Pérdida Auditiva en Adolescentes Expuestos a Música Recreativa: una Revisión Sistemática II.

26/03/2026 | Comparte:
Autor/a: Lucía Díaz
En el número anterior de Gaceta Audio, comenzamos a analizar varios estudios
enfocados a demostrar una posible relación entre la exposición a música 
recreativa y la pérdida auditiva neurosensorial en adolescentes y jóvenes.
Planteamos la necesidad de la investigación desde el punto de vista de la 
importancia de recopilar información rigurosa y veraz para prevenir que
las siguientes generaciones sufran daños auditivos prematuros permanentes.

Conclusiones sobre exposición a música alta

A continuación, se detallan las conclusiones a las que llegan los autores de los 13 artículos en los que el riesgo de pérdida auditiva por exposición a música alta se considera como «riesgo bajo».

Riesgo bajo de pérdida auditiva por exposición a música alta

De los 13 artículos que llegan a esta conclusión, no todos persiguen el mismo objetivo. De hecho, algunos artículos tratan de estudiar la relación entre exposición a cualquier tipo de actividad recreativa que implique música alta y la pérdida auditiva, mientras que otros solo contemplan el uso de PLDs como exposición a la música. También se observan variaciones en cuanto a las medidas de esta exposición, ya que algunos artículos utilizan medidas objetivas y otros subjetivas, lo cual complica las comparaciones entre los resultados de cada estudio. Estas diferencias se detallan en la Figura 3.

De los 13 artículos que llegan a la conclusión de que existe un riesgo bajo de pérdida auditiva por exposición a música alta, 4 tienen como objetivo estudiar la posible asociación entre la exposición autoinformada a música alta y la pérdida auditiva.

El estudio Biassoni et al. (2005) es la continuación del estudio de Serra et al. (2005), que se divide en dos partes debido a la longitud de la investigación. En ambas partes, los autores no encontraron una asociación significativa entre la exposición a música elevada y pérdida auditiva. Estos dos estudios fueron los únicos que incluyeron medidas in situ de los niveles sonoros en las discotecas que frecuentaban los adolescentes, registrando intensidades en un rango de 104,3 a 112,4 dBA, con picos de nivel de presión sonora de 117,5 dBA. Estos autores también calcularon el nivel de presión sonora equivalente continuo durante un período de tiempo de 8 horas (LAeq8h), con niveles que oscilaron con LAeq8h entre 75 y 105 dBA. Los resultados reflejaban que los cambios en los umbrales auditivos (Hearing Threshold Level, HTL) que fueron significativos estaban en el rango extendido de alta frecuencia avanzando hacia el rango convencional que compromete la comprensión del habla. En este sentido, los datos del estudio reflejan que los adolescentes con umbrales más elevados de audición no diferían significativamente en exposición a música a elevado volumen respecto a aquellos con umbrales más bajos, por lo que concluyeron que la exposición a altos niveles de sonido durante actividades de ocio no siempre sería causa de daño auditivo. Sin embargo, para explicar la disminución de umbral auditivo en algunos participantes los autores recurren a la hipótesis de los «oídos sensibles», donde entra en juego la idiosincrasia de cada individuo; los mismos niveles sonoros podrían dañar gravemente a sujetos con oídos sensibles y no afectar a aquellos con «oídos duros».

Los datos del estudio Biassoni et al. reflejan que los adolescentes con umbrales más elevados de audición no diferían significativamente de aquellos con umbrales más bajos, por lo que concluyeron que la exposición a altos niveles de sonido durante actividades de ocio no siempre causará daño auditivo.

Serra et al. (2014) repitieron el estudio 9 años después, incluyendo esta vez medidas de Otoemisiones Acústicas Evocadas Transitorias (OEAET). En este estudio, los LAeq8h calculados en las discotecas que frecuentaban los adolescentes oscilaron entre 107,8 y 112,2 dBA. Los análisis de OEAET revelaron OEAET ausentes y de bajo nivel en el 16% de los participantes. Se encontró relación significativa entre HTL y OEAET; los participantes con niveles bajos y ausentes de OEAET tuvieron HTL más altos en todas las frecuencias. Aun así, los adolescentes que se exponían más a música alta y que tenían pruebas audiométricas que evidenciaban HTL más elevados no diferían significativamente de aquellos con menos exposición a música alta, por lo que los autores vuelven a recurrir a la hipótesis de los «oídos sensibles».

Algunos autores defienden la hipótesis de los «oídos sensibles», donde entra en juego la idiosincrasia de cada individuo; los mismos niveles sonoros podrían dañar gravemente a sujetos con oídos sensibles y no afectar, sin embargo, a aquellos con «oídos duros».

De los 13 artículos que llegan a la conclusión de que existe un riesgo bajo de pérdida auditiva por exposición a música alta, 4 tienen como objetivo estudiar la posible asociación entre la exposición autoinformada a música alta (incluyendo diferentes tipos de exposición como acudir a discotecas o pubs, o el uso de PLDs, entre otros) y la pérdida auditiva, tal y como se detalla en la Figura 3 sin incluir, a diferencia de los 3 estudios anteriores, ninguna medida objetiva que permita calcular exactamente a qué niveles sonoros se exponen los adolescentes.

