Transformación digital e investigación neurocognitiva. Hacia una audición funcional en ambientes ruidosos.

30/07/2026 | Comparte:
Autor/a: Myriam González
La capacidad de comprender el habla en entornos acústicamente complejos 
representa uno de los desafíos más exigentes para el sistema auditivo 
humano. Durante décadas, la práctica clínica de la audiología se ha 
cimentado sobre la audiometría tonal pura como el «estándar de oro» 
para el diagnóstico. Sin embargo, esta prueba, realizada en el 
aislamiento de una cabina insonorizada y utilizando tonos puros, 
no logra capturar la realidad funcional de los pacientes.

Es cada vez más común encontrar personas que, tras obtener un resultado de «audición normal» en las pruebas convencionales, informan de una frustrante incapacidad para seguir una conversación en un restaurante, una oficina, o una reunión familiar (Migliorelli et al., 2026). Esta desconexión entre la clínica y la vida real ha impulsado una transformación profunda en el campo, desplazando el enfoque hacia las pruebas de habla en ruido (Speech In Noise) y el estudio de los mecanismos neurobiológicos y cognitivos que permiten al ser humano extraer significado del caos sonoro.

Uno de los avances más reveladores en la investigación reciente a este respecto es la comprensión de que la dificultad para oír en entornos ruidosos no nace exclusivamente en el oído, sino a menudo en la sofisticada maquinaria química del cerebro. La percepción del habla en ruido depende críticamente del equilibrio entre la excitación y la inhibición neuronal. Investigaciones de vanguardia han identificado al ácido gamma-aminobutírico (GABA), el principal neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso, como una pieza clave en este rompecabezas.

Es cada vez más común encontrar personas que, tras obtener un resultado de «audición normal» en las pruebas convencionales, informan de una frustrante incapacidad para seguir una conversación en un restaurante, una oficina, o una reunión familiar.

Con el envejecimiento, los niveles de GABA en la corteza auditiva tienden a disminuir de manera significativa. Esta pérdida de inhibición provoca que las neuronas se vuelvan «hiperactivas» pero imprecisas, incapaces de filtrar las distracciones y separar las características finas del habla del murmullo de fondo. Se ha demostrado que los adultos mayores con niveles más bajos de GABA en la corteza auditiva derecha presentan un rendimiento notablemente inferior en pruebas de habla en ruido, independientemente de su umbral auditivo tonal (Paul, 2024). Este descubrimiento sugiere que el cerebro envejecido se vuelve, literalmente, demasiado «ruidoso» para procesar la información con claridad, lo que explica por qué la simple amplificación del sonido mediante audífonos a menudo resulta insuficiente para resolver el problema de la inteligibilidad.

Además de la neuroquímica, la sincronía neuronal juega un papel determinante. Estudios que utilizan magnetoencefalografía (MEG) han observado que, en condiciones de ruido, el cerebro de los adultos mayores muestra una respuesta de estado estable auditiva (ASSR) a 40 Hz mucho más intensa y sincronizada que la de los jóvenes. Aunque a priori una mayor respuesta podría parecer positiva, en este contexto refleja una pérdida de selectividad; el cerebro intenta «agarrarse» a cualquier estímulo con tanta fuerza que acaba procesando el ruido con la misma intensidad que el habla, emborronando la señal que realmente importa (Paul, 2024).

Uno de los avances más reveladores en la investigación reciente a este respecto es la comprensión de que la dificultad para oír en entornos ruidosos no nace exclusivamente en el oído, sino a menudo en la sofisticada maquinaria química del cerebro.

Pero hay otro elemento relevante en la inteligibilidad en ruido: la cognición. Si el cerebro es el motor del procesamiento auditivo, la cognición es el combustible que permite mantener la marcha cuando la señal acústica se degrada. La investigación actual subraya que el rendimiento en la escucha difícil está íntimamente ligado a funciones ejecutivas como la memoria de trabajo y la atención selectiva. En adultos de mediana edad, la salud cognitiva global ha emergido como el predictor más sólido de la capacidad de entender frases en ruido, superando incluso a la edad cronológica o la exposición previa al ruido (Nayak et al., 2026).

Un estudio detallado realizado con 76 adultos de entre 41 y 60 años reveló hallazgos fundamentales sobre esta relación. Utilizando la Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA), los investigadores observaron que, en condiciones donde el habla y el ruido provienen de la misma ubicación (localizados ambos a 0° de azimut), la cognición era la única variable significativa que predecía el éxito en la percepción del habla (Nayak et al., 2026). Este modelo de regresión jerárquica mostró que el MoCA explicaba por sí solo el 14.8% de la varianza en el rendimiento, eclipsando factores como la educación, la actividad física o la salud mental. Estos datos sugieren que, a medida que las personas atraviesan su quinta y sexta década de vida, el sistema auditivo comienza a apoyarse de manera masiva en los recursos cognitivos para compensar declives periféricos que aún no son detectables en una audiometría estándar.

Estudios que utilizan magnetoencefalografía (MEG) han observado que, en condiciones de ruido, el cerebro de los adultos mayores muestra una respuesta de estado estable auditiva (ASSR) a 40 Hz mucho más intensa y sincronizada que la de los jóvenes.

Además, el estudio identificó una clara división entre los subgrupos de mediana edad. Los individuos en el rango de 51-60 años mostraron no solo puntuaciones de MoCA significativamente más bajas que el grupo de 41-50 años, sino también una reducción marcada en lo que se denomina «ventaja espacial» (la mejora en la comprensión cuando el ruido y el habla se separan físicamente). Esta desconexión sugiere que la capacidad de utilizar pistas espaciales para «limpiar» el ruido no disminuye de forma lineal año tras año, sino que parece sufrir un efecto de umbral o «punto de inflexión» al entrar en la sexta década. La educación también juega un papel indirecto: aunque se correlaciona positivamente con el MoCA, reforzando la reserva cognitiva, el factor cognitivo directo sigue siendo el determinante final del éxito en la escucha (Nayak et al., 2026).

Como ya se ha evidenciado en otras ocasiones, la percepción del habla no es un evento puramente auditivo, sino un proceso multimodal donde la vista y el oído colaboran de forma inconsciente. La ciencia ha validado la experiencia cotidiana de leer los labios a través del principio de efectividad inversa: el beneficio de las pistas visuales aumenta proporcionalmente a medida que la señal auditiva se vuelve más débil o ruidosa (Hussain et al., 2026).

La percepción del habla no es un evento puramente auditivo, sino un proceso multimodal donde la vista y el oído colaboran de forma inconsciente.

La integración audiovisual puede proporcionar una ganancia equivalente a una mejora de hasta 15 dB en la relación señal-ruido. Este beneficio es tan potente que las nuevas metodologías de evaluación están incorporando humanos virtuales y avatares parlantes con movimientos sincronizados de labios, mandíbula y lengua para medir con precisión cómo cada individuo utiliza la lectura de labios. El uso de estas tecnologías, como el sistema MASSY (Modular Audiovisual Speech Syntetizer), permite controlar variables imposibles de estandarizar con hablantes reales, como el contraste labial o el tamaño de la cabeza. Entender quién es un «buen integrador audiovisual» y quién no, abre la puerta a estrategias de rehabilitación personalizadas que van más allá de la prótesis acústica tradicional.

