La hipoacusia infantil representa una de las condiciones más críticas para el neurodesarrollo, con una prevalencia global estimada de entre 1 y 2 por cada 1000 recién nacidos. La importancia de una intervención temprana es un hecho ampliamente aceptado en la comunidad científica, dado que la privación auditiva durante los periodos de máxima plasticidad cerebral tiene efectos negativos profundos y a menudo irreversibles en la adquisición del lenguaje, el desarrollo cognitivo y las habilidades socioemocionales del niño.
Gracias a los programas de tamizaje auditivo neonatal universal, se ha logrado reducir la edad media de diagnóstico de la pérdida auditiva a aproximadamente tres meses de vida.
No obstante, una vez detectada la pérdida auditiva, el mayor desafío clínico reside en la verificación y validación precisa de las ayudas para dicha pérdida, como los audífonos y los implantes cocleares, especialmente en lactantes y niños pequeños que por diferentes circunstancias (patología asociada, maduración, etc.) no pueden cooperar en las pruebas conductuales tradicionales.
Las pruebas de audiometría conductual estándar, aunque fiables y absolutamente esenciales, dependen de las habilidades cognitivas, el estado de alerta y la cooperación del niño, así como de la experiencia y conocimientos del examinador.
Gracias a los programas de tamizaje auditivo neonatal universal, se ha logrado reducir la edad media de diagnóstico de la pérdida auditiva a aproximadamente tres meses de vida.
Tradicionalmente, para obtener registros objetivos del funcionamiento de la vía auditiva, se han utilizado respuestas evocadas de latencia corta como los Potenciales Evocados Auditivos de Tronco Cerebral (PEATC) o los Potenciales Evocados Auditivos de Estado Estable (PEAEE), que permiten estimar aproximaciones a los umbrales auditivos en algunos casos.
No obstante, ambos presentan limitaciones instrumentales significativas para evaluar la eficacia de la amplificación, principalmente porque los estímulos breves que utilizan no logran activar los circuitos de compresión y procesamiento de lenguaje de los dispositivos modernos.
Las pruebas de audiometría conductual estándar, aunque fiables y absolutamente esenciales, dependen de las habilidades cognitivas, el estado de alerta y la cooperación del niño, así como de la experiencia y conocimientos del examinador.
En este contexto, los Potenciales Evocados Auditivos de Larga Latencia o Corticales (CAEP) han emergido como una herramienta neurofisiológica objetiva de gran valor. Al registrar directamente la actividad de la corteza auditiva primaria y las áreas de asociación, los CAEP permiten verificar no solo si el sonido es detectado por el oído periférico, sino si éste es procesado efectivamente por el cerebro del niño.

Numerosas investigaciones se han centrado en estudiar en qué medida los CAEP pueden transformar el proceso de rehabilitación, desde la estimación de los umbrales, hasta la predicción de resultados funcionales y la optimización de los tiempos de intervención clínica o terapéutica.
Los Potenciales Evocados Auditivos Corticales son respuestas de latencia larga que se originan principalmente en la corteza auditiva y reflejan funciones corticales de orden superior, incluyendo el procesamiento auditivo y la cognición. En la población pediátrica, el componente más estudiado y clínicamente relevante es la onda P1, una deflexión positiva que típicamente ocurre entre los 100 y 300 ms después de la presentación del estímulo. La latencia de esta onda se considera un biomarcador fundamental de la madurez del sistema auditivo central.
Numerosas investigaciones se han centrado en estudiar en qué medida los CAEP pueden transformar el proceso de rehabilitación, desde la estimación de los umbrales, hasta la predicción de resultados funcionales y la optimización de los tiempos de intervención clínica o terapéutica.
En niños con audición normal, la latencia de P1 disminuye sistemáticamente con la edad debido a la mielinización progresiva de las vías auditivas y al aumento de la eficiencia sináptica.
