Retos de la adaptación de audífonos

13/09/2021 | Comparte:

Retos de la adaptación de audífonos en hipoacusias de perfil inverso

Sonia Bajo.

Audióloga / Audioprotesista

Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.


Cuando en nuestro gabinete recibimos a una persona que presenta pérdida auditiva de pendiente inversa, la adaptación de prótesis auditivas puede convertirse en un auténtico reto. Esto es así, porque este tipo de pérdidas no son muy comunes y la programación de audífonos de acuerdo con los protocolos estándar del fabricante, no suele dar buenos resultados en estos casos. Requieren, por tanto, mayor dedicación. Tener en cuenta estas recomendaciones puede ayudarnos a dar la mejor solución a los pacientes que padecen este peculiar tipo de pérdida.

El desarrollo tecnológico en el campo de la audioprótesis nos permite realizar adaptaciones con una tasa de éxito significativamente más elevada que hace una década.
Estos avances mejoran la calidad de audición de los pacientes con hipoacusias de perfil estándar: hipoacusias planas o con caídas más o menos pronunciadas hacia las frecuencias agudas. Los fabricantes de audífonos centran sus esfuerzos en desarrollar productos que satisfagan las necesidades de la población mayoritaria.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando el perfil audiométrico es justo el inverso?

La hipoacusia en frecuencias graves o de perfil inverso supone un reto para el audioprotesista. Todo aquel que haya tenido la oportunidad de afrontar un proceso de adaptación en este tipo de perfil audiométrico habrá sentido, en mayor o menor medida, que estos pacientes tienen necesidades de amplificación lejanas a la estándar. Hasta los métodos de verificación convencionales le habrán resultado poco útiles para este tipo audiométrico.

Schumn (2004) ha descrito la hipoacusia de perfil inverso como «hipoacusia neurosensorial, normalmente moderada, por debajo de la frecuencia 2000Hz, mejorando los umbrales hasta la normalidad o casi normalidad en frecuencias agudas».

Dentro de este tipo de audiometría, también existen varios perfiles. Bauman (2019) estableció tres grupos:

PERFIL 1
El más común, se trata de hipoacusias leves o moderadas, con una pendiente ascendente suave hacia frecuencias agudas.
PERFIL 2
Hipoacusias de grado moderado a severo en frecuencias graves por debajo de 1000Hz y que encuentran una mejora de los umbrales hasta llegar a ser normales en algún punto entre 2000 y 6000 Hz.
PERFIL 3
El perfil menos frecuente, con una curva ascendente desde umbrales entre 70-110 dB en las frecuencias más bajas hasta umbrales normales en frecuencias agudas.
Referencia de los audiogramas, perfiles 1, 2 y 3
Extraídos de TheBizarreWorldof Extreme Reverse-SlopeHearingLoss (orLowFrequency) HearingLoss (hearinglosshelp.com).

La etiología de las hipoacusias inversas es variada, si bien la bibliografía destaca las dos más comunes:

— Síndrome de Ménière.
— Genética (Schumn 2018), no sindrómica, y en el caso de las hipoacusias inversas de grado 3, mayoritariamente de tipo dominante (Koningsmark et al).

Otras causas menos comunes serían otoesclersis, acueducto vestibular dilatado, enfermedades víricas en la infancia (sarampión, varicela…), Síndrome de Susac, Síndrome de Wolframe e hipoacusias de carácter súbito.

Pero entrando de lleno en el objeto de este artículo ¿qué retos plantea al audioprotesista este perfil audiométrico tan poco común, (el 0,01% de las hipoacusias de acuerdo con C. Berlin).

Las hipoacusias de perfil inverso suponen un desafío debido a que el profesional encuentra:

— Diferencias en las dificultades que el paciente experimenta por su hipoacusia, afectando a la gestión de expectativas frente a la adaptación.
— Fracaso de los métodos prescriptivos convencionales para predecir la ganancia objetivo.
— Selección de adaptadores/moldes y grado de ventilación fuera de las reglas convencionales.
— Necesidad de utilizar protocolos alternativos a los normales de verificación de la adaptación.

El primer reto incide en las dificultades que estos pacientes detectan en su día a día. La hipoacusia convencional con afectación en frecuencias agudas produce falta de claridad («oigo, pero no entiendo») e imposibilidad para entender conversaciones a intensidad suave. Muestran signos de hipoacusia desde el momento de instauración, no entienden los mensajes cuando se habla a cierta distancia, necesitan más volumen que el resto de la familia en la televisión y no entienden en situaciones de conversación con ruido de fondo. Esto es debido a que las frecuencias dañadas (en este caso agudas), contienen las claves para hacer el habla inteligible.

Los pacientes que presentan pérdidas inversas, sin embargo, mantienen la discriminación en silencio o del habla suave «intacta». Las frecuencias graves aportan el «volumen» de la señal del habla. Pero las frecuencias que aportan las claves para identificar el discurso se encuentran en la porción del audiograma en el que estos pacientes tienen audición normal o casi normal.

La gestión de las expectativas respecto a los beneficios que obtendrá de unos audífonos es muy importante tal y como indican Kuk et al (2003). «Muchos adultos que padecen esta pérdida desde la infancia, encuentran algunas dificultades en grupos o en entornos de ruido, pero la mayoría ha aprendido a manejarlas».

cerebro

La adaptación de audífonos en pacientes con pérdidas en frecuencias agudas aporta claridad; en pacientes con hipoacusias inversas produce «ruido» o eso al menos lo que sentirán en un primer momento, no sin razón. Tras la adaptación, descubrirán la existencia de muchos «ruidos». Su cerebro, habituado a niveles bajos de ruido de competencia por la pérdida en graves, tendrá que desarrollar, o al menos mejorar, sus habilidades para procesar la señal del habla en ruido.