Por otra parte, la necesidad de democratizar y generalizar el acceso a la salud auditiva ha impulsado una revolución tecnológica en las herramientas de cribado. Las pruebas de Dígitos en Ruido (DIN), administradas a través de smartphones, se han convertido en la punta de lanza de esta transformación debido a su simplicidad y alta fiabilidad (Migliorelli et al., 2026). Al utilizar tríos de números en lugar de frases complejas, estas pruebas minimizan la influencia del nivel educativo y el vocabulario, permitiendo una evaluación rápida en entornos no clínicos.

La integración audiovisual puede proporcionar una ganancia equivalente a una mejora de hasta 15 dB en la relación señal-ruido.

La innovación tecnológica ha permitido el desarrollo de variantes como el DIN «antifásico», que aprovecha la ventaja binaural del cerebro al presentar el habla y el ruido en diferentes fases. Esta modalidad ha demostrado ser extremadamente sensible para detectar no solo pérdidas auditivas generales, sino también configuraciones específicas como la pérdida auditiva unilateral o conductiva.

Además, el uso de la Inteligencia Artificial y el aprendizaje automático (machine learning) está permitiendo analizar no solo si el paciente acierta, sino también su tiempo de reacción y patrones demográficos para clasificar la pérdida auditiva con precisiones superiores al 85%. Marcos tecnológicos como ALADDIN (Automatic Language-independent Development of the Digits-in-Noise test) ya permiten generar automáticamente materiales de prueba en múltiples idiomas utilizando tecnologías de texto a voz (TTS) y reconocimiento de voz automático (ASR), eliminando las barreras lingüísticas que históricamente han limitado la investigación global.

Estos avances en la comprensión de la escucha en ruido tienen implicaciones críticas para grupos con necesidades especiales. En la población pediátrica, los niños con implantes cocleares se enfrentan a un enorme desafío: las aulas escolares a menudo presentan niveles de ruido que superan los 65 dbA, muy por encima de lo recomendado para el aprendizaje incidental. La implementación de algoritmos de gestión de ruido basados en clasificadores, que analizan el entorno en tiempo real para ajustar la direccionalidad de los micrófonos, ha demostrado mejoras asombrosas de hasta 47.1 puntos porcentuales en la percepción de frases en ruido para estos niños (Findlen et al., 2025). Estos sistemas inteligentes actúan como un filtro dinámico que libera al niño de la fatiga mental que supone luchar contra el ruido de fondo.

El uso de la Inteligencia Artificial y el aprendizaje automático (machine learning) está permitiendo analizar no solo si el paciente acierta, sino también su tiempo de reacción y patrones demográficos para clasificar la pérdida auditiva con precisiones superiores al 85%.

Por otro lado, la investigación ha derribado mitos importantes sobre la pérdida auditiva conductiva y la inteligibilidad. Tradicionalmente, la pérdida auditiva conductiva o de transmisión se consideraba un simple problema de «atenuación» o volumen que se resolvía subiendo la intensidad del sonido. Sin embargo, estudios recientes revelan que los déficits de inteligibilidad en ruido en pacientes con hipoacusia conductiva son profundos y no se explican solo por la audibilidad (Seyrek et al., 2026). El factor clave aquí es la física de la transmisión sonora: la hipoacusia conductiva introduce un retraso de fase en las señales acústicas que llegan al oído interno, lo que altera la precisión de los mecanismos de fijación de fase (phase-locking) en las fibras del nervio coclear (Seyrek et al., 2026).

Esta distorsión afecta específicamente a la capacidad del cerebro para procesar la estructura fina temporal (TFS) de los sonidos. Sin una TFS íntegra, el sistema auditivo no puede separar eficazmente la voz del interlocutor del ruido de fondo, incluso si el sonido es amplificado quirúrgica o electrónicamente. Seyrek et al. (2026) descubrieron que las brechas aire-hueso en las frecuencias bajas (500 y 1.000 Hz) tienen un impacto mucho más devastador en el umbral de recepción del habla (SRT) en ruido que las brechas en frecuencias altas. Esto se debe a que las bajas frecuencias son las principales portadoras de la información de fase y la envolvente temporal necesarias para la segregación de fuentes sonoras. Además, la privación prolongada de entrada sonora de baja frecuencia puede inducir una reorganización anómala en las vías auditivas centrales, un fenómeno de plasticidad por deprivación que reduce la sincronía neuronal y eleva los umbrales de procesamiento en los centros superiores del cerebro. Estos hallazgos subrayan que tratar una otitis crónica o una otosclerosis no es solo cuestión de recuperar decibelios, sino de restaurar la integridad temporal de la señal para que el cerebro pueda «limpiar» el caos acústico.

Finalmente, la vanguardia de la audiología se centra en la intervención. Si el cerebro posee plasticidad, ¿podemos entrenarlo para oír mejor en el ruido?. Cada vez más, la respuesta parece ser un rotundo sí. Se están validando programas de desensibilización al ruido que utilizan listas graduadas de estímulos mezcladas con ruidos de la vida diaria, como el murmullo de una cafetería o el sonido de un ventilador.

En la población pediátrica, los niños con implantes cocleares se enfrentan a un enorme desafío: las aulas escolares a menudo presentan niveles de ruido que superan los 65 dbA, muy por encima de lo recomendado para el aprendizaje incidental.

Susmitha y Selvi (2026) desarrollaron un programa en lengua tamil que utiliza 50 actividades diseñadas para aumentar progresivamente la complejidad acústica, moviéndose desde relaciones señal-ruido favorables (+15 dB) hasta condiciones extremadamente difíciles (-5 dB). El estudio reveló que la dificultad no solo depende del volumen del ruido, sino de su naturaleza: el ruido de cafetería y el murmullo de una sola persona (single-speech babble) resultaron ser mucho más difíciles de filtrar que el ruido blanco o el de un ventilador, debido a su fluctuación de amplitud y su interferencia lingüística. Este tipo de entrenamiento busca «recalibrar» el sistema auditivo, enseñando al cerebro a ignorar la información irrelevante y a enfocarse en la señal diana. Los programas, realizados preferiblemente en la lengua nativa del paciente, no solo mejoran los umbrales de recepción del habla, sino que también aumentan la confianza subjetiva y reducen el esfuerzo de escucha percibido.

En conclusión, la ciencia actual de la escucha en ruido nos obliga a redefinir nuestra concepción de la salud auditiva. Ya no es suficiente saber cuánto oye un paciente en silencio; debemos entender cómo funciona su sistema auditivo en la complejidad del mundo real. Las lecciones de la última década son claras: el diagnóstico debe ser funcional y multimodal, la salud cognitiva es inseparable de la auditiva, y la tecnología digital junto con la IA son nuestras mejores aliadas para llevar estas soluciones a toda la población.

