Rehabilitación auditiva

22/12/2022 | Comparte:
Autor/a: Lidia Rosselló

Faq’s #25

El papel del audiólogo en la orientación de las familias con niños hipoacúsicos ha cambiado sustancialmente con la detección precoz. El éxito en la rehabilitación del niño está estrechamente ligado a la familia, por lo que esta se sitúa dentro del contexto doméstico. Las estrategias para aconsejar a las familias son decisivas para el futuro del niño hipoacúsico, ya que los padres tomarán decisiones basadas fundamentalmente en el consejo profesional.

Metodologías de rehabilitación

Los enfoques metodológicos para la rehabilitación del niño con hipoacusia se dividen básicamente en dos grupos: los que tienen una orientación principalmente auditiva y los que tienen una orientación visual. Las familias necesitan recibir información completa sobre cada uno de ellos, teniendo en cuenta que no todos los métodos son adecuados para todos los niños.

Influencia y decisiones de los padres y la familia

El 95 % de los niños sordos nacen de padres oyentes y sus familias esperan que el niño aprenda a escuchar y a hablar.

Al impacto emocional que supone la noticia del diagnóstico de hipoacusia, hay que añadir la carga de responsabilidad que implica empezar a tomar decisiones sobre temas que los padres aún no acaban de comprender en profundidad y que hasta hace muy poco tiempo, eran completamente desconocidos para ellos. Para generar más ansiedad el tiempo corre en contra, ya que las decisiones que tomen serán más efectivas cuanto más inmediatas sean.

En ocasiones, los padres son aconsejados de forma contradictoria por diferentes profesionales, lo que crea confusión e incertidumbre. La claridad para transmitir la información, la explicación del diagnóstico y el conocimiento de las opciones existentes ayuda a los padres en la toma de decisiones. Tras documentarse sobre los enfoques de rehabilitación, deben decidir cuál es el que desean para su hijo. En este punto es necesario orientarlos e informarlos, pero nunca coaccionarlos. El contacto con otras familias que ya han pasado por esta situación disminuye la angustia que acompaña al proceso de asimilación y, además, les permite conocer a otros niños que se desenvuelven competentemente dentro de la modalidad de rehabilitación elegida.

Factores que hay que considerar

La elección de la metodología de rehabilitación de un niño con hipoacusia debe tener en cuenta las características de la familia y del niño. Existe una población muy heterogénea, con expectativas y valores muy diversos. Factores como su disposición para participar en la terapia o la condición social, económica y cultural, influyen considerablemente en la toma de decisiones.

Pero son las características del niño las que finalmente definen el método de intervención idóneo, a saber: edad de diagnóstico de la hipoacusia, tiempo de evolución, grado, causa, uso de amplificación, habilidades auditivas y comunicativas, nivel intelectual, habilidades de los padres o cuidadores, etc.

El éxito de la rehabilitación se puede definir como el logro de los resultados expresados por la familia como objetivo, al implementar el método de comunicación elegido.

Lengua de signos (bilingüismo)

Las lenguas de signos son «las lenguas o sistemas lingüísticos de carácter visual, espacial, gestual y manual, en cuya conformación intervienen factores históricos, culturales, lingüísticos y sociales, utilizadas tradicionalmente como lenguas por las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas».

Las lenguas de signos son, por tanto, lenguas no vocales desarrolladas de forma natural por el colectivo de personas sordas para establecer un canal de comunicación y un acceso a la información básica, cuya finalidad es la de relacionarse con su entorno social, conformado por sordos u oyentes. Son lenguas que han ido evolucionando a través de las interacciones comunicativas entre las personas sordas a lo largo del tiempo. Tienen una estructura gramatical propia y diferente a las lenguas orales.

El 95 % de los niños sordos nacen de padres oyentes y sus familias esperan que el niño aprenda a escuchar y a hablar.

Tradicionalmente las lenguas de signos no han tenido mucho reconocimiento social ni han sido consideradas como una lengua, aunque en los últimos años, gracias a las investigaciones lingüísticas, han ido adquiriendo mayor relevancia. En España se reconocen, por la Ley 27/2007 de 23 octubre, la Lengua de Signos Española (en adelante LSE) y la Lengua de Signos Catalana.

Esto ha hecho a su vez que surjan en las escuelas modelos bilingües basados en la coexistencia de la lengua oral y la de signos. Así, esta última no es solo una herramienta de interacción comunicativa, sino también una lengua de enseñanza, incorporándose un área curricular específica para la lengua de signos. Asimismo, estas escuelas integran adultos sordos competentes en la lengua de signos que actúan como figuras de referencia para los alumnos sordos o con discapacidad auditiva.

Método bimodal

El uso del sistema bimodal implica la utilización simultánea de la lengua oral con signos propios de la lengua de signos, es decir, se mantiene la estructura y vocalización de la lengua oral, pero con el apoyo de los signos. Es, por tanto, un sistema artificial que supone un intento de acercamiento entre la lengua oral y la de signos. Algunos autores lo definen también como un sistema «híbrido».

La ventaja del uso del sistema bimodal es que ofrece un método sencillo de comunicación. Para los profesionales y la familia se trata de un aprendizaje más fácil que la lengua de signos, ya que supone el uso de dichos signos pero manteniendo las estructuras sintácticas y la vocalización propia de la lengua oral correspondiente. El resultado es un «modelo de expresión más cercano al oral que al gestual en el fondo, aunque parezca más gestual que el oral en la forma».

Método oral

El método oral se basa en la adquisición de lengua oral con el apoyo de recursos visuales, táctiles, escritos y manuales. Este sistema se desarrolló con el objetivo de «dotar de palabra al niño sordo», basándose en la enseñanza del habla a través de la comprensión del significado de las palabras, es decir, el estudio del vocabulario y la gramática. Se persigue la correcta pronunciación a través de la articulación. El maestro trabaja la articulación, el ritmo y la impostación de la voz para lograr que el niño obtenga una pronunciación rítmica y clara. Otro apoyo de este método es la lectura labial.

La claridad para transmitir la información, la explicación del diagnóstico y el conocimiento de las opciones existentes ayuda a los padres en la toma de decisiones.

Método auditivo-oral

El método auditivo-oral u oralismo tiene como objetivo el lenguaje hablado. El uso de la audición potenciada por la amplificación se acompaña de lectura labiofacial y otros indicios (gestos naturales), para comprender la conversación o la información auditiva.

La elección de esta metodología se justifica cuando los niños, por diferentes razones, no son capaces de manejarse a través de la audición únicamente. El canal visual y el auditivo se trabajan de manera paralela. La competencia en las tareas enseñadas, su lenguaje y compresión no guardan relación con lo que escuchan. El verdadero potencial auditivo de estos niños no se desarrolla completamente.