Weichbold et al. (2012) evaluaron la asociación entre el examen auditivo de adolescentes y la exposición autoinformada a música alta. Los autores encontraron una prevalencia de pérdida auditiva general en altas frecuencias del 14,9%, siendo la tasa de pérdida auditiva semejante en adolescentes que no se exponían o que lo hacían escasamente o de manera moderada (del 10% al 15%), aunque aumentó significativamente en adolescentes con alta exposición a la música (del 22% al 25%). Los autores concluyen que el efecto adverso en la audición solo se manifestaría en personas con prácticas «extremas», al escuchar música a elevados volúmenes, alegando que el oído humano no es tan vulnerable como para sufrir daños persistentes tan fácilmente. La exposición a música alta hasta un límite crítico no sería peligrosa para la audición humana, aunque los autores desconocen cuál es ese límite.

Weichbold et al. encontraron una prevalencia de pérdida auditiva general en altas frecuencias del 14,9%, siendo la tasa de pérdida auditiva semejante en adolescentes que no se exponían o que lo hacían escasamente o de manera moderada, aunque aumentó significativamente en adolescentes con alta exposición a la música (del 22% al 25%).

Silvestre et al. (2016) también analizaron la relación entre la pérdida auditiva y la exposición a la música autoinformada. Se encontró una prevalencia de uso de PLDs entre los adolescentes del 93,28%, de los cuales el 58,4% hacía un uso diario, mostrando preferencia por los auriculares de inserción. No se obtuvieron medidas objetivas de exposición a niveles sonoros. En este estudio, el análisis de los umbrales audiométricos no mostró diferencias significativas en cuanto a frecuencia de uso de PLDs, duración en años, días por semana u horas al día; tampoco en intensidad ni en tipo de auricular. Los autores concluyeron que, aunque la prevalencia de PLDs es muy alta en esta población, no había correlación entre la exposición a la música a través de PLDs y los umbrales auditivos de alta frecuencia en esta población.

Rhee et al. (2019) analizaron la relación entre exposición autoinformada a la música en actividades de ocio y la pérdida auditiva en adolescentes. El 86% de los participantes informó del uso habitual de PLDs, sin incluir medidas de frecuencia. El 52,2% situaba en un rango de 0 a 4 la intensidad del sonido en los PLDs medida en una escala subjetiva (de 0 a 10, donde a mayor puntuación mayor intensidad del sonido) y el 34,8% la situaba en el rango de 5 a 9. Aunque la presencia de pérdida auditiva leve fue del 16% y de pérdida auditiva grave del 1,2%, los autores no encontraron diferencias significativas en pérdida auditiva según la intensidad o la duración del uso de PLDs.

Silvestre et al. concluyeron que, aunque la prevalencia de PLDs es muy alta en esta población, no había correlación entre la exposición a la música a través de PLDs y los umbrales auditivos de alta frecuencia en esta población.

Gaetán et al. (2021) analizaron la relación entre exposición autoinformada a la música en actividades de ocio y la pérdida auditiva en adolescentes. Los autores administraron una escala de participación en actividades recreativas a los participantes que proporcionaba una medida del nivel de participación en ellas, clasificándolo como «no participar», «nivel bajo», «nivel moderado», «nivel alto» y «nivel muy alto». Los autores afirman que, aunque la mayoría de los adolescentes englobados bajo la categoría de alta exposición a la música tenían umbrales auditivos más altos, estos seguían siendo «normales». Además, no encontraron diferencias significativas entre las categorías de exposición a la música y la amplitud de las OEA.

De los 13 artículos que llegan a la conclusión de que existe un riesgo bajo de pérdida auditiva por exposición a música alta, 3 tienen como objetivo estudiar la posible asociación entre el uso de PLDs autoinformado y la pérdida auditiva, incluyendo medidas objetivas de exposición a la música con PLDs, tal y como se detalla en la Figura 3. Estos 3 artículos se resumen a continuación:

Sulaiman et al. (2013) midieron el riesgo auditivo asociado al uso de PLDs, mediante entrevista y midiendo los niveles sonoros con un oído artificial conectado a un sonómetro. El nivel medio de escucha medido y la duración fue de 72,2 ± 11,1 dBA y 1,2 ± 1,5 horas/día, respectivamente. Los sujetos que escuchaban a volúmenes más altos tendían a escuchar también durante períodos más largos. Los LAeq8h se distribuyeron normalmente con una media de 61,6 ± 12,9 dBA; el 17,5% de los adolescentes estuvieron expuestos a niveles de LAeq8h mayores a 75 dBA y el 4,5% lo hizo a niveles de LAeq8h mayores a 85 dBA. Los autores no encontraron ningún hallazgo robusto de NIHL en los adolescentes, incluidos aquellos expuestos a niveles de sonido más peligrosos. Ante esto, concluyen que la pérdida auditiva en este grupo etario en usuarios de PLDs podría implicar un daño sutil en las células ciliadas externas de la cóclea que podría no ser evidente en la audiometría estándar.