Ya no es suficiente saber cuánto oye un paciente en silencio; debemos entender cómo funciona su sistema auditivo en la complejidad del mundo real.

Entender el habla en ruido es, en última instancia, el examen final de nuestra capacidad comunicativa. Los avances en neuroquímica, inteligencia artificial y procesamiento de señales aseguran que, en un futuro cercano, la integración de estos hallazgos permitirá una audiología más personalizada, capaz de tratar no solo el oído, sino al sistema de comunicación humano en toda su complejidad.


Bibliografía:

Banks, R., Greene, B. R., Morrow, I., Ciesla, M., Woolever, D., Tobyne, S., Gomes-Osman, J., Jannati, A., Showalter, J., & Bates, D. (2024). Digital speech hearing screening using a quick novel mobile hearing impairment assessment: An observational correlation study. Scientific Reports, 14(21157). https://doi.org/10.1038/s41598-024-78157-w

Findlen, U. M., Jayne, A., Benedict, J., Dwyer, R. T., & Agrawal, S. (2025). Improvements in Pediatric Speech Perception in Noise Using Classifier-Based Noise Management. American Journal of Audiology. https://doi.org/10.1044/2025_AJA-25-00015

Hussain, A., Goman, A. M., Gogate, M., Dashtipour, K., Kirton-Wingate, J., Hussain, Z., Sheikh, A., Akeroyd, M. A., & Hussain, A. (2026). Audio-visual speech-in-noise tests for evaluating speech reception thresholds: A scoping review.PLoS ONE, 21(1), e0338600. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0338600

Migliorelli, A., Manuelli, M., Visentin, C., Bianchini, C., Stomeo, F., Pelucchi, S., Prodi, N., & Ciorba, A. (2026). Emerging speech-in-noise tools for the assessment of hearing loss: A scoping review. Audiology Research, 16, 2.

Nayak, P., Pillai, S., & Palaniswamy, H. P. (2026). Influence of age on speech-in-noise and spatial processing abilities in middle-aged adults. PLoS ONE, 21(1), e0341169. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0341169

Paul, B. T. (2024). To the Brain and Back: A Potential Role for GABA in Speech-In-Noise Perception and Aging. Canadian Audiologist, 11(3).

Seyrek, M., Kabiş, B., Özbilen, S., & Gündüz, B. (2026). Evaluating Speech-in-Noise Deficits in Conductive Hearing Loss: The Underestimated Role of Low-Frequency Air-Bone Gaps. ORL. https://doi.org/10.1159/000550374

Susmitha, C., & Selvi, T. M. (2026). Development of a Noise Desensitization Program to improve speech perception in noise for adults.Research Square. https://doi.org/10.21203/rs.3.rs-8268562/v1

Yamamoto, Y., Sasame, Y., & Obuchi, C. (2026). Listening performance in background noise and subjective hearing: A comparison among young adults, older adults, and adults with listening difficulties. Journal of Otology, 21, 1–6. https://doi.org/10.26599/JOTO.2026.9540045


CV Autor

Audióloga / Audioprotesista

Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia.

Técnico Superior en Audiología Protésica.

Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.

Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Myriam González
Publicado en:
GA #69

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En este sentido, podría decirse también, en palabras de Wolfe, que somos «constructores de cerebros». No es lo mismo hoy que mañana y no es lo mismo una sesión de rehabilitación auditiva a la semana que dos, o tres. En palabras de Carol Flexer, doctora en Audiología norteamericana de extraordinaria trayectoria profesional (la primera persona a la que escuché decir en una conferencia que «oímos con el cerebro») y autora de varias publicaciones sobre Audiología pediátrica, la pérdida auditiva es una «emergencia para el neurodesarrollo». En este sentido, las investigaciones mencionadas en el blog señalan que: — Las áreas cerebrales encargadas del lenguaje hablado se desarrollan durante el primer año de vida. — Hacia el final del primer año, cuando falta la estimulación auditiva, se produce una importante reducción de las sinapsis en las áreas auditivas del cerebro. 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Basta con leer sus conclusiones: — Los niños con pérdida auditiva de leve a severa/profunda corren el riesgo de sufrir un desarrollo del lenguaje insuficiente y la probabilidad aumenta cuando la hipoacusia es mayor y no está convenientemente equipada. — La adaptación de audífonos correctamente programados reduce el riesgo y brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje. Una mayor audibilidad con audífonos se asocia con mejores resultados en el lenguaje en edad preescolar. — Una proporción sustancial (más de la mitad) de los audífonos de los niños no se ajustan de manera óptima, lo que afecta negativamente a la audibilidad asistida. — La adaptación precoz de audífonos facilita mejores resultados en las primeras adquisiciones lingüísticas, pero los niños adecuadamente adaptados más tarde, presentan patrones de crecimiento acelerado en el lenguaje cuando dicha adaptación se lleva a efecto. La adaptación de audífonos correctamente programados brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje en edad preescolar. — El uso continuado de audífonos proporciona cierta protección contra el retraso del lenguaje y favorece el desarrollo auditivo. — Las dimensiones cualitativas de la intervención de los especialistas (audiólogos y logopedas) influyen en los resultados del lenguaje del niño. — Tanto el nivel de lenguaje receptivo como la audibilidad asistida influyen en las habilidades funcionales auditivas y de reconocimiento del habla de los niños. — Los niños con dificultades auditivas parecen tener un riesgo particular de sufrir retrasos en los aspectos estructurales, es decir, formales, del lenguaje. — La valoración fundamentada exclusivamente en puntuaciones normativas puede sobrestimar (yo diría que también subestimar) los resultados de los niños con dificultades auditivas. — Según las conclusiones de este estudio, los ajustes y prestaciones de la audibilidad asistida, el uso regular de los audífonos y las características del entorno lingüístico interactúan para moderar la influencia de la pérdida auditiva en los resultados de los niños. Es, por tanto, nuestra responsabilidad estudiar con detenimiento cada caso de hipoacusia infantil, valorar la adaptación protésica más adecuada, tanto en capacidad de amplificación como en formato y prestaciones, y utilizar todos los recursos a nuestro alcance para proporcionar una amplificación óptima: evaluación auditiva exhaustiva, tonal y verbal, método prescriptivo apropiado, medidas de la amplificación en oído real o en caja, valoración funcional de la ayuda proporcionada, seguimiento de la adaptación, etc. En lo relativo a nuestro papel en la adaptación, Wolfe hace referencia al cuarto y último de nuestros «sombreros»: el de coaches o mentores. No podemos eludir la enorme responsabilidad que tenemos a la hora de instruir a las familias sobre el adecuado uso de los audífonos. Son importantes las cuestiones prácticas de manejo y colocación, de limpieza, de cambio de pilas o recarga de baterías. También es conveniente orientarles sobre las ayudas técnicas de las que pueden disponer y que consideramos adecuadas en cada caso, así como de los procedimientos para acceder a ellas. Las familias tienen que conocer las claves para generar en la vida diaria entornos en los que el aprendizaje incidental pueda producirse y aprovechar al máximo estas oportunidades. Pero cuando Wolfe habla de mentores y coaches se refiere principalmente al compromiso de inculcar a los padres la absoluta necesidad de usar los audífonos de forma continuada y de generar, como hemos visto anteriormente, situaciones facilitadoras de aprendizaje. Señala la trascendencia de que los familiares hablen, canten, lean cuentos y jueguen con los niños desde el primer minuto, de que narren -como si fueran los comentaristas de un partido- las actividades cotidianas que realizan con ellos. Según sus propias palabras, el lenguaje hablado es el «nutriente» que mejor alimenta el desarrollo del cerebro, y hablar, cantar, leer y jugar son las mejores maneras de desarrollar los cerebros de los pequeños. Los audiólogos pediátricos somos catalizadores de sueños cuando favorecemos las condiciones para que estos niños alcancen un adecuado desarrollo del lenguaje comprensivo y expresivo. Una vez revisados todos estos aspectos, a nadie se le escapa que ser audiólogo pediátrico es una tarea compleja; no hay que tenerle miedo, pero hay que formarse bien y, a la vista de lo expuesto anteriormente, ser muy conscientes de lo que tenemos entre manos. Nuestros «sombreros» no solo son importantes para garantizar el desarrollo auditivo de los niños, sino también para abrirles las puertas a un futuro lleno de posibilidades, comunicación y calidad de vida. Este artículo es una adaptación personal de: https://audiologyblog.phonakpro.com/the-many-hats-pediatric-audiologists-must-wear/ Para saber más: Burigo, L. S. P., Quialheiro, A., de Paiva, K. M., dos Santos, T. V., Woide, L. K., Cigana, L. B., Massignani, J., & Haas, P. (2024). Hearing and Language Skills in Children Using Hearing Aids: Experimental Intervention Study. Journal of Personalized Medicine, 14(4), 372. https://doi.org/10.3390/jpm14040372 Moeller, M. P., Tomblin, J. B., & OCHL Collaboration (2015). Epilogue: Conclusions and Implications for Research and Practice. Ear and hearing, 36 Suppl 1(0 1), 92S–8S. https://doi.org/10.1097/AUD.0000000000000214. Sahli, a. s. (2024). Cochlear implantation in children with hearingloss. Current Research in Medicine and Health Sciences-2024, 57. Werker, J. F., & Hensch, T. K. (2015). Critical periods in speech perception: New directions. Annual Review of Psychology, 66, 173–196. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010814-015104 Yoshinaga-Itano C. (2003). From Screening to Early Identification and Intervention: DiscoveringPredictors to Successful Outcomes for ChildrenWith Significant Hearing Loss. Journal of deafstudies and deafeducation, 8(1), 11–30. https://doi.org/10.1093/deafed/8.1.11 Myriam GonzálezAudióloga / Audioprotesista CV autor: Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia. Técnico Superior en Audiología Protésica.   Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.  