Durante el desarrollo infantil, el cerebro crea una cantidad ingente de conexiones neuronales (sinapsis). Después, gracias a la experiencia, el aprendizaje y el uso, el cerebro refuerza aquellas conexiones que utiliza más y «elimina» o «debilita» aquéllas que utiliza poco. Es lo que se ha denominado «poda sináptica», que se mantiene muy activa durante toda la infancia y la adolescencia y realmente nunca llega a desaparecer en la edad adulta, aunque se produce a un ritmo mucho menor.
Por tanto, la amplitud y latencia de la onda P1 se consideran indicadores de maduración del sistema auditivo.
Los estudios de Sharma et al. (1997, 2011) entre otros, indican que la onda P1, componente dominante en los bebés y niños muy pequeños, va perdiendo «protagonismo» con la madurez cortical y la aparición del componente N1-P2 (complejo de ondas corticales con una deflexión negativa (N1) y otra positiva (P2), de aparición más tardía), quedando a menudo «oculta» o «solapada» dentro de este complejo a medida que avanza el proceso madurativo. El componente N1 parece empezar a emerger en torno a los 7-8 años, y el patrón adulto N1-P2 se consolida entre los 11 y los 14 años aproximadamente.
Durante el desarrollo infantil, el cerebro crea una cantidad ingente de conexiones neuronales (sinapsis). Después, gracias a la experiencia, el aprendizaje y el uso, el cerebro refuerza aquellas conexiones que utiliza más y «elimina» o «debilita» aquéllas que utiliza poco.
Como se ha mencionado, algunos estudios se han centrado en investigar la influencia del uso de dispositivos en la maduración del sistema auditivo mediante el registro de estos potenciales corticales. Para ello se ha registrado no solo el componente P1, sino también el llamado Mismatch Negativity (MMN), un componente cortical que refleja la capacidad del cerebro para detectar automáticamente un cambio en un sonido y que se caracteriza principalmente por ser una respuesta que no requiere atención consciente, y por tanto cuenta con la ventaja de que es fácilmente registrable en niños muy pequeños o adultos con patología o deterioro cognitivo.
La investigación de Wang et al. (2023) destaca que en niños usuarios de implantes cocleares, existe una correlación negativa significativa entre el tiempo de uso del dispositivo y la latencia de las ondas P1 y el Mismatch Negativity (MMN).


Sus hallazgos indican que un mayor tiempo de estimulación auditiva mediante el IC acelera el procesamiento cerebral del sonido. La MMN es particularmente útil en niños pequeños porque, como se ha mencionado, refleja el procesamiento automático cerebral y la discriminación de estímulos sin requerir atención selectiva, lo que permite grabarla mientras el niño se distrae con videos silenciados.
Algunos estudios se han centrado en investigar la influencia del uso de dispositivos en la maduración del sistema auditivo mediante el registro de estos potenciales corticales.
Como señalan Soleimani et al. (2021), la maduración de estas respuestas corticales es un indicador crítico de la neuroplasticidad cerebral tras la intervención. Si un bebé no muestra una onda P1 tras un periodo de amplificación adecuado con audífonos, esto puede sugerir una privación auditiva severa o un desarrollo anormal que justifique un cambio de estrategia terapéutica, como la derivación hacia un implante coclear.
Pero, aunque hablamos de pruebas objetivas, el registro de los componentes descritos anteriormente está en cierto modo supeditado a la interpretación visual del examinador, y por tanto no exento totalmente de subjetividad.
En este sentido Golding et al. (2007) y Guo et al. (2026), describen el uso del sistema HEARLab™, que incorpora procedimientos estadísticos automatizados para detectar la presencia de respuestas, concretamente un algoritmo que calcula la probabilidad de que la señal registrada sea significativamente diferente del ruido de fondo. Un valor de p ≤ 0.05 indica la presencia de una respuesta cortical con objetividad científica.
En el estudio de Golding et al. (2007), se demostró que existe una considerable concordancia (rs = 0.65) entre la interpretación de examinadores expertos y el análisis automático. Este avance permite confiar en que los audiólogos con cierta formación y experiencia puedan realizar evaluaciones precisas de la audibilidad en lactantes.
