La percepción de la propia voz en la adaptación de audífonos: resolución práctica del efecto de oclusión.

25/03/2026 | Comparte:
Autor/a: Sonia Bajo

Una de las primeras sensaciones que los pacientes destacan cuando comienzan 
a utilizar audífonos o los sustituyen por unos nuevos, es que su propia voz 
suena diferente: más fuerte, más grave, poco natural o simplemente «extraña»
o con «eco». Esta percepción es un aspecto importante de la adaptación ya 
que si no se aborda correctamente, puede influir en la comodidad del paciente
con sus audífonos y condicionar negativamente su uso.

Hengen et al. (2020)1 y Stenfelt2 estudiaron este fenómeno e identificaron tres mecanismos acústicos que pueden intervenir en la percepción anómala de la propia voz en usuarios de audífonos.
El primero es el efecto de oclusión, que aparece cuando el conducto auditivo queda parcialmente sellado por el molde o el audífono. En esta situación, las vibraciones de la voz transmitidas por conducción ósea quedan atrapadas en el volumen residual del conducto auditivo, lo que provoca un aumento de energía en bajas frecuencias y hace que la voz se perciba más grave o resonante.

El segundo mecanismo es la amplificación del componente aéreo de la propia voz. Cuando hablamos, parte de nuestra voz se transmite por conducción ósea, pero otra parte se propaga por el aire desde la boca y alcanza los micrófonos del audífono, igual que cualquier sonido ambiental. El audífono capta esa señal, la procesa, la amplifica y la vuelve a emitir por el auricular. Como resultado, el paciente escucha su voz como la suma de dos señales: la que llega directamente por conducción ósea y la que ha sido captada y amplificada por el audífono. Si la ganancia en ciertas frecuencias es elevada, esta segunda señal puede alterar el equilibrio espectral de la voz y hacer que se perciba más intensa, metálica o poco natural.

Una de las primeras sensaciones que los pacientes destacan cuando comienzan a utilizar audífonos o los sustituyen por unos nuevos, es que su propia voz suena diferente: más fuerte, más grave, poco natural o simplemente «extraña» o con «eco».

Por último, en adaptaciones abiertas puede producirse una interacción entre el sonido directo que llega al tímpano y el sonido procesado por el audífono. Parte de la voz entra directamente en el conducto auditivo a través del venting o de la apertura del acoplador, mientras que otra parte llega tras haber sido captada y procesada por el dispositivo. Debido a pequeñas diferencias de tiempo e intensidad, ambas señales pueden interferir entre sí y modificar el timbre percibido de la voz.

En resumen, el estudio concluye que los problemas con la propia voz en usuarios de audífonos se deben en gran parte al nuevo «feedback auditivo» causado por el sistema de amplificación y procesamiento del audífono.

El primero es el efecto de oclusión, que aparece cuando el conducto auditivo queda parcialmente sellado por el molde o el audífono. El segundo mecanismo es la amplificación del componente aéreo de la propia voz. Por último, en adaptaciones abiertas puede producirse una interacción entre el sonido directo que llega al tímpano y el sonido procesado por el audífono.

Cualquier sistema de amplificación modifica de algún modo la forma en que oímos nuestra propia voz. Si la percepción anómala de la voz se debe a esto, estas sensaciones iniciales se reducen con la habituación a medida que el cerebro se acostumbra a volver a escuchar la voz por vía aérea amplificada. Por ello conviene en ese momento a través de counsellig explicar al paciente por qué percibe su voz de manera diferente, y distinguir entre las sensaciones esperables durante el periodo de adaptación y aquellos casos en los que existe un problema acústico específico que sí requiere intervención.

Vamos a centrarnos en el primero de estos mecanismos, el efecto de oclusión: veremos en qué consiste este fenómeno, por qué se produce, cómo puede identificarse objetivamente en la práctica clínica y qué estrategias existen para resolverlo.

El efecto de oclusión es el […] «aumento anómalo de la intensidad percibida de los sonidos generados por el propio cuerpo (principalmente la voz, la respiración, la masticación…) cuando el conducto auditivo externo se encuentra parcial o totalmente bloqueado por un audífono, un molde o cualquier otro elemento que lo selle3».

Los problemas con la propia voz en usuarios de audífonos se deben en gran parte al nuevo «feedback auditivo» causado por el sistema de amplificación y procesamiento del audífono. Cualquier sistema de amplificación modifica de algún modo la forma en que oímos nuestra propia voz.