La detección precoz, unida al desarrollo de la tecnología, permite que, hoy en día, la mayoría de los niños alcance un nivel de audibilidad suficiente para ser competente a través de la audición exclusivamente.

Terapia auditivo verbal (TAV)

La TAV se ha desarrollado como resultado de los avances en el conocimiento, habilidades y tecnología relacionados con la audición (Ling). Se ha extendido rápidamente, ya que la mayoría de los niños logran adquirir la capacidad para utilizar el lenguaje oral, interactuar con otros y obtener un nivel elevado de educación académica, con mayores opciones de empleo y pocas limitaciones en los aspectos personales y sociales de sus vidas. Los programas de cribado universal, la tecnología inteligente aplicada a audífonos e implantes, la intervención precoz y la participación de la familia en la educación y terapia, permiten que los niños hipoacúsicos accedan, cada vez más, al lenguaje oral a través del desarrollo de las habilidades auditivas.

La audición es la modalidad sensorial primaria para desarrollar el lenguaje y la comunicación. Los niños con cualquier grado de pérdida auditiva merecen la oportunidad de desarrollar la habilidad de escuchar y de usar la comunicación verbal con su familia y la comunidad.

La TAV debe ser considerada como la primera opción educativa si el objetivo es que el niño logre una competencia lingüística equiparable a los niños oyentes, con las características naturales de la voz.

Definición y fundamentos

La TAV no es una técnica ni una interacción, sino una «forma de vida» que se debe practicar cada día. El objetivo es que los padres aprendan los principios de la terapia y que los apliquen cotidianamente con sus hijos.

Los especialistas guían a los padres para que sean ellos quienes ayuden a sus hijos a desarrollar el lenguaje oral y la lecto-escritura, fundamentalmente, por medio de la audición.

Se pone así la atención en la defensa de una educación inclusiva, en el apoyo familiar y en servir de guía y soporte para la aplicación rigurosa de las técnicas, estrategias y procedimientos que posibilitan la adquisición del lenguaje oral a través de la audición. Progresivamente, los padres ganan confianza en sí mismos y en sus hijos para alcanzar las metas propuestas y aprenden a crear un ambiente sonoro constante a su alrededor.

Las lenguas de signos se han desarrollado de forma natural por el colectivo de personas sordas para establecer un canal de comunicación con su entorno y un acceso a la información básica.

Los objetivos primarios son: que los niños aprendan a escuchar y a hablar con competencia conversacional, que sean integrados en escuelas ordinarias y que cuenten con acceso a educación y opciones sociales ilimitadas a lo largo de su vida.

La práctica de la TAV es la aplicación y el manejo de la tecnología auditiva, junto con las estrategias específicas y las técnicas y condiciones, que propician la adquisición del lenguaje hablado (básicamente, a través de la audibilidad de los sonidos de las voces propias, de las de otros y de todos los sonidos del entorno). La terapia siempre es individual con la asistencia de uno o de ambos padres, miembros de la familia o cuidadores a cargo del menor.

Las teorías actuales sobre el desarrollo normal del lenguaje proporcionan el marco y la justificación para la estructura de la TAV. Los bebés y los niños en etapa pre-escolar y escolar aprenden el lenguaje de manera más eficaz, a través de interacciones significativas y con el apoyo continuo y consistente de padres o tutores.

La mayoría de los niños con hipoacusia cuentan con audición residual útil. Con las prótesis auditivas adecuadas pueden detectar todos o casi todos los sonidos dentro del espectro del habla.

El uso de la audición residual a través de la amplificación (audífonos, moldes, sistemas de FM, implantes cocleares), permite la detección de los sonidos del espectro del habla, brindando al niño la oportunidad de desarrollar el lenguaje de una manera natural a través de la audición.

La TAV fomenta que un niño con pérdida auditiva no dependa del canal visual para reforzar los aprendizajes. La audición, en vez de ser una modalidad pasiva que recibe información, puede ser el agente activo del desarrollo cognitivo.

Escuchando con el cerebro

Existen aproximadamente 3500 CCI que transmiten la información auditiva a través del tronco cerebral a la corteza auditiva, donde esta información es procesada por más de 200 millones de neuronas.

Un bebé normoyente recibe estimulación auditiva desde la vigésima semana de gestación. La audición posibilita la activación de las conexiones neurales, que se desarrollan a partir de la información que reciben.

La TAV debe ser considerada como la primera opción educativa si el objetivo es que el niño logre una competencia lingüística equiparable a los niños oyentes, con las características naturales de la voz.

Durante el primer año de vida se desarrollan numerosas habilidades auditivas: la conciencia auditiva/percepción, la atención auditiva/inhibición/audición a distancia, la localización, la discriminación, la retroalimentación auditiva, la memoria auditiva y la memoria secuencial auditiva (procesamiento auditivo).

La hipoacusia impide que los sonidos alcancen el cerebro del niño. Los niños hipoacúsicos dependen del trabajo de los especialistas, de la familia y de la tecnología para que la información auditiva llegue al cerebro lo antes posible. Si no consiguen acceder a la audición durante los años críticos para el aprendizaje del lenguaje, la habilidad para utilizar de manera significativa el estímulo auditivo se reduce debido a factores fisiológicos (deterioro retrógrado de las vías auditivas) y psicosociales.

Desde el nacimiento y hasta los 3 o 6 años aproximadamente, la neuroplasticidad cerebral permite que el desarrollo de las habilidades auditivas se produzca de manera similar a un niño normoyente si recibe la estimulación adecuada. Si por el contrario, el sistema auditivo no recibe dicha estimulación, el cerebro se reorganiza ante la ausencia de sonido para recibir el input de otros sentidos, básicamente la visión (reorganización cruzada), lo que reduce la capacidad neural auditiva.

El elemento principal para favorecer el desarrollo de las vías y córtex auditivo es la estimulación que, a diferencia de la privación, permite la reorganización adecuada de la corteza cerebral.

La secuencia de desarrollo es: escuchar-procesar-hablar.

Principios de la TAV

Fundamentalmente promueven el diagnóstico e intervención precoz con la implementación inmediata de amplificación y terapia, y la responsabilidad de los profesionales para guiar y aconsejar a los padres hasta convertirlos en los pilares del tratamiento. Destaca el uso de la audición como modalidad sensorial primaria sin necesidad de apoyo visual, fomentando el desarrollo del lenguaje oral a través de las actividades cotidianas del niño. Se trata de ayudar al pequeño a controlar su lenguaje a través de su audición, realizar evaluaciones para comprobar sus avances y promover la integración en el aula junto con niños normoyentes.