Con pérdida auditiva en frecuencias agudas, es difícil comprender el mensaje hablado en entornos ruidosos por la presencia de ruido de frecuencias bajas: falta claridad al carecer de los sonidos principales para obtenerla (agudos), sumado al efecto enmascarador del ruido (frecuencias graves) del ambiente.

Sin embargo, en estas situaciones, un paciente con hipoacusia inversa escucha «mejor» que en ambientes silenciosos. El ruido de fondo es de frecuencia grave. Debido a su hipoacusia en graves, ese ruido no se percibe o se percibe atenuado interfiriendo en menor medida que en alguien normoyente. Al mismo tiempo, en estas situaciones los interlocutores tienden a alzar la voz para superar el ruido de fondo. Por ello, la percepción de los pacientes con perfil audiométrico inverso es que en entornos de ruido entienden mejor.

En definitiva, es probable que la primera sensación al probar audífonos responda mucho menos a sus expectativas. El audiólogo necesita conocer estas «diferencias» respecto a la sensación inicial tras la adaptación de audífonos en pacientes con hipoacusias en agudos, para proporcionar la información necesaria que permita a nuestro paciente gestionar correctamente sus expectativas respecto a los resultados de la adaptación.

El segundo reto al que se enfrenta el audiólogo es tecnológico. Los métodos prescriptivos que rigen el funcionamiento de los audífonos, DSL, NAL o los propios de cada laboratorio, prescriben ganancia de acuerdo con el enfoque que marca la corrección de las hipoacusias más frecuentes, es decir, planas o con caída en frecuencias agudas.

Este enfoque busca restaurar la audibilidad para conseguir mejorar la discriminación: proporcionan ganancia en relación directa a la pérdida. Este planteamiento implica en las hipoacusias inversas que los audífonos amplifiquen frecuencias graves dando nula o escasa amplificación en frecuencias agudas (Schumn 2019).

¿Beneficia a estos pacientes la restauración de la audibilidad en áreas (graves), donde no hay mucha información del habla al tiempo que no se amplifican las frecuencias conservadas (agudos) e incluso se pierde parte de esta información al ocluir en mayor o menor medida el conducto para poder proporcionar la ganancia necesaria en frecuencias graves? Los estudios (Schumn et Collins) demuestran que no. El enfoque tradicional de restauración de audibilidad, aplicado a hipoacusias inversas, no ofrece buenos resultados.

Los mejores resultados se obtuvieron usando aquellos enfoques que centran el objetivo de amplificación para este perfil de paciente en reforzar sus capacidades residuales: dado que amplificar áreas con poca información del habla no resulta beneficioso, proponen maximizar las capacidades auditivas conservadas.

En este mismo sentido, Bauman (2019) nos recuerda que con un audífono no cambiamos la forma en la que oye el paciente, no cambiamos «las características de su sistema auditivo», cambiamos «el sonido» que llega a ese sistema auditivo. Teniendo en cuenta este principio, el audiólogo debe conseguir ajustar ese sonido de la forma que sea más útil para el sistema auditivo de ese paciente en concreto. Esta premisa cobra aún más importancia en pacientes con pérdidas inversas ya que su sistema auditivo ha aprendido a usar el sonido de forma sensiblemente diferente a los pacientes con una típica pérdida en frecuencias agudas.

Schumn y Collins realizaron un estudio adaptando a pacientes con pérdidas inversas desde cuatro enfoques diferentes.

FIGURA 1

Subjective and objective listening test (from Schum & Collins, 1991).

Referencia
Imagen extraída de Complex versus Standard Fittings: Part 2 Don SchumHearingAids – Adults 21836 (audiologyonline.com).
aparato-auditivo

De acuerdo con los resultados de los estudios realizados y teniendo como objetivo utilizar el sonido para maximizar las capacidades auditivas del paciente, recomiendan los siguientes ajustes para este perfil de hipoacusia:

— Proporcionar un mínimo de 10-15 dB de ganancia de inserción en la frecuencia 2000 Hz y superiores aun cuando estas frecuencias presenten audición normal. Esta medida compensa la pérdida de inserción en frecuencias agudas producida por los adaptadores o moldes necesarios para conseguir amplificar las frecuencias graves, ocluyendo parcial o totalmente el CAE.
— Amplificación no mayor a 10-20 dB en frecuencias medias y graves. Esta ganancia proporciona suficiente información en frecuencias graves para percibir las partes más importantes de la señal del habla que hay en esta zona del audiograma.

FIGURA 2

Resonancia natural promedio en el CAE del oído humano.

FIGURA 3

Pérdida de inserción en frecuencias agudas de acuerdo con el nivel de oclusión del molde/adaptador. Según aumenta la oclusión producida por el adaptador, se pierde la amplificación natural del CAE. Este es uno de los motivos por los que es necesario amplificar en frecuencias agudas aun cuando los umbrales sean normales o cercanos a normales.