Gustav Mueller3, describe el proceso que genera el fenómeno de oclusión de la siguiente manera:

  • Cuando hablamos, algunos sonidos, especialmente las vocales, pueden alcanzar intensidades muy elevadas en la región posterior de la garganta, llegando a alcanzar 120–130 dB SPL.
  • Parte de esa energía sonora se transmite a través de la mandíbula por conducción ósea hasta el cóndilo mandibular, una estructura ósea situada muy cerca del conducto auditivo externo y separada de él únicamente por una fina lámina de hueso.
  • La señal que llega por esta vía está compuesta principalmente por frecuencias bajas (por debajo de unos 750 Hz). Debido a la proximidad del cóndilo al conducto auditivo, estas vibraciones pueden hacer vibrar la porción cartilaginosa del canal auditivo (los dos tercios laterales), transformándose así en una señal que se transmite por vía aérea dentro del conducto.
  • En condiciones normales, cuando el conducto auditivo está abierto, una parte importante de esta energía de baja frecuencia escapa hacia el exterior, por lo que su contribución a la percepción de nuestra propia voz es limitada.
  • Sin embargo, cuando la porción lateral del conducto auditivo queda ocluida por el audífono o por el molde, esa energía ya no puede salir al exterior y queda atrapada dentro de este.
  • Como consecuencia, la energía acústica retenida se refleja hacia el tímpano y se transmite a la cóclea, aumentando la percepción de la propia voz y de otros sonidos corporales que se transmiten por este mismo mecanismo, como la masticación, la respiración o algunos ruidos vasculares.

Los pacientes describen el efecto de oclusión con expresiones reconocibles por todos los audiólogos:

  • «Mi voz suena hueca».
  • «Me escucho como si hablara dentro de un barril».
  • «La voz me retumba».
  • «Mi voz suena demasiado grave».
  • «Me siento taponado».
  • «Hablar me cansa porque percibo mi voz constantemente amplificada».

Los estudios2,3 demuestran que este incremento puede alcanzar 20–30 dB en frecuencias graves (aprox. 200–500 Hz), lo que provoca esta percepción anormalmente intensa, especialmente de la propia voz.
Una vez entendido esto, lo primero que debe plantearse el audioprotesista cuando un paciente comenta que su voz suena extraña, es diferenciar el efecto de oclusión de otros mecanismos que también pueden alterar la percepción de la propia voz descritos anteriormente.

El efecto de oclusión es el […] «aumento anómalo de la intensidad percibida de los sonidos generados por el propio cuerpo (principalmente la voz, la respiración, la masticación…) cuando el conducto auditivo externo se encuentra parcial o totalmente bloqueado por un audífono, un molde o cualquier otro elemento que lo selle».

En la práctica, esta diferenciación es relativamente sencilla. Si al apagar el audífono el paciente sigue percibiendo la misma alteración al hablar, es probable que se trate de efecto de oclusión, originado por la adaptación física del dispositivo en el conducto auditivo. Por el contrario, si al apagarlo la percepción de la voz vuelve a la normalidad, los síntomas probablemente se deben a la amplificación de la propia voz y suelen desaparecer de forma progresiva con el uso continuado del audífono.

Existe además otra situación que puede generar sensaciones similares: una amplificación excesiva en las frecuencias graves. No obstante, si la adaptación del audífono ha sido verificada correctamente mediante medidas en oído real (REM), esta posibilidad puede considerarse prácticamente descartada.

Cuando con el audífono apagado, el paciente sigue notando los síntomas característicos, confirmamos que se trata de fenómeno de oclusión. En este punto, las pruebas en oído real se convierten en una herramienta fundamental, ya que permiten verificar de manera objetiva si existe efecto de oclusión y, en caso afirmativo, medir su magnitud. Conocer su magnitud nos ayudará a decidir si es necesario intervenir y modificar la adaptación física del audífono o si puede mantenerse tal como está.

Algunos equipos de medición en oído real incluyen una prueba directa de efecto de oclusión integrada, que permite evaluar de manera sencilla cómo la propia voz queda alterada por el audífono. Otros sistemas no disponen de esta función de forma automática, pero es posible verificar el efecto de oclusión mediante un protocolo específico, utilizando el modo de «monitorización en tiempo real», en inglés «Live Monitoring Mode» o «Live Style» o «Free Style».

Cuando con el audífono apagado, el paciente sigue notando los síntomas característicos, confirmamos que se trata de fenómeno de oclusión. En este punto, las pruebas en oído real se convierten en una herramienta fundamental, ya que permiten verificar de manera objetiva si existe efecto de oclusión y, en caso afirmativo, medir su magnitud.