Áreas de estimulación: audición, lenguaje, habla, comunicación y cognición

En la TAV no solo se marcan objetivos auditivos y del lenguaje, sino también los relativos al desarrollo integral del niño. El control cognitivo y la competencia lingüística se trabaja a través de actividades agradables que inviten a la participación del niño. Reforzar las capacidades de ejecución permite potenciar el aprendizaje, de modo que la motivación debe ser la característica principal de las actividades propuestas. Los niños desarrollan conductas auditivas conjuntamente con objetivos de habla, lenguaje, cognición y comunicación. Estas áreas no se trabajan de forma aislada, sino que se integran en cada actividad.

Importancia de la familia

Los padres del niño hipoacúsico y la familia próxima constituyen el centro de la terapia, especialmente durante los primeros años de vida. El terapeuta procura empoderar y estimular a los padres, cuidadores, abuelos y miembros de la familia que conviven con el niño, con el fin de que asuman el rol de facilitadores primarios para la adquisición del lenguaje.

Los padres acuden y participan en las sesiones, aprenden a colaborar con el rehabilitador y a adaptar las actividades lúdicas a los intereses y a las habilidades del niño. Son los principales conocedores de su hijo, lo que les facilita la identificación de sus primeros intentos comunicativos.
Su participación les permite aprender y entender las etapas del desarrollo en las áreas de audición, habla, lenguaje, cognición y comunicación, e incorporar de manera interactiva las habilidades a desarrollar en rutinas y en nuevas experiencias de la vida diaria.

El terapeuta ayuda a los padres a desarrollar las tareas y actividades dentro de la sesión y les marca los objetivos; deberá adaptarse a las diferentes personalidades tanto de los niños, como de las familias.

Se convierten así en el mejor aliado del terapeuta, lo que contribuye enormemente a conseguir los objetivos que se persiguen.

El desarrollo del lenguaje y las habilidades auditivas del niño no depende del número de horas que asista a terapia, ni de la calidad y cantidad de material utilizado, sino de las interacciones naturales. El objetivo es conseguir que los padres capten el interés de sus hijos para cualquier actividad y la enriquezcan utilizando las técnicas de TAV.

El terapeuta ayuda a los padres a desarrollar las tareas y actividades dentro de la sesión y les marca los objetivos a largo plazo. Deberá adaptarse a las diferentes personalidades tanto de los niños, como de las familias, a sus estilos de aprendizaje y a sus intereses. La TAV puede realizarse en una gran variedad de lugares, incluyendo la casa del niño, una clínica u hospital, una consulta privada, etc., pero los mayores aprendizajes se producirán en el hogar y en la comunidad del niño. Las situaciones reales pueden convertirse en el tema de una conversación.

La misión de los padres consiste en jugar y conversar de manera natural, pero orientándose a ciertos objetivos específicos indicados por el terapeuta. Cuando ellos sienten que su compromiso es fundamental para alcanzar los resultados que esperan, tienden a implicarse más en todos los aspectos del proceso de rehabilitación de su hijo.

Estrategias y técnicas

Los terapeutas y padres utilizan estrategias y técnicas para mantener la audición como el centro del mundo del niño. Algunas estrategias se enumeran a continuación:

Realce acústico: consiste en poner de relieve alguna cualidad acústica, enfatizando aspectos suprasegmentales o segmentales.

Limitación del formato: ofrece alternativas de respuesta con formato cerrado.

Elaboración: procedimientos utilizados para ampliar información añadiendo datos, asociando ideas o explicando definiciones.

Palabra clave: repetir una palabra clave en una frase para favorecer la comprensión.

Refuerzo: el niño demuestra que ha entendido parte del mensaje y pide la información completa.

«Sandwich auditivo»: consiste en presentar el estímulo siguiendo el circuito audición-visión-audición.

Repetición: llamar la atención del niño y repetir el mensaje completo o la parte que el niño no ha comprendido.

«¿Qué escuchaste?»: preguntar al niño qué ha escuchado cuando demanda la repetición del estímulo.

Silencio: dejar tiempo suficiente para procesar la información recibida.

Cierre auditivo: el niño aprende a rellenar las partes faltantes con el objetivo de percibir una emisión completa con significado.

Modelado y expansión: mejorar las emisiones de los niños ampliando información de los aspectos del lenguaje.

Simplificación: emplear estructuras lingüísticas simples para que resulten más fáciles de decodificar.

En términos generales, el inicio del tratamiento en los primeros años de vida, la participación de los padres, que apoyan y entienden la dinámica de trabajo, y la utilización de la mejor tecnología disponible, garantiza en la mayoría de los casos, el desarrollo de una elevada competencia lingüística únicamente a través de la audición.


Notas:

Extraído del Capítulo 13 «Rehabilitación auditiva» del libro Audiología: Teoría y Práctica de Egea Ediciones.


Lidia Rosselló

CV Autor

Licenciada en Fonoaudiología por la Universidad de Buenos Aires.
Fundadora y directora de RV ALFA, Centro de Audiología, Logopedia y Audioprótesis.