Se combina la amplificación en frecuencias agudas para enfatizar la señal de las áreas de audición con mejor respuesta y mayor peso en la discriminación del habla, con el aporte moderado de amplificación en frecuencias graves. De esta manera, nos alejamos de la tradicional curva de amplificación en espejo que en estos casos prescribía gran cantidad de amplificación en frecuencias graves y nula o escasa amplificación en frecuencias agudas. Este enfoque generaba el enmascaramiento de las frecuencias agudas por una excesiva amplificación de las graves, generando inconfort y reduciendo la comprensión de la señal del habla.

El tercer reto pone el énfasis en la selección de los adaptadores y la ventilación. Una de las primeras reglas que el audiólogo aprende durante su formación es la importancia de la ventilación en la amplificación de las frecuencias graves.

Teniendo este cuadro en mente, es lógico pensar que las necesidades de ventilación de un paciente con pérdida en frecuencias graves, en general, serán pocas pues como se observa la ganancia en frecuencias graves desciende de forma directamente proporcional al aumento del diámetro del venting: en resumen, las frecuencias graves «se escapan» por la ventilación.

Sin embargo, es una queja común en estas adaptaciones la sensación de disconfort que generan los moldes ocluidos aun cuando sean la opción «ideal» para amplificar correctamente las frecuencias graves: sensación de tapón o de «escucha dentro de un barril».

Bauman concluye que las adaptaciones en este perfil audiométrico deben de ser más ventiladas de lo supuesto. Si tomamos en cuenta el nivel promedio de amplificación en graves recomendado tras los estudios, estaremos en disposición de abrir ventilaciones más grandes, pues no será necesaria tanta ganancia en graves como inicialmente los métodos prescriptivos convencionales proponen. Las ventilaciones más grandes de lo esperado mejorarán significativamente la sensación de confort al llevar el audífono.

Por ello, hay que dejar de aplicar las reglas basadas en la compensación de la audibilidad. De nuevo, en este caso, las reglas convencionales no funcionarán y habrá que adoptar medidas excepcionales. En resumen, las adaptaciones serán «más abiertas» que lo que inicialmente puede indicarnos la pérdida.

En cuarto lugar, el proceso de verificación de este tipo de adaptación vuelve a suponer un reto para el audiólogo.

No hay duda de que las pruebas de verificación objetiva a través de medidas en oído real constituyen en la actualidad el pilar más importante en la verificación de las adaptaciones protésicas siendo un punto de partida fundamental en cualquier adaptación.

FIGURA 4

Efecto del diámetro del venting en la amplificación de frecuencias graves.

Esta herramienta, imprescindible en el proceso de adaptación de hipoacusias con perfil estándar, pierde una parte importante de su utilidad en estas adaptaciones al no poderse comparar la ganancia proporcionada con la objetivo prescrita por los métodos tradicionales.

Las medidas REM nos permiten conocer la ganancia real que está proporcionando el audífono por cada frecuencia. Nos permiten comparar la ganancia que estamos aportando con la finalidad que propone el método prescriptivo que elijamos y hacer los ajustes para lograr estos objetivos. Estos, sin embargo, han demostrado no ser útiles si nos encontramos ante pérdidas de pendiente inversa.
Por ello, el audiólogo deberá modificar sus protocolos de verificación con el fin de realizar las mediciones que aporten información útil para este perfil audiométrico.

REUR y REOR (REUG y REOG si el audiólogo prefiere expresarse en términos de ganancia) serán pruebas de gran valor para confirmar el grado de oclusión con el adaptador y ventilación seleccionado siguiendo las pautas de ventilación antes indicadas.

Las curvas de REAR (REAG) se medirán con el objetivo de saber qué amplificación está proporcionando el audífono ante los diferentes niveles de entrada (suave, medio y alto), si bien no se contará con la posibilidad de corroborar estos niveles con los prescritos. El audiólogo eso sí, podrá comprobar si la ganancia proporcionada por el audífono se ciñe a lo recomendado por los especialistas unas líneas más arriba.

Por último, el audiólogo necesitará complementar esta verificación objetiva con pruebas de valoración funcional que permitan, tanto al paciente como a él mismo, confirmar la mejora que produce la adaptación en la capacidad auditiva del paciente.

Estas pruebas funcionales también ayudarán a decidir entre diferentes opciones de ajuste.

Por último, N. Bauman sugiere un protocolo de «ajustes finos» diferente al convencional para pérdidas estándar.

De acuerdo a su experiencia en la adaptación de este tipo de paciente, remarca la necesidad de dar más peso a la opinión del paciente en el ajuste de los audífonos.

Recordemos lo expuesto unas líneas más arriba por Bauman: «el audiólogo debe conseguir ajustar el sonido de la forma que sea más útil para el sistema auditivo de ese paciente en concreto». Es lógico por tanto, que la opinión del paciente sea tenida en cuenta de manera más significativa.

El primer paso del ajuste fino centraría su atención en conseguir «chequear» la ganancia en graves. ¿Cuánta ganancia en graves hace sentirse cómodo al paciente?

Comenzando con la recomendación expuesta anteriormente (no más de 15 – 20 dB de ganancia de inserción en frecuencias graves), será necesario comprobar el confort del paciente con relación a este parámetro.

Tras determinar el nivel de amplificación en graves, se realizaría el mismo proceso en frecuencias agudas, subiendo y bajando la amplificación en estas frecuencias hasta encontrar el ajuste más confortable para el paciente, tomando como punto de partida la sugerencia anterior: un mínimo de 10-15 dB desde 2000Hz hacia frecuencias agudas.