GN pone la primera piedra de su nueva sede en España, ubicada en el Parque Tecnológico de Leganés

Leganés – Madrid. 20 de marzo de 2026 La compañía refuerza su apuesta por el mercado español con una inversión superior a los 4 millones de euros en un edificio inteligente y sostenible que será centro de referencia en Europa. GN celebró ayer, 19 de marzo, el acto de puesta de la primera piedra de su futura sede en España, un nuevo edificio ubicado en la Avenida Juan Caramuel, en el Parque Tecnológico de Leganés, que marcará un nuevo hito en el desarrollo de la compañía en nuestro país. Con una inversión superior a los 4 millones de euros, el proyecto contempla la construcción de un edificio de 4.000 metros cuadrados, de los que aproximadamente la mitad se destinarán a fabricación. Las nuevas instalaciones integrarán, además, oficinas, departamento comercial, operaciones, ingeniería, calidad, formación y espacios concebidos para seguir reforzando la cercanía con los profesionales de la audición en España y Europa. La previsión es que la nueva sede entre en funcionamiento a lo largo de 2027. Una vez concluido, el nuevo edificio tendrá capacidad para acoger hasta 500 trabajadores y ha sido concebido como un espacio inteligente y sostenible, preparado para acompañar el crecimiento futuro de la compañía. Para Jose Luis Otero, General Manager del Sur de Europa y Brasil, “este día marca un hito en la compañía y representa nuestra voluntad de seguir creciendo, invirtiendo y estando cada vez más cerca de nuestros clientes, los profesionales de la audición, con más capacidad, más servicio y más cercanía”. [gallery size="large" link="none" columns="2" ids="30408,30409,30410,30411,30412,30413,30414,30415"] Julio García Adeva, Head Manufacturing para EMEA y Brasil de GN y una de las figuras clave en la gestación de este proyecto, subraya que “comienza una nueva era para GN en España, este proyecto es el resultado de muchos años de esfuerzo, conocimiento y pasión, y nace con la ambición de convertir estas instalaciones en un centro de excelencia productiva, tecnológica y de servicio, con vocación de referencia internacional”. Carlos García, Country Manager de GN, destaca que “este nuevo centro es una palanca para seguir mejorando nuestro servicio, ganar capacidad, estrechar aún más la relación con nuestros clientes y continuar creciendo con una propuesta cada vez más sólida para el sector”. Por su parte, Alfonso Ríos, Deputy General Manager del Sur de Europa y Brasil, señala que “cuando te rodeas de gente con tanto talento y tanta fuerza, el impacto se multiplica, y este proyecto refleja muy bien lo que somos como compañía, una organización unida, proactiva, cercana al cliente y con ambición de seguir siendo una referencia en nuestro sector”. Más allá de su dimensión empresarial e industrial, el acto de ayer tuvo también un marcado componente simbólico y emocional. Durante la ceremonia, empleados de distintas áreas y generaciones depositaron recuerdos de su trayectoria en GN en una cápsula del tiempo que quedó enterrada junto a la primera piedra del edificio, como testimonio del recorrido compartido y de la cultura de compañía que ha acompañado a la organización durante décadas. Con esta nueva sede, GN refuerza su compromiso con España, con los profesionales de la audición y con el desarrollo de un proyecto de largo recorrido, basado en la innovación, la excelencia operativa y la cercanía al mercado. El futuro centro de Leganés nace con la vocación de ser mucho más que un edificio: un motor de crecimiento, conocimiento, empleo y servicio para toda Europa.

El sistema auditivo VI. Sistema vestibular.

