La experiencia humana del mundo se construye a través de nuestros sentidos. La audición ha cumplido históricamente una función primordial de monitorización y control del entorno, que precede a la comunicación. Esta capacidad es vital para la supervivencia, la orientación, la navegación y la evaluación de recursos y peligros en nuestro hábitat.
Tradicionalmente, la ecología auditiva se ha centrado en los entornos de escucha cotidianos de los humanos y las tareas comunicativas que realizan. Sin embargo, la perspectiva de la ecología auditiva humana amplía este enfoque, investigando la capacidad del sistema auditivo para percibir los procesos ecológicos que operan en hábitats naturales.
En este sentido, investigaciones recientes coinciden en resaltar la importancia del Paisaje Sonoro Natural. Los paisajes sonoros naturales (o proximal soundscapes) están compuestos por biofonía, constituida por sonidos biológicos como vocalizaciones de animales, siendo las aves, insectos y anfibios los principales contribuyentes, y geofonía, formada sonidos geofísicos como el viento o el agua. Existe una evidencia creciente sobre los efectos restauradores de la exposición a sonidos de la naturaleza, como el canto de los pájaros, el viento y el agua, sonidos que, según se ha demostrado, reducen el estrés fisiológico y psicológico, mejoran el estado de ánimo y potencian el rendimiento cognitivo. La biodiversidad del paisaje sonoro, determinada por la abundancia y riqueza de especies, es un factor crucial que contribuye al bienestar asociado a estas experiencias auditivas.
Los modelos del sistema auditivo humano sugieren que poseemos acceso a suficiente información sensorial para discriminar con precisión distintos biomas y sus variaciones.
Pero… ¿Qué ocurre con todas estas experiencias cuando se tiene una pérdida auditiva?
A pesar de la importancia de los sonidos naturales desde el punto de vista evolutivo y de bienestar, la pérdida auditiva neurosensorial supone un deterioro de la ecología auditiva de millones de personas. La presbiacusia tiene un impacto muy considerable en la percepción de la biofonía. Por ejemplo, el canto de muchas aves se pierde o se simplifica drásticamente para los oyentes mayores, especialmente el de aquellas que cantan predominantemente por encima de los 6000 Hz, como el reyezuelo (Goldcrest). La pérdida auditiva no solo reduce la percepción, sino que también hace que el canto pierda su riqueza, parezca más mecánico y sea menos diferenciable entre especies.
A este respecto, es relevante un hallazgo crucial en la investigación sobre audífonos e hipoacusia, en el que se concluye que la pérdida auditiva puede llevar a una pérdida de conciencia de la riqueza del entorno acústico. Así, por ejemplo, antes de la adaptación de los audífonos, los pacientes se enfocan casi exclusivamente en la mejora de la comunicación verbal. Su mayor preocupación es mejorar su inteligibilidad en todos los entornos. Sin embargo, una vez equipados, una gran parte de los informes de escucha positiva espontáneos se refieren a sonidos no relacionados con la voz humana, siendo el canto de los pájaros el más común, que redescubren con claridad, profundidad o intensidad renovadas. Esto subraya la necesidad de abordar la pérdida de conexión con la naturaleza como parte integral de la rehabilitación auditiva, aportando en este sentido un enfoque novedoso.
La presbiacusia tiene un impacto muy considerable en la percepción de la biofonía: el canto de muchas aves, especialmente el de aquellas que cantan por encima de los 6000 Hz, se pierde o se simplifica drásticamente para los oyentes mayores.
La investigación en ecología auditiva está impulsando la optimización de las tecnologías para restaurar la percepción de los paisajes sonoros naturales, un objetivo que va más allá de la mera comprensión del habla en entornos urbanos.
No obstante, la capacidad de los audífonos para restaurar sonidos ambientales está todavía en proceso de desarrollo, ya que los dispositivos inicialmente diseñados para la inteligibilidad del habla podrían procesar mal los sonidos ecológicos.