Una vez establecido el nivel confortable para el paciente, será necesaria la validación de estos ajustes por medio de pruebas de valoración funcional.

Es importante recordar que, dado que las frecuencias agudas en estos pacientes se encuentran conservadas, el ancho de banda de los audífonos escogidos en estos perfiles audiométricos debe garantizar la amplificación hasta las frecuencias más agudas. No se necesitará gran cantidad de ganancia en esas frecuencias al estar conservadas, pero en ningún caso las limitaciones electroacústicas del audífono pueden limitar o bloquear el paso de los sonidos más importantes para estos pacientes por lo que el proceso de selección de la prótesis auditiva más adecuada debe contemplar esta recomendación.

En conclusión, todos los audiólogos somos conscientes de que las adaptaciones en hipoacusias de pendiente inversa no se ciñen a las «normas» y pueden suponer un gran costo en tiempo y esfuerzo.
Si bien dada su baja incidencia, no se han estudiado con la misma exhaustividad que las hipoacusias de perfil más común, las sugerencias de adaptación recopiladas en este texto pueden servir de punto de partida para lograr que estas adaptaciones sean mucho más satisfactorias.

Referencias

Hipoacusia neurosensorial. Gil-Garcedo et al, Masson, 2003.
Managing Low Frequency Sensorineural Hearing Loss (LFSNHL) Francis Kuk, Ph.D. WIDEX 2012.
Making Speech More Distinct. Don Schum, PhD. Audiology Online. March 2014.
The Bizarre World of Extreme Reverse-Slope Hearing Loss (or Low Frequency) Hearing Loss.by Neil Bauman, Ph.D. (latest revision March, 2019).
Changing With the Times: Managing Low-Frequency Hearing Loss Strategies for Amplifying Reverse-Slope Hearing Losses.F. Kuk,C. LudvigsenPublished 2012.

Autora

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SONIA BAJO
AUDIOLÓGA / AUDIOPROTESISTA
Diplomada en Logopedia.
Habilitación Tinnitus & Hyperacusis Therapy MC.
Experta en Acúfenos e Hiperacusia, tratamiento TRT, Audiología Infantil y Tercera Edad.
Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