Publicado en:
GA #47

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Dice Wolfe que otro de nuestros sombreros (¡qué gran responsabilidad!), es ser catalizadores de sueños. De la misma forma que los buenos profesores son catalizadores de conocimiento cuando generan en sus alumnos la curiosidad o el interés por aprender, los audiólogos pediátricos somos catalizadores de sueños (de los niños y de sus familias), cuando favorecemos las condiciones para que alcancen un adecuado desarrollo del lenguaje comprensivo y expresivo. Según los interesantísimos estudios de Moeller y Tomblin (2015), nuestra responsabilidad como catalizadores de sueños es mucho mayor de lo que pensamos. Basta con leer sus conclusiones: — Los niños con pérdida auditiva de leve a severa/profunda corren el riesgo de sufrir un desarrollo del lenguaje insuficiente y la probabilidad aumenta cuando la hipoacusia es mayor y no está convenientemente equipada. — La adaptación de audífonos correctamente programados reduce el riesgo y brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje. Una mayor audibilidad con audífonos se asocia con mejores resultados en el lenguaje en edad preescolar. — Una proporción sustancial (más de la mitad) de los audífonos de los niños no se ajustan de manera óptima, lo que afecta negativamente a la audibilidad asistida. — La adaptación precoz de audífonos facilita mejores resultados en las primeras adquisiciones lingüísticas, pero los niños adecuadamente adaptados más tarde, presentan patrones de crecimiento acelerado en el lenguaje cuando dicha adaptación se lleva a efecto. La adaptación de audífonos correctamente programados brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje en edad preescolar. — El uso continuado de audífonos proporciona cierta protección contra el retraso del lenguaje y favorece el desarrollo auditivo. — Las dimensiones cualitativas de la intervención de los especialistas (audiólogos y logopedas) influyen en los resultados del lenguaje del niño. — Tanto el nivel de lenguaje receptivo como la audibilidad asistida influyen en las habilidades funcionales auditivas y de reconocimiento del habla de los niños. — Los niños con dificultades auditivas parecen tener un riesgo particular de sufrir retrasos en los aspectos estructurales, es decir, formales, del lenguaje. — La valoración fundamentada exclusivamente en puntuaciones normativas puede sobrestimar (yo diría que también subestimar) los resultados de los niños con dificultades auditivas. — Según las conclusiones de este estudio, los ajustes y prestaciones de la audibilidad asistida, el uso regular de los audífonos y las características del entorno lingüístico interactúan para moderar la influencia de la pérdida auditiva en los resultados de los niños. Es, por tanto, nuestra responsabilidad estudiar con detenimiento cada caso de hipoacusia infantil, valorar la adaptación protésica más adecuada, tanto en capacidad de amplificación como en formato y prestaciones, y utilizar todos los recursos a nuestro alcance para proporcionar una amplificación óptima: evaluación auditiva exhaustiva, tonal y verbal, método prescriptivo apropiado, medidas de la amplificación en oído real o en caja, valoración funcional de la ayuda proporcionada, seguimiento de la adaptación, etc. En lo relativo a nuestro papel en la adaptación, Wolfe hace referencia al cuarto y último de nuestros «sombreros»: el de coaches o mentores. No podemos eludir la enorme responsabilidad que tenemos a la hora de instruir a las familias sobre el adecuado uso de los audífonos. Son importantes las cuestiones prácticas de manejo y colocación, de limpieza, de cambio de pilas o recarga de baterías. También es conveniente orientarles sobre las ayudas técnicas de las que pueden disponer y que consideramos adecuadas en cada caso, así como de los procedimientos para acceder a ellas. Las familias tienen que conocer las claves para generar en la vida diaria entornos en los que el aprendizaje incidental pueda producirse y aprovechar al máximo estas oportunidades. Pero cuando Wolfe habla de mentores y coaches se refiere principalmente al compromiso de inculcar a los padres la absoluta necesidad de usar los audífonos de forma continuada y de generar, como hemos visto anteriormente, situaciones facilitadoras de aprendizaje. Señala la trascendencia de que los familiares hablen, canten, lean cuentos y jueguen con los niños desde el primer minuto, de que narren -como si fueran los comentaristas de un partido- las actividades cotidianas que realizan con ellos. Según sus propias palabras, el lenguaje hablado es el «nutriente» que mejor alimenta el desarrollo del cerebro, y hablar, cantar, leer y jugar son las mejores maneras de desarrollar los cerebros de los pequeños. Los audiólogos pediátricos somos catalizadores de sueños cuando favorecemos las condiciones para que estos niños alcancen un adecuado desarrollo del lenguaje comprensivo y expresivo. Una vez revisados todos estos aspectos, a nadie se le escapa que ser audiólogo pediátrico es una tarea compleja; no hay que tenerle miedo, pero hay que formarse bien y, a la vista de lo expuesto anteriormente, ser muy conscientes de lo que tenemos entre manos. Nuestros «sombreros» no solo son importantes para garantizar el desarrollo auditivo de los niños, sino también para abrirles las puertas a un futuro lleno de posibilidades, comunicación y calidad de vida. Este artículo es una adaptación personal de: https://audiologyblog.phonakpro.com/the-many-hats-pediatric-audiologists-must-wear/ Para saber más: Burigo, L. S. P., Quialheiro, A., de Paiva, K. M., dos Santos, T. V., Woide, L. K., Cigana, L. B., Massignani, J., & Haas, P. (2024). Hearing and Language Skills in Children Using Hearing Aids: Experimental Intervention Study. Journal of Personalized Medicine, 14(4), 372. https://doi.org/10.3390/jpm14040372 Moeller, M. P., Tomblin, J. B., & OCHL Collaboration (2015). Epilogue: Conclusions and Implications for Research and Practice. Ear and hearing, 36 Suppl 1(0 1), 92S–8S. https://doi.org/10.1097/AUD.0000000000000214. Sahli, a. s. (2024). Cochlear implantation in children with hearingloss. Current Research in Medicine and Health Sciences-2024, 57. Werker, J. F., & Hensch, T. K. (2015). Critical periods in speech perception: New directions. Annual Review of Psychology, 66, 173–196. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010814-015104 Yoshinaga-Itano C. (2003). From Screening to Early Identification and Intervention: DiscoveringPredictors to Successful Outcomes for ChildrenWith Significant Hearing Loss. Journal of deafstudies and deafeducation, 8(1), 11–30. https://doi.org/10.1093/deafed/8.1.11 Myriam GonzálezAudióloga / Audioprotesista CV autor: Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia. Técnico Superior en Audiología Protésica.   Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.  

El sistema auditivo VI. Sistema vestibular.

