El cribado auditivo escolar. Historia y panorama actual

24/06/2025 | Comparte:
Autor/a: Myriam González
Según la OMS, el 60% de las hipoacusias en edad escolar podrían prevenirse, y una detección oportuna podría evitar secuelas a largo plazo, lo que parece particularmente importante en los países de bajos y medios ingresos. La implantación del cribado auditivo neonatal universal en un gran número de países permite identificar y tratar las pérdidas auditivas en el momento del nacimiento, pero todos aquellos niños que presentan pérdidas progresivas (pero mínimas al nacer), o pérdidas genéticas, súbitas, o causadas por patologías recurrentes de oído medio que empiezan a manifestarse en la edad escolar, permanecen, muy a menudo, sin diagnosticar y sin tratar.

La etapa de educación primaria, que es obligatoria en la mayoría de los países y clave para el desarrollo de competencias fundamentales para el aprendizaje como la lectoescritura, podría ser el escenario ideal para detectar dificultades sensoriales o de otra índole en el alumnado, lo que reduciría, en cierta medida, las evidentes desigualdades sociodemográficas en lo que respecta al acceso a la atención médica. Pero la implantación de estos sistemas de detección no está exenta de dificultades, tanto logísticas como económicas, y la realidad es que actualmente no existen directrices internacionales vigentes para la implementación del cribado auditivo escolar.

El 60% de las hipoacusias en edad escolar podrían prevenirse y una detección adecuada evitaría secuelas a largo plazo, según la OMS.

Algunos países cuentan con programas de cribado postnatal, pero solo en la etapa de prescolar, como es el caso de Nueva Zelanda. Estados Unidos y varios países de Europa han propuesto sus protocolos de cribado escolar, pero hoy día se carece de datos fidedignos a este respecto e incluso algunos de estos protocolos han sido cuestionados en lo relativo a su rentabilidad.

En el ámbito nacional, las dos últimas publicaciones de la CODEPEH (Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia), orientan su atención a la población escolar, algo a lo que ya había hecho referencia el Dr. Núñez-Batalla en el documento de la CODEPEH de 2015.

El documento de 2023, tiene como objetivo principal plantear una serie de recomendaciones para orientar sobre la necesidad de contar con protocolos eficaces para la detección y el tratamiento precoz de la hipoacusia postnatal. El objetivo de estos protocolos consistiría en configurar un servicio continuo de prevención auditiva a lo largo de la infancia, que favoreciera, no solo el seguimiento de los casos que «no pasan» el cribado auditivo neonatal y los de los niños que presentan factores de riesgo, sino también la detección de las hipoacusias postnatales.

 En una revisión sistemática sobre cribado auditivo escolar publicada por Yong et al. (2020), en la que se incluyeron 65 artículos publicados en todo el mundo, se concluyó que, si bien hay consenso internacional respecto a la importancia de una correcta audición en el aprendizaje, realmente los programas de cribado son claramente insuficientes y el compromiso financiero y político visiblemente escaso, quizá a causa de la errónea creencia de que el tamizaje neonatal permite detectar todas las hipoacusias. Por otra parte, la inexistencia de protocolos internacionales estandarizados dificulta enormemente la comparabilidad de los resultados del cribado entre los distintos países, incluso entre las distintas regiones de un mismo país, por lo que parece urgente fomentar la recogida de datos estandarizada que permita desarrollar un mayor número de estudios comparativos y garantizar así la calidad de los programas.

El concepto de cribado para afecciones médicas que al detectarse podrían mejorar en alguna forma el pronóstico de la enfermedad, surgió a finales del siglo XIX.

Considerando el panorama actual, parece increíble que la necesidad de desarrollar protocolos de cribado escolar fuera detectada hace más de un siglo. De hecho, el concepto de cribado para afecciones médicas que, al detectarse, podrían mejorar en alguna forma el pronóstico de la enfermedad, surgió a finales del siglo XIX.

