La exposición a actividades de ocio que implican exponerse a música de alta
intensidad está en aumento debido al desarrollo tecnológico actual, lo que
podría constituir un factor de riesgo para sufrir pérdida auditiva
neurosensorial en adolescentes, aunque la evidencia acerca de esta asociación
es aún contradictoria. El objetivo de la presente revisión sistemática es
arrojar luz sobre si los estudios realizados hasta la fecha demuestran una
posible relación entre exposición a música recreativa y pérdida auditiva en
este grupo etario.
+La hipoacusia inducida por ruido (Noise-Induced Hearing Loss, NIHL) se ha asociado tradicionalmente a la exposición a ruido ocupacional laboral, pudiéndose producir tanto por un solo ruido impactante (o trauma acústico) como por un ruido constante prolongado en el tiempo (Le et al., 2017), considerándose poco relevante la exposición a ruido de ocio o a música a elevado volumen (Lie et al., 2016; Ivory et al., 2014). El Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (National Institute for Occupational Safety and Health [NIOSH], 1998) establece como dosis máxima de ruido recomendada al día 85 dBA durante un período continuado de 8 horas, en el cual, por cada aumento en 3 dB de intensidad, el tiempo de exposición permitido disminuye a la mitad. En el caso de que se excedan estos parámetros aumentaría el riesgo de NIHL (NIOSH, 1998). Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que los niveles de presión sonora en el oído se vuelven dañinos a partir de intensidades de 75 dBA y dolorosos a 120 dBA, estableciendo como límite de tolerancia recomendado los 75 dBA (Smith, 1998).
Actualmente y debido al desarrollo tecnológico y de la industria de la música comercial, cada vez más adolescentes y adultos participan en actividades de ocio que implican exponerse a música de alta intensidad (Martínez-Wbaldo et al., 2009). Algunos autores han hipotetizado con que las actividades ruidosas de tipo recreativo podrían constituir hoy en día un factor de riesgo importante para sufrir pérdida auditiva neurosensorial, incluyéndose en estas la asistencia a discotecas, pubs, conciertos y el uso de reproductores de música personales (Personal Listening Devices, PLDs), entre otros (Vogel et al., 2007; Rabinowitz, 2000; Daniel, 2007; Śliwinska-Kowalska y Kotylo, 2007).
Las instituciones más influyentes a nivel mundial, como la OMS (2017), sitúan esta hipoacusia inducida por ruido ocupacional y recreativo como la discapacidad prevenible más frecuente. La OMS (2015) también ha afirmado que alrededor de 1.100 millones de adolescentes y adultos jóvenes podrían estar en riesgo de sufrir pérdida auditiva con motivo del uso inseguro de PLDs y de la exposición a niveles de sonido nocivos en lugares de ocio, problemática sobre la que también hace hincapié el Comité Científico sobre Riesgos para la Salud Emergentes y Recientemente Identificados (Scientific Committee on Emerging and Newly Identified Health Risks [SCENIHR], 2008).
Algunos autores han hipotetizado con que las actividades ruidosas de tipo recreativo, como la asistencia a discotecas o conciertos, podrían constituir un factor de riesgo importante para sufrir pérdida auditiva neurosensorial.

La cuantificación del uso de PLDs en población adolescente en diferentes continentes alcanza en algunas investigaciones el 95,6% de los sujetos (Vogel et al., 2010; Sunny et al., 2012) y se estima que entre el 10% y el 30% de los adolescentes usuarios de PLDs podrían estar en riesgo de sufrir NIHL después de cinco o más años de uso, como consecuencia de la exposición a ruido de alta intensidad durante un período prolongado en el tiempo (Vogel et al., 2010). Los niveles de presión sonora que podrían alcanzar los PLDs actuales oscilarían entre los 121 dBA y los 139 dBA (Fligor y Cox, 2004).
La OMS ha afirmado que alrededor de 1.100 millones de adolescentes y adultos jóvenes podrían estar en riesgo de sufrir pérdida auditiva con motivo del uso inseguro de PLDs.
Según la información publicada hasta la fecha, parece que en el grupo etario de los adolescentes, aún no hay evidencia sólida acerca de si, efectivamente, la música a elevada intensidad podría producir pérdida auditiva temprana, a pesar de que estas instituciones se hayan pronunciado sobre ello. En el estudio NHANES III (Niskar et al., 2001), que recogió datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición, se estimó que entre un 12% a15% de los adolescentes en Estados Unidos presentaban déficits auditivos que podían ser atribuibles a la exposición a ruido recreativo. No obstante, otras investigaciones no han encontrado resultados que respalden la asociación entre exposición a música a elevado volumen y pérdida auditiva en adolescentes (Williams, 2005; Muhr y Rosenhall, 2010; Shargorodsky et al., 2010).
