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Rehabilitación auditiva en adultos

Por Lidia Rosselló

Rehabilitación auditiva en adultos

Extraído del Capítulo 13 «Rehabilitación Auditiva». Del libro Audiología: Teoría y Práctica de Egea Ediciones.

Experimentar una pérdida auditiva en mayor o menor grado, desde el nacimiento o adquirida por una enfermedad o por la edad, tiene consecuencias directas sobre la vida social, educativa y laboral de quienes la padecen. Una adecuada rehabilitación de la audición que refuerce las soluciones auditivas necesarias, puede contribuir a minimizar los efectos adversos de la hipoacusia mejorando significativamente la calidad de vida de estos pacientes.

Más allá de los aspectos técnicos de la amplificación, el audiólogo es el responsable de la valoración de las habilidades auditivas y de garantizar la eficacia del uso de la tecnología en la detección y discriminación, tanto en niños como en adultos. Además, controla el progreso del niño en el desarrollo de las habilidades auditivas y proporciona los medios necesarios para la adquisición del lenguaje oído y hablado, haciendo uso de dichas habilidades.

El primer paso en la intervención oral auditiva es la adaptación y ajuste de los audífonos y/o implantes cocleares, para permitir la audibilidad de los sonidos de los patrones acústicos del habla. Se requiere el acceso a la mayor cantidad de información posible de la señal acústica para lograr la recepción óptima del habla y el desarrollo de las funciones auditivas superiores. No obstante, aunque los sonidos del habla sean audibles, pueden persistir dificultades de discriminación, sobre todo en presencia de ruido de competencia. El acceso a la información contenida en los patrones acústicos del habla es fundamental, pero solo es el primer paso.

Rehabilitación del adulto

La rehabilitación auditiva de adultos con hipoacusia requiere el análisis de las opciones existentes por parte del audiólogo y un plan de tratamiento, con decisiones compartidas que contemplen los intereses y motivación del paciente y de su familia.

Aceptación de la hipoacusia

Un problema de audición afecta principalmente a la comunicación y, por tanto, influye en la autoestima. El camino hacia la aceptación de la hipoacusia pasa por muchas fases. El audiólogo debe aconsejar y brindar el apoyo necesario para ayudar a comprender el impacto de la hipoacusia en la vida.
Cada paciente y sus circunstancias son únicas; la aceptación de la hipoacusia dejando de lado los estigmas sociales y estéticos, permite iniciar una adaptación protésica precoz que, unida al entrenamiento auditivo, reducirá las consecuencias de la pérdida auditiva.

El audiólogo cumple una función pedagógica que ayuda a entender y a aceptar la hipoacusia, respetando los aspectos emocionales del individuo, proporcionándole la información que considere necesaria y aquella que el paciente desee conocer.
El carácter lentamente progresivo con que se instaura la hipoacusia en muchos casos, hace que el paciente se acomode a ella y a sus consecuencias. Desde que es consciente de la hipoacusia, hasta que decide activamente iniciar una rehabilitación auditiva pasa por varias etapas en las que el audiólogo debe acompañarlo y orientarlo. El IDA Institute (2011) describe ese proceso por el que atraviesa, mientras va cambiando su comportamiento hacia la aceptación del tratamiento. Durante ese tiempo el paciente busca información, consejo, orientación, apoyo y es el audiólogo el profesional idóneo para satisfacer esas necesidades.

Intervención con la familia

La noticia de que un familiar debe usar audífonos o someterse a una intervención quirúrgica para la colocación de un implante coclear, en muchas ocasiones, no es bien recibida por la familia. Esta debe aprender a manejar la situación con la ayuda de los profesionales.
Los problemas auditivos afectan también al círculo más cercano de los pacientes. Cuando los familiares más próximos acompañan al paciente a las sesiones de entrenamiento auditivo y participan en ellas, entienden el objetivo de cada actividad y aprenden estrategias, que pueden usar para reforzar el trabajo de cada sesión e incorporarlas a su vida cotidiana. Es muy positivo que se sientan parte de un «equipo».

