La alergia primaveral constituye una de las afecciones respiratorias más frecuentes durante los meses de mayor concentración de polen, especialmente en individuos sensibles a gramíneas, olivos o cipreses. Sus manifestaciones clínicas más habituales incluyen estornudos, congestión nasal, prurito ocular y lagrimeo. Sin embargo, además de estos síntomas clásicos, las reacciones alérgicas también pueden afectar al sistema auditivo y provocar alteraciones temporales de la audición, una complicación menos conocida pero relativamente frecuente.
La relación entre alergia y pérdida auditiva se explica principalmente por la inflamación de las vías respiratorias superiores. Durante una reacción alérgica, la mucosa nasal y faríngea se inflama como consecuencia de la liberación de mediadores inflamatorios. Este proceso puede extenderse a la trompa de Eustaquio, el conducto encargado de comunicar el oído medio con la nasofaringe y de regular la presión interna del oído.
Cuando la trompa de Eustaquio se obstruye o funciona de forma inadecuada, el oído medio pierde su capacidad de ventilación y equilibrio de presión. Como consecuencia, puede producirse una acumulación de líquido o mucosidad en el interior del oído medio, lo que altera la correcta transmisión del sonido y genera una disminución temporal de la capacidad auditiva. Muchos pacientes describen esta sensación como si escucharan «bajo el agua» o con los oídos taponados.
La alergia primaveral puede provocar una pérdida temporal de audición debido a la inflamación de la trompa de Eustaquio.
Entre los síntomas auditivos más frecuentes asociados a la alergia primaveral destacan la sensación de presión u oído lleno, la disminución temporal de la audición, los zumbidos o acúfenos leves, los chasquidos, la autofonía —percibir la propia voz con eco o resonancia— y, en algunos casos, mareo leve o sensación de inestabilidad. Asimismo, puede aparecer dolor o picor en el interior del oído debido al proceso inflamatorio.
Los síntomas auditivos más comunes son sensación de oído taponado, zumbidos, presión y disminución de la audición.
En determinados pacientes, especialmente en niños o personas con alergias intensas y persistentes, la obstrucción mantenida de la trompa de Eustaquio puede favorecer el desarrollo de complicaciones como la otitis media serosa o secretora. Esta patología se caracteriza por la acumulación de líquido detrás del tímpano y puede comprometer temporalmente la función auditiva. Además, la falta de ventilación adecuada del oído medio aumenta el riesgo de infecciones óticas secundarias.
Desde el punto de vista terapéutico, el tratamiento se centra en controlar la reacción alérgica y reducir la inflamación de las vías respiratorias. Los antihistamínicos y los corticoides nasales constituyen las opciones farmacológicas más utilizadas, ya que ayudan a disminuir la respuesta inmunológica y a descongestionar la mucosa respiratoria. De forma complementaria, los lavados nasales con suero fisiológico o soluciones salinas favorecen la limpieza de las fosas nasales y contribuyen a mejorar la ventilación del oído medio.
El control de la alergia mediante antihistamínicos, corticoides nasales y lavados nasales suele mejorar los síntomas.
Asimismo, se recomienda minimizar la exposición a los alérgenos durante los periodos de alta concentración de polen, especialmente en días ventosos o con elevados niveles ambientales. El seguimiento médico resulta especialmente importante en aquellos casos en los que los síntomas auditivos persisten o empeoran.

Aunque la pérdida auditiva asociada a la alergia suele ser reversible y mejora tras el control del cuadro alérgico, es fundamental consultar con un especialista en otorrinolaringología si la pérdida de audición aparece de forma brusca, intensa o se prolonga durante más de una o dos semanas. Una evaluación médica adecuada permite descartar infecciones, otitis u otras patologías del oído que requieran tratamiento específico e inmediato.
Diversas instituciones médicas internacionales, como la American Academy of Otolaryngology–Head and Neck Surgery, destacan la importancia de reconocer la relación entre las alergias respiratorias y las alteraciones auditivas para favorecer un diagnóstico y tratamiento precoces.
Una pérdida auditiva brusca o persistente requiere valoración médica especializada para descartar complicaciones.