Se estima que entre el 10% y el 30% de los adolescentes usuarios de PLDs podrían estar en riesgo de sufrir NIHL después de cinco o más años de uso.
La pérdida auditiva en adolescentes podría constituir un problema serio de salud pública, quizá varias generaciones de jóvenes podrían padecer problemas auditivos antes de lo esperado por la edad, generándoles serias dificultades en la vida diaria; problemas de comprensión del lenguaje, reducción del rendimiento académico y de las oportunidades laborales futuras, interacción social limitada, uso prematuro de audífonos, afectación del bienestar percibido, o desarrollo de trastornos psicológicos o cognitivos, entre otros (Rosenhall et al., 2006; Woodcock y Pole, 2008; Shah et al., 2009). Cabe destacar que la NIHL es una problemática actualmente irreversible, porque los adolescentes tienen probablemente una mayor susceptibilidad al daño coclear (Pellegrino et al., 2013) y que la predisposición a desarrollar pérdida auditiva en la edad adulta aumenta cuando hay exposición temprana a elevados niveles de ruido (Van Kamp y Davies, 2013). Por estos motivos, se necesita de manera urgente más información sobre el posible riesgo de desarrollar pérdida auditiva en este grupo de población con motivo de la exposición a música elevada, de manera que se pueda prevenir que las siguientes generaciones sufran daños auditivos prematuros permanentes.
La pérdida auditiva en adolescentes podría constituir un problema serio de salud pública, quizá varias generaciones de jóvenes podrían padecer problemas auditivos antes de lo esperado.
En aras de arrojar luz sobre esta problemática, la presente revisión sistemática tiene como objetivo recopilar información sobre si los estudios realizados hasta la fecha demuestran una posible relación entre NIHL y exposición a música recreativa en adolescentes.
Métodos
En la búsqueda de artículos para la presente revisión, se siguieron las directrices PRISMA para revisiones sistemáticas (Page et al., 2021).
• Criterios de elegibilidad
Se seleccionaron aquellos ensayos clínicos y artículos de investigación en idioma inglés que evaluaban los efectos de la exposición a música recreativa en la audición de los adolescentes, sin límite temporal de publicación.
Se excluyeron estudios que incluían en la muestra a adolescentes con cualquier patología auditiva conocida, como por ejemplo, malformaciones del oído interno. También se descartaron sujetos con discapacidad intelectual o con algún diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo. De igual manera, se excluyeron revisiones y metaanálisis.
Se realizó una búsqueda sistemática de la literatura disponible sin filtrar por año de publicación en las siguientes bases de datos: Psycinfo, Medline, Pubmed, Web of Science y Scopus.
• Estrategia de búsqueda
Se utilizaron las mismas palabras en idioma inglés en cada fuente de datos: (teenager OR adolescent OR young adult) AND (music listening habit OR music exposure) AND (hearing loss).
• Proceso de selección y recopilación de datos
Se importaron los datos recogidos a un archivo formato Excel. En él se destacaron y eliminaron los artículos duplicados. Tras esto, se realizó un primer filtro por título de los estudios. Después, se prosiguió a aplicar un segundo filtro por resumen o abstract de los artículos. Los estudios restantes de ambos filtros se descargaron y analizaron con más detalle.

• Elementos analizados
Una vez analizados los artículos restantes, se procedió a eliminar aquellos que finalmente no cumplían los criterios de elegibilidad establecidos.
Los estudios de 16 artículos utilizan audiometría de conducción aérea de tonos puros en frecuencias estándar, aunque en diferentes rangos; en cuanto a las frecuencias altas extendidas, 7 de los 16 artículos las utilizan.
Resultados
• Selección de estudios
Urge investigar sobre el posible riesgo de desarrollar pérdida auditiva en este grupo de población con motivo de la exposición a música elevada, de manera que se pueda prevenir que las siguientes generaciones sufran daños auditivos prematuros permanentes.
Inicialmente se encontró un total de 1.086 artículos, de los cuales 580 se identificaron como duplicados. De los 506 artículos únicos se excluyeron 228 por título y 38 por abstract. Tras esto, se eliminaron 22 artículos por no llevar a cabo una metodología adecuada a los objetivos de la revisión o por reclutar una muestra de pacientes que no se ajustaba a la población diana de dicha revisión. Finalmente se incluyeron un total de 16 artículos. El diagrama de flujo de la búsqueda y selección de estudios se muestra en la Figura 1.