El primer proyecto de cribado escolar se documentó en Boston en 1876, por Clarence Blake, y fue publicado en Philadelphia al año siguiente. En su trabajo, Blake ya anticipó la necesidad de evaluar a los alumnos con pérdida auditiva menos severa o profunda, y documentó la alta prevalencia de estos casos de hipoacusia en el contexto escolar. Casi podría considerarse a Blake como un «visionario» que, 150 años antes, llegó a las mismas conclusiones que hoy día proclaman la OMS y otros organismos internacionales.

Clarence John Blake. Imagen de Wikipedia

El protocolo de Blake para la evaluación auditiva consistía en registrar la capacidad de cada niño para detectar el habla del profesor a una distancia fija.

«Uno de los argumentos más sólidos que demuestran la importancia del tema expresado en el título de este trabajo es el hecho de que, salvo en casos individuales, o cuando la pérdida de audición es tan grande que resulta en sordomudez, en nuestro sistema escolar actual no se prevé ninguna disposición para la instrucción especial de aquellos niños cuya enfermedad, en este sentido, otorga, en todo caso, un mayor derecho a los esfuerzos de aquellos a quienes se les confía la colocación de los cimientos de ese desarrollo mental, que es la base de la prosperidad de un pueblo.

Foto de King County. Imagen: Mediadrumimages/Topfoto/Retronau

Para el logro de ese grado adecuado de desarrollo mental que eleva al hombre por encima del animal, es necesaria una mente sana en un cuerpo sano; y cuando uno de los canales de comunicación desde el exterior está total o parcialmente cerrado, recae sobre aquellos que tienen a su cargo el fomento de este desarrollo, el deber de compensar de una u otra manera la pérdida.».

El protocolo de Blake para la evaluación auditiva consistía en registrar la capacidad de cada niño para detectar el habla del profesor a una distancia fija. Para ello, se seleccionaron una serie de palabras basadas en trabajos previos de Oscar Wolf. Cuando se detectaba una pérdida auditiva o una incapacidad para reconocer las palabras, se instaba a los profesores a colocar a los niños en el aula en una ubicación óptima para favorecer su escucha. Además, cada uno de estos niños era, con posterioridad, evaluado por un profesional médico.

Sin embargo, el proyecto de Blake no tuvo la repercusión que hubiera sido deseable y, a pesar de sus claras advertencias, el cribado auditivo escolar no se generalizó. Cinco años después, un informe gubernamental de Sexton (1881), describió las posibles secuelas de las hipoacusias no identificadas en edad escolar y proporcionó datos sobre la prevalencia de niños con hipoacusia en las escuelas.

En su escrito, Sexton incluyó reflexiones sobre la audición binaural (de los dos oídos) y su contribución a la localización de la fuente sonora, así como las desventajas para una correcta percepción de los fonemas cuando la audición de ambos oídos no se encontraba dentro de los parámetros normales. Partiendo del proyecto de Blake, recomendó realizar una valoración similar a la propuesta por este último al inicio de cada sesión escolar.

Así, a finales del siglo XIX dos publicaciones justificaban la necesidad de desarrollar planes estratégicos de cribado auditivo para estos niños en edad escolar. Fue poco lo que se hizo para implementar estos planes, ni siquiera a nivel parcial, en la costa este de los Estados Unidos donde se gestaron. Tan solo existe un caso documentado de una escuela de Boston, en la que se evaluó, ya a principios del siglo XX, a unos 870.000 niños utilizando un procedimiento similar al de Blake. En este estudio se concluyó que el 4% de los niños evaluados tenían algún tipo de déficit auditivo.

Intentos similares se desarrollaron también en Europa en esos mismos años, concretamente en el Reino Unido. En el informe del Director Médico de la Junta de Londres, publicado en 1910, se declaró que entre el 3% y el 8% de todos los niños de primaria en Inglaterra y Gales presentaban algún tipo de deficiencia auditiva. El informe destacó la necesidad de realizar pruebas a todos los niños y señaló la falta de métodos precisos y consistentes para lograrlo.