Extraído del libro, Audiología: Teoría y Práctica. Capítulo 2. Anatomía funcional y fisiopatología de los sistemas auditivo, vestibular y fonador. Origen de los receptores Desarrollo filogenético La percepción de la aceleración lineal y angular por los distintos receptores vestibulares permite que todas las especies animales que los poseen puedan orientarse en el espacio terrestre, aéreo y acuático de nuestro planeta. Esencialmente, desde que surgió la función del equilibrio en los primitivos organismos animales prehistóricos ha permanecido sin cambios hasta la actualidad, aunque morfológicamente los órganos sensoriales se han ido especializando y evolucionando según las diversas especies. El más simple es el estatocisto, consistente en una invaginación de la superficie animal (medusa, esponja) con líquido en su interior y una partícula calcárea que hace presión y desplaza los  cilios de las células receptoras (localizadas en una región de la pared, similar a la mácula del sáculo). En función de la fuerza de la gravedad que se ejerce sobre dichas células, estos organismos mantienen una orientación espacial con sentido y dirección vertical. Posteriormente, en algunos moluscos, como el pulpo y la sepia, surgieron las primeras crestas, además del estatocisto, lo que permitió responder a movimientos de aceleración angular, con presencia de nistagmo. La complejidad del laberinto posterior progresa en un grupo de vertebrados con la aparición de los primeros conductos semicirculares verticales y con el cierre de la invaginación del estatocisto, formando una vesícula aislada en el interior, con líquido de producción endógena (endolinfa). La lamprea alcanza una estructura de canales anterior y posterior (con dilataciones bullosas, las ampollas, cada una con un primitivo receptor en forma de cresta), comunicados por un saco bilobulado con mácula sacular y utricular separadas, donde se localizan las células sensoriales. La aparición del canal semicircular horizontal en los primeros peces óseos y cartilaginosos (con mandíbula) permitió un mayor control del espacio tridimensional. A partir del máximo desarrollo de dichas estructuras vestibulares en los peces modernos (hace 100 millones de años), se ha llegado al más alto grado de perfección morfofuncional del órgano del equilibrio. En los vertebrados superiores, las vías nerviosas vestibulares centrales son cada vez más complejas debido a un desarrollo paralelo de aquellos sistemas aferentes que intervienen para mantener el equilibrio. Desarrollo ontogenético En un embrión humano de 19 a 21 días (2 mm de longitud corono- caudal), en el ectodermo superficial de la porción cefálica a la altura del rombo encéfalo, se diferencian las primitivas células que forman la placoda ótica. Tras su invaginación (fosa ótica), la separación de la superficie dará origen al otocisto o vesícula ótica (28 días). A partir de su porción dorsal derivarán las diferentes partes del sistema vestibular (laberinto posterior) y desde su porción ventral surgirán las estructuras de la cóclea (laberinto anterior). Hacia la quinta semana (embrión de 8-9 mm) se forman unos pliegues en la pared del otocisto que corresponderán a los receptores vestibulares. Estos se identifican como sáculo, utrículo y los tres conductos semicirculares (a las 6,5 semanas, 14 mm). En la décima semana (50 mm) todo el laberinto membranoso es muy evidente y se forma a su alrededor un modelo cartilaginoso a partir de la cápsula ótica mesenquimal (Sadler, 2012; Suárez y cols., 2007). Origen de las vías vestibulares centrales Desarrollo filogenético En los vertebrados superiores, las vías nerviosas vestibulares centrales son cada vez más complejas debido a un desarrollo paralelo de aquellos sistemas aferentes que intervienen para mantener el equilibrio (visión y propiocepción), cuyas respectivas vías nerviosas interactúan con la vestibular. La organización de los núcleos vestibulares supraespinales, integrados en la formación reticular, se empieza a observar en la lamprea, con dos agrupaciones neuronales (núcleos dorsal y ventral). A partir de los peces teleósteos se identifican cuatro agrupaciones que van aumentando en el número de células en los vertebrados superiores. Las conexiones vestíbulo-espinales son necesarias para el mantenimiento de la orientación corporal en los vertebrados primitivos. Cuando se incorporan funciones más complejas en animales más evolucionados, aparecen conexiones vestíbulo-cerebelosas y vestíbulo-oculares, siendo menos relevantes las vestíbulo-espinales (Bartual y Pérez, 1998). Desarrollo ontogenético A partir del primitivo ganglio estatoacústico-facial (embrión humano de 28 días), derivado de la porción ventral del otocisto y alojado en la mesénquima circundante, se diferencia (décima semana) el ganglio espiral (situado cerca del receptor auditivo en la cóclea) y el ganglio vestibular o de Scarpa (próximo al conducto auditivo interno). En estas primitivas neuronas ganglionares van apareciendo unas delgadas prolongaciones citoplasmáticas en polos opuestos de las células. La prolongación periférica (dendrita) se dirige hacia las respectivas regiones del laberinto membranoso, donde se localizarán los órganos sensoriales. La prolongación central (axón) se dirige a regiones del rombo encéfalo donde, a medida que progrese el desarrollo del sistema nervioso central, se diferenciarán las neuronas que constituirán los futuros núcleos vestibulares. Los órganos sensoriales vestibulares alcanzan una maduración con aspecto semejante al adulto hacia la vigésimo tercera semana de gestación. Entre la decimoprimera y la decimotercera semana, cuando se empiezan a diferenciar las células sensoriales en los epitelios de las regiones que corresponderán a las máculas y crestas ampulares, también se pueden identificar terminaciones nerviosas aferentes y eferentes, que se distribuyen por dicho epitelio y establecen algunas sinapsis. Los órganos sensoriales vestibulares alcanzan una maduración con aspecto semejante al adulto hacia la vigésimo tercera semana (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007). Malformaciones del sistema vestibular Las malformaciones del oído interno que afectan a los conductos semicirculares y al acueducto del vestíbulo, son las que suelen causar vértigos en la infancia. Sin embargo, la malformación más frecuente, la dilatación del conducto semicircular horizontal, es raro que se asocie con un trastorno del equilibrio. Los casos de agenesia de los conductos semicirculares son poco frecuentes y suelen ocasionar un trastorno en la marcha. Las malformaciones del oído interno que afectan a los conductos semicirculares y al acueducto del vestíbulo, son las que suelen causar vértigos en la infancia. Anatomía del aparato vestibular periférico Figura 13Receptores sensoriales del equilibrio El sistema vestibular está constituido por el aparato vestibular (contenido dentro del oído interno, donde se encuentran los órganos receptores sensoriales periféricos) y por las vías vestibulares o vías nerviosas sensoriales centrales (aferente y eferente). Vestíbulo En el interior del vestíbulo del laberinto óseo se distinguen el utrículo y el sáculo del laberinto membranoso. Estos se comunican entre sí por el conducto utrículo-sacular, del que parte el conducto endolinfático (alojado en el acueducto vestibular) que acaba en el saco endolinfático situado en el espacio subdural de la cavidad craneal, al nivel de la cara posterior del peñasco. Las máculas