Figura 1
Diagrama de flujo de la búsqueda y selección de estudios

Características de los estudios
De los 16 artículos incluidos en la revisión sistemática, 5 de ellos se realizaron en Argentina (Biassoni et al., 2005; Serra et al., 2005; Biassoni et al., 2014; Serra et al., 2014; Gaetán et al., 2021) y 2 en Corea (Kim et al., 2009; Rhee et al., 2019), el resto fueron publicados en México (Martínez-Wbaldo et al., 2009), Austria (Weichbold et al., 2012), Canadá (Feder et al., 2013), Malasia (Sulaiman et al., 2013), Brasil (Silvestre et al., 2016), Suecia (Widen et al., 2017), Alemania (Twardella et al., 2017), Polonia (Swierniak et al., 2020) y Países Bajos (Paping et al., 2022). La edad de los participantes varió en un rango entre los 10 y los 19 años. Otras características de los estudios se detallan en la Tabla 1.
Tabla 1
Características principales de los artículos incluidos en la revisión

Tras la revisión detenida de los artículos se recurrió a clasificarlos como riesgo «bajo», «medio» o «alto» de daño auditivo provocado por exposición a la música en función de las conclusiones a las que llegaban los autores. De los 16 artículos finales, solo 3 pueden clasificarse como estudios en los que existe un riesgo medio de daño auditivo en los adolescentes tras la exposición a la música, en el resto (13 artículos) solo se evidencia un riesgo bajo de daño auditivo.
Medidas de exposición a música alta
De los 16 artículos incluidos en la revisión, 9 de ellos (56,25%) midieron la exposición a música alta únicamente con cuestionarios autoinformados o entrevistas personales sobre hábitos de exposición a la música y otras actividades recreativas ruidosas (Martínez-Wbaldo et al., 2009; Kim et al., 2009; Weichbold et al., 2012; Serra et al., 2014; Biassoni et al., 2014; Silvestre et al., 2016; Twardella et al., 2017; Rhee et al., 2019; Swierniak et al., 2020; Gaetán et al., 2021) y los 7 restantes (43,75%) incluyeron algún tipo de medida objetiva de los niveles sonoros, además de, en algunos casos, incluir adicionalmente cuestionarios y/o entrevistas personales.
De los 7 artículos que incluyeron medidas objetivas, 3 de ellos (18,75% del total) utilizaron dosímetro de ruido en discotecas además de instrumentos de medición con simulador de los niveles de presión sonora en PLDs o sonómetros, en los cuales se les solicitaba a los sujetos que reprodujeran en condiciones normales y/o con ruido ambiental la intensidad de la escucha habitual en sus PDLs (Biassoni et al., 2005; Serra et al., 2005; Serra et al., 2014); 3 de los 7 artículos restantes (18,75% del total) incluyeron únicamente instrumentos de medición de los niveles sonoros en PLDs (Feder et al., 2013; Sulaiman et al., 2013 y Widen et al., 2017), y los autores del artículo restante (6,25% del total) desarrollaron una aplicación para teléfonos móviles para medir la exposición diaria a PLDs (Paping et al.,2022). Esta información acerca de las medidas de exposición a la música se clarifica con más detalle en la Figura 2.
Figura 2
PORCENTAJE DE ESTUDIOS EN CUANTO A MEDICIÓN DE LA EXPOSICIÓN A MÚSICA RECREATIVA

De los 16 artículos incluidos en la revisión (100%): 9 de ellos utiliza únicamente instrumentos subjetivos de medición (56,25%); 3 artículos midieron objetivamente los niveles de exposición sonora con dosímetros o sonómetros en discotecas y PLDs (18,75%); 3 artículos midieron objetivamente los niveles de exposición sonora únicamente en PLDs (18,75%); y, 1 artículo desarrolló una aplicación de software para medir objetivamente la exposición diaria a la música en PLDs (6,25%).
56,25% + 18,75% + 18,75% + 6,25% = 100%
Mediciones auditivas
De los 16 artículos, todos utilizan audiometría de conducción aérea de tonos puros en frecuencias estándar, aunque en diferentes rangos que ya se especifican en la Tabla 1 (Gaceta Audio nº65). En cuanto a las frecuencias altas extendidas, 7 de los 16 artículos totales las utilizan:
• Cinco incluyen audiometría de conducción aérea de tonos puros de 8.000 a 16.000 Hz (Biassoni et al., 2005 Serra et al., 2005; Biassoni et al., 2014, Serra et al., 2014; Gaetán et al., 2021).