Extraído del libro, Audiología: Teoría y Práctica. Capítulo 2. Anatomía funcional y fisiopatología de los sistemas auditivo, vestibular y fonador. Origen de los receptores Desarrollo filogenético La percepción de la aceleración lineal y angular por los distintos receptores vestibulares permite que todas las especies animales que los poseen puedan orientarse en el espacio terrestre, aéreo y acuático de nuestro planeta. Esencialmente, desde que surgió la función del equilibrio en los primitivos organismos animales prehistóricos ha permanecido sin cambios hasta la actualidad, aunque morfológicamente los órganos sensoriales se han ido especializando y evolucionando según las diversas especies. El más simple es el estatocisto, consistente en una invaginación de la superficie animal (medusa, esponja) con líquido en su interior y una partícula calcárea que hace presión y desplaza los  cilios de las células receptoras (localizadas en una región de la pared, similar a la mácula del sáculo). En función de la fuerza de la gravedad que se ejerce sobre dichas células, estos organismos mantienen una orientación espacial con sentido y dirección vertical. Posteriormente, en algunos moluscos, como el pulpo y la sepia, surgieron las primeras crestas, además del estatocisto, lo que permitió responder a movimientos de aceleración angular, con presencia de nistagmo. La complejidad del laberinto posterior progresa en un grupo de vertebrados con la aparición de los primeros conductos semicirculares verticales y con el cierre de la invaginación del estatocisto, formando una vesícula aislada en el interior, con líquido de producción endógena (endolinfa). La lamprea alcanza una estructura de canales anterior y posterior (con dilataciones bullosas, las ampollas, cada una con un primitivo receptor en forma de cresta), comunicados por un saco bilobulado con mácula sacular y utricular separadas, donde se localizan las células sensoriales. La aparición del canal semicircular horizontal en los primeros peces óseos y cartilaginosos (con mandíbula) permitió un mayor control del espacio tridimensional. A partir del máximo desarrollo de dichas estructuras vestibulares en los peces modernos (hace 100 millones de años), se ha llegado al más alto grado de perfección morfofuncional del órgano del equilibrio. En los vertebrados superiores, las vías nerviosas vestibulares centrales son cada vez más complejas debido a un desarrollo paralelo de aquellos sistemas aferentes que intervienen para mantener el equilibrio. Desarrollo ontogenético En un embrión humano de 19 a 21 días (2 mm de longitud corono- caudal), en el ectodermo superficial de la porción cefálica a la altura del rombo encéfalo, se diferencian las primitivas células que forman la placoda ótica. Tras su invaginación (fosa ótica), la separación de la superficie dará origen al otocisto o vesícula ótica (28 días). A partir de su porción dorsal derivarán las diferentes partes del sistema vestibular (laberinto posterior) y desde su porción ventral surgirán las estructuras de la cóclea (laberinto anterior). Hacia la quinta semana (embrión de 8-9 mm) se forman unos pliegues en la pared del otocisto que corresponderán a los receptores vestibulares. Estos se identifican como sáculo, utrículo y los tres conductos semicirculares (a las 6,5 semanas, 14 mm). En la décima semana (50 mm) todo el laberinto membranoso es muy evidente y se forma a su alrededor un modelo cartilaginoso a partir de la cápsula ótica mesenquimal (Sadler, 2012; Suárez y cols., 2007). Origen de las vías vestibulares centrales Desarrollo filogenético En los vertebrados superiores, las vías nerviosas vestibulares centrales son cada vez más complejas debido a un desarrollo paralelo de aquellos sistemas aferentes que intervienen para mantener el equilibrio (visión y propiocepción), cuyas respectivas vías nerviosas interactúan con la vestibular. La organización de los núcleos vestibulares supraespinales, integrados en la formación reticular, se empieza a observar en la lamprea, con dos agrupaciones neuronales (núcleos dorsal y ventral). A partir de los peces teleósteos se identifican cuatro agrupaciones que van aumentando en el número de células en los vertebrados superiores. Las conexiones vestíbulo-espinales son necesarias para el mantenimiento de la orientación corporal en los vertebrados primitivos. Cuando se incorporan funciones más complejas en animales más evolucionados, aparecen conexiones vestíbulo-cerebelosas y vestíbulo-oculares, siendo menos relevantes las vestíbulo-espinales (Bartual y Pérez, 1998). Desarrollo ontogenético A partir del primitivo ganglio estatoacústico-facial (embrión humano de 28 días), derivado de la porción ventral del otocisto y alojado en la mesénquima circundante, se diferencia (décima semana) el ganglio espiral (situado cerca del receptor auditivo en la cóclea) y el ganglio vestibular o de Scarpa (próximo al conducto auditivo interno). En estas primitivas neuronas ganglionares van apareciendo unas delgadas prolongaciones citoplasmáticas en polos opuestos de las células. La prolongación periférica (dendrita) se dirige hacia las respectivas regiones del laberinto membranoso, donde se localizarán los órganos sensoriales. La prolongación central (axón) se dirige a regiones del rombo encéfalo donde, a medida que progrese el desarrollo del sistema nervioso central, se diferenciarán las neuronas que constituirán los futuros núcleos vestibulares. Los órganos sensoriales vestibulares alcanzan una maduración con aspecto semejante al adulto hacia la vigésimo tercera semana de gestación. Entre la decimoprimera y la decimotercera semana, cuando se empiezan a diferenciar las células sensoriales en los epitelios de las regiones que corresponderán a las máculas y crestas ampulares, también se pueden identificar terminaciones nerviosas aferentes y eferentes, que se distribuyen por dicho epitelio y establecen algunas sinapsis. Los órganos sensoriales vestibulares alcanzan una maduración con aspecto semejante al adulto hacia la vigésimo tercera semana (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007). Malformaciones del sistema vestibular Las malformaciones del oído interno que afectan a los conductos semicirculares y al acueducto del vestíbulo, son las que suelen causar vértigos en la infancia. Sin embargo, la malformación más frecuente, la dilatación del conducto semicircular horizontal, es raro que se asocie con un trastorno del equilibrio. Los casos de agenesia de los conductos semicirculares son poco frecuentes y suelen ocasionar un trastorno en la marcha. Las malformaciones del oído interno que afectan a los conductos semicirculares y al acueducto del vestíbulo, son las que suelen causar vértigos en la infancia. Anatomía del aparato vestibular periférico Figura 13Receptores sensoriales del equilibrio El sistema vestibular está constituido por el aparato vestibular (contenido dentro del oído interno, donde se encuentran los órganos receptores sensoriales periféricos) y por las vías vestibulares o vías nerviosas sensoriales centrales (aferente y eferente). Vestíbulo En el interior del vestíbulo del laberinto óseo se distinguen el utrículo y el sáculo del laberinto membranoso. Estos se comunican entre sí por el conducto utrículo-sacular, del que parte el conducto endolinfático (alojado en el acueducto vestibular) que acaba en el saco endolinfático situado en el espacio subdural de la cavidad craneal, al nivel de la cara posterior del peñasco. Las máculas