Consecuencias auditivas y no auditivas de la hipoacusia

Las dificultades derivadas de un input auditivo deficitario afectan al desarrollo del habla y del lenguaje, así como al posterior funcionamiento psicosocial (Lewis, D. y Eiten, L., 2011).
Más allá de las consecuencias auditivas, se producen cambios de comportamiento que afectan a la vida social del paciente. La dificultad para seguir conversaciones aumenta el aislamiento, la depresión, etc. La incapacidad para entender en reuniones puede poner en riesgo el puesto de trabajo, aumentando la ansiedad y el nerviosismo. El paciente que deja de oír la voz susurrada pierde intimidad en su hogar.
Para las personas con hipoacusia muchas situaciones cotidianas como hablar por teléfono, escuchar mensajes por megafonía, escuchar la televisión, mantener conversaciones en ambientes con ruido, etc., pueden resultar problemáticas, ocasionando consecuencias no auditivas como estrés, depresión, aislamiento, miedo, ansiedad, etc. A esto se añade la falta de conciencia social de un déficit sensorial que no se aprecia exteriormente y cuyos efectos generalmente se desconocen.

Entrenamiento auditivo

Después de la adaptación de audífonos o de la colocación de un implante coclear es frecuente que persistan dificultades para la comprensión del habla, especialmente en situaciones auditivas desfavorables. La aplicación de programas de entrenamiento auditivo personalizado permite mejorar la inteligibilidad del habla a corto plazo (Chisold and Arnold, 2012).

En la interpretación de la información auditiva intervienen múltiples procesos además de la audición. Funciones cognitivas, dominio del lenguaje y percepción visual, son algunos componentes del procesamiento auditivo. La degradación de la señal auditiva se produce como consecuencia de la hipoacusia y el objetivo del entrenamiento auditivo es ayudar al paciente a mejorar su habilidad para interpretar, procesar y asimilar esas señales. «El entrenamiento auditivo es un proceso diseñado para potenciar las habilidades que permiten interpretar las experiencias auditivas, optimizando el uso de la audición residual» (Sweetow and Sabes, 2014).

Básicamente existen dos enfoques para el entrenamiento auditivo: analítico, centrado en el reconocimiento de vocales y consonantes, descomponiendo el habla en las partes que la componen; y sintético, que enfatiza las habilidades auditivas y lingüísticas que se quieren trabajar dentro de oraciones y otros materiales globales.
Los ejercicios de entrenamiento auditivo producen cambios en la percepción que se mantienen en el tiempo. Las representaciones del sonido en el cerebro producen cambios neurales que se refuerzan mediante las estrategias de rehabilitación.
El entrenamiento auditivo acelera el proceso de adaptación a los audífonos, a los implantes cocleares, a sistemas de FM y, en general, a cualquier dispositivo de amplificación. Se trata de obtener el máximo rendimiento de las prótesis auditivas en el entorno particular de cada persona, en diferentes situaciones y con distintos niveles de ruido, adaptando los ejercicios de rehabilitación a las necesidades individuales, determinadas por las características de la hipoacusia y la actividad del paciente.

El entrenamiento auditivo permite lograr una mayor aceptación y rendimiento de las prótesis auditivas. Gracias a él se mejora la programación a partir del reconocimiento de las dificultades específicas del paciente, se optimiza la identificación y discriminación de sonidos y la capacidad de comprensión en ruido, se aumenta la tolerancia ante sonidos intensos, etc.
Un estudio, llevado a cabo por Fernández Santos en la Universidad Federal de São Paulo (2012) en pacientes con hipoacusia de alta frecuencia, permitió comprobar cambios en sus habilidades auditivas de figura-fondo, ordenación y resolución temporal, y comunicación en ambientes ruidosos. Las pruebas electrofisiológicas permiten verificar estos cambios, comparando los resultados obtenidos antes y después del entrenamiento auditivo.
Los programas de entrenamiento auditivo basados en ejercicios para realizar en el ordenador, constituyen un complemento que refuerza las actividades diseñadas por el terapeuta y trabajadas durante las sesiones.