sacular y utricular son órganos receptores integrados por células de soporte y células receptoras sensoriales ciliadas recubiertas por una membrana horizontal, con componentes mucopolisacáridos, sobre la que hay una serie de cristales de carbonato cálcico u otolitos. En las máculas utricular y sacular existe una línea imaginaria, la estriola, donde se organizan los manojos de células ciliares a ambos lados y con polarizaciones opuestas. El utrículo es una cavidad conectada a los conductos semicirculares. En el plano horizontal y en su parte anterior, se ubica la mácula (órgano otolítico), pequeña vesícula, aplanada transversalmente y adherida a la fosita semiovoidea, donde se sitúan las células sensoriales o ciliares. Estas son semejantes a las de las ampollas de los conductos semicirculares (con estereocilios y un kinocilio) y con la misma actividad eléctrica. La mácula del utrículo, al estar colocada en el suelo, tiene una orientación horizontal, captando las lateralizaciones hacia los lados, o las inclinaciones de la cabeza y sus desplazamientos lineales hacia atrás y hacia delante. El sáculo está situado por debajo del utrículo, es una pequeña vesícula redondeada adherida a la fosita hemisférica. Al nivel de esta fosita se encuentra la mácula del sáculo. En las máculas utricular y sacular existe una línea imaginaria (estriola) donde se organizan los manojos de células ciliares a ambos lados y con polarizaciones opuestas. Los estereocilios, están inmersos en una sustancia gelatinosa, la membrana otolítica, que soporta concreciones calcáreas (carbonato cálcico), los otolitos o estatoconias. Estos ejercen una acción gravitacional sobre el conjunto de estereocilios y de la sustancia gelatinosa. Los otolitos están anclados en la masa gelatinosa mediante fibras de colágeno, pero pueden desprenderse y disolverse por el espacio endolinfático (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998). Conductos semicirculares En el interior de los tres conductos semicirculares óseos se encuentran los membranosos, que comunican con el utrículo alojado en el vestíbulo óseo. Están dispuestos en ángulo recto uno respecto al otro, en los tres planos del espacio: los dos de posición vertical son los conductos semicirculares anterior y posterior, y el horizontal, es el conducto semicircular lateral. Tal posición hace posible que detecten la aceleración o desaceleración rotacional. Cada uno presenta una dilatación en su parte inferior denominada ampolla, en el interior de la cual se encuentra una protrusión con las células del órgano receptor del equilibrio o cresta ampular. Cada cresta contiene un grupo de células sensoriales ciliadas y de sostén cubiertas por una pequeña masa de material gelatinoso, la cúpula. De esta forma se crea un espacio hermético que ocluye la luz del conducto impidiendo la circulación libre de la endolinfa. Hay dos tipos de células sensoriales en las crestas ampulares: las células tipo I, que son las que tienen apariencia de botellón adelgazadas en su parte superior, donde, en el borde libre, se hallan los estereocilios de distintos grosores que se dirigen hacia el espacio endolinfático; y las células tipo II, que son de forma cilíndrica y también tienen estereocilios. El nervio vestibular conducirá la información hasta el interior del cerebro, uniéndose al nervio coclear para constituir el VIII par craneal o nervio estatoacústico o cócleo-vestibular, que atraviesa el conducto auditivo interno de la porción petrosa del hueso temporal. Existe un cilio más grueso que los demás, el kinocilio o cinocilio, que está ubicado en uno de los extremos de la célula. Los otros estereocilios se sitúan al lado. Los estereocilios de cada célula ciliar se disponen en cinco hileras decrecientes de ocho cilios cada una. Cada estereocilio posee una porción intracelular y otra mayor extracelular, continuación una de la otra, pudiendo apreciarse en estos una fina estructura o fibrilla centrales y una porción periférica a modo de vaina de aquella. Por tanto, cada célula posee por término medio unos cuarenta estereocilios y un kinocilio. La orientación de este depende del conducto; así, en el conducto lateral, el kinocilio está ubicado en el lado utricular, y en los conductos anterior y posterior, en el sentido opuesto al utrículo. Al mover la cabeza, se desplazan con ella los conductos semicirculares membranosos y las células ciliadas, desencadenando el fenómeno de transducción, es decir, la transformación de la energía mecánica en corriente eléctrica de tipo nervioso. En la base de las células sensoriales establecen sinapsis las prolongaciones de las neuronas del ganglio vestibular de Gasser. De ellas se originan los axones que forman el nervio vestibular, el cual conducirá la información hasta el interior del cerebro, uniéndose al nervio coclear para constituir el VIII par craneal o nervio estatoacústico o cócleo-vestibular, que atraviesa el conducto auditivo interno de la porción petrosa del hueso temporal (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998). Funciones del sistema vestibular Para comprender los mecanismos fisiológicos del sistema vestibular se definen los siguientes conceptos básicos: - Equilibrio: estado de un cuerpo sometido a dos o varias fuerzas cuya resultante es nula, permitiendo que el cuerpo permanezca estable. - Desequilibrio: perturbación del equilibrio que aparece mientras se permanece de pie o durante la marcha. Si se pierde el control postural, se produce la caída. - Orientación espacial: capacidad del individuo para orientarse en relación al medio que le rodea. El sentido del equilibrio es un sentido fisiológico que permite al individuo mantener una postura respecto a la fuerza de la gravedad, la orientación espacial, la estabilización de la imagen en la retina y coordinación de respuestas motoras. - Fuerza de la gravedad: es la referencia fundamental para el mantenimiento del equilibrio y para la orientación espacial. - Vertical subjetivo: el equilibrio y la orientación dependen de este sentido que está presente en todo individuo. Gracias a ella, se permite el mantenimiento del equilibrio en posición vertical tomando como referencia la gravedad. - Actitud: postura propia de una especie animal característica de su modo de locomoción. En el humano sería la postura eréctil, que es una posición frágil y difícil de mantener, tanto en situaciones estáticas como dinámicas o de movimiento lineal y angular (rotatorio). El sentido del equilibrio es un sentido fisiológico que permite al individuo mantener una postura respecto a la fuerza de la gravedad y la orientación espacial de su cuerpo, además de estabilizar la imagen en la retina, especialmente durante la marcha y coordinar respuestas motoras. Existen cuatro sistemas sensoriales que mandan información de equilibrio al sistema nervioso central: el sistema vestibular, el propioceptivo, el visual y el táctil. Las máculas del utrículo y sáculo del vestíbulo informan de las posiciones de la cabeza en su relación con la gravedad y con la aceleración de tipo lineal. Los conductos semicirculares advierten de la aceleración angular. El sistema propioceptivo está integrado por receptores sensoriales músculo-tendinosos que reportan a los centros nerviosos superiores la posición de las articulaciones, tendones, músculos, etc. El tacto contribuye informando de los puntos de contacto de la superficie corporal con el entorno. El sistema visual tiene una gran importancia ya que existen abundantes