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En el plano horizontal y en su parte anterior, se ubica la mácula (órgano otolítico), pequeña vesícula, aplanada transversalmente y adherida a la fosita semiovoidea, donde se sitúan las células sensoriales o ciliares. Estas son semejantes a las de las ampollas de los conductos semicirculares (con estereocilios y un kinocilio) y con la misma actividad eléctrica. La mácula del utrículo, al estar colocada en el suelo, tiene una orientación horizontal, captando las lateralizaciones hacia los lados, o las inclinaciones de la cabeza y sus desplazamientos lineales hacia atrás y hacia delante. El sáculo está situado por debajo del utrículo, es una pequeña vesícula redondeada adherida a la fosita hemisférica. Al nivel de esta fosita se encuentra la mácula del sáculo. En las máculas utricular y sacular existe una línea imaginaria (estriola) donde se organizan los manojos de células ciliares a ambos lados y con polarizaciones opuestas. Los estereocilios, están inmersos en una sustancia gelatinosa, la membrana otolítica, que soporta concreciones calcáreas (carbonato cálcico), los otolitos o estatoconias. Estos ejercen una acción gravitacional sobre el conjunto de estereocilios y de la sustancia gelatinosa. Los otolitos están anclados en la masa gelatinosa mediante fibras de colágeno, pero pueden desprenderse y disolverse por el espacio endolinfático (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998). Conductos semicirculares En el interior de los tres conductos semicirculares óseos se encuentran los membranosos, que comunican con el utrículo alojado en el vestíbulo óseo. Están dispuestos en ángulo recto uno respecto al otro, en los tres planos del espacio: los dos de posición vertical son los conductos semicirculares anterior y posterior, y el horizontal, es el conducto semicircular lateral. Tal posición hace posible que detecten la aceleración o desaceleración rotacional. Cada uno presenta una dilatación en su parte inferior denominada ampolla, en el interior de la cual se encuentra una protrusión con las células del órgano receptor del equilibrio o cresta ampular. Cada cresta contiene un grupo de células sensoriales ciliadas y de sostén cubiertas por una pequeña masa de material gelatinoso, la cúpula. De esta forma se crea un espacio hermético que ocluye la luz del conducto impidiendo la circulación libre de la endolinfa. Hay dos tipos de células sensoriales en las crestas ampulares: las células tipo I, que son las que tienen apariencia de botellón adelgazadas en su parte superior, donde, en el borde libre, se hallan los estereocilios de distintos grosores que se dirigen hacia el espacio endolinfático; y las células tipo II, que son de forma cilíndrica y también tienen estereocilios. El nervio vestibular conducirá la información hasta el interior del cerebro, uniéndose al nervio coclear para constituir el VIII par craneal o nervio estatoacústico o cócleo-vestibular, que atraviesa el conducto auditivo interno de la porción petrosa del hueso temporal. Existe un cilio más grueso que los demás, el kinocilio o cinocilio, que está ubicado en uno de los extremos de la célula. Los otros estereocilios se sitúan al lado. Los estereocilios de cada célula ciliar se disponen en cinco hileras decrecientes de ocho cilios cada una. Cada estereocilio posee una porción intracelular y otra mayor extracelular, continuación una de la otra, pudiendo apreciarse en estos una fina estructura o fibrilla centrales y una porción periférica a modo de vaina de aquella. Por tanto, cada célula posee por término medio unos cuarenta estereocilios y un kinocilio. La orientación de este depende del conducto; así, en el conducto lateral, el kinocilio está ubicado en el lado utricular, y en los conductos anterior y posterior, en el sentido opuesto al utrículo. Al mover la cabeza, se desplazan con ella los conductos semicirculares membranosos y las células ciliadas, desencadenando el fenómeno de transducción, es decir, la transformación de la energía mecánica en corriente eléctrica de tipo nervioso. En la base de las células sensoriales establecen sinapsis las prolongaciones de las neuronas del ganglio vestibular de Gasser. De ellas se originan los axones que forman el nervio vestibular, el cual conducirá la información hasta el interior del cerebro, uniéndose al nervio coclear para constituir el VIII par craneal o nervio estatoacústico o cócleo-vestibular, que atraviesa el conducto auditivo interno de la porción petrosa del hueso temporal (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998). Funciones del sistema vestibular Para comprender los mecanismos fisiológicos del sistema vestibular se definen los siguientes conceptos básicos: - Equilibrio: estado de un cuerpo sometido a dos o varias fuerzas cuya resultante es nula, permitiendo que el cuerpo permanezca estable. - Desequilibrio: perturbación del equilibrio que aparece mientras se permanece de pie o durante la marcha. Si se pierde el control postural, se produce la caída. - Orientación espacial: capacidad del individuo para orientarse en relación al medio que le rodea. El sentido del equilibrio es un sentido fisiológico que permite al individuo mantener una postura respecto a la fuerza de la gravedad, la orientación espacial, la estabilización de la imagen en la retina y coordinación de respuestas motoras. - Fuerza de la gravedad: es la referencia fundamental para el mantenimiento del equilibrio y para la orientación espacial. - Vertical subjetivo: el equilibrio y la orientación dependen de este sentido que está presente en todo individuo. Gracias a ella, se permite el mantenimiento del equilibrio en posición vertical tomando como referencia la gravedad. - Actitud: postura propia de una especie animal característica de su modo de locomoción. En el humano sería la postura eréctil, que es una posición frágil y difícil de mantener, tanto en situaciones estáticas como dinámicas o de movimiento lineal y angular (rotatorio). El sentido del equilibrio es un sentido fisiológico que permite al individuo mantener una postura respecto a la fuerza de la gravedad y la orientación espacial de su cuerpo, además de estabilizar la imagen en la retina, especialmente durante la marcha y coordinar respuestas motoras. Existen cuatro sistemas sensoriales que mandan información de equilibrio al sistema nervioso central: el sistema vestibular, el propioceptivo, el visual y el táctil. Las máculas del utrículo y sáculo del vestíbulo informan de las posiciones de la cabeza en su relación con la gravedad y con la aceleración de tipo lineal. Los conductos semicirculares advierten de la aceleración angular. El sistema propioceptivo está integrado por receptores sensoriales músculo-tendinosos que reportan a los centros nerviosos superiores la posición de las articulaciones, tendones, músculos, etc. El tacto contribuye informando de los puntos de contacto de la superficie corporal con el entorno. El sistema visual tiene una gran importancia ya que existen abundantes conexiones nerviosas con el sistema vestibular para informar de la posición del cuerpo y ayudar a mantener el equilibrio. La salida efectora es el sistema motor. Con la información que llega al cerebro del sistema vestibular, más la entrada visual, táctil y cinestésica o propioceptiva (fundamentalmente de los músculos de la nuca y miembros inferiores) se puede determinar la orientación motora del cuerpo en el espacio. Además, el cerebro es capaz de conocer la relación de cada uno de sus miembros entre sí y mantener el equilibrio y la postura erecta durante la marcha. A pesar de que el sistema vestibular ha sido diseñado para detectar los movimientos cefálicos en todas las posibles direcciones del espacio, hay limitaciones. Estas consisten en la incapacidad de detectar movimientos lentos de la cabeza a velocidades constantes en el plano horizontal y en la imposibilidad de distinguir la inclinación de la cabeza en una aceleración lineal. FUNCIÓN DE LOS ÓRGANOS SENSORIALES DEL APARATO VESTIBULAR En los mecanorreceptores ampulares de los conductos semicirculares no se han encontrado diferencias funcionales entre sus dos tipos de células. Ambas, en ausencia de movimiento ciliar, provocan una descarga eléctrica basal. Cuando hay desplazamiento de la endolinfa y se movilizan los estereocilios hacia el kinocilio, la descarga basal aumenta (excitación); si tiene una dirección contraria, disminuye (inhibición). Ante un movimiento de la cabeza hacia la izquierda, en el conducto lateral o externo izquierdo habrá un desplazamiento ampulípeto (hacia la ampolla, por la inercia de la endolinfa) con desviación de la cresta hacia el utrículo, mientras que en el derecho habrá un movimiento inverso (ampulífugo). A consecuencia de esto, habrá un aumento de la descarga basal en el lado izquierdo y una disminución en el derecho. Por lo tanto, cuando hay un movimiento de la cabeza, hay un aparato sensorial que aumenta sus descargas y otro que las disminuye. Si sigue la rotación se detiene la activación, dado que la endolinfa y la cresta igualan su desplazamiento con el de la cabeza. Cuando cesa, el proceso se invierte y vuelven a activarse los órganos sensores. De esta forma, los canales semicirculares informan del inicio y del final de la rotación, y no de la rotación en sí. En los otros planos cualquier movimiento angular estimulará como mínimo un par de canales semicirculares. Con la información que llega al cerebro del sistema vestibular, más la entrada visual, táctil y cinestésica o propioceptiva se puede determinar la orientación motora del cuerpo en el espacio. Los conductos semicirculares predicen de antemano un desequilibrio. Cuando se produce un movimiento rotatorio que produce desequilibrio se activan dos canales semicirculares, mientras que los otros cuatro actúan de manera opuesta para así favorecer la vuelta a una posición de equilibrio nueva. Aunque con menos efectividad que las aceleraciones y desaceleraciones lineales, las máculas son también estimuladas por las fuerzas gravitatorias y por las aceleraciones de traslación centrífugas y centrípetas. Para entender la función de los órganos sensoriales ampulares se toma como ejemplo el canal semicircular horizontal. Además, estos son los más importantes fisiológicamente ya que son estimulados con la aceleración angular de la cabeza en el plano horizontal (movimiento de negar con la cabeza). La estimulación de un canal semicircular horizontal da lugar a la activación de diferentes grupos musculares del cuerpo: musculatura ocular (contracción del músculo recto interno homolateral y externo contralateral), musculatura axial (contracción músculos homolaterales del tronco) y musculatura de las extremidades (contracción músculos extensores homolaterales y flexores contralaterales). Por ello, en reposo, la actividad de ambos conductos semicirculares horizontales es equivalente y hay un reparto uniforme del tono muscular en todo el cuerpo. El nistagmo se caracteriza por movimientos alternantes oculares. Consta de dos fases: una rápida y otra lenta. El sentido del nistagmo viene dado por el movimiento que se realiza en la fase rápida. Un movimiento muy amplio de la cabeza hacia la izquierda originaría un movimiento ocular hacia la derecha para compensar y poder tener una visión correcta. Sin embargo, si la amplitud del movimiento es muy grande, el ojo no va a girarse sobre sí mismo, por ello vuelve a su posición normal en un rápido movimiento hacia la izquierda. La vía vestibular aferente comprende el conjunto de neuronas conectadas entre sí y en sinapsis con las células de los receptores del aparato vestibular para transmitir señales nerviosas al tronco del encéfalo y a la corteza cerebral. Las leyes de Ewald fueron establecidas para explicar la fisiología del laberinto posterior y se enuncian así: 1ª Ley: el movimiento de la endolinfa es el mismo que el de la desviación del cuerpo y extremidades y que la fase lenta del nistagmo. 2ª Ley: en el canal horizontal, la excitación que da el movimiento ampulípeto es mayor que la del ampulífugo. En el canal vertical es al contrario. 3ª Ley: en los canales semicirculares verticales se invierte la segunda ley, es decir, es más activa la corriente ampulífuga que la ampulípeta    (Bartual y Pérez, 1998; Haines, 2013; Purves, 2015). Anatomía funcional de las vías vestibulares centrales Vías vestibulares aferente y eferente Desde cada uno de los receptores vestibulares (tres crestas ampulares y dos máculas) se identifican fibras aferentes que constituyen fascículos, los cuales transmiten información independiente hasta llegar al sistema nervioso central. No obstante, se agrupan para formar dos divisiones del nervio vestibular a su entrada al conducto auditivo interno. La división superior está formada por fibras utriculares, algunas saculares y las de los conductos semicirculares horizontal y anterior. La división inferior del nervio vestibular se constituye por la mayor parte de las fibras saculares y las del canal posterior. La porción ventral del núcleo vestibular lateral o de Deiters proyecta al núcleo del motor ocular común e interviene en la producción de los reflejos vestíbulo-oculares. En el conducto auditivo interno, por delante y por debajo del nervio vestibular, se dispone el nervio coclear o auditivo formado por fibras provenientes de la cóclea. Ambos nervios se unifican anatómicamente en el VIII par craneal o nervio vestíbulococlear o estatoacústico. Junto a las fibras aferentes, se encuentran fibras eferentes originadas en el sistema nervioso central para realizar un control o modulación de la actividad de los órganos receptores periféricos (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007). La vía vestibular aferente comprende el conjunto de neuronas conectadas entre sí que, partiendo de sinapsis con las células sensoriales de los receptores del aparato vestibular (dos máculas y tres crestas ampulares), transmiten señales nerviosas al tronco del encéfalo y a la corteza cerebral haciendo escala en otras regiones encefálicas. A lo largo de todo este trayecto hay asociaciones con la información recibida por los sistemas sensoriales visual y propioceptivo. El nervio vestibular (raíz vestibular del VIII par craneal) surge de las neuronas bipolares en el ganglio vestibular o ganglio de Scarpa, primer nivel de la vía vestibular aferente. Las fibras periféricas o dendritas terminan en las células sensoriales de las crestas ampulares de los conductos semicirculares y máculas del sáculo y del utrículo. Las fibras centrales o axones entran lateralmente en el bulbo raquídeo y pasan entre el