sacular y utricular son órganos receptores integrados por células de soporte y células receptoras sensoriales ciliadas recubiertas por una membrana horizontal, con componentes mucopolisacáridos, sobre la que hay una serie de cristales de carbonato cálcico u otolitos. En las máculas utricular y sacular existe una línea imaginaria, la estriola, donde se organizan los manojos de células ciliares a ambos lados y con polarizaciones opuestas. El utrículo es una cavidad conectada a los conductos semicirculares. En el plano horizontal y en su parte anterior, se ubica la mácula (órgano otolítico), pequeña vesícula, aplanada transversalmente y adherida a la fosita semiovoidea, donde se sitúan las células sensoriales o ciliares. Estas son semejantes a las de las ampollas de los conductos semicirculares (con estereocilios y un kinocilio) y con la misma actividad eléctrica. La mácula del utrículo, al estar colocada en el suelo, tiene una orientación horizontal, captando las lateralizaciones hacia los lados, o las inclinaciones de la cabeza y sus desplazamientos lineales hacia atrás y hacia delante. El sáculo está situado por debajo del utrículo, es una pequeña vesícula redondeada adherida a la fosita hemisférica. Al nivel de esta fosita se encuentra la mácula del sáculo. En las máculas utricular y sacular existe una línea imaginaria (estriola) donde se organizan los manojos de células ciliares a ambos lados y con polarizaciones opuestas. Los estereocilios, están inmersos en una sustancia gelatinosa, la membrana otolítica, que soporta concreciones calcáreas (carbonato cálcico), los otolitos o estatoconias. Estos ejercen una acción gravitacional sobre el conjunto de estereocilios y de la sustancia gelatinosa. Los otolitos están anclados en la masa gelatinosa mediante fibras de colágeno, pero pueden desprenderse y disolverse por el espacio endolinfático (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998). Conductos semicirculares En el interior de los tres conductos semicirculares óseos se encuentran los membranosos, que comunican con el utrículo alojado en el vestíbulo óseo. Están dispuestos en ángulo recto uno respecto al otro, en los tres planos del espacio: los dos de posición vertical son los conductos semicirculares anterior y posterior, y el horizontal, es el conducto semicircular lateral. Tal posición hace posible que detecten la aceleración o desaceleración rotacional. Cada uno presenta una dilatación en su parte inferior denominada ampolla, en el interior de la cual se encuentra una protrusión con las células del órgano receptor del equilibrio o cresta ampular. Cada cresta contiene un grupo de células sensoriales ciliadas y de sostén cubiertas por una pequeña masa de material gelatinoso, la cúpula. De esta forma se crea un espacio hermético que ocluye la luz del conducto impidiendo la circulación libre de la endolinfa. Hay dos tipos de células sensoriales en las crestas ampulares: las células tipo I, que son las que tienen apariencia de botellón adelgazadas en su parte superior, donde, en el borde libre, se hallan los estereocilios de distintos grosores que se dirigen hacia el espacio endolinfático; y las células tipo II, que son de forma cilíndrica y también tienen estereocilios. El nervio vestibular conducirá la información hasta el interior del cerebro, uniéndose al nervio coclear para constituir el VIII par craneal o nervio estatoacústico o cócleo-vestibular, que atraviesa el conducto auditivo interno de la porción petrosa del hueso temporal. Existe un cilio más grueso que los demás, el kinocilio o cinocilio, que está ubicado en uno de los extremos de la célula. Los otros estereocilios se sitúan al lado. Los estereocilios de cada célula ciliar se disponen en cinco hileras decrecientes de ocho cilios cada una. Cada estereocilio posee una porción intracelular y otra mayor extracelular, continuación una de la otra, pudiendo apreciarse en estos una fina estructura o fibrilla centrales y una porción periférica a modo de vaina de aquella. Por tanto, cada célula posee por término medio unos cuarenta estereocilios y un kinocilio. La orientación de este depende del conducto; así, en el conducto lateral, el kinocilio está ubicado en el lado utricular, y en los conductos anterior y posterior, en el sentido opuesto al utrículo. Al mover la cabeza, se desplazan con ella los conductos semicirculares membranosos y las células ciliadas, desencadenando el fenómeno de transducción, es decir, la transformación de la energía mecánica en corriente eléctrica de tipo nervioso. En la base de las células sensoriales establecen sinapsis las prolongaciones de las neuronas del ganglio vestibular de Gasser. De ellas se originan los axones que forman el nervio vestibular, el cual conducirá la información hasta el interior del cerebro, uniéndose al nervio coclear para constituir el VIII par craneal o nervio estatoacústico o cócleo-vestibular, que atraviesa el conducto auditivo interno de la porción petrosa del hueso temporal (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998). Funciones del sistema vestibular Para comprender los mecanismos fisiológicos del sistema vestibular se definen los siguientes conceptos básicos: - Equilibrio: estado de un cuerpo sometido a dos o varias fuerzas cuya resultante es nula, permitiendo que el cuerpo permanezca estable. - Desequilibrio: perturbación del equilibrio que aparece mientras se permanece de pie o durante la marcha. Si se pierde el control postural, se produce la caída. - Orientación espacial: capacidad del individuo para orientarse en relación al medio que le rodea. El sentido del equilibrio es un sentido fisiológico que permite al individuo mantener una postura respecto a la fuerza de la gravedad, la orientación espacial, la estabilización de la imagen en la retina y coordinación de respuestas motoras. - Fuerza de la gravedad: es la referencia fundamental para el mantenimiento del equilibrio y para la orientación espacial. - Vertical subjetivo: el equilibrio y la orientación dependen de este sentido que está presente en todo individuo. Gracias a ella, se permite el mantenimiento del equilibrio en posición vertical tomando como referencia la gravedad. - Actitud: postura propia de una especie animal característica de su modo de locomoción. En el humano sería la postura eréctil, que es una posición frágil y difícil de mantener, tanto en situaciones estáticas como dinámicas o de movimiento lineal y angular (rotatorio). El sentido del equilibrio es un sentido fisiológico que permite al individuo mantener una postura respecto a la fuerza de la gravedad y la orientación espacial de su cuerpo, además de estabilizar la imagen en la retina, especialmente durante la marcha y coordinar respuestas motoras. Existen cuatro sistemas sensoriales que mandan información de equilibrio al sistema nervioso central: el sistema vestibular, el propioceptivo, el visual y el táctil. Las máculas del utrículo y sáculo del vestíbulo informan de las posiciones de la cabeza en su relación con la gravedad y con la aceleración de tipo lineal. Los conductos semicirculares advierten de la aceleración angular. El sistema propioceptivo está integrado por receptores sensoriales músculo-tendinosos que reportan a los centros nerviosos superiores la posición de las articulaciones, tendones, músculos, etc. El tacto contribuye informando de los puntos de contacto de la superficie corporal con el entorno. El sistema visual tiene una gran importancia ya que existen abundantes