Desde finales del siglo XIX se realizaron varios proyectos para desarrollar dispositivos que permitieran medir la audición hasta la configuración de los audiómetros clínicos actuales, uno de cuyos promotores fue sin lugar a dudas A.G. Bell. Su principal aportación con su primer diseño de «audímetro», como se denominó originalmente, fue la idea de que existen diferentes grados de pérdida auditiva y que según sus propias palabras, aquellos que eran considerados «sordos», a veces solo eran «duros de oído», y debían recibir una educación acorde a sus necesidades.

En los años 20, gracias a los acuerdos con los laboratorios Bell, se multiplicaron los esfuerzos por desarrollar una metodología válida para estudiar la audición de los niños en edad escolar.

Los primeros audiómetros electrónicos se desarrollaron en los años 20. A partir de entonces, y gracias a los acuerdos con los laboratorios telefónicos Bell, se multiplicaron los esfuerzos por desarrollar un audiómetro y una metodología válida para estudiar la audición de los niños en edad escolar.

Mediante la utilización de uno de estos prototipos, el West Electric 1A, Fowler y Fletcher publicaron los resultados de uno de estos métodos, que consistió en la presentación de habla grabada en un fonógrafo a los escolares a través de unos auriculares.

Es importante tomar en consideración que la primera aproximación de Blake al cribado auditivo escolar ya cumplía los criterios establecidos por Cochran y Holland años más tarde, dado que partía de una concepción eminentemente práctica y accesible, utilizando recursos al alcance de las escuelas y proyectando un primer cribado «grueso» que sería ejecutado por el propio personal docente, de modo que solo fueran derivados a los profesionales médicos aquellos niños que presentaran realmente dificultades auditivas de percepción o comprensión.

Sheila Hadfield se hace ajustar el equipo auditivo por un audiólogo del Departamento de Educación para Sordos de Manchester en 1952. Imagen: Mediadrumimages/Topfoto/Retronau
Audiómetro Western Electric 2-A. Imagen: Hearing Healt  Technology Matters

Partiendo del protocolo de cribado para la fenilcetonuria que se instauró en 1963, a mediados del pasado siglo, proliferaron diferentes sistemas de cribado, que generaron la urgente necesidad de desarrollar un sistema protocolizado para su validación.

Esta fue la razón por la que Cochran y Holland establecieron a principios de los años 70 una serie de criterios para dicha validación que se describen a continuación:

A partir del protocolo de detección para la fenilcetonuria, proliferaron diferentes sistemas de cribado que suscitaron la necesidad de desarrollar un procedimiento protocolizado para su validación.

 1. Ético: el programa debe tener evidencia concluyente de que el cribado puede alterar la evolución natural de la enfermedad en una proporción significativa de los evaluados.

 2. Científico: cada propuesta de cribado es una hipótesis; es decir, el diagnóstico temprano seguido de una terapia temprana ofrece una visión de la evolución natural de la enfermedad. Idealmente, la hipótesis debería probarse aleatorizando el procedimiento de cribado para la terapia posterior al cribado.

 3. Económico: si la investigación de la hipótesis lleva a la conclusión de que probablemente haya una pequeña ganancia para una proporción muy pequeña de los evaluados, surge naturalmente la pregunta: «¿Vale la pena?». Inevitablemente habría que reconsiderar su implantación.

WE-1-A-Audiometer 1. Imagen: Hearing Healt Technology Matters

Cochran y Holland revisaron diversos trastornos y sus protocolos de cribado y descubrieron que, en 1971, entre los pocos que cumplían estos criterios, se encontraban las pruebas de audición en niños.

La tecnología y la ciencia han avanzado sensiblemente, sin embargo, el cribado escolar requiere de una compleja red de asistencia profesional a nivel institucional, lo que dificulta su implementación.