De los 13 artículos que llegan a la conclusión de que existe un riesgo bajo de pérdida auditiva por exposición a música alta, 3 tienen como objetivo estudiar la posible asociación entre el uso de PLDs autoinformado y la pérdida auditiva, incluyendo medidas objetivas de exposición a la música con PLDs.

Widen et al. (2017) tuvieron como objetivo investigar la relación entre el uso de PLDs autoinformado y medido por un maniquí simulador de cabeza y torso, y la pérdida auditiva.
Los autores encuentran que el 97,1% de los participantes eran usuarios de PLDs, de los cuales el 88,6% lo usaban todos los días o varias veces por semana con una media de 2 horas diarias. Los niveles sonoros oscilaron entre 54dBA y 100 dBA LAeq8h, con una media de 75 dBA LAeq8h; el 10% de los adolescentes escuchaba a intensidades entre 85 y 90 dBA LAeq8h y otro 10% lo hacía a intensidades entre 90 y 100 dBA LAeq8h. Los adolescentes que escuchaban a intensidades por encima de 85 dBA LAeq8h también lo hacían durante períodos de tiempo más prolongados y con más frecuencia. Los autores no encontraron diferencias significativas en HTL entre los adolescentes que se exponían más o menos a música alta, aunque sospechan que el grupo que se exponía a intensidades entre 90 y 100 dBA LAeq8h (10%) podría estar en riesgo de desarrollar pérdida auditiva en el futuro.

Paping et al. (2022) analizaron la relación entre el uso objetivo de PLDs mediante el desarrollo de una aplicación para teléfonos móviles que medía la exposición a la música y la pérdida auditiva. En los 33 días en los que se controlaron los hábitos de escucha mediante la aplicación, la media de días de escucha fue de 2,4 días a la semana, con una media de tiempo de escucha de 81,5 minutos al día. No se midió objetivamente en dB la intensidad sonora de la escucha. El nivel de escucha medio fue del 55% de la capacidad de los dispositivos. Los autores estiman que aproximadamente el 2% de los adolescentes excedió los estándares de seguridad NIOSH, por lo que la mayoría escuchaba en límites considerados seguros. Según los datos obtenidos del estudio, no hubo asociación significativa entre la exposición a la música en PLDs y los umbrales auditivos. Los autores argumentan que es posible que el efecto nocivo de los PLDs aún no se evidencie en este grupo etario debido tanto al breve uso de PLDs como al lento desarrollo de la NIHL.

De los 13 artículos que llegan a la conclusión de que existe un riesgo bajo de pérdida auditiva por exposición a música alta, 3 tienen como objetivo estudiar la posible asociación entre el uso de PLDs autoinformado exclusivamente (sin incluir otras actividades que también impliquen exposición a música alta ni medidas objetivas de frecuencia e intensidad en el uso de PLDs) y pérdida auditiva, tal y como se detalla en la Figura 3. Estos 3 artículos serían:

Kim et al. (2009) evaluaron la relación entre el uso de PLDs autoinformado y la pérdida auditiva. En base al informe de los adolescentes, se observó que, aunque no había relación entre el umbral auditivo y el uso de PLDs, sí había aumentos significativos en HTL en 4.000 Hz en adolescentes que llevaban usando PDLs durante más de 5 años respecto a los que no los utilizaban. Además, encontraron que los sujetos que escuchaban música mediante altavoces tenían niveles medios y de audición de 4.000 Hz en el oído izquierdo y derecho significativamente más bajos que los de los sujetos que usaban auriculares. Los autores infirieron que el uso acumulativo a largo plazo de PDLs podría tener un efecto debilitante en los niveles de audición. No obstante, aun así, los autores concluyen que no hubo relación directa entre el umbral auditivo y el uso diario de PLDs.

Twardella et al. (2017) estudiaron la relación entre el uso de PLDs autoinformado y la pérdida auditiva en adolescentes. El 85% de los adolescentes informó haber hecho uso de PLDs durante la última semana, con una media de 10,7 horas de uso por semana. La exposición a niveles sonoros se calculó mediante aproximaciones de control de volumen autoinformado por los adolescentes; la intensidad media de escucha fue de 77 dBA; de los cuales un 6% escuchaba a intensidades medias entre 85 dBA y 90 dBA y un 13% lo hacía superando los 90 dBA. En el análisis estadístico no se observaron asociaciones significativas entre los HTL y el uso de PLDs.