• Dos utilizan la audiometría de conducción aérea de tonos puros de 9.000 a 16.000 Hz (Sulaiman et al., 2013; Silvestre et al., 2016).
• Tres estudios emplean Otoemisiones Acústicas (OEA) transitorias evocadas (Serra et al., 2014; Biassoni et al., 2014) y Gaetán et al. (2021) que también incluyen productos de distorsión.
Conclusiones sobre exposición a música alta
A continuación, se detallan las conclusiones a las que llegan los autores de los 13 artículos en los que el riesgo de pérdida auditiva por exposición a música alta se considera como «riesgo bajo».
Riesgo bajo de pérdida auditiva por exposición a música alta
De los 13 artículos que llegan a esta conclusión, no todos persiguen el mismo objetivo. De hecho, algunos artículos tratan de estudiar la relación entre exposición a cualquier tipo de actividad recreativa que implique música alta y la pérdida auditiva, mientras que otros solo contemplan el uso de PLDs como exposición a la música. También se observan variaciones en cuanto a las medidas de esta exposición, ya que algunos artículos utilizan medidas objetivas y otros subjetivas, lo cual complica las comparaciones entre los resultados de cada estudio. Estas diferencias se detallan en la Figura 3.
Figura 3
CARACTERÍSTICAS DE LOS ESTUDIOS CLASIFICADOS COMO «RIESGO BAJO» DE PÉRDIDA AUDITIVA POR EXPOSICIÓN A MÚSICA ALTA

El estudio Biassoni et al. (2005) es la continuación del estudio de Serra et al. (2005), que se divide en dos partes debido a la longitud de la investigación. En ambas partes, los autores no encontraron una asociación significativa entre la exposición a música elevada y pérdida auditiva. Estos dos estudios fueron los únicos que incluyeron medidas in situ de los niveles sonoros en las discotecas que frecuentaban los adolescentes, registrando intensidades en un rango de 104,3 a 112,4 dBA, con picos de nivel de presión sonora de 117,5 dBA. Estos autores también calcularon el nivel de presión sonora equivalente continuo durante un período de tiempo de 8 horas (LAeq8h), con niveles que oscilaron con LAeq8h entre 75 y 105 dBA. Los resultados reflejaban que los cambios en los umbrales auditivos (Hearing Threshold Level, HTL) que fueron significativos estaban en el rango extendido de alta frecuencia avanzando hacia el rango convencional que compromete la comprensión del habla. En este sentido, los datos del estudio reflejan que los adolescentes con umbrales más elevados de audición no diferían significativamente en exposición a música a elevado volumen respecto a aquellos con umbrales más bajos, por lo que concluyeron que la exposición a altos niveles de sonido durante actividades de ocio no siempre sería causa de daño auditivo. Sin embargo, para explicar la disminución de umbral auditivo en algunos participantes los autores recurren a la hipótesis de los «oídos sensibles», donde entra en juego la idiosincrasia de cada individuo; los mismos niveles sonoros podrían dañar gravemente a sujetos con oídos sensibles y no afectar a aquellos con «oídos duros».
Los datos del estudio Biassoni et al. reflejan que los adolescentes con umbrales más elevados de audición no diferían significativamente de aquellos con umbrales más bajos, por lo que concluyeron que la exposición a altos niveles de sonido durante actividades de ocio no siempre causará daño auditivo.
Serra et al. (2014) repitieron el estudio 9 años después, incluyendo esta vez medidas de Otoemisiones Acústicas Evocadas Transitorias (OEAET). En este estudio, los LAeq8h calculados en las discotecas que frecuentaban los adolescentes oscilaron entre 107,8 y 112,2 dBA. Los análisis de OEAET revelaron OEAET ausentes y de bajo nivel en el 16% de los participantes. Se encontró relación significativa entre HTL y OEAET; los participantes con niveles bajos y ausentes de OEAET tuvieron HTL más altos en todas las frecuencias. Aun así, los adolescentes que se exponían más a música alta y que tenían pruebas audiométricas que evidenciaban HTL más elevados no diferían significativamente de aquellos con menos exposición a música alta, por lo que los autores vuelven a recurrir a la hipótesis de los «oídos sensibles».
CV Autor
Graduada en Psicología y Logopedia
Master en Psicología General Sanitaria.
Director del Trabajo de Fin de Grado de Logopedia:
Dr. Francisco Javier Carricondo Orejana
Laboratorio de Neurobiología de la Audición
Dpto. de Inmunología, Oftalmología y Otorrinolaringología
Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid






