de los niños con hipoacusia únicamente, si bien uno de cada dos de los niños con necesidades educativas especiales alcanzó un nivel de lenguaje acorde a su edad al final de su programa individualizado. Partiendo de los resultados de su estudio, los autores concluyeron que garantizar que las familias tengan acceso a una intervención temprana eficaz aumenta las posibilidades de que se adopte un enfoque de comunicación adecuado lo antes posible y de que un niño con necesidades educativas especiales adquiera la capacidad de escuchar y hablar a un ritmo acorde con su potencial. En lo relativo a la edad de implantación o adaptación protésica, las conclusiones son idénticas; la edad de intervención es un factor determinante, ya que la plasticidad neuronal y por tanto los efectos de la hipoacusia en el desarrollo del sistema auditivo y sus diferentes conexiones, cambian drásticamente con la edad, y las consecuencias de una intervención tardía pueden ser devastadoras. La Dra. Oshinaga-Itano, profesora de niños con hipoacusia, audióloga e investigadora, lleva los últimos veinte años estudiando la importancia de la detección e intervención precoz. Para ella, es absolutamente crítico que la intervención se realice en los primeros seis meses de vida, para que los niños con hipoacusia congénita puedan alcanzar los hitos del lenguaje al mismo tiempo que sus pares normoyentes. Señala también que existe un período sensible en el desarrollo de la comunicación que requiere acceso al desarrollo del lenguaje en etapas tempranas de la vida. Aunque son muchos los factores que pueden condicionar la edad de intervención, es evidente que el sistema sanitario español cada vez se acerca más a estos estándares de excelencia. Actualmente, con algunas diferencias determinadas principalmente por el área geográfica de nacimiento, la gran mayoría de los niños diagnosticados con hipoacusia congénita son equipados antes de los seis meses. El tiempo de intervención puede dilatarse algo más en el caso de niños con otras patologías asociadas, especialmente si se trata de patologías graves, o con hipoacusias moderadas o con importante componente transmisivo que pueden dificultar el diagnóstico. Idealmente, según algunos autores, habría que «correr» un poco más, de modo que los niños con hipoacusia deberían tener adaptados sus audífonos a los tres meses y los implantes cocleares (cuando se considere necesario), como máximo entre los 6 y 9 meses. Es crítico que la intervención se realice en los primeros seis meses de vida para que los niños con hipoacusia congénita puedan alcanzar los hitos del lenguaje al mismo tiempo que sus pares normoyentes. Dado que está sobradamente demostrada la importancia de actuar cuanto antes con todo, nuestro papel consiste también en abordar estos temas con determinación cuando hablamos con las familias, especialmente cuando nos encontramos en tiempo «límite». En este sentido, podría decirse también, en palabras de Wolfe, que somos «constructores de cerebros». No es lo mismo hoy que mañana y no es lo mismo una sesión de rehabilitación auditiva a la semana que dos, o tres. En palabras de Carol Flexer, doctora en Audiología norteamericana de extraordinaria trayectoria profesional (la primera persona a la que escuché decir en una conferencia que «oímos con el cerebro») y autora de varias publicaciones sobre Audiología pediátrica, la pérdida auditiva es una «emergencia para el neurodesarrollo». En este sentido, las investigaciones mencionadas en el blog señalan que: — Las áreas cerebrales encargadas del lenguaje hablado se desarrollan durante el primer año de vida. — Hacia el final del primer año, cuando falta la estimulación auditiva, se produce una importante reducción de las sinapsis en las áreas auditivas del cerebro. La privación auditiva durante el primer o segundo año puede provocar cambios irreparables en las redes del lenguaje hablado. — Si los adultos que cuidan a los niños hablan de forma clara e inteligible, se desarrollan redes neuronales que optimizan las habilidades de lenguaje expresivo y lectura. En esta primera etapa tan esencial para el desarrollo, sin llegar a la saturación, podría decirse que «más es mejor», sin perder de vista el bien llamado «aprendizaje incidental», tan importante en este período, que se produce en situaciones no estructuradas de aprendizaje. Las familias tienen que conocer las claves para generar en la vida diaria entornos en los que este aprendizaje incidental pueda producirse y aprovechar al máximo estas oportunidades espontáneas de adquisición de conocimiento. Es vital que transmitamos a las familias la conexión que existe entre estas experiencias auditivas tempranas y el desarrollo del cerebro. Dice Wolfe que otro de nuestros sombreros (¡qué gran responsabilidad!), es ser catalizadores de sueños. De la misma forma que los buenos profesores son catalizadores de conocimiento cuando generan en sus alumnos la curiosidad o el interés por aprender, los audiólogos pediátricos somos catalizadores de sueños (de los niños y de sus familias), cuando favorecemos las condiciones para que alcancen un adecuado desarrollo del lenguaje comprensivo y expresivo. Según los interesantísimos estudios de Moeller y Tomblin (2015), nuestra responsabilidad como catalizadores de sueños es mucho mayor de lo que pensamos. Basta con leer sus conclusiones: — Los niños con pérdida auditiva de leve a severa/profunda corren el riesgo de sufrir un desarrollo del lenguaje insuficiente y la probabilidad aumenta cuando la hipoacusia es mayor y no está convenientemente equipada. — La adaptación de audífonos correctamente programados reduce el riesgo y brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje. Una mayor audibilidad con audífonos se asocia con mejores