Han transcurrido más de 50 años, y a pesar de haber quedado sobradamente demostrada su importancia, el cribado auditivo escolar está lejos de ser generalizado a nivel mundial. La tecnología y la ciencia han avanzado sensiblemente y algunos descubrimientos han permitido mejorar notablemente los protocolos de cribado neonatal en los países de altos ingresos, como las otoemisiones acústicas o los potenciales evocados de tronco cerebral, fácilmente accesibles en los centros sanitarios en los que se producen los nacimientos. Sin embargo, el cribado escolar requiere de una compleja red de asistencia médica profesional a nivel institucional, lo que dificulta su implementación.


REFERENCIAS:

Blake, C.J.  (1877). Onthebestmodel of testingthehearing of schoolchildren, and of providing for the instruction of partially deaf children. Boston: Press of Rockwell and Churchill.

Núñez Batalla, F., Jáudenes Casaubón, C., Sequí Canet, J. M., Vivanco Allende, A., &Zubicaray Ugarteche, J. (2023). ​ Sorderas postnatales. ​ Sordera infantil progresiva, de desarrollo tardío o adquirida: recomendaciones CODEPEH 2023. ​ Revista Española de Discapacidad, 12(1), 197-211. https://doi.org/10.5569/2340-5104.12.01.10 ​

Ruben R. J. (2021). The History of Pediatric and Adult Hearing Screening. The Laryngoscope, 131 Suppl 6, S1–S25. https://doi.org/10.1002/lary.29590

Yong, M., Panth, N., McMahon, C. M., Thorne, P. R., &Emmett, S. D. (2020). How the World’s Children Hear: A Narrative Review of School Hearing Screening Programs Globally. OTO open, 4(2), 2473974X20923580.

Publicado en:
GA #62

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Este es el desafío de Auracast: guiar a los usuarios hacia una nueva e inédita experiencia de transmisión auditiva. Referencias: Bellavia, A. (2024). 20Q: Auracastishere - whatyouneed to know. Audiology Online, Article 28985. Available at ww.audiologyonline.com Groth, J. y Mac Coy, D. (2023). What Do Owners of HearingAids that StreamThink of the Sound Quality ?Canadian Audiologist, 10 (2).