Percepción visual del habla. Lectura labio-facial

La mayoría de las interacciones comunicativas incluyen información auditiva y no auditiva. Cuando la señal del habla se degrada por diversas causas, el oyente utiliza información que recibe por canales no auditivos, fundamentalmente a través de la lectura labiofacial, como complemento de la información auditiva.
Mientras que el término lectura labial se refiere a la percepción específica de los movimientos articulatorios, el de lectura labiofacial incluye la información gestual, expresión facial e influencias del entorno (Lansing, 2014).
A pesar de que el entrenamiento auditivo a través de la lectura labial o labio – facial no está muy sistematizado ni estudiado estadísticamente, los pacientes demuestran un aumento de confianza que mejora su habilidad de comunicación.
El entrenamiento admite muchas variables: visión pura, visión más audición, con o sin amplificación, etc. La combinación de visión más audición es la que mejor representa el modo real de comunicación del paciente.

Programas individualizados

Cole (2013) explica la importancia de lograr empatía desde el primer momento del acercamiento a los pacientes y detalla un formato de historia clínica, para convertirla, no solo en un cuestionario, sino también en una forma de establecer una relación de confianza. Se basa en tres funciones: construir la relación, evaluar los problemas del paciente y manejarlos adecuadamente. Esto se realizará siempre sobre la base del respeto y la confianza, para que el paciente no se sienta «uno más», «un número» o «un apellido».
La rehabilitación no debe ser un método único y rígido. El terapeuta debe adaptar cada sesión a las variables particulares y a las necesidades puntuales del paciente, que pueden modificarse a lo largo de la rehabilitación. En el diseño del programa se deben considerar aspectos como el tipo y grado de hipoacusia, tiempo de evolución, nivel socioeconómico, edad, vida laboral, etc.
Cada paciente, por tanto, requiere un programa individualizado y presenta un pronóstico diferente. En todos los programas de intervención se trabajan las habilidades auditivas que a continuación se describen.

Habilidades auditivas

— Detección: se refiere a la habilidad para reconocer si el sonido está presente o ausente y es la base para el desarrollo de otras habilidades.
— Discriminación: es la habilidad para diferenciar un sonido o grupo de sonidos de otros. Requiere capacidad para distinguir características acústicas como la intensidad, la duración, etc.
— Identificación: es la capacidad para categorizar los sonidos y asociarlos a otros similares.
— Reconocimiento: es la habilidad para reconocer un estímulo en formato abierto, es decir, sin conocer las opciones que se presentan.
— Localización: es una habilidad que va asociada a factores como la audición estereofónica, el procesamiento central, la maduración, etc. y se desarrolla de forma más o menos eficaz y espontánea según cada caso.
— Comprensión: es la habilidad más sofisticada y necesaria para que se produzca la comunicación. El sujeto es capaz de entender y dar significado a los mensajes, es decir, procesar la información que recibe a través de sus audífonos o implantes.
Los objetivos en cuanto a las habilidades auditivas deben de plantearse según las necesidades específicas de cada paciente. No necesariamente se ha de comenzar por la detección para finalizar en la comprensión dado que, si bien la jerarquía indica que es necesario poder detectar un sonido para discriminarlo después, y a continuación poder identificarlo, los niveles de procesamiento superiores influyen en el procesamiento de los niveles inferiores (Khul, 1982).

Aplicación de la terapia a situaciones de escucha cotidiana

Cuando los pacientes acuden a las sesiones acompañados de algún familiar, no solo entrenan sus habilidades, sino que aprenden a incorporar algunas estrategias a la convivencia y a la vida diaria. Los acompañantes aprenden a dirigirse al paciente en un tono adecuado, sin elevar la voz para repetir los mensajes que no ha entendido, son capaces de hacer realces auditivos, etc.
Las sesiones de entrenamiento auditivo tienen una frecuencia de una o dos veces por semana, por lo que es útil incorporar y aplicar el trabajo de cada sesión en su actividad diaria: ejercicios con personas cercanas, conversaciones telefónicas, escucha en ruido, discriminación de fonemas, etc. De este modo, no solo progresarán más rápidamente, sino que lograrán un mejor desempeño en las situaciones cotidianas y una óptima comprensión del entorno familiar.

Lidia-Rossello-GA

LIDIA ROSSELLÓ. FONOAUDIÓLOGA
Licenciada en Fonoaudiología por la Universidad de Buenos Aires.
Fundadora y directora de RV ALFA, Centro de Audiología, Logopedia y Audioprótesis

revistagacetaudio@gmail.com

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