resultados en el lenguaje en edad preescolar. — Una proporción sustancial (más de la mitad) de los audífonos de los niños no se ajustan de manera óptima, lo que afecta negativamente a la audibilidad asistida. — La adaptación precoz de audífonos facilita mejores resultados en las primeras adquisiciones lingüísticas, pero los niños adecuadamente adaptados más tarde, presentan patrones de crecimiento acelerado en el lenguaje cuando dicha adaptación se lleva a efecto. La adaptación de audífonos correctamente programados brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje en edad preescolar. — El uso continuado de audífonos proporciona cierta protección contra el retraso del lenguaje y favorece el desarrollo auditivo. — Las dimensiones cualitativas de la intervención de los especialistas (audiólogos y logopedas) influyen en los resultados del lenguaje del niño. — Tanto el nivel de lenguaje receptivo como la audibilidad asistida influyen en las habilidades funcionales auditivas y de reconocimiento del habla de los niños. — Los niños con dificultades auditivas parecen tener un riesgo particular de sufrir retrasos en los aspectos estructurales, es decir, formales, del lenguaje. — La valoración fundamentada exclusivamente en puntuaciones normativas puede sobrestimar (yo diría que también subestimar) los resultados de los niños con dificultades auditivas. — Según las conclusiones de este estudio, los ajustes y prestaciones de la audibilidad asistida, el uso regular de los audífonos y las características del entorno lingüístico interactúan para moderar la influencia de la pérdida auditiva en los resultados de los niños. Es, por tanto, nuestra responsabilidad estudiar con detenimiento cada caso de hipoacusia infantil, valorar la adaptación protésica más adecuada, tanto en capacidad de amplificación como en formato y prestaciones, y utilizar todos los recursos a nuestro alcance para proporcionar una amplificación óptima: evaluación auditiva exhaustiva, tonal y verbal, método prescriptivo apropiado, medidas de la amplificación en oído real o en caja, valoración funcional de la ayuda proporcionada, seguimiento de la adaptación, etc. En lo relativo a nuestro papel en la adaptación, Wolfe hace referencia al cuarto y último de nuestros «sombreros»: el de coaches o mentores. No podemos eludir la enorme responsabilidad que tenemos a la hora de instruir a las familias sobre el adecuado uso de los audífonos. Son importantes las cuestiones prácticas de manejo y colocación, de limpieza, de cambio de pilas o recarga de baterías. También es conveniente orientarles sobre las ayudas técnicas de las que pueden disponer y que consideramos adecuadas en cada caso, así como de los procedimientos para acceder a ellas. Las familias tienen que conocer las claves para generar en la vida diaria entornos en los que el aprendizaje incidental pueda producirse y aprovechar al máximo estas oportunidades. Pero cuando Wolfe habla de mentores y coaches se refiere principalmente al compromiso de inculcar a los padres la absoluta necesidad de usar los audífonos de forma continuada y de generar, como hemos visto anteriormente, situaciones facilitadoras de aprendizaje. Señala la trascendencia de que los familiares hablen, canten, lean cuentos y jueguen con los niños desde el primer minuto, de que narren -como si fueran los comentaristas de un partido- las actividades cotidianas que realizan con ellos. Según sus propias palabras, el lenguaje hablado es el «nutriente» que mejor alimenta el desarrollo del cerebro, y hablar, cantar, leer y jugar son las mejores maneras de desarrollar los cerebros de los pequeños. Los audiólogos pediátricos somos catalizadores de sueños cuando favorecemos las condiciones para que estos niños alcancen un adecuado desarrollo del lenguaje comprensivo y expresivo. Una vez revisados todos estos aspectos, a nadie se le escapa que ser audiólogo pediátrico es una tarea compleja; no hay que tenerle miedo, pero hay que formarse bien y, a la vista de lo expuesto anteriormente, ser muy conscientes de lo que tenemos entre manos. Nuestros «sombreros» no solo son importantes para garantizar el desarrollo auditivo de los niños, sino también para abrirles las puertas a un futuro lleno de posibilidades, comunicación y calidad de vida. Este artículo es una adaptación personal de: https://audiologyblog.phonakpro.com/the-many-hats-pediatric-audiologists-must-wear/ Para saber más: Burigo, L. S. P., Quialheiro, A., de Paiva, K. M., dos Santos, T. V., Woide, L. K., Cigana, L. B., Massignani, J., & Haas, P. (2024). Hearing and Language Skills in Children Using Hearing Aids: Experimental Intervention Study. Journal of Personalized Medicine, 14(4), 372. https://doi.org/10.3390/jpm14040372 Moeller, M. P., Tomblin, J. B., & OCHL Collaboration (2015). Epilogue: Conclusions and Implications for Research and Practice. Ear and hearing, 36 Suppl 1(0 1), 92S–8S. https://doi.org/10.1097/AUD.0000000000000214. Sahli, a. s. (2024). Cochlear implantation in children with hearingloss. Current Research in Medicine and Health Sciences-2024, 57. Werker, J. F., & Hensch, T. K. (2015). Critical periods in speech perception: New directions. Annual Review of Psychology, 66, 173–196. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010814-015104 Yoshinaga-Itano C. (2003). From Screening to Early Identification and Intervention: DiscoveringPredictors to Successful Outcomes for ChildrenWith Significant Hearing Loss. Journal of deafstudies and deafeducation, 8(1), 11–30. https://doi.org/10.1093/deafed/8.1.11 Myriam GonzálezAudióloga / Audioprotesista CV autor: Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia. Técnico Superior en Audiología Protésica.   Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.  