conexiones nerviosas con el sistema vestibular para informar de la posición del cuerpo y ayudar a mantener el equilibrio. La salida efectora es el sistema motor. Con la información que llega al cerebro del sistema vestibular, más la entrada visual, táctil y cinestésica o propioceptiva (fundamentalmente de los músculos de la nuca y miembros inferiores) se puede determinar la orientación motora del cuerpo en el espacio. Además, el cerebro es capaz de conocer la relación de cada uno de sus miembros entre sí y mantener el equilibrio y la postura erecta durante la marcha. A pesar de que el sistema vestibular ha sido diseñado para detectar los movimientos cefálicos en todas las posibles direcciones del espacio, hay limitaciones. Estas consisten en la incapacidad de detectar movimientos lentos de la cabeza a velocidades constantes en el plano horizontal y en la imposibilidad de distinguir la inclinación de la cabeza en una aceleración lineal. FUNCIÓN DE LOS ÓRGANOS SENSORIALES DEL APARATO VESTIBULAR En los mecanorreceptores ampulares de los conductos semicirculares no se han encontrado diferencias funcionales entre sus dos tipos de células. Ambas, en ausencia de movimiento ciliar, provocan una descarga eléctrica basal. Cuando hay desplazamiento de la endolinfa y se movilizan los estereocilios hacia el kinocilio, la descarga basal aumenta (excitación); si tiene una dirección contraria, disminuye (inhibición). Ante un movimiento de la cabeza hacia la izquierda, en el conducto lateral o externo izquierdo habrá un desplazamiento ampulípeto (hacia la ampolla, por la inercia de la endolinfa) con desviación de la cresta hacia el utrículo, mientras que en el derecho habrá un movimiento inverso (ampulífugo). A consecuencia de esto, habrá un aumento de la descarga basal en el lado izquierdo y una disminución en el derecho. Por lo tanto, cuando hay un movimiento de la cabeza, hay un aparato sensorial que aumenta sus descargas y otro que las disminuye. Si sigue la rotación se detiene la activación, dado que la endolinfa y la cresta igualan su desplazamiento con el de la cabeza. Cuando cesa, el proceso se invierte y vuelven a activarse los órganos sensores. De esta forma, los canales semicirculares informan del inicio y del final de la rotación, y no de la rotación en sí. En los otros planos cualquier movimiento angular estimulará como mínimo un par de canales semicirculares. Con la información que llega al cerebro del sistema vestibular, más la entrada visual, táctil y cinestésica o propioceptiva se puede determinar la orientación motora del cuerpo en el espacio. Los conductos semicirculares predicen de antemano un desequilibrio. Cuando se produce un movimiento rotatorio que produce desequilibrio se activan dos canales semicirculares, mientras que los otros cuatro actúan de manera opuesta para así favorecer la vuelta a una posición de equilibrio nueva. Aunque con menos efectividad que las aceleraciones y desaceleraciones lineales, las máculas son también estimuladas por las fuerzas gravitatorias y por las aceleraciones de traslación centrífugas y centrípetas. Para entender la función de los órganos sensoriales ampulares se toma como ejemplo el canal semicircular horizontal. Además, estos son los más importantes fisiológicamente ya que son estimulados con la aceleración angular de la cabeza en el plano horizontal (movimiento de negar con la cabeza). La estimulación de un canal semicircular horizontal da lugar a la activación de diferentes grupos musculares del cuerpo: musculatura ocular (contracción del músculo recto interno homolateral y externo contralateral), musculatura axial (contracción músculos homolaterales del tronco) y musculatura de las extremidades (contracción músculos extensores homolaterales y flexores contralaterales). Por ello, en reposo, la actividad de ambos conductos semicirculares horizontales es equivalente y hay un reparto uniforme del tono muscular en todo el cuerpo. El nistagmo se caracteriza por movimientos alternantes oculares. Consta de dos fases: una rápida y otra lenta. El sentido del nistagmo viene dado por el movimiento que se realiza en la fase rápida. Un movimiento muy amplio de la cabeza hacia la izquierda originaría un movimiento ocular hacia la derecha para compensar y poder tener una visión correcta. Sin embargo, si la amplitud del movimiento es muy grande, el ojo no va a girarse sobre sí mismo, por ello vuelve a su posición normal en un rápido movimiento hacia la izquierda. La vía vestibular aferente comprende el conjunto de neuronas conectadas entre sí y en sinapsis con las células de los receptores del aparato vestibular para transmitir señales nerviosas al tronco del encéfalo y a la corteza cerebral. Las leyes de Ewald fueron establecidas para explicar la fisiología del laberinto posterior y se enuncian así: 1ª Ley: el movimiento de la endolinfa es el mismo que el de la desviación del cuerpo y extremidades y que la fase lenta del nistagmo. 2ª Ley: en el canal horizontal, la excitación que da el movimiento ampulípeto es mayor que la del ampulífugo. En el canal vertical es al contrario. 3ª Ley: en los canales semicirculares verticales se invierte la segunda ley, es decir, es más activa la corriente ampulífuga que la ampulípeta    (Bartual y Pérez, 1998; Haines, 2013; Purves, 2015). Anatomía funcional de las vías vestibulares centrales Vías vestibulares aferente y eferente Desde cada uno de los receptores vestibulares (tres crestas ampulares y dos máculas) se identifican fibras aferentes que constituyen fascículos, los cuales transmiten información independiente hasta llegar al sistema nervioso central. No obstante, se agrupan para formar dos divisiones del nervio vestibular a su entrada al conducto auditivo interno. La división superior está formada por fibras utriculares, algunas saculares y las de los conductos semicirculares horizontal y anterior. La división inferior del nervio vestibular se constituye por la mayor parte de las fibras saculares y las del canal posterior. La porción ventral del núcleo vestibular lateral o de Deiters proyecta al núcleo del motor ocular común e interviene en la producción de los reflejos vestíbulo-oculares. En el conducto auditivo interno, por delante y por debajo del nervio vestibular, se dispone el nervio coclear o auditivo formado por fibras provenientes de la cóclea. Ambos nervios se unifican anatómicamente en el VIII par craneal o nervio vestíbulococlear o estatoacústico. Junto a las fibras aferentes, se encuentran fibras eferentes originadas en el sistema nervioso central para realizar un control o modulación de la actividad de los órganos receptores periféricos (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007). La vía vestibular aferente comprende el conjunto de neuronas conectadas entre sí que, partiendo de sinapsis con las células sensoriales de los receptores del aparato vestibular (dos máculas y tres crestas ampulares), transmiten señales nerviosas al tronco del encéfalo y a la corteza cerebral haciendo escala en otras regiones encefálicas. A lo largo de todo este trayecto hay asociaciones con la información recibida por los sistemas sensoriales visual y propioceptivo. El nervio vestibular (raíz vestibular del VIII par craneal) surge de las neuronas bipolares en el ganglio vestibular o ganglio de Scarpa, primer nivel de la vía vestibular aferente. Las fibras periféricas o dendritas terminan en las células sensoriales de las crestas ampulares de los conductos semicirculares y máculas