La Inteligencia Artificial (IA), o más precisamente el uso de algoritmos avanzados de aprendizaje automático (Machine Learning), es fundamental actualmente en las tecnologías de procesamiento de señales de audífonos e implantes cocleares. Aunque tradicionalmente estos sistemas se han centrado en optimizar la comunicación verbal en entornos urbanos ruidosos, existe un creciente interés en restaurar la percepción de los paisajes sonoros naturales y sus beneficios asociados.
Esa nueva perspectiva supone un importante cambio de paradigma, ya que herramientas tradicionalmente vitales para la percepción del habla como la amplificación multibanda, la compresión o la direccionalidad, pueden distorsionar o degradar la percepción de los paisajes sonoros naturales.
El verdadero potencial de la IA y los algoritmos avanzados reside en superar este sesgo urbano y desarrollar algoritmos de clasificación ambiental mejorados y estrategias de procesamiento de señales que estén mejor adaptadas a escenarios naturales. En este sentido, una recomendación clave podría ser que los fabricantes de implantes y audífonos implementen una variedad de programas específicos de «naturaleza» que el usuario pueda seleccionar según su intención de escucha. Estos programas deberían optimizar la audición y la claridad de los sonidos biológicos (como el canto de los pájaros) o geofísicos (como el agua y el viento).
Así, si audífonos e implantes pudieran en un futuro próximo restaurar la conciencia y la claridad de estos sonidos, los audiólogos podrían incluso alentar a los pacientes a realizar actividades basadas en la naturaleza durante la rehabilitación, maximizando los beneficios de bienestar asociados con la exposición a los sonidos naturales.
Este mismo «compromiso» metodológico entre validez ecológica y precisión se pone de manifiesto en la evaluación audiológica clínica. En este ámbito se genera cierto conflicto entre la audiometría clínica, que de alguna manera, busca la objetividad, reproductividad y control, y la validez ecológica de la evaluación, cuyo objetivo es reflejar las complejas condiciones de escucha cotidianas y la experiencia subjetiva del paciente. Cualquier audiólogo protésico con cierta experiencia ha escuchado alguna vez a sus pacientes comentar, tras exponerle los resultados positivos de la evaluación realizada en la cabina audiométrica, que su realidad es bien distinta, y que su inteligibilidad en la vida real es mucho peor de lo que muestra la evaluación en el gabinete. Esta «discordancia» se basa evidentemente en el hecho de que las condiciones acústicas de la vida real son dinámicas y complejas, lo que dificulta su medición precisa en un entorno de laboratorio controlado, ya sea con o sin prótesis auditivas.
Si audífonos e implantes pudieran en un futuro próximo restaurar la claridad de los sonidos biológicos o geofísicos, los audiólogos podrían animar a los pacientes a realizar actividades en la naturaleza durante la rehabilitación, maximizando los beneficios asociados con la exposición a los sonidos naturales.
Por este motivo, existe un creciente interés entre los audiólogos hacia las herramientas de validación ecológica, cuyo objetivo es reflejar diferentes aspectos de la vida cotidiana. Un ejemplo de este interés es el HISQUI19 (Hearing Implant Sound Quality Index-19 items), un cuestionario autoinformado diseñado para evaluar la calidad del sonido percibida por usuarios de implantes cocleares en diferentes situaciones de la vida cotidiana. Su particularidad reside en que no se centra en la comprensión del habla, sino en aspectos más cualitativos de la experiencia auditiva, como la naturalidad, la claridad o la agradabilidad del sonido.

Existe una evidencia creciente sobre los efectos restauradores de la exposición a sonidos de la naturaleza, como el canto de los pájaros, el viento y el agua, que reducen el estrés fisiológico y psicológico, mejoran el estado de ánimo y potencian el rendimiento cognitivo.