Beltone impulsa el papel de la audiología en ópticas y refuerza su vínculo con el sector en ExpoÓptica 2026

IFEMA - Madrid. 17 abril de 2026 La compañía pone el foco en la especialización, la innovación y el futuro de la salud auditiva en un entorno profesional en evolución permanente. Beltone, marca de Grupo GN, ha reforzado su posicionamiento en ExpoÓptica 2026 como uno de los principales impulsores de la audiología dentro del entorno óptico, en un momento clave para la evolución del sector. La feria, celebrada en IFEMA Madrid, ha vuelto a reunir, en la edición de 2026, a un perfil de visitante cualificado y ha evidenciado el creciente protagonismo de la audiología como línea estratégica para las ópticas. Una propuesta experiencial para un mercado en transformación El stand de Beltone ha destacado por su planteamiento conceptual, articulado en torno a la idea de un viaje en barco como metáfora de un mercado en constante movimiento. Este enfoque ha permitido trasladar a los profesionales una propuesta clara para integrar la audiología en óptica con una estrategia definida. “Queríamos invitar a los ópticos a subirse a un proyecto con rumbo claro, en un entorno cambiante, y mostrarles que hay oportunidades reales de crecimiento”, explicaba Jezabel Bueno, responsable del proyecto de Beltone Ópticas, al término de la edición de 2026. La propuesta ha facilitado tanto el reencuentro con clientes como la generación de nuevas oportunidades, con un notable interés por parte de ópticas que ya trabajan la audiología o que valoran incorporarla. Beltone Ópticas crece como plataforma de desarrollo En el marco de la feria, Beltone ha mostrado la evolución de su proyecto Beltone Ópticas, que alcanza su cuarto año con una propuesta reforzada en formación, marketing y acompañamiento al profesional. El modelo incluye campañas personalizadas, herramientas de análisis de negocio y un programa formativo amplio orientado a implicar a todo el equipo en el desarrollo de la audiología dentro de la óptica. El objetivo es dotar al profesional de recursos que le permitan identificar oportunidades de crecimiento y convertir la audiología en una línea sólida dentro de su actividad. Innovación aplicada y valor para el profesional Desde el área comercial, Pilar García, directora de Ventas de Beltone en España, subraya que la compañía trabaja con una visión integral que combina presente y futuro. “Queremos que nuestros clientes sientan que están a la cabeza de la innovación, pero también que tienen un plan claro para hoy, con formación, herramientas clínicas y de venta que les permitan seguir creciendo”. Salud auditiva y cognición, el próximo gran reto José Luis Otero, director general de GN del sur de Europa y Brasil, ponía el acento, en sus conclusiones, en el futuro del sector, destacando la necesidad de avanzar en la relación entre audición y salud cognitiva. “Tenemos que dar el salto y empezar a trabajar los problemas cognitivos, ver el impacto que tienen y cómo podemos resolverlos a través de la mejora de la audición. Ese será el siguiente paso”, afirmaba. En este sentido, apuntaba a una evolución del propio sector hacia un enfoque más amplio, en el que la audición se integre dentro de una visión global de la salud. Una relación consolidada con el sector y con la feria La presencia de Beltone en ExpoÓptica se apoya en una trayectoria de más de tres décadas. “Desde 1992 estamos aquí. Es un placer compartir este espacio con el sector y mantener una relación tan estrecha con profesionales y compañeros”, destacaba Otero, subrayando el valor de la continuidad y la fidelidad como base de las relaciones construidas a lo largo del tiempo. Esa cercanía con el profesional sigue siendo uno de los pilares de la compañía. “Los audioprotesistas son fieles al servicio, a la relación y al conjunto de soluciones que les ofrecemos. El audífono es solo una parte. Hay que dar tecnología, formación, atención y acompañamiento. Eso es lo que hemos hecho siempre y lo que seguimos haciendo”, concluye.
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