pedúnculo inferior y el tracto espinal del trigémino. Estas fibras aferentes se bifurcan en ramas ascendentes y descendentes y hacen sinapsis con neuronas situadas en los núcleos vestibulares, segundo nivel de la vía vestibular aferente. Los núcleos vestibulares están formados por cuatro áreas principales situadas lateralmente y debajo del suelo del cuarto ventrículo. Las proyecciones de estos núcleos van por el fascículo longitudinal medial, cordón nervioso largo y delgado que corre a ambos lados de la línea media que va hacia abajo (bulbo y médula espinal), y hacia arriba (a los lados del acueducto de Silvio) y termina en los núcleos del III par, conectando así los núcleos vestibulares con los núcleos motores del ojo, cuello, extremidades y tronco (Bartual y Pérez, 1998; Haines, 2013; Purves, 2015; Suárez y cols., 2007). El fastigius es regulado por el pyramis, que a su vez está controlado por la corteza cerebral a través de la vía córticopontocerebelosa. El núcleo vestibular superior o de Betcherew, en posición rostral, recibe las aferencias de las crestas ampulares. De aquí salen proyecciones (fascículo longitudinal medial) a las neuronas motoras del núcleo troclear (patético o IV par craneal) homolateral y al núcleo motor ocular común homolateral y contralateral. Está implicado en el reflejo vestíbulo-oculomotor en el plano vertical. El núcleo vestibular lateral o de Deiters recibe colaterales de las crestas ampulares en su porción dorsal y proyecciones de las máculas en porción ventral. La porción dorsal da lugar al tracto vestíbulo -espinal lateral que proyecta contralateralmente a las interneuronas y motoneuronas que inervan de forma inhibitoria a los músculos extensores de las extremidades. Contribuye al mantenimiento del tono de los músculos antigravitatorios. La porción ventral de este núcleo proyecta al núcleo del motor ocular común e interviene en la producción de los reflejos vestíbulo-oculares. El núcleo vestibular medial o principal (Schwalbe) recibe aferencias de las máculas y colaterales que llegan al núcleo lateral. Su proyección va por el fascículo longitudinal medial, ascienden y descienden directas y cruzadas; las ascendentes constituyen la vía oculomotora y sinaptan con las motoneuronas y neuronas del núcleo motor ocular externo homolateral y contralateral (responsable del nistagmo horizontal) y con las del núcleo motor ocular común. También emite fibras para los núcleos motores del cuello y centros vegetativos. Las fibras desencadenantes forman la vía vestibulo-espinal. Además, envía fibras hacia la sustancia reticular media y núcleos del neumogástrico siendo responsables de reflejos vegetativos como náuseas, vómitos, sudoración palidez, diarrea, etc. Participa en los reflejos vestíbulo-oculares, sobre todo, los horizontales y en los reflejos posturales compensatorios. El núcleo vestibular inferior o espinal (Roller) recibe aferencias periféricas del sáculo y utrículo y algunas fibras colaterales de las crestas. Su salida forma parte de las vías vestíbulo-espinales e integra las señales periféricas con las llegadas del cerebelo, teniendo un efecto inhibitorio sobre los músculos extensores contralaterales. La acción que ejerce sobre los reflejos y tono muscular se hace a través de este. Relación vestibular-cerebelar y cerebelar-vestibular: la mayoría de las aferencias vestibulares también se dirigen homolateralmente a través del cuerpo restiforme hacia los núcleos floconodular y fastigius del cerebelo. De estos se envían  terminaciones a los núcleos vestibulares medial e inferior, inhibiendo a las neuronas vestibulares de segundo orden. Del fastigius salen fibras cruzadas que inhiben el área vestibular contralateral. El fastigius es regulado por el pyramis, que a su vez está controlado por la corteza cerebral a través de la vía corticopontocerebelosa. La función principal del cerebelo es el mantenimiento del equilibrio por medio del núcleo fastigius y lóbulo floconodular, y su lesión da lugar a trastornos: en reposo, caída hacia adelante, atrás o lateral, y en movimiento, marcha bamboleante con las piernas separadas para aumentar la base de sustentación. El cerebelo también regula el tono muscular y coordina los movimientos de todo el cuerpo. A la corteza cerebral también llegan proyecciones de los núcleos vestibulares, específicamente al lóbulo temporal (circunvolución temporal superior) a través de la vía reticulotalámica. Las vías eferentes vestibulares están constituidas por el fascículo eferente de Petroff y Gacek. Sus fibras se distribuyen por las células sensoriales a razón de una fibra eferente por cada 60 fibras aferentes (Suárez y cols., 2007). Reflejos vestibulares Los cambios espaciales estimulan los reflejos posturales vestibulares, ayudando a mantener el equilibrio, la postura y la mirada. De esta forma se anticipa al desequilibrio que se generará en cuestión de segundos ante un desplazamiento del cuerpo en el espacio (Suárez y cols., 2007). REFLEJO VESTÍBULO-OCULAR Desempeña una importante función, cuando se cambia de forma brusca de posición o incluso con el movimiento de la cabeza, permitiendo mantener estable la mirada en la retina. Este reflejo se puede observar también en personas ciegas. Cada vez que la cabeza rota en una dirección los ojos rotan suavemente en la dirección opuesta. El reflejo actúa, por ejemplo, al producirse un movimiento hacia la izquierda. La endolinfa se desplaza dentro de los canales semicirculares hacia el lado opuesto, aumenta la descarga hacia los núcleos vestibulares de aquí, y las fibras que van a los núcleos óculomotores aumentan la actividad del músculo recto lateral derecho del ojo e inhiben al músculo recto medial. Los cambios espaciales estimulan los reflejos posturales vestibulares, ayudando a mantener el equilibrio, la postura y la mirada. Cuando el giro se interrumpe, los ojos siguen moviéndose en la dirección contraria y después vuelven rápidamente a la posición de la línea media con un movimiento de sacudida (nistagmo vestibular) (Suárez y cols., 2007). REFLEJOS POSTURALES Y DEL EQUILIBRIO La orientación espacial está basada en la interacción visual, vestibular y cinestésica que permite la coordinación de los movimientos. La vía para los reflejos del equilibrio comienza en los nervios vestibulares, que pasan cerca del cerebelo y de los núcleos vestibulares desde donde se envían señales hacia los núcleos reticulares. Hay señales que van hacia la médula espinal y el cerebelo adapta el tono muscular para cubrir la nueva situación. La función principal del cerebelo es el mantenimiento del equilibrio y su lesión da lugar a trastornos como la caída hacia adelante, atrás o lateral estando en reposo, o la marcha bamboleante, en movimiento. El área vestíbulo-cerebelosa, es importante en el control del equilibrio, sobre todo en la ejecución de movimientos rápidos. Calcula, a partir de distintas velocidades y direcciones, dónde estarán las distintas partes del cuerpo en los próximos milisegundos. Durante los cambios de posición, el sistema vestibular tiene una influencia estimuladora en el control autonómico respiratorio, modificándose esta actividad muscular. Los estímulos vestibulares asociados a movimientos de la cabeza realizan un rol inhibitorio vagal mediante el control del reflejo barorreceptor (Suárez y cols., 2007).