Swierniak et al. (2020) estudiaron la relación entre el uso de PLDs autoinformado y la pérdida auditiva en adolescentes. El 82% de la muestra disponía de PLDs, utilizándolo con un nivel sonoro medio del 50,8% de la capacidad de salida de audio del dispositivo. El 32,3% informó que no escuchaba música, el 10,1% lo hacía diariamente y el 57,6% lo hacía entre 1 y 6 veces por semana. Un 0,3% informó que escuchaba música mediante PLDs durante 5 o más horas al día, el 2,7% entre 3 y 4 horas al día, el 11,9% entre 1 y 2 horas al día y el 52,9% durante menos de 1 hora al día. Los autores encontraron que los HTL no diferían en función del uso de los PLDs, por lo que concluyeron que no pueden confirmar el efecto nocivo del uso de PLDs en la audición de los adolescentes.

Riesgo medio de pérdida auditiva por exposición a música alta

A continuación, se detallan las conclusiones a las que llegan los autores de los 3 artículos en los que el riesgo de pérdida auditiva por exposición a música alta se considera como «riesgo medio».

El estudio de Martínez-Wbaldo et al. (2009) tuvo como objetivo analizar la relación entre la pérdida auditiva y la exposición autoinformada a música recreativa. Según los resultados del cuestionario administrado, el 32% de los adolescentes se exponía a un solo tipo de música a elevada intensidad (pudiendo ser PLDs, discotecas o conciertos) y el 10% se exponían en modalidades combinadas. El 21% de los participantes tenía pérdida auditiva, de los cuales aproximadamente el 18% presentaba pérdida auditiva neurosensorial leve y el 3% del total tenía pérdida auditiva neurosensorial moderada, asociadas ambas con la exposición a las actividades recreativas. La exposición a música a elevado volumen en conciertos y discotecas se asoció significativamente con la pérdida auditiva neurosensorial. No obstante, no se encontró esta asociación con el uso de PLDs.

Biassoni et al. (2014), al igual que Martínez-Wbaldo et al. (2009), estudiaron la relación entre la pérdida auditiva y la exposición autoinformada a música recreativa mediante un estudio longitudinal que duró 3 años. Los autores hicieron una prueba test al inicio de estudio (en la que se administraba un cuestionario de exposición a actividades con música alta y las pruebas audiométricas ya detalladas en la Tabla 1) y una prueba retest al final del estudio. Se observó una tendencia creciente de los participantes en los 3 años del estudio a aumentar la participación en actividades que implican exponerse a actividades con música a elevado volumen. Los datos obtenidos indican que existía diferencia significativa entre entre test y retest en cuanto a los HTL y amplitud global de TEOAE en aquellos adolescentes con menores HTL al inicio del estudio; los HTL aumentaron y la amplitud de las TEOAE disminuyó en las frecuencias de 3.000 y 4.000 Hz. Estas diferencias se asociaron con el creciente incremento de exposición a la música; con el aumento de los niveles de exposición a la música existía tendencia al aumento del umbral auditivo. Los autores concluyen que la exposición continua a elevados niveles sonoros de música podría constituir una causa del cambio progresivo de HTL en adolescentes.

En el estudio de Martínez-Wbaldo et al el 21% de los participantes tenía pérdida auditiva, de los cuales aproximadamente el 18% del total tenía pérdida auditiva neurosensorial leve y el 3% la presentaba de forma moderada, asociadas ambas con la exposición a las actividades recreativas.

Por último, Feder et al. (2013), por su parte, estudiaron la relación entre el uso autoinformado de PLDs y la pérdida auditiva, incluyendo también medición de los niveles sonoros en PLDs mediante un simulador de presión sonora. El uso medio diario de los adolescentes fue de 1,13 horas para los hombres y de 1,06 horas para las mujeres, con niveles medios de presión sonora en volumen típico de 68dBA y en volumen máximo de 76 dBA. Además, los autores encontraron que entre un tercio y la mitad de los adolescentes decían apretar los auriculares contra los oídos durante 5 a 10 minutos al día. Los sujetos que tendían a ajustar más los auriculares a los oídos y que escuchaban durante tiempos más prolongados también tendían a escuchar música más alta. Los autores encontraron que los participantes que reportaban usar PLDs desde hace 5 o más años tenían HTL significativamente más altos en HFPTA (umbrales promedio entre 4.000 y 8.000 Hz) respecto a los que los usaban desde hace menos de un año, encontrándose esta relación únicamente en la categoría de volumen típico y no en la categoría de volumen máximo, respecto a lo cual los autores hipotetizan una posible infraestimación del volumen de escucha autoinformado por los adolescentes. Los autores finalmente llegan a la conclusión de que esta relación positiva puede ser indicativa de que utilizar PLDs a volúmenes de escucha típicos contribuye, en parte, al desarrollo de NIHL en algunas frecuencias.

Feder et al.  encontraron que los participantes que reportaban usar PLDs desde hace 5 o más años tenían HTL significativamente más altos en HFPTA (umbrales promedio entre 4.000 y 8.000 Hz) respecto a los que los usaban desde hace menos de un año.

Discusión

La presente revisión sistemática aborda el objetivo de recopilar información sobre si los estudios realizados hasta la fecha sugieren que existe riesgo de desarrollar pérdida auditiva en adolescentes por exposición a música recreativa.