Cómo abordar la rehabilitación de la hipoacusia generada por el AVD

El acueducto vestibular dilatado (AVD) es una anomalía del oído interno que puede afectar tanto a la audición como al equilibrio. Está encuadrada dentro de las hipoacusias neurosensoriales, en el grupo de alteraciones cocleovestibulares. Conocer sus características clínicas y audiológicas es clave para ofrecer rehabilitaciones auditivas adecuadas y una atención centrada en el paciente, como se ha tratado en otros artículos de esta misma revista. Este artículo explora esta condición y revisa las recomendaciones basadas en la literatura científica para la adaptación de audífonos y el seguimiento de los pacientes. El AVD es la malformación del oído interno más frecuente asociada con hipoacusia neurosensorial (entre un 5% y un 15%). Fue descrito por primera vez en 1791 por Carlo Mondini durante una disección del hueso temporal. Sin embargo, no fue hasta 1969 que Valvassori relacionó estas malformaciones con síntomas similares a los del síndrome de Ménière 1. En 1978, Valvassori y Clemis definieron formalmente el AVD tras revisar 3,700 estudios de tomografía y establecieron que un acueducto vestibular se considerará dilatado cuando su diámetro supere 1,5 mm. En adultos, el diámetro puede oscilar entre 1,5 mm y 8 mm, siendo el promedio de 4 mm. Aunque algunos estudios utilizan criterios diferentes, la definición de Valvassori y Clemis sigue siendo la más aceptada en la actualidad. El acueducto vestibular dilatado se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada y la resonancia magnética. Antes de continuar y para evitar posibles confusiones, cabe destacar que aunque  Mondini fue el primero en describir estructuras relacionadas con el acueducto vestibular dilatado, la condición que se conoce como displasia de Mondini  hace referencia a una malformación de la cóclea, caracterizada por encontrarse una vuelta y media en lugar de dos vueltas y media, y un saco endolinfático bulboso, junto con otras posibles anomalías del oído interno. Es importante destacar que la displasia de Mondini y el acueducto vestibular dilatado (EVA) no son lo mismo, aunque en algunos pacientes con Mondini también puede presentarse EVA. Esta distinción ayudará a evitar confusiones al interpretar diagnósticos y al planificar la rehabilitación auditiva. EL AVD se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). La TC permite visualizar el acueducto vestibular, mientras que la RM muestra el conducto endolinfático y el saco endolinfático. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres, y puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos. Hoy en día, las pruebas de imagen están incluidas en los estudios que se realizan cuando se detectan niños con pérdida auditiva y gracias a esto se ha descubierto que el AVD es la malformación del oído interno que con más frecuencia se encuentra en estas imágenes, aunque en el 40% de los casos aparece junto con otras malformaciones 1. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres. Puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos como el síndrome de Pendred, que provoca problemas tiroideos y bocio, así como a otros síndromes como CHARGE o Branquio-oto-renal (BOR). Los síntomas que podemos encontrar asociados con el AVD pueden ser auditivos y vestibulares. Incluyen no superar el cribado auditivo, menor respuesta a los sonidos en la vida diaria, retraso o dificultades en el desarrollo del habla y el lenguaje, así como problemas para oír, que en algunos casos aparecen tras golpes en la cabeza. Respecto a los síntomas vestibulares, es frecuente que haya retraso para empezar a andar, episodios de vértigo de duración variable y/o sensación persistente de desequilibrio. Las pruebas para evaluar la función auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado (AVD), no difieren de las normales, siendo recomendable que se lleve a cabo una impedanciometría para comprobar la movilidad del tímpano y la presión del oído medio. En contexto clínico también incluyen emisiones otoacústicas (OAE), que verifican la función de las células ciliadas externas de la cóclea, y potenciales evocados vestibulares (VEMP), para valorar la función del sistema vestibular. Esta batería permite diferenciar entre problemas del oído medio y del oído interno, y proporciona información clave para el manejo clínico y la planificación de audífonos o implantes cocleares. No obstante, una vez que se conoce la condición, puede eludirse la medición de los reflejos teniendo en cuenta que pueden generar molestias vestibulares. Con relación al tipo de pérdida, la pérdida auditiva asociada al AVD puede presentarse como conductiva, neurosensorial o mixta, predominando el componente conductivo o mixto en las bajas frecuencias (250–1000 Hz) y el neurosensorial en las frecuencias altas. Si tenemos en cuenta las características del perfil audiométrico, los más frecuentes son tres: curva con caída en agudos y graves normales o más conservados, curva plana o el perfil conocido como «cookie-bite inverso», en el que la audición es peor en las frecuencias bajas y altas, pero se conserva relativamente mejor en las frecuencias medias. La severidad de la hipoacusia asociada al AVD es muy variable, y puede manifestarse desde leve hasta profunda. Una particularidad en esta condición es su evolución, pudiendo permanecer estable o progresar de forma gradual o súbita a lo largo del tiempo. Diferentes estudios, como el de Gopen et al.2, concluyen que entre el 60% y el 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico, mientras que solo el 30–40 % se mantiene estable a lo largo de este período. En este sentido, es muy importante entender que en el AVD puede aumentar el riesgo de un descenso súbito en la audición por factores como traumatismos craneales, cambios de presión, fiebre alta, exposición a ruidos intensos o infecciones respiratorias, aunque no siempre ocurre, especialmente en el caso de los traumatismos si estos son leves. Alrededor del 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico. Los pacientes que han tenido fluctuaciones previas en la audición son más susceptibles de que ocurran nuevos episodios de pérdida. El tamaño del acueducto vestibular y del saco