Otra variación metodológica en la evaluación orientada a ganar «validez ecológica» es la modificación de parámetros en las pruebas de audición. Esto se ha planteado en la práctica en las pruebas de inteligibilidad en ruido. Por ejemplo, el Oldenburg Sentence Test (Oldenburg Sentences), se utiliza como prueba estándar para evaluar el rendimiento auditivo en el mundo real, por ejemplo tras una cirugía de implante coclear. Sin embargo, la elección del tipo de ruido competitivo impacta directamente en el equilibrio entre validez y precisión, de forma que el ruido estacionario (simulador del habla en S0N0) ofrece la mayor precisión y fiabilidad test-retest, pero el ruido fluctuante (ecológico), como el ICRA 5, hace la prueba más representativa de la vida diaria, hasta el punto que investigaciones realizadas en este sentido afirman que los resultados obtenidos con este ruido fluctuante tienen una correlación más alta con la evaluación subjetiva de la comprensión por parte del paciente.
Una recomendación clave podría ser que los fabricantes de implantes y audífonos implementen una variedad de programas específicos de «naturaleza» que el usuario pueda seleccionar según su intención de escucha.
Otra investigación interesante relacionada con la creciente búsqueda de la validez ecológica pone en tela de juicio la creencia ampliamente establecida de que las pruebas de frases en ruido (consideradas tradicionalmente de alta validez ecológica) representan mejor la comunicación que las pruebas de monosílabos en silencio (consideradas de baja validez ecológica). En un estudio con usuarios de IC, la puntuación de monosílabos en silencio mostró una correlación significativa (R = 0.57) con la evaluación subjetiva del paciente (HISQUI19), siendo la correlación más alta de las condiciones probadas. Esto sugiere una contradicción y plantea si los tests menos complejos capturan aspectos de la audición que son de mayor relevancia subjetiva para los pacientes en su vida diaria, desafiando la suposición de que los tests de frases en ruido son inherentemente la mejor representación del mundo real.

Esta aparente contradicción ha llevado a los expertos a una conclusión metodológica que basa la elección del procedimiento audiométrico en la pregunta de investigación o en el contexto terapéutico, de forma que, si el objetivo es evaluar el resultado en una población o investigar la correspondencia con la experiencia diaria, se priorizará un método con mayor validez ecológica (como en el caso del ruido fluctuante), asumiendo quizá una menor precisión. Por el contrario, si se requiere una evaluación precisa del impacto de una característica específica del dispositivo (como la calidad de un algoritmo de cancelación de ruido) en el reconocimiento del habla a nivel individual, la elección debe ser un procedimiento con la mejor precisión test-retest disponible (como el ruido estacionario).
Parece claro que las investigaciones futuras en este campo deben perseguir varios objetivos. En primer lugar, entender la pérdida de conciencia y estudiar por qué las personas con pérdida auditiva no son conscientes de la disminución en la percepción de los sonidos naturales y cómo esta pérdida afecta a su bienestar y calidad de vida en general.
Se necesitan herramientas de audiometría y cuestionarios estandarizados que aborden específicamente el impacto de la audición de sonidos naturales en el bienestar y la calidad de vida.
Por otra parte, los estudios deben determinar hasta qué punto las prótesis auditivas restauran la percepción de los sonidos naturales (su claridad, abundancia e intensidad) y si el procesamiento protésico los distorsiona. También debería estudiarse si son suficientes los programas y recursos existentes actualmente en las prótesis para satisfacer las necesidades del usuario en entornos naturales.
Por último, se necesitan herramientas de audiometría y cuestionarios estandarizados que aborden específicamente el impacto de la audición de sonidos naturales en el bienestar y la calidad de vida. Los cuestionarios existentes se centran principalmente en el habla en entornos urbanos. La integración de la ecología auditiva en la práctica clínica nos recuerda que la audición va más allá de la decodificación y el procesamiento del habla: es un mecanismo esencial para nuestra conexión con el mundo natural. Al priorizar tanto la precisión técnica como la validez ecológica, la audiología protésica actual buscará restaurar en su totalidad la riqueza de la vida cotidiana, un factor clave para la salud y la inclusión social.
La integración de la ecología auditiva en la práctica clínica nos recuerda que la audición va más allá de la decodificación y el procesamiento del habla: es un mecanismo esencial para nuestra conexión con el mundo natural.
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CV Autor
Audióloga / Audioprotesista
Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia.
Técnico Superior en Audiología Protésica.
Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.
Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.