En cuanto a las medidas de exposición, se ha encontrado que, de los 16 artículos incluidos en la presente revisión, solo 9 de ellos (56,25%) midieron la exposición a música alta únicamente con cuestionarios autoinformados o entrevistas personales sobre hábitos de exposición a la música; los 7 restantes (43,75%) incluyeron algún tipo de medida objetiva de los niveles sonoros. Esto puede constituir una limitación relevante de la veracidad de la exposición autoinformada de los adolescentes, ya que pueden incurrir en respuestas poco fiables influidas por una posible deseabilidad social. Se recomienda desde aquí a los autores incluir, en la medida de lo posible, indicadores fiables y objetivos de exposición a música alta, como el dosímetro de ruido en discotecas, el uso de la técnica del maniquí o el desarrollo de aplicaciones de software para PLDs.

En cuanto a las medidas audiométricas, todos los estudios utilizaron audiometría de conducción aérea de tonos puros en frecuencias estándar y 7 de los 16 artículos totales (43,75%) incluyeron audiometría de frecuencias altas extendida (de 8.000 o 9.000 Hz a 16.000 Hz). Además, 3 estudios emplearon OEA transitorias evocadas y uno de ellos también aplicó productos de distorsión (DPOAE). Tradicionalmente, el diagnóstico de NIHL se realiza mediante pruebas subjetivas como la audiometría de conducción aérea de tonos puros en frecuencias estándar y pruebas objetivas como las OEA y los DPOAE (como posibles predictores de vulnerabilidad coclear individual) (Davis, 2018). Según la evidencia disponible, parece acertado incluir también en este tipo de estudios la audiometría de frecuencias altas extendida, ya que estos rangos serían más sensibles al ruido y podrían funcionar como predictores tempranos de NIHL en el rango convencional (Fausti et al., 1981; Dieroff, 1982; Ahmed et al., 2001; Porto et al., 2004; Singh et al., 2009).

En cuanto a las conclusiones sobre exposición a música alta, parece que la evidencia apunta en la dirección de que esta exposición en los adolescentes no guarda relación directa con la pérdida auditiva, ya que, de los 16 artículos incluidos en la revisión, 13 artículos se clasificaron como «riesgo bajo» y solo 3 artículos se clasificaron como «riesgo medio». No obstante, se debe tener en cuenta que las comparaciones entre los artículos de la revisión se tienen que hacer con cautela ya que, como se ha comentado en repetidas ocasiones en los apartados anteriores, hay una gran diversidad en cuanto a las variables que los autores incluyen en los estudios; no todos utilizan medidas objetivas de exposición a la música ni tampoco consideran en todos los casos las mismas actividades recreativas que impliquen exposición a la música a las que pueden exponerse los adolescentes.

Aunque el debate sobre si la exposición a música alta puede causar pérdida auditiva en este grupo etario no está aún resuelto, sí parece que los adolescentes, por lo general y en base a los resultados de los artículos, se someten a niveles auditivos que son considerados potencialmente dañinos para la salud auditiva. Los autores han registrado volúmenes objetivos de exposición a niveles sonoros en discotecas que oscilan entre 104,3 a 112,4 dBA con picos de 117,5 dBA, con LAeq8h entre 75 y 112,2 dBA (Biassoni et al., 2005; Serra et al., 2005; Serra et al., 2014).

Parece que, además, tiende a repetirse un patrón común; suele aparecer un pequeño porcentaje de la muestra que se expone a música en niveles sonoros extremos: Twardella et al. (2017) encontraron que un 6% de los adolescentes de la muestra escuchaba a intensidades entre 85 y 90 dBA y un 13% lo hacía superando los 90 dBA. Sulaiman et al. (2013) obtuvieron que el 17,5% de los adolescentes estuvieron expuestos a LAeq8h mayores a 75 dBA y el 4,5% a niveles de LAeq8h que superaban los 85 dBA. Widen et al. (2017) encontraron que el 10% escuchaba música a intensidades entre 85 y 90 dBA LAeq8h y otro 10% a intensidades entre 90 y 100 dBA LAeq8h, entre otras medidas de los autores. Se recuerda que la normativa laboral considera que un LAeq8h igual a 85dBA es el límite entre lo seguro y lo peligroso, por lo que los adolescentes que escuchen 15 minutos de música a una intensidad de 100 dBA podrían estar expuestos al mismo nivel sonoro que un trabajador industrial expuesto a 85 dB durante 8 horas, considerando que un incremento de 3 dB reduce a la mitad el tiempo de exposición (Serra et al., 2007; Daniel, 2007; NIOSH, 1998; Smith, 1998). En ambientes laborales que alcanzan estos niveles de presión sonora se recomienda el uso de protección auditiva o reducción del ruido por considerar que existe riesgo para la audición (Daniel, 2007).