endolinfático no permite predecir cómo evolucionará la pérdida auditiva, aunque algunos estudios sugieren que los acueductos más grandes podrían asociarse a un mayor riesgo de empeoramiento progresivo. Es importante que los audiólogos conozcan que, a medida que progresa la pérdida auditiva, la capacidad de reconocer palabras suele disminuir, y que esta dificultad en la discriminación puede ser mayor a la esperada en comparación con otras hipoacusias con similar componente conductivo o mixto de origen en el oído medio y no coclear. Según las conclusiones de Wolf 1, no existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Se han utilizado procedimientos como el «Shunt», consistente en drenar o derivar el exceso de líquido del saco endolinfático, la oclusión o el uso de corticosteroides, si bien no se han mostrado eficaces y en algunos casos, pueden empeorar la audición. Por ello, el manejo se centra en los síntomas y en mejorar la comunicación del paciente mediante audífonos, implantes cocleares, sistemas FM y estrategias de apoyo a la comunicación, como la ubicación preferencial en el aula y medidas que favorezcan la lectura labial. No existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Como se ha dicho unas líneas más arriba, la pérdida auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado puede ser conductiva, mixta o sensorioneural, y su evolución varía: puede mantenerse estable, fluctuar o empeorar de manera súbita. Es por ello muy importante ante este diagnóstico, utilizar todas las herramientas clínicas disponibles para poder diferenciar componentes conductivos de origen coclear de los relacionados con el oído medio. La vigilancia continua de la audición, el rendimiento de los audífonos y la programación de implantes cocleares es esencial cuando hay fluctuaciones. Además, dado que el EVA puede tener un componente genético, se recomienda también evaluar a otros miembros de la familia. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante el feedback del paciente. En referencia a la programación de los audífonos, no existe una regla estricta sobre si usar los umbrales óseos o tratar la adaptación como pérdida neurosensorial, a pesar del eventual GAP. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante retroalimentación y cuestionarios de validación al paciente, comprobaciones electroacústicas o pruebas verbales en cabina, ajustando la programación según la respuesta funcional del paciente. Por ello, en nuestra práctica, la rehabilitación de la hipoacusia generada por un AVD sugiere contemplar los siguientes aspectos: 1. Asesoramiento y educación familiar como un aspecto clave. • Informar a pacientes y familias sobre actividades que deben evitarse para prevenir la progresión de la pérdida auditiva, como deportes de contacto, golpes en la cabeza o cambios bruscos de presión. •  Explicar la naturaleza fluctuante de la EVA y la importancia del uso constante del audífono. 2. Plan de revisiones y seguimiento flexible. •  Establecer un calendario de controles auditivos que pueda adaptarse a las fluctuaciones auditivas del paciente. •  Permitir evaluaciones anticipadas si se detectan cambios en la audición entre citas programadas. •  Registrar las observaciones de la familia o del paciente sobre la audición y el comportamiento comunicativo para optimizar ajustes. 3. Selección de dispositivos versátiles dada la posibilidad de progresión. •  Elegir audífonos que permitan la modificación flexible de la ganancia (audífonos Rite con diferentes potencias de auricular) a cambios en la audición, evitando usar de entrada una ganancia muy alta que pueda ser perjudicial. •  Informar y formar a los pacientes para que puedan utilizar accesorios de conectividad y aplicaciones como apoyo en el manejo de las fluctuaciones. 4. Programación conservadora de la Máxima Presión de Salida (MPO). •  Ajustar la MPO con precaución debido a los posibles síntomas vestibulares asociados con AVD, evitando molestias y sobrecarga auditiva. 5. Diferenciación de causas de fluctuaciones. •  Considerar que a los síntomas producidos por el AVD pueden sumarse otros problemas típicos de oído medio (mucosidad, infecciones, tapones de cerumen). •  Realizar pruebas como timpanometría para diferenciar si la fluctuación se debe al AVD o a condiciones del oído medio. 6.  Ajustes de ventilación (venting). •  Tras seleccionar la ventilación según las características de la pérdida auditiva, es fundamental su verificación objetiva mediante mediciones en oído real (REM), asegurando que no se genere presión sonora inesperada. 7. Programación basada en pérdida neurosensorial. •  Aunque pueda existir un componente conductivo, se recomienda programar los audífonos considerando la pérdida neurosensorial, ajustando según la respuesta del paciente y las evaluaciones de desempeño auditivo. Puede ocurrir que en este tipo de condición finalmente sea necesario un implante coclear. En cuanto al resultado de esta intervención,  los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados 3 si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En adultos, la duración del uso previo de audífonos puede influir en el rendimiento posoperatorio, afectando la adaptación y aprovechamiento del implante. Los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En conclusión, el conocimiento del Síndrome del Acueducto Vestibular Dilatado y la atención a las consideraciones clínicas asociadas es fundamental para un manejo adecuado de la rehabilitación auditiva de esta población, permitiendo abordar con confianza una patología no siempre bien conocida, así como tomar decisiones más precisas. Referencias: 1 Wolf, J. (s.f.). Advanced management of complex cases: Enlarged Vestibular Aqueduct. Audiology Online. https://www.audiologyonline.com 2 Gopen Q, Zhou G, Whittemore K, Kenna M. Enlarged vestibular aqueduct: review of controversial aspects. Laryngoscope. 2011 Sep;121(9):1971-8. doi: 10.1002/lary.22083. Epub 2011 Aug 16. PMID: 22024854. 3 Hura, N., Stewart, M., & Walsh, J. (2020). Progression of hearing loss and cochlear implantation in large vestibular aqueduct syndrome. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 135, 110133. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2020.110133