Aunque hablamos de pruebas objetivas, el registro de los componentes descritos anteriormente está en cierto modo supeditado a la interpretación visual del examinador, y por tanto no exento totalmente de subjetividad.
Por otra parte, los protocolos actuales de CAEP utilizan estímulos de habla naturales: los fonemas /m/, /g/ y /t/ entre otros, o también sílabas como /da/ o /ba/. Estos estímulos representan regiones de diferentes frecuencias, lo que permite una verificación con cierta especificidad frecuencial. La capacidad de evocar respuestas corticales diferenciales para estos sonidos permite al confirmar si el audífono o el implante están proporcionando acceso auditivo a todo el espectro del habla.
Pero uno de los interrogantes cruciales en la amplificación pediátrica, es si realmente las respuestas corticales pueden predecir con precisión lo que el niño oye conductual o funcionalmente. Un estudio de Baydan, Batuk y Sennaroglu de 2019 abordó esta cuestión de forma directa al comparar los CAEP con umbrales conductuales en campo libre en niños de 4 a 8 años con hipoacusia moderada a severa equipados con amplificación.
Sus resultados revelaron una correlación muy alta (r = 0.86) entre los CAEP evocados a 55 dB SPL y los umbrales auditivos conductuales. Esto parece confirmar que los CAEP son predictores fiables de la audibilidad real en esta población, al menos en la franja de edad estudiada.

Uno de los interrogantes cruciales en la amplificación pediátrica, es si realmente las respuestas corticales pueden predecir con precisión lo que el niño oye conductual o funcionalmente.
Recientemente, Guo et al. (2026) investigaron la relación entre el Nivel de Sensación (SL) y la probabilidad de detección de la onda cortical. Definieron el SL (Sensation Level) como la diferencia entre la intensidad del estímulo y el umbral auditivo del niño. Sus hallazgos establecieron un umbral clínico crítico: las respuestas corticales se detectan consistentemente cuando el estímulo se presenta al menos a 10 dB por encima del umbral conductual (10 dB SL).


Por debajo de este nivel, la probabilidad estadística de detectar respuesta cortical cae drásticamente. Este estudio también cuantificó cómo la latencia de P1 disminuye de forma lineal a medida que aumenta el nivel de sensación y cómo paralelamente su amplitud aumenta. Estos datos refuerzan la idea de que los CAEP no son solo una prueba de «sí o no», sino que su morfología refleja la calidad y sincronía de la señal que llega al cerebro.
La implementación de los CAEP puede tener también consecuencias sistémicas en la velocidad y eficacia del proceso de rehabilitación. Según la revisión sistemática de Soleimani et al. (2021), la inclusión de CAEP en el protocolo audiológico permite reducir drásticamente los tiempos de intervención. Específicamente, se ha reportado que el uso de CAEP reduce la edad media de adaptación inicial de audífonos de 9.2 meses a solo 3.9 meses.
Aún más impactante es la reducción en la edad de derivación para implante coclear en casos de hipoacusias profundas en los que se ha corroborado que la estimulación con audífonos no es suficiente. Al proporcionar una evidencia objetiva de que el sonido no llega a la corteza cerebral a pesar de una amplificación adecuada, y siempre tomando paralelamente en consideración las pruebas conductuales especialmente las verbales, los especialistas pueden referir al niño para IC a una edad media de 8.2 meses, en comparación con los 20.2 meses observados en protocolos tradicionales que dependen solo de la «validación» conductual. Esta precocidad asegura que el niño reciba la estimulación más adecuada en el momento de mayor potencial neuroplástico. Además, como se señala en esta revisión, los CAEP han demostrado ser eficaces para validar tecnologías avanzadas en audífonos, como el «frequency lowering» o «compresión/transposición frecuencial», mostrando mejoras significativas en la detectabilidad cortical de fonemas agudos que antes eran inaudibles.