Estos estudios demuestran que tiende a repetirse un patrón común; suele aparecer un pequeño porcentaje de la muestra que se expone a música en niveles sonoros extremos, a intensidades entre 85 y 90 dBA e, incluso, un 13% lo hacía superando los 90 dBA.

Respecto a la prevalencia de uso de PLDs en adolescentes, Widen et al. (2017) obtienen la cifra más alta de prevalencia de uso de PLDs con un 97,1% de la muestra. Silvestre et al. (2016) recogen que el 93,28% de ellos los utilizaba habitualmente. Rhee et al. (2019) obtuvieron una cifra menor (aunque igualmente elevada) de uso habitual de PLDs, el 86%. Twardella et al. (2017) obtuvieron cifras similares con un 85% de adolescentes que usaban los PDLs habitualmente, una media de 10,7 horas por semana. Swierniak et al. (2020) situaron el uso habitual de estos dispositivos en el 82% de la muestra. Estos datos constituyen frecuencias muy elevadas del uso de PLDs en adolescentes.

Aunque la mayoría de los artículos (13 artículos de 16 artículos totales) no encuentran relación directa entre exposición a música alta en adolescentes y pérdida auditiva, sí existen otros artículos que efectivamente encuentran asociaciones significativas entre estas dos variables (3 artículos de 16 artículos totales), no solo en esta revisión sistemática, sino en investigaciones anteriores que han servido como base para diseñar los estudios actuales. Algunos autores proponen hipótesis alternativas para explicar estas incongruencias en los resultados recurriendo a la biología del sistema auditivo; Harrison (2008) y Henderson (2011), por ejemplo, defienden que la NIHL podría no ser evidente a edades tempranas debido a una redundancia de células ciliadas cocleares, argumentando que, no obstante, si la exposición continúa, entonces los daños auditivos podrían hacerse evidentes, ya que existe consenso sobre que la NIHL se acumula durante años de exposición (Lonsbury-Martin y Martin, 2007). Por su parte, Weichbold et al. (2012) alegan que la pérdida auditiva en adolescentes podría no estar directamente asociada al grado de exposición, sino que esta solo se produciría en adolescentes que se exponen de un modo extremo o excesivo a música a un elevado volumen, lo que constituiría un leve porcentaje de los adolescentes. Como ya se ha comentado, en los estudios incluidos en la revisión suele aparecer un pequeño porcentaje de la muestra que se expone a música en niveles sonoros extremos, lo cual podría apoyar esta hipótesis. No obstante, este grupo con prácticas extremas de exposición a música alta no siempre sufre pérdida auditiva asociada a esta exposición, por lo que parece que esta hipótesis podría no ser del todo acertada. Para explicar esta contradicción, Biassoni et al. (2005 y 2014), Serra et al. (2005 y 2014) proponen que, aunque diferentes adolescentes se expongan a los mismos niveles sonoros, debido a la idiosincrasia del sistema auditivo de cada individuo, estos podrían dañar solo a algunos de ellos que presentaran oídos «sensibles», más vulnerables al ruido, que adolescentes con oídos «duros», que tolerarían un mayor impacto de ruido, con un sistema auditivo más resiliente. Las tres hipótesis podrían considerarse válidas y no mutuamente excluyentes.

Como posibles medidas de prevención ante esta problemática aún no resuelta, se proponen diferentes estrategias:

  • Llevar a cabo campañas de concienciación mediante programas de promoción de la salud en adolescentes sobre el posible riesgo de pérdida auditiva por exposición a música alta, ya que hay evidencia disponible que afirma que los usuarios de PLDs no siempre conocen que la pérdida auditiva es una condición médica actualmente irreversible y que podrían ser vulnerables a sufrirla debido al uso de estos dispositivos (Shah et al., 2009). Estas campañas de concienciación podrían incluir información acerca de comportamientos auditivos saludables y perjudiciales, ya que en el estudio de Feder et al. (2013) los autores encontraron que entre un tercio y la mitad de los adolescentes decían apretar los auriculares contra los oídos durante 5 a 10 minutos al día y existe evidencia de que entre los auriculares ajustados a los oídos y los auriculares holgados podría haber un rango de diferencia de presión sonora de hasta 16 dB (Keith et al., 2008).

  • Aplicar limitaciones sonoras proponiendo a las compañías fabricantes de teléfonos móviles que reduzcan los niveles de salida máximos de modo que estos sean seguros para la audición. De igual manera debería hacerse lo propio en discotecas, pubs o conciertos, entre otras actividades ruidosas.
  • Si el punto anterior no es posible por ser demasiado ambicioso, podría proponerse que los fabricantes de PLDs incluyan mensajes de advertencia sobre el posible riesgo auditivo ante elevadas intensidades de volumen.

Como posibles medidas de prevención se propone llevar a cabo campañas de concienciación, aplicar limitaciones sonoras en los dispositivos electrónicos y en lugares de ocio, y que los fabricantes de PLDs incluyan mensajes de advertencia sobre las elevadas intensidades de volumen.