conexiones nerviosas con el sistema vestibular para informar de la posición del cuerpo y ayudar a mantener el equilibrio. La salida efectora es el sistema motor. Con la información que llega al cerebro del sistema vestibular, más la entrada visual, táctil y cinestésica o propioceptiva (fundamentalmente de los músculos de la nuca y miembros inferiores) se puede determinar la orientación motora del cuerpo en el espacio. Además, el cerebro es capaz de conocer la relación de cada uno de sus miembros entre sí y mantener el equilibrio y la postura erecta durante la marcha. A pesar de que el sistema vestibular ha sido diseñado para detectar los movimientos cefálicos en todas las posibles direcciones del espacio, hay limitaciones. Estas consisten en la incapacidad de detectar movimientos lentos de la cabeza a velocidades constantes en el plano horizontal y en la imposibilidad de distinguir la inclinación de la cabeza en una aceleración lineal. FUNCIÓN DE LOS ÓRGANOS SENSORIALES DEL APARATO VESTIBULAR En los mecanorreceptores ampulares de los conductos semicirculares no se han encontrado diferencias funcionales entre sus dos tipos de células. Ambas, en ausencia de movimiento ciliar, provocan una descarga eléctrica basal. Cuando hay desplazamiento de la endolinfa y se movilizan los estereocilios hacia el kinocilio, la descarga basal aumenta (excitación); si tiene una dirección contraria, disminuye (inhibición). Ante un movimiento de la cabeza hacia la izquierda, en el conducto lateral o externo izquierdo habrá un desplazamiento ampulípeto (hacia la ampolla, por la inercia de la endolinfa) con desviación de la cresta hacia el utrículo, mientras que en el derecho habrá un movimiento inverso (ampulífugo). A consecuencia de esto, habrá un aumento de la descarga basal en el lado izquierdo y una disminución en el derecho. Por lo tanto, cuando hay un movimiento de la cabeza, hay un aparato sensorial que aumenta sus descargas y otro que las disminuye. Si sigue la rotación se detiene la activación, dado que la endolinfa y la cresta igualan su desplazamiento con el de la cabeza. Cuando cesa, el proceso se invierte y vuelven a activarse los órganos sensores. De esta forma, los canales semicirculares informan del inicio y del final de la rotación, y no de la rotación en sí. En los otros planos cualquier movimiento angular estimulará como mínimo un par de canales semicirculares. Con la información que llega al cerebro del sistema vestibular, más la entrada visual, táctil y cinestésica o propioceptiva se puede determinar la orientación motora del cuerpo en el espacio. Los conductos semicirculares predicen de antemano un desequilibrio. Cuando se produce un movimiento rotatorio que produce desequilibrio se activan dos canales semicirculares, mientras que los otros cuatro actúan de manera opuesta para así favorecer la vuelta a una posición de equilibrio nueva. Aunque con menos efectividad que las aceleraciones y desaceleraciones lineales, las máculas son también estimuladas por las fuerzas gravitatorias y por las aceleraciones de traslación centrífugas y centrípetas. Para entender la función de los órganos sensoriales ampulares se toma como ejemplo el canal semicircular horizontal. Además, estos son los más importantes fisiológicamente ya que son estimulados con la aceleración angular de la cabeza en el plano horizontal (movimiento de negar con la cabeza). La estimulación de un canal semicircular horizontal da lugar a la activación de diferentes grupos musculares del cuerpo: musculatura ocular (contracción del músculo recto interno homolateral y externo contralateral), musculatura axial (contracción músculos homolaterales del tronco) y musculatura de las extremidades (contracción músculos extensores homolaterales y flexores contralaterales). Por ello, en reposo, la actividad de ambos conductos semicirculares horizontales es equivalente y hay un reparto uniforme del tono muscular en todo el cuerpo. El nistagmo se caracteriza por movimientos alternantes oculares. Consta de dos fases: una rápida y otra lenta. El sentido del nistagmo viene dado por el movimiento que se realiza en la fase rápida. Un movimiento muy amplio de la cabeza hacia la izquierda originaría un movimiento ocular hacia la derecha para compensar y poder tener una visión correcta. Sin embargo, si la amplitud del movimiento es muy grande, el ojo no va a girarse sobre sí mismo, por ello vuelve a su posición normal en un rápido movimiento hacia la izquierda. La vía vestibular aferente comprende el conjunto de neuronas conectadas entre sí y en sinapsis con las células de los receptores del aparato vestibular para transmitir señales nerviosas al tronco del encéfalo y a la corteza cerebral. Las leyes de Ewald fueron establecidas para explicar la fisiología del laberinto posterior y se enuncian así: 1ª Ley: el movimiento de la endolinfa es el mismo que el de la desviación del cuerpo y extremidades y que la fase lenta del nistagmo. 2ª Ley: en el canal horizontal, la excitación que da el movimiento ampulípeto es mayor que la del ampulífugo. En el canal vertical es al contrario. 3ª Ley: en los canales semicirculares verticales se invierte la segunda ley, es decir, es más activa la corriente ampulífuga que la ampulípeta    (Bartual y Pérez, 1998; Haines, 2013; Purves, 2015). Anatomía funcional de las vías vestibulares centrales Vías vestibulares aferente y eferente Desde cada uno de los receptores vestibulares (tres crestas ampulares y dos máculas) se identifican fibras aferentes que constituyen fascículos, los cuales transmiten información independiente hasta llegar al sistema nervioso central. No obstante, se agrupan para formar dos divisiones del nervio vestibular a su entrada al conducto auditivo interno. La división superior está formada por fibras utriculares, algunas saculares y las de los conductos semicirculares horizontal y anterior. La división inferior del nervio vestibular se constituye por la mayor parte de las fibras saculares y las del canal posterior. La porción ventral del núcleo vestibular lateral o de Deiters proyecta al núcleo del motor ocular común e interviene en la producción de los reflejos vestíbulo-oculares. En el conducto auditivo interno, por delante y por debajo del nervio vestibular, se dispone el nervio coclear o auditivo formado por fibras provenientes de la cóclea. Ambos nervios se unifican anatómicamente en el VIII par craneal o nervio vestíbulococlear o estatoacústico. Junto a las fibras aferentes, se encuentran fibras eferentes originadas en el sistema nervioso central para realizar un control o modulación de la actividad de los órganos receptores periféricos (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007). La vía vestibular aferente comprende el conjunto de neuronas conectadas entre sí que, partiendo de sinapsis con las células sensoriales de los receptores del aparato vestibular (dos máculas y tres crestas ampulares), transmiten señales nerviosas al tronco del encéfalo y a la corteza cerebral haciendo escala en otras regiones encefálicas. A lo largo de todo este trayecto hay asociaciones con la información recibida por los sistemas sensoriales visual y propioceptivo. El nervio vestibular (raíz vestibular del VIII par craneal) surge de las neuronas bipolares en el ganglio vestibular o ganglio de Scarpa, primer nivel de la vía vestibular aferente. Las fibras periféricas o dendritas terminan en las células sensoriales de las crestas ampulares de los conductos semicirculares y máculas