Otro valor importante atribuido recientemente a los potenciales corticales es el psicopedagógico. Muchos padres se sienten abrumados por la invisibilidad de la pérdida auditiva; al ver en la pantalla una representación visual clara de la respuesta cerebral de su hijo ante el sonido, logran comprender mejor el diagnóstico y el beneficio del tratamiento.
Los estudios indican que el uso de CAEP de forma protocolizada reduce significativamente la resistencia de los padres al uso constante de audífonos, especialmente en casos de pérdidas auditivas leves a moderadas, bajando la tasa de rechazo del 40% al 19%. Del mismo modo, los audiólogos encuestados por Punch et al. (2016), expresaron que el uso de CAEP les brindaba una mayor confianza en sus decisiones clínicas, especialmente en lactantes de 4 a 12 meses.
Muchos padres se sienten abrumados por la invisibilidad de la pérdida auditiva; al ver en la pantalla una representación visual clara de la respuesta cerebral de su hijo ante el sonido, logran comprender mejor el diagnóstico y el beneficio del tratamiento.
Así las cosas, parece que los potenciales evocados auditivos corticales pueden llegar a considerarse una herramienta de primer orden para la Audiología pediátrica actual. Es un reto ineludible para la especialidad favorecer y promover la formación específica de los audiólogos pediátricos en la correcta realización e interpretación de estas pruebas, de forma que los CAEP se constituyan en un instrumento elemental de verificación cruzada junto con las pruebas conductuales u otras pruebas objetivas.

A pesar de sus limitaciones, como la influencia del estado de alerta y el hecho de evaluar preferentemente el mejor oído en campo libre, los CAEP pueden cerrar la brecha inicial de incertidumbre entre el diagnóstico electrofisiológico y la validación conductual. Su implementación rutinaria no solo mejorará la precisión técnica de los ajustes, sino que fortalecerá la adherencia familiar al tratamiento, garantizando que cada niño con pérdida auditiva reciba la estimulación necesaria para alcanzar su máximo potencial lingüístico, social y cognitivo.
Parece que los potenciales evocados auditivos corticales pueden llegar a considerarse una herramienta de primer orden para la audiología pediátrica actual.

Bibliografía:
Baydan, M., Batuk, M. O., & Sennaroglu, G. (2019). Relationship between aided cortical auditory evoked responses and aided behavioral thresholds. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 125, 98–102. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2019.05.015
Golding, M., Pearce, W., Seymour, J., Cooper, A., Ching, T., & Dillon, H. (2007). The relationship between obligatory cortical auditory evoked potentials (CAEPs) and functional measures in young infants. Journal of the American Academy of Audiology, 18(2), 117–125.
Guo, Q., Meng, C., Lyu, J., Li, Y., & Chen, X. (2026). Objective evaluation of hearing aids fitting efficacy in pediatric populations using cortical auditory evoked potentials. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 200, 112651. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2025.112651
Sharma, A., Don, M. F., & Spahr, A. J. (1997). Developmental changes in P1 and N1 central auditory responses elicited by consonant-vowel syllables. Electroencephalography and Clinical Neurophysiology/Evoked Potentials Section, 104(6), 540–545. https://doi.org/10.1016/S0168-5597(97)00066-6
Sharma, A., Cardon, G., & Campbell, J. D. (2011). Clinical application of the P1 cortical auditory evoked potential biomarker in children with sensorineural hearing loss and auditory neuropathy spectrum disorder. Seminars in Hearing, 32(2), 147–157. https://doi.org/10.1055/s-0031-1277237
Soleimani, M., Rouhbakhsh, N., & Rahbar, N. (2021). Towards early intervention of hearing instruments using cortical auditory evoked potentials (CAEPs): A systematic review. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 144, 110698. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2021.110698
Wang, X., Lin, Z., Guo, Y., Liu, Y., Zhou, X., Bai, J., & Liu, H. (2023). Correlation between cortical auditory evoked potential and auditory speech performance in children with cochlear implants. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 172, 111687. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2023.111687
CV Autor
Audióloga / Audioprotesista
Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia.
Técnico Superior en Audiología Protésica.
Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.
Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.