del sáculo y del utrículo. Las fibras centrales o axones entran lateralmente en el bulbo raquídeo y pasan entre el pedúnculo inferior y el tracto espinal del trigémino. Estas fibras aferentes se bifurcan en ramas ascendentes y descendentes y hacen sinapsis con neuronas situadas en los núcleos vestibulares, segundo nivel de la vía vestibular aferente. Los núcleos vestibulares están formados por cuatro áreas principales situadas lateralmente y debajo del suelo del cuarto ventrículo. Las proyecciones de estos núcleos van por el fascículo longitudinal medial, cordón nervioso largo y delgado que corre a ambos lados de la línea media que va hacia abajo (bulbo y médula espinal), y hacia arriba (a los lados del acueducto de Silvio) y termina en los núcleos del III par, conectando así los núcleos vestibulares con los núcleos motores del ojo, cuello, extremidades y tronco (Bartual y Pérez, 1998; Haines, 2013; Purves, 2015; Suárez y cols., 2007). El fastigius es regulado por el pyramis, que a su vez está controlado por la corteza cerebral a través de la vía córticopontocerebelosa. El núcleo vestibular superior o de Betcherew, en posición rostral, recibe las aferencias de las crestas ampulares. De aquí salen proyecciones (fascículo longitudinal medial) a las neuronas motoras del núcleo troclear (patético o IV par craneal) homolateral y al núcleo motor ocular común homolateral y contralateral. Está implicado en el reflejo vestíbulo-oculomotor en el plano vertical. El núcleo vestibular lateral o de Deiters recibe colaterales de las crestas ampulares en su porción dorsal y proyecciones de las máculas en porción ventral. La porción dorsal da lugar al tracto vestíbulo -espinal lateral que proyecta contralateralmente a las interneuronas y motoneuronas que inervan de forma inhibitoria a los músculos extensores de las extremidades. Contribuye al mantenimiento del tono de los músculos antigravitatorios. La porción ventral de este núcleo proyecta al núcleo del motor ocular común e interviene en la producción de los reflejos vestíbulo-oculares. El núcleo vestibular medial o principal (Schwalbe) recibe aferencias de las máculas y colaterales que llegan al núcleo lateral. Su proyección va por el fascículo longitudinal medial, ascienden y descienden directas y cruzadas; las ascendentes constituyen la vía oculomotora y sinaptan con las motoneuronas y neuronas del núcleo motor ocular externo homolateral y contralateral (responsable del nistagmo horizontal) y con las del núcleo motor ocular común. También emite fibras para los núcleos motores del cuello y centros vegetativos. Las fibras desencadenantes forman la vía vestibulo-espinal. Además, envía fibras hacia la sustancia reticular media y núcleos del neumogástrico siendo responsables de reflejos vegetativos como náuseas, vómitos, sudoración palidez, diarrea, etc. Participa en los reflejos vestíbulo-oculares, sobre todo, los horizontales y en los reflejos posturales compensatorios. El núcleo vestibular inferior o espinal (Roller) recibe aferencias periféricas del sáculo y utrículo y algunas fibras colaterales de las crestas. Su salida forma parte de las vías vestíbulo-espinales e integra las señales periféricas con las llegadas del cerebelo, teniendo un efecto inhibitorio sobre los músculos extensores contralaterales. La acción que ejerce sobre los reflejos y tono muscular se hace a través de este. Relación vestibular-cerebelar y cerebelar-vestibular: la mayoría de las aferencias vestibulares también se dirigen homolateralmente a través del cuerpo restiforme hacia los núcleos floconodular y fastigius del cerebelo. De estos se envían  terminaciones a los núcleos vestibulares medial e inferior, inhibiendo a las neuronas vestibulares de segundo orden. Del fastigius salen fibras cruzadas que inhiben el área vestibular contralateral. El fastigius es regulado por el pyramis, que a su vez está controlado por la corteza cerebral a través de la vía corticopontocerebelosa. La función principal del cerebelo es el mantenimiento del equilibrio por medio del núcleo fastigius y lóbulo floconodular, y su lesión da lugar a trastornos: en reposo, caída hacia adelante, atrás o lateral, y en movimiento, marcha bamboleante con las piernas separadas para aumentar la base de sustentación. El cerebelo también regula el tono muscular y coordina los movimientos de todo el cuerpo. A la corteza cerebral también llegan proyecciones de los núcleos vestibulares, específicamente al lóbulo temporal (circunvolución temporal superior) a través de la vía reticulotalámica. Las vías eferentes vestibulares están constituidas por el fascículo eferente de Petroff y Gacek. Sus fibras se distribuyen por las células sensoriales a razón de una fibra eferente por cada 60 fibras aferentes (Suárez y cols., 2007). Reflejos vestibulares Los cambios espaciales estimulan los reflejos posturales vestibulares, ayudando a mantener el equilibrio, la postura y la mirada. De esta forma se anticipa al desequilibrio que se generará en cuestión de segundos ante un desplazamiento del cuerpo en el espacio (Suárez y cols., 2007). REFLEJO VESTÍBULO-OCULAR Desempeña una importante función, cuando se cambia de forma brusca de posición o incluso con el movimiento de la cabeza, permitiendo mantener estable la mirada en la retina. Este reflejo se puede observar también en personas ciegas. Cada vez que la cabeza rota en una dirección los ojos rotan suavemente en la dirección opuesta. El reflejo actúa, por ejemplo, al producirse un movimiento hacia la izquierda. La endolinfa se desplaza dentro de los canales semicirculares hacia el lado opuesto, aumenta la descarga hacia los núcleos vestibulares de aquí, y las fibras que van a los núcleos óculomotores aumentan la actividad del músculo recto lateral derecho del ojo e inhiben al músculo recto medial. Los cambios espaciales estimulan los reflejos posturales vestibulares, ayudando a mantener el equilibrio, la postura y la mirada. Cuando el giro se interrumpe, los ojos siguen moviéndose en la dirección contraria y después vuelven rápidamente a la posición de la línea media con un movimiento de sacudida (nistagmo vestibular) (Suárez y cols., 2007). REFLEJOS POSTURALES Y DEL EQUILIBRIO La orientación espacial está basada en la interacción visual, vestibular y cinestésica que permite la coordinación de los movimientos. La vía para los reflejos del equilibrio comienza en los nervios vestibulares, que pasan cerca del cerebelo y de los núcleos vestibulares desde donde se envían señales hacia los núcleos reticulares. Hay señales que van hacia la médula espinal y el cerebelo adapta el tono muscular para cubrir la nueva situación. La función principal del cerebelo es el mantenimiento del equilibrio y su lesión da lugar a trastornos como la caída hacia adelante, atrás o lateral estando en reposo, o la marcha bamboleante, en movimiento. El área vestíbulo-cerebelosa, es importante en el control del equilibrio, sobre todo en la ejecución de movimientos rápidos. Calcula, a partir de distintas velocidades y direcciones, dónde estarán las distintas partes del cuerpo en los próximos milisegundos. Durante los cambios de posición, el sistema vestibular tiene una influencia estimuladora en el control autonómico respiratorio, modificándose esta actividad muscular. Los estímulos vestibulares asociados a movimientos de la cabeza realizan un rol inhibitorio vagal mediante el control del reflejo barorreceptor (Suárez y cols., 2007).
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