del sáculo y del utrículo. Las fibras centrales o axones entran lateralmente en el bulbo raquídeo y pasan entre el pedúnculo inferior y el tracto espinal del trigémino. Estas fibras aferentes se bifurcan en ramas ascendentes y descendentes y hacen sinapsis con neuronas situadas en los núcleos vestibulares, segundo nivel de la vía vestibular aferente. Los núcleos vestibulares están formados por cuatro áreas principales situadas lateralmente y debajo del suelo del cuarto ventrículo. Las proyecciones de estos núcleos van por el fascículo longitudinal medial, cordón nervioso largo y delgado que corre a ambos lados de la línea media que va hacia abajo (bulbo y médula espinal), y hacia arriba (a los lados del acueducto de Silvio) y termina en los núcleos del III par, conectando así los núcleos vestibulares con los núcleos motores del ojo, cuello, extremidades y tronco (Bartual y Pérez, 1998; Haines, 2013; Purves, 2015; Suárez y cols., 2007). El fastigius es regulado por el pyramis, que a su vez está controlado por la corteza cerebral a través de la vía córticopontocerebelosa. El núcleo vestibular superior o de Betcherew, en posición rostral, recibe las aferencias de las crestas ampulares. De aquí salen proyecciones (fascículo longitudinal medial) a las neuronas motoras del núcleo troclear (patético o IV par craneal) homolateral y al núcleo motor ocular común homolateral y contralateral. Está implicado en el reflejo vestíbulo-oculomotor en el plano vertical. El núcleo vestibular lateral o de Deiters recibe colaterales de las crestas ampulares en su porción dorsal y proyecciones de las máculas en porción ventral. La porción dorsal da lugar al tracto vestíbulo -espinal lateral que proyecta contralateralmente a las interneuronas y motoneuronas que inervan de forma inhibitoria a los músculos extensores de las extremidades. Contribuye al mantenimiento del tono de los músculos antigravitatorios. La porción ventral de este núcleo proyecta al núcleo del motor ocular común e interviene en la producción de los reflejos vestíbulo-oculares. El núcleo vestibular medial o principal (Schwalbe) recibe aferencias de las máculas y colaterales que llegan al núcleo lateral. Su proyección va por el fascículo longitudinal medial, ascienden y descienden directas y cruzadas; las ascendentes constituyen la vía oculomotora y sinaptan con las motoneuronas y neuronas del núcleo motor ocular externo homolateral y contralateral (responsable del nistagmo horizontal) y con las del núcleo motor ocular común. También emite fibras para los núcleos motores del cuello y centros vegetativos. Las fibras desencadenantes forman la vía vestibulo-espinal. Además, envía fibras hacia la sustancia reticular media y núcleos del neumogástrico siendo responsables de reflejos vegetativos como náuseas, vómitos, sudoración palidez, diarrea, etc. Participa en los reflejos vestíbulo-oculares, sobre todo, los horizontales y en los reflejos posturales compensatorios. El núcleo vestibular inferior o espinal (Roller) recibe aferencias periféricas del sáculo y utrículo y algunas fibras colaterales de las crestas. Su salida forma parte de las vías vestíbulo-espinales e integra las señales periféricas con las llegadas del cerebelo, teniendo un efecto inhibitorio sobre los músculos extensores contralaterales. La acción que ejerce sobre los reflejos y tono muscular se hace a través de este. Relación vestibular-cerebelar y cerebelar-vestibular: la mayoría de las aferencias vestibulares también se dirigen homolateralmente a través del cuerpo restiforme hacia los núcleos floconodular y fastigius del cerebelo. De estos se envían  terminaciones a los núcleos vestibulares medial e inferior, inhibiendo a las neuronas vestibulares de segundo orden. Del fastigius salen fibras cruzadas que inhiben el área vestibular contralateral. El fastigius es regulado por el pyramis, que a su vez está controlado por la corteza cerebral a través de la vía corticopontocerebelosa. La función principal del cerebelo es el mantenimiento del equilibrio por medio del núcleo fastigius y lóbulo floconodular, y su lesión da lugar a trastornos: en reposo, caída hacia adelante, atrás o lateral, y en movimiento, marcha bamboleante con las piernas separadas para aumentar la base de sustentación. El cerebelo también regula el tono muscular y coordina los movimientos de todo el cuerpo. A la corteza cerebral también llegan proyecciones de los núcleos vestibulares, específicamente al lóbulo temporal (circunvolución temporal superior) a través de la vía reticulotalámica. Las vías eferentes vestibulares están constituidas por el fascículo eferente de Petroff y Gacek. Sus fibras se distribuyen por las células sensoriales a razón de una fibra eferente por cada 60 fibras aferentes (Suárez y cols., 2007). Reflejos vestibulares Los cambios espaciales estimulan los reflejos posturales vestibulares, ayudando a mantener el equilibrio, la postura y la mirada. De esta forma se anticipa al desequilibrio que se generará en cuestión de segundos ante un desplazamiento del cuerpo en el espacio (Suárez y cols., 2007). REFLEJO VESTÍBULO-OCULAR Desempeña una importante función, cuando se cambia de forma brusca de posición o incluso con el movimiento de la cabeza, permitiendo mantener estable la mirada en la retina. Este reflejo se puede observar también en personas ciegas. Cada vez que la cabeza rota en una dirección los ojos rotan suavemente en la dirección opuesta. El reflejo actúa, por ejemplo, al producirse un movimiento hacia la izquierda. La endolinfa se desplaza dentro de los canales semicirculares hacia el lado opuesto, aumenta la descarga hacia los núcleos vestibulares de aquí, y las fibras que van a los núcleos óculomotores aumentan la actividad del músculo recto lateral derecho del ojo e inhiben al músculo recto medial. Los cambios espaciales estimulan los reflejos posturales vestibulares, ayudando a mantener el equilibrio, la postura y la mirada. Cuando el giro se interrumpe, los ojos siguen moviéndose en la dirección contraria y después vuelven rápidamente a la posición de la línea media con un movimiento de sacudida (nistagmo vestibular) (Suárez y cols., 2007). REFLEJOS POSTURALES Y DEL EQUILIBRIO La orientación espacial está basada en la interacción visual, vestibular y cinestésica que permite la coordinación de los movimientos. La vía para los reflejos del equilibrio comienza en los nervios vestibulares, que pasan cerca del cerebelo y de los núcleos vestibulares desde donde se envían señales hacia los núcleos reticulares. Hay señales que van hacia la médula espinal y el cerebelo adapta el tono muscular para cubrir la nueva situación. La función principal del cerebelo es el mantenimiento del equilibrio y su lesión da lugar a trastornos como la caída hacia adelante, atrás o lateral estando en reposo, o la marcha bamboleante, en movimiento. El área vestíbulo-cerebelosa, es importante en el control del equilibrio, sobre todo en la ejecución de movimientos rápidos. Calcula, a partir de distintas velocidades y direcciones, dónde estarán las distintas partes del cuerpo en los próximos milisegundos. Durante los cambios de posición, el sistema vestibular tiene una influencia estimuladora en el control autonómico respiratorio, modificándose esta actividad muscular. Los estímulos vestibulares asociados a movimientos de la cabeza realizan un rol inhibitorio vagal mediante el control del reflejo barorreceptor (Suárez y cols., 2007).
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