¿Cuándo podemos afirmar que existe problema de oclusión?

Es necesario observar en las curvas medidas la diferencia de presión sonora entre oído abierto y oído con audífono/molde colocado.

El efecto de oclusión se observa principalmente en bajas frecuencias (200–750 Hz). Se considera clínicamente relevante cuando la presión sonora en el canal auditivo aumenta claramente al colocar el audífono o molde respecto al oído abierto.

De acuerdo con Mueller et al3 […] «si se consigue un efecto de oclusión de no más de 8-10 dB, este efecto no será molesto para la mayoría de ellos pacientes».

Para niveles superiores, existen dos estrategias principales para reducir o eliminar el efecto de oclusión en usuarios de audífonos: el ajuste profundo del molde y la modificación de la ventilación.

1.  Ajuste sobre la profundidad del molde o carcasa.

Una primera estrategia consiste en fabricar un molde o carcasa que se inserte más profundamente en el canal auditivo, superando la segunda curva, el objetivo es sellar el dispositivo en la porción ósea del canal auditivo.

Cuando el sellado se produce en esta zona, la vibración de la porción cartilaginosa del canal se reduce al mínimo, lo que evita que se generen las ondas de baja frecuencia responsables del efecto de oclusión. Según Mueller et al.3, un ajuste profundo puede reducir el efecto de oclusión en aproximadamente 15 dB o más.

El efecto de oclusión se observa principalmente en bajas frecuencias (200–750 Hz). Se considera clínicamente relevante cuando la presión sonora en el canal auditivo aumenta claramente al colocar el audífono o molde respecto al oído abierto.

Sin embargo, esta estrategia tiene algunas desventajas:

  • Puede resultar más difícil de insertar para el paciente.
  • Puede generar incomodidad en algunos usuarios.
  • En ciertos casos puede provocar dolor físico, especialmente si la anatomía del canal no tolera bien inserciones profundas.

Esta solución debe tener en cuenta las características anatómicas de cada paciente.

2. Ajuste sobre la ventilación (venting).

La segunda estrategia, más común y utilizada, consiste en crear o ampliar el orificio de ventilación del molde para permitir que el sonido generado en el canal auditivo escape hacia el exterior.

  • Un venting de aproximadamente 2 mm suele ser efectivo para reducir el efecto de oclusión.
  • Un venting de 3 mm ya se considera un acoplamiento abierto.

Sin embargo, aumentar la ventilación no siempre es la solución ideal, especialmente en pérdidas auditivas con afectación en graves, porque:

  • Se reduce la capacidad de amplificación en bajas frecuencias.
  • Puede comprometer la potencia necesaria para que el paciente perciba correctamente el sonido.
  • También puede afectar la calidad de la señal transmitida por accesorios (streaming, teléfono, etc.).

Un aspecto clave para decidir cómo solucionar el problema, es tomar en cuenta la frecuencia en la que se produce el pico del efecto de oclusión.

  • Cuando el pico máximo del efecto de oclusión se sitúa alrededor de 200 Hz, suele ser relativamente fácil de resolver mediante pequeños ajustes de ventilación.
  • En cambio, si el pico aparece alrededor de 750 Hz o incluso en frecuencias más altas, el problema resulta mucho más difícil de eliminar, ya que la ventilación necesaria puede interferir con los requisitos de ganancia del audífono.

Para niveles superiores, existen dos estrategias principales para reducir o eliminar el efecto de oclusión en usuarios de audífonos: el ajuste profundo del molde y la modificación de la ventilación.

En situaciones en las que el efecto de oclusión entra en conflicto con las exigencias de amplificación en graves, abrir demasiado la ventilación de un molde a medida puede no ser viable. Si la modificación sobre la profundidad tampoco es posible, en estos casos, una alternativa puede ser utilizar adaptadores estándar (domes o tips prefabricados). Aunque por el grado de pérdida se usen adaptadores no abiertos (cerrados o de doble copa) al no estar hechos a medida, suelen proporcionar un ajuste algo más aireado, lo que en algunos pacientes reduce la percepción de oclusión.

En definitiva, comprender el origen del efecto de oclusión permite abordar este problema de forma correcta en la práctica clínica desde el primer momento. Saber que se trata de un fenómeno acústico relacionado con las vibraciones de la propia voz dentro del conducto auditivo, ayuda a entender que no es un problema de programación del audífono y que, por tanto, no se resolverá modificando la ganancia o los parámetros de amplificación. La intervención deberá realizarse al acoplamiento físico del dispositivo (molde o carcasa).