Limitaciones

El presente estudio no está exento de limitaciones. En primer lugar, es probable que los términos que se introdujeron en la búsqueda sean limitados. Además, en esta búsqueda solo se incluyeron artículos en idioma inglés, con lo que se han podido descartar estudios relevantes por este motivo. Otra limitación importante de la revisión es que se desestimaron artículos que incluyeran población con cualquier patología conocida del sistema auditivo. El filtro por título también ha podido conducir a errores en el descarte y la inclusión. Por otro lado, se incluyó un número relativamente pequeño de estudios (n=16); el escaso número de artículos puede afectar a la generalización de los resultados. Para adquirir una muestra más grande de publicaciones, una opción podría haber sido realizar la búsqueda utilizando varios criterios, como más bases de datos, frases de búsqueda sinónimas, etc. Sin embargo, el objetivo principal de la revisión era arrojar luz sobre la evidencia disponible en cuanto al riesgo de desarrollar pérdida auditiva por exposición a la música alta en adolescentes. Esto condujo a seleccionar imparcialmente, aunque de manera arbitraria, artículos mediante un proceso de revisión sistemática. Con esto, no se espera que con los posibles artículos excluidos de la revisión y que pudieran ser válidos, cambiaran mucho los hallazgos dada la controversia de los resultados obtenidos. No obstante, estudios futuros semejantes podrían variar algunas cuestiones como la ecuación de búsqueda, criterios de inclusión o período de publicación, por ejemplo, y comparar los resultados.
En futuras investigaciones sobre esta temática también se propone realizar estudios que incluyan adolescentes en diferentes rangos de edad con tamaños muestrales elevados. Sería oportuno también realizar estudios tanto de tipo longitudinal como transversal en diferentes grupos según su grado de exposición a la música para aclarar los resultados contradictorios y poder validar las hipótesis explicativas planteadas.

Conclusiones

La presente revisión sistemática tiene como objetivo investigar si los estudios realizados hasta la fecha demuestran una posible asociación entre exposición a música alta y pérdida auditiva en adolescentes. En base a los resultados obtenidos se puede afirmar que hoy en día no existe evidencia concluyente sobre si la exposición a música alta podría tener verdaderamente un efecto perjudicial en la audición de los adolescentes. Sí parece estar claro que no existe un riesgo grave o severo de pérdida auditiva por exposición a música alta en este grupo etario, a pesar de que los datos confirman la elevada exposición a niveles sonoros considerables en actividades recreativas en adolescentes, destacando el uso de PLDs. Como la evidencia acerca de esta problemática es aún contradictoria, se propone aplicar medidas de prevención mediante programas de promoción de la salud o limitaciones sonoras en establecimientos y PLDs, entre otros.

CV Autor

Graduada en Psicología y Logopedia
Master en Psicología General Sanitaria.

Director del Trabajo de Fin de Grado de Logopedia:
Dr. Francisco Javier Carricondo Orejana
Laboratorio de Neurobiología de la Audición
Dpto. de Inmunología, Oftalmología y Otorrinolaringología
Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid

Lucía Díaz García-Uceda
Publicado en:
GA #67

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IFEMA - Madrid. 17 abril de 2026 La compañía pone el foco en la especialización, la innovación y el futuro de la salud auditiva en un entorno profesional en evolución permanente. Beltone, marca de Grupo GN, ha reforzado su posicionamiento en ExpoÓptica 2026 como uno de los principales impulsores de la audiología dentro del entorno óptico, en un momento clave para la evolución del sector. La feria, celebrada en IFEMA Madrid, ha vuelto a reunir, en la edición de 2026, a un perfil de visitante cualificado y ha evidenciado el creciente protagonismo de la audiología como línea estratégica para las ópticas. Una propuesta experiencial para un mercado en transformación El stand de Beltone ha destacado por su planteamiento conceptual, articulado en torno a la idea de un viaje en barco como metáfora de un mercado en constante movimiento. Este enfoque ha permitido trasladar a los profesionales una propuesta clara para integrar la audiología en óptica con una estrategia definida. “Queríamos invitar a los ópticos a subirse a un proyecto con rumbo claro, en un entorno cambiante, y mostrarles que hay oportunidades reales de crecimiento”, explicaba Jezabel Bueno, responsable del proyecto de Beltone Ópticas, al término de la edición de 2026. La propuesta ha facilitado tanto el reencuentro con clientes como la generación de nuevas oportunidades, con un notable interés por parte de ópticas que ya trabajan la audiología o que valoran incorporarla. Beltone Ópticas crece como plataforma de desarrollo En el marco de la feria, Beltone ha mostrado la evolución de su proyecto Beltone Ópticas, que alcanza su cuarto año con una propuesta reforzada en formación, marketing y acompañamiento al profesional. El modelo incluye campañas personalizadas, herramientas de análisis de negocio y un programa formativo amplio orientado a implicar a todo el equipo en el desarrollo de la audiología dentro de la óptica. El objetivo es dotar al profesional de recursos que le permitan identificar oportunidades de crecimiento y convertir la audiología en una línea sólida dentro de su actividad. Innovación aplicada y valor para el profesional Desde el área comercial, Pilar García, directora de Ventas de Beltone en España, subraya que la compañía trabaja con una visión integral que combina presente y futuro. “Queremos que nuestros clientes sientan que están a la cabeza de la innovación, pero también que tienen un plan claro para hoy, con formación, herramientas clínicas y de venta que les permitan seguir creciendo”. Salud auditiva y cognición, el próximo gran reto José Luis Otero, director general de GN del sur de Europa y Brasil, ponía el acento, en sus conclusiones, en el futuro del sector, destacando la necesidad de avanzar en la relación entre audición y salud cognitiva. “Tenemos que dar el salto y empezar a trabajar los problemas cognitivos, ver el impacto que tienen y cómo podemos resolverlos a través de la mejora de la audición. Ese será el siguiente paso”, afirmaba. En este sentido, apuntaba a una evolución del propio sector hacia un enfoque más amplio, en el que la audición se integre dentro de una visión global de la salud. Una relación consolidada con el sector y con la feria La presencia de Beltone en ExpoÓptica se apoya en una trayectoria de más de tres décadas. “Desde 1992 estamos aquí. Es un placer compartir este espacio con el sector y mantener una relación tan estrecha con profesionales y compañeros”, destacaba Otero, subrayando el valor de la continuidad y la fidelidad como base de las relaciones construidas a lo largo del tiempo. Esa cercanía con el profesional sigue siendo uno de los pilares de la compañía. “Los audioprotesistas son fieles al servicio, a la relación y al conjunto de soluciones que les ofrecemos. El audífono es solo una parte. Hay que dar tecnología, formación, atención y acompañamiento. Eso es lo que hemos hecho siempre y lo que seguimos haciendo”, concluye.