Beltone refuerza su compromiso con la audiología en ópticas durante ExpoÓptica 2026

Madrid. 8 de abril de 2026 La compañía participa en el principal encuentro del sector para impulsar el desarrollo de la audiología como línea estratégica de crecimiento sanitario y empresarial. Beltone participa un año más en ExpoÓptica 2026, el principal encuentro profesional del sector óptico y audiológico en España, que se celebra del 9 al 11 de abril en IFEMA Madrid (pabellón 10, stand E12). Con motivo de esta edición, la compañía presentará un espacio expositivo orientado a la experiencia directa con la innovación, donde los asistentes podrán interactuar con las soluciones tecnológicas y conocer de primera mano su aplicación práctica en el ámbito audiológico. Ubicación: Stand Beltone. Pabellón 10 | 10E12 Horario: De 10:00 a 20:00 Entre los principales contenidos del stand destacan: Novedades de producto Presentación de las últimas innovaciones y del portfolio completo de soluciones auditivas de Beltone. Experiencia SAR 01 Espacio diseñado para la demostración práctica de la tecnología auditiva en condiciones reales de escucha. Nueva imagen Beltone Ópticas Evolución de la identidad orientada a reforzar la integración de la audiología en el entorno óptico y mejorar la conexión con el profesional. Con esta presencia, Beltone reafirma su compromiso con el desarrollo de la audiología dentro de las ópticas, una línea de actividad en crecimiento que combina impacto sanitario y oportunidad empresarial para los profesionales del sector. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el aumento de los problemas auditivos, la audiología se consolida como un servicio con elevado potencial. Las ópticas, gracias a su proximidad, capilaridad y relación de confianza con el cliente, se sitúan en una posición estratégica para integrar esta disciplina en su propuesta de valor. Según datos del estudio EuroTrak, cerca del 30 % de las ópticas españolas ya ofrecen servicios de audiología, una tendencia al alza que refleja la evolución del sector hacia un modelo de atención más integral, en el que visión y audición se abordan de forma conjunta. En este contexto, Beltone se posiciona como aliado de los profesionales, facilitando la incorporación y el desarrollo de la audiología mediante soluciones, herramientas y programas de apoyo orientados a garantizar la calidad asistencial, la sostenibilidad del negocio y una experiencia óptima para el paciente. Durante la feria, la compañía centrará su actividad en la generación de conocimiento, la resolución de consultas y el fomento del intercambio profesional en torno al desarrollo de esta área dentro de los establecimientos ópticos. Con su participación en ExpoÓptica, Beltone consolida su papel como partner estratégico del sector óptico, impulsando la evolución hacia modelos más completos de atención sanitaria y contribuyendo a mejorar el acceso de la población a soluciones auditivas de calidad.