Por ello, diferenciar adecuadamente el efecto de oclusión de otros mecanismos que producen alteraciones en la percepción de la propia voz resulta clave durante la adaptación. La verificación objetiva mediante medidas en oído real permite confirmarlo de forma rápida y fiable, lo que permite buscar la solución más adecuada y facilita la explicación al paciente sobre lo que está ocurriendo.

En la práctica, dedicar unos minutos a esta comprobación evitará ajustes de programación innecesarios y apoyará el proceso de counseling cuando sea necesario, contribuyendo a una adaptación más satisfactoria.

Diferenciar adecuadamente el efecto de oclusión de otros mecanismos que producen alteraciones en la percepción de la propia voz resulta clave durante la adaptación. La verificación objetiva mediante medidas en oído real permite confirmarlo de forma rápida y fiable, lo que permite buscar la solución más adecuada y facilita la explicación al paciente sobre lo que está ocurriendo.


Bibliografía:

(1) Hengen, J., Hammarström, I. L., & Stenfelt, S. (2020). Perception of one’s own voice after hearing-aid fitting for naive hearing-aid users and hearing-aid refitting for experienced hearing-aid users. Trends in Hearing, 24, 1–15

(2) Stenfelt, S. (2011). A model for prediction of own voice alteration with hearing aids. Speech Perception and Auditory Disorders, 3. Department of Clinical and Experimental Medicine/Technical Audiology, Linköping University, Linköping, Sweden.

(3) Mueller, H. G., Ricketts, T. A., & Bentler, R. (2018). Speech mapping and probe microphone measurements (1st ed.). Plural Publishing. ISBN 978-1-94488-394-2


CV Autor

Audióloga / Audioprotesista
Directora de Audiología en Rv Alfa Centros Auditivos y Logopedia.
Técnico Superior en Audiología Protésica.
Diplomada en Logopedia.
Habilitación Tinnitus & Hyperacusis Therapy MC.
Experta en Acúfenos e Hiperacusia, tratamiento TRT, Audiología Infantil y Tercera Edad en RV Alfa Centros Auditivos y Logopedia.
Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Sonia Bajo
Publicado en:
GA #67

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Cómo abordar la rehabilitación de la hipoacusia generada por el AVD