Beltone impulsa el papel de la audiología en ópticas y refuerza su vínculo con el sector en ExpoÓptica 2026

IFEMA - Madrid. 17 abril de 2026 La compañía pone el foco en la especialización, la innovación y el futuro de la salud auditiva en un entorno profesional en evolución permanente. Beltone, marca de Grupo GN, ha reforzado su posicionamiento en ExpoÓptica 2026 como uno de los principales impulsores de la audiología dentro del entorno óptico, en un momento clave para la evolución del sector. La feria, celebrada en IFEMA Madrid, ha vuelto a reunir, en la edición de 2026, a un perfil de visitante cualificado y ha evidenciado el creciente protagonismo de la audiología como línea estratégica para las ópticas. Una propuesta experiencial para un mercado en transformación El stand de Beltone ha destacado por su planteamiento conceptual, articulado en torno a la idea de un viaje en barco como metáfora de un mercado en constante movimiento. Este enfoque ha permitido trasladar a los profesionales una propuesta clara para integrar la audiología en óptica con una estrategia definida. “Queríamos invitar a los ópticos a subirse a un proyecto con rumbo claro, en un entorno cambiante, y mostrarles que hay oportunidades reales de crecimiento”, explicaba Jezabel Bueno, responsable del proyecto de Beltone Ópticas, al término de la edición de 2026. La propuesta ha facilitado tanto el reencuentro con clientes como la generación de nuevas oportunidades, con un notable interés por parte de ópticas que ya trabajan la audiología o que valoran incorporarla. Beltone Ópticas crece como plataforma de desarrollo En el marco de la feria, Beltone ha mostrado la evolución de su proyecto Beltone Ópticas, que alcanza su cuarto año con una propuesta reforzada en formación, marketing y acompañamiento al profesional. El modelo incluye campañas personalizadas, herramientas de análisis de negocio y un programa formativo amplio orientado a implicar a todo el equipo en el desarrollo de la audiología dentro de la óptica. El objetivo es dotar al profesional de recursos que le permitan identificar oportunidades de crecimiento y convertir la audiología en una línea sólida dentro de su actividad. Innovación aplicada y valor para el profesional Desde el área comercial, Pilar García, directora de Ventas de Beltone en España, subraya que la compañía trabaja con una visión integral que combina presente y futuro. “Queremos que nuestros clientes sientan que están a la cabeza de la innovación, pero también que tienen un plan claro para hoy, con formación, herramientas clínicas y de venta que les permitan seguir creciendo”. Salud auditiva y cognición, el próximo gran reto José Luis Otero, director general de GN del sur de Europa y Brasil, ponía el acento, en sus conclusiones, en el futuro del sector, destacando la necesidad de avanzar en la relación entre audición y salud cognitiva. “Tenemos que dar el salto y empezar a trabajar los problemas cognitivos, ver el impacto que tienen y cómo podemos resolverlos a través de la mejora de la audición. Ese será el siguiente paso”, afirmaba. En este sentido, apuntaba a una evolución del propio sector hacia un enfoque más amplio, en el que la audición se integre dentro de una visión global de la salud. Una relación consolidada con el sector y con la feria La presencia de Beltone en ExpoÓptica se apoya en una trayectoria de más de tres décadas. “Desde 1992 estamos aquí. Es un placer compartir este espacio con el sector y mantener una relación tan estrecha con profesionales y compañeros”, destacaba Otero, subrayando el valor de la continuidad y la fidelidad como base de las relaciones construidas a lo largo del tiempo. Esa cercanía con el profesional sigue siendo uno de los pilares de la compañía. “Los audioprotesistas son fieles al servicio, a la relación y al conjunto de soluciones que les ofrecemos. El audífono es solo una parte. Hay que dar tecnología, formación, atención y acompañamiento. Eso es lo que hemos hecho siempre y lo que seguimos haciendo”, concluye.
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