GN pone la primera piedra de su nueva sede en España, ubicada en el Parque Tecnológico de Leganés

Leganés – Madrid. 20 de marzo de 2026 La compañía refuerza su apuesta por el mercado español con una inversión superior a los 4 millones de euros en un edificio inteligente y sostenible que será centro de referencia en Europa. GN celebró ayer, 19 de marzo, el acto de puesta de la primera piedra de su futura sede en España, un nuevo edificio ubicado en la Avenida Juan Caramuel, en el Parque Tecnológico de Leganés, que marcará un nuevo hito en el desarrollo de la compañía en nuestro país. Con una inversión superior a los 4 millones de euros, el proyecto contempla la construcción de un edificio de 4.000 metros cuadrados, de los que aproximadamente la mitad se destinarán a fabricación. Las nuevas instalaciones integrarán, además, oficinas, departamento comercial, operaciones, ingeniería, calidad, formación y espacios concebidos para seguir reforzando la cercanía con los profesionales de la audición en España y Europa. La previsión es que la nueva sede entre en funcionamiento a lo largo de 2027. Una vez concluido, el nuevo edificio tendrá capacidad para acoger hasta 500 trabajadores y ha sido concebido como un espacio inteligente y sostenible, preparado para acompañar el crecimiento futuro de la compañía. Para Jose Luis Otero, General Manager del Sur de Europa y Brasil, “este día marca un hito en la compañía y representa nuestra voluntad de seguir creciendo, invirtiendo y estando cada vez más cerca de nuestros clientes, los profesionales de la audición, con más capacidad, más servicio y más cercanía”. [gallery size="large" link="none" columns="2" ids="30408,30409,30410,30411,30412,30413,30414,30415"] Julio García Adeva, Head Manufacturing para EMEA y Brasil de GN y una de las figuras clave en la gestación de este proyecto, subraya que “comienza una nueva era para GN en España, este proyecto es el resultado de muchos años de esfuerzo, conocimiento y pasión, y nace con la ambición de convertir estas instalaciones en un centro de excelencia productiva, tecnológica y de servicio, con vocación de referencia internacional”. Carlos García, Country Manager de GN, destaca que “este nuevo centro es una palanca para seguir mejorando nuestro servicio, ganar capacidad, estrechar aún más la relación con nuestros clientes y continuar creciendo con una propuesta cada vez más sólida para el sector”. Por su parte, Alfonso Ríos, Deputy General Manager del Sur de Europa y Brasil, señala que “cuando te rodeas de gente con tanto talento y tanta fuerza, el impacto se multiplica, y este proyecto refleja muy bien lo que somos como compañía, una organización unida, proactiva, cercana al cliente y con ambición de seguir siendo una referencia en nuestro sector”. Más allá de su dimensión empresarial e industrial, el acto de ayer tuvo también un marcado componente simbólico y emocional. Durante la ceremonia, empleados de distintas áreas y generaciones depositaron recuerdos de su trayectoria en GN en una cápsula del tiempo que quedó enterrada junto a la primera piedra del edificio, como testimonio del recorrido compartido y de la cultura de compañía que ha acompañado a la organización durante décadas. Con esta nueva sede, GN refuerza su compromiso con España, con los profesionales de la audición y con el desarrollo de un proyecto de largo recorrido, basado en la innovación, la excelencia operativa y la cercanía al mercado. El futuro centro de Leganés nace con la vocación de ser mucho más que un edificio: un motor de crecimiento, conocimiento, empleo y servicio para toda Europa.
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