El acueducto vestibular dilatado (AVD) es una anomalía del oído interno que puede afectar tanto a la audición como al equilibrio. Está encuadrada dentro de las hipoacusias neurosensoriales, en el grupo de alteraciones cocleovestibulares. Conocer sus características clínicas y audiológicas es clave para ofrecer rehabilitaciones auditivas adecuadas y una atención centrada en el paciente, como se ha tratado en otros artículos de esta misma revista. Este artículo explora esta condición y revisa las recomendaciones basadas en la literatura científica para la adaptación de audífonos y el seguimiento de los pacientes. El AVD es la malformación del oído interno más frecuente asociada con hipoacusia neurosensorial (entre un 5% y un 15%). Fue descrito por primera vez en 1791 por Carlo Mondini durante una disección del hueso temporal. Sin embargo, no fue hasta 1969 que Valvassori relacionó estas malformaciones con síntomas similares a los del síndrome de Ménière 1. En 1978, Valvassori y Clemis definieron formalmente el AVD tras revisar 3,700 estudios de tomografía y establecieron que un acueducto vestibular se considerará dilatado cuando su diámetro supere 1,5 mm. En adultos, el diámetro puede oscilar entre 1,5 mm y 8 mm, siendo el promedio de 4 mm. Aunque algunos estudios utilizan criterios diferentes, la definición de Valvassori y Clemis sigue siendo la más aceptada en la actualidad. El acueducto vestibular dilatado se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada y la resonancia magnética. Antes de continuar y para evitar posibles confusiones, cabe destacar que aunque  Mondini fue el primero en describir estructuras relacionadas con el acueducto vestibular dilatado, la condición que se conoce como displasia de Mondini  hace referencia a una malformación de la cóclea, caracterizada por encontrarse una vuelta y media en lugar de dos vueltas y media, y un saco endolinfático bulboso, junto con otras posibles anomalías del oído interno. Es importante destacar que la displasia de Mondini y el acueducto vestibular dilatado (EVA) no son lo mismo, aunque en algunos pacientes con Mondini también puede presentarse EVA. Esta distinción ayudará a evitar confusiones al interpretar diagnósticos y al planificar la rehabilitación auditiva. EL AVD se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). La TC permite visualizar el acueducto vestibular, mientras que la RM muestra el conducto endolinfático y el saco endolinfático. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres, y puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos. Hoy en día, las pruebas de imagen están incluidas en los estudios que se realizan cuando se detectan niños con pérdida auditiva y gracias a esto se ha descubierto que el AVD es la malformación del oído interno que con más frecuencia se encuentra en estas imágenes, aunque en el 40% de los casos aparece junto con otras malformaciones 1. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres. Puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos como el síndrome de Pendred, que provoca problemas tiroideos y bocio, así como a otros síndromes como CHARGE o Branquio-oto-renal (BOR). Los síntomas que podemos encontrar asociados con el AVD pueden ser auditivos y vestibulares. Incluyen no superar el cribado auditivo, menor respuesta a los sonidos en la vida diaria, retraso o dificultades en el desarrollo del habla y el lenguaje, así como problemas para oír, que en algunos casos aparecen tras golpes en la cabeza. Respecto a los síntomas vestibulares, es frecuente que haya retraso para empezar a andar, episodios de vértigo de duración variable y/o sensación persistente de desequilibrio. Las pruebas para evaluar la función auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado (AVD), no difieren de las normales, siendo recomendable que se lleve a cabo una impedanciometría para comprobar la movilidad del tímpano y la presión del oído medio. En contexto clínico también incluyen emisiones otoacústicas (OAE), que verifican la función de las células ciliadas externas de la cóclea, y potenciales evocados vestibulares (VEMP), para valorar la función del sistema vestibular. Esta batería permite diferenciar entre problemas del oído medio y del oído interno, y proporciona información clave para el manejo clínico y la planificación de audífonos o implantes cocleares. No obstante, una vez que se conoce la condición, puede eludirse la medición de los reflejos teniendo en cuenta que pueden generar molestias vestibulares. Con relación al tipo de pérdida, la pérdida auditiva asociada al AVD puede presentarse como conductiva, neurosensorial o mixta, predominando el componente conductivo o mixto en las bajas frecuencias (250–1000 Hz) y el neurosensorial en las frecuencias altas. Si tenemos en cuenta las características del perfil audiométrico, los más frecuentes son tres: curva con caída en agudos y graves normales o más conservados, curva plana o el perfil conocido como «cookie-bite inverso», en el que la audición es peor en las frecuencias bajas y altas, pero se conserva relativamente mejor en las frecuencias medias. La severidad de la hipoacusia asociada al AVD es muy variable, y puede manifestarse desde leve hasta profunda. Una particularidad en esta condición es su evolución, pudiendo permanecer estable o progresar de forma gradual o súbita a lo largo del tiempo. Diferentes estudios, como el de Gopen et al.2, concluyen que entre el 60% y el 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico, mientras que solo el 30–40 % se mantiene estable a lo largo de este período. En este sentido, es muy importante entender que en el AVD puede aumentar el riesgo de un descenso súbito en la audición por factores como traumatismos craneales, cambios de presión, fiebre alta, exposición a ruidos intensos o infecciones respiratorias, aunque no siempre ocurre, especialmente en el caso de los traumatismos si estos son leves. Alrededor del 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico. Los pacientes que han tenido fluctuaciones previas en la audición son más susceptibles de que ocurran nuevos episodios de pérdida. El tamaño del acueducto vestibular y del saco endolinfático no permite predecir cómo evolucionará la pérdida auditiva, aunque algunos estudios sugieren que los acueductos más grandes podrían asociarse a un mayor riesgo de empeoramiento progresivo. Es importante que los audiólogos conozcan que, a medida que progresa la pérdida auditiva, la capacidad de reconocer palabras suele disminuir, y que esta dificultad en la discriminación puede ser mayor a la esperada en comparación con otras hipoacusias con similar componente conductivo o mixto de origen en el oído medio y no coclear. Según las conclusiones de Wolf 1, no existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Se han utilizado procedimientos como el «Shunt», consistente en drenar o derivar el exceso de líquido del saco endolinfático, la oclusión o el uso de corticosteroides, si bien no se han mostrado eficaces y en algunos casos, pueden empeorar la audición. Por ello, el manejo se centra en los síntomas y en mejorar la comunicación del paciente mediante audífonos, implantes cocleares, sistemas FM y estrategias de apoyo a la comunicación, como la ubicación preferencial en el aula y medidas que favorezcan la lectura labial. No existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Como se ha dicho unas líneas más arriba, la pérdida auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado puede ser conductiva, mixta o sensorioneural, y su evolución varía: puede mantenerse estable, fluctuar o empeorar de manera súbita. Es por ello muy importante ante este diagnóstico, utilizar todas las herramientas clínicas disponibles para poder diferenciar componentes conductivos de origen coclear de los relacionados con el oído medio. La vigilancia continua de la audición, el rendimiento de los audífonos y la programación de implantes cocleares es esencial cuando hay fluctuaciones. Además, dado que el EVA puede tener un componente genético, se recomienda también evaluar a otros miembros de la familia. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante el feedback del paciente. En referencia a la programación de los audífonos, no existe una regla estricta sobre si usar los umbrales óseos o tratar la adaptación como pérdida neurosensorial, a pesar del eventual GAP. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante retroalimentación y cuestionarios de validación al paciente, comprobaciones electroacústicas o pruebas verbales en cabina, ajustando la programación según la respuesta funcional del paciente. Por ello, en nuestra práctica, la rehabilitación de la hipoacusia generada por un AVD sugiere contemplar los siguientes aspectos: 1. Asesoramiento y educación familiar como un aspecto clave. • Informar a pacientes y familias sobre actividades que deben evitarse para prevenir la progresión de la pérdida auditiva, como deportes de contacto, golpes en la cabeza o cambios bruscos de presión. •  Explicar la naturaleza fluctuante de la EVA y la importancia del uso constante del audífono. 2. Plan de revisiones y seguimiento flexible. •  Establecer un calendario de controles auditivos que pueda adaptarse a las fluctuaciones auditivas del paciente. •  Permitir evaluaciones anticipadas si se detectan cambios en la audición entre citas programadas. •  Registrar las observaciones de la familia o del paciente sobre la audición y el comportamiento comunicativo para optimizar ajustes. 3. Selección de dispositivos versátiles dada la posibilidad de progresión. •  Elegir audífonos que permitan la modificación flexible de la ganancia (audífonos Rite con diferentes potencias de auricular) a cambios en la audición, evitando usar de entrada una ganancia muy alta que pueda ser perjudicial. •  Informar y formar a los pacientes para que puedan utilizar accesorios de conectividad y aplicaciones como apoyo en el manejo de las fluctuaciones. 4. Programación conservadora de la Máxima Presión de Salida (MPO). •  Ajustar la MPO con precaución debido a los posibles síntomas vestibulares asociados con AVD, evitando molestias y sobrecarga auditiva. 5. Diferenciación de causas de fluctuaciones. •  Considerar que a los síntomas producidos por el AVD pueden sumarse otros problemas típicos de oído medio (mucosidad, infecciones, tapones de cerumen). •  Realizar pruebas como timpanometría para diferenciar si la fluctuación se debe al AVD o a condiciones del oído medio. 6.  Ajustes de ventilación (venting). •  Tras seleccionar la ventilación según las características de la pérdida auditiva, es fundamental su verificación objetiva mediante mediciones en oído real (REM), asegurando que no se genere presión sonora inesperada. 7. Programación basada en pérdida neurosensorial. •  Aunque pueda existir un componente conductivo, se recomienda programar los audífonos considerando la pérdida neurosensorial, ajustando según la respuesta del paciente y las evaluaciones de desempeño auditivo. Puede ocurrir que en este tipo de condición finalmente sea necesario un implante coclear. En cuanto al resultado de esta intervención,  los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados 3 si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En adultos, la duración del uso previo de audífonos puede influir en el rendimiento posoperatorio, afectando la adaptación y aprovechamiento del implante. Los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En conclusión, el conocimiento del Síndrome del Acueducto Vestibular Dilatado y la atención a las consideraciones clínicas asociadas es fundamental para un manejo adecuado de la rehabilitación auditiva de esta población, permitiendo abordar con confianza una patología no siempre bien conocida, así como tomar decisiones más precisas. Referencias: 1 Wolf, J. (s.f.). Advanced management of complex cases: Enlarged Vestibular Aqueduct. Audiology Online. https://www.audiologyonline.com 2 Gopen Q, Zhou G, Whittemore K, Kenna M. Enlarged vestibular aqueduct: review of controversial aspects. Laryngoscope. 2011 Sep;121(9):1971-8. doi: 10.1002/lary.22083. Epub 2011 Aug 16. PMID: 22024854. 3 Hura, N., Stewart, M., & Walsh, J. (2020). Progression of hearing loss and cochlear implantation in large vestibular aqueduct syndrome. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 135, 110133. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2020.110133
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