GN pone la primera piedra de su nueva sede en España, ubicada en el Parque Tecnológico de Leganés

Leganés – Madrid. 20 de marzo de 2026 La compañía refuerza su apuesta por el mercado español con una inversión superior a los 4 millones de euros en un edificio inteligente y sostenible que será centro de referencia en Europa. GN celebró ayer, 19 de marzo, el acto de puesta de la primera piedra de su futura sede en España, un nuevo edificio ubicado en la Avenida Juan Caramuel, en el Parque Tecnológico de Leganés, que marcará un nuevo hito en el desarrollo de la compañía en nuestro país. Con una inversión superior a los 4 millones de euros, el proyecto contempla la construcción de un edificio de 4.000 metros cuadrados, de los que aproximadamente la mitad se destinarán a fabricación. Las nuevas instalaciones integrarán, además, oficinas, departamento comercial, operaciones, ingeniería, calidad, formación y espacios concebidos para seguir reforzando la cercanía con los profesionales de la audición en España y Europa. La previsión es que la nueva sede entre en funcionamiento a lo largo de 2027. Una vez concluido, el nuevo edificio tendrá capacidad para acoger hasta 500 trabajadores y ha sido concebido como un espacio inteligente y sostenible, preparado para acompañar el crecimiento futuro de la compañía. Para Jose Luis Otero, General Manager del Sur de Europa y Brasil, “este día marca un hito en la compañía y representa nuestra voluntad de seguir creciendo, invirtiendo y estando cada vez más cerca de nuestros clientes, los profesionales de la audición, con más capacidad, más servicio y más cercanía”. [gallery size="large" link="none" columns="2" ids="30408,30409,30410,30411,30412,30413,30414,30415"] Julio García Adeva, Head Manufacturing para EMEA y Brasil de GN y una de las figuras clave en la gestación de este proyecto, subraya que “comienza una nueva era para GN en España, este proyecto es el resultado de muchos años de esfuerzo, conocimiento y pasión, y nace con la ambición de convertir estas instalaciones en un centro de excelencia productiva, tecnológica y de servicio, con vocación de referencia internacional”. Carlos García, Country Manager de GN, destaca que “este nuevo centro es una palanca para seguir mejorando nuestro servicio, ganar capacidad, estrechar aún más la relación con nuestros clientes y continuar creciendo con una propuesta cada vez más sólida para el sector”. Por su parte, Alfonso Ríos, Deputy General Manager del Sur de Europa y Brasil, señala que “cuando te rodeas de gente con tanto talento y tanta fuerza, el impacto se multiplica, y este proyecto refleja muy bien lo que somos como compañía, una organización unida, proactiva, cercana al cliente y con ambición de seguir siendo una referencia en nuestro sector”. Más allá de su dimensión empresarial e industrial, el acto de ayer tuvo también un marcado componente simbólico y emocional. Durante la ceremonia, empleados de distintas áreas y generaciones depositaron recuerdos de su trayectoria en GN en una cápsula del tiempo que quedó enterrada junto a la primera piedra del edificio, como testimonio del recorrido compartido y de la cultura de compañía que ha acompañado a la organización durante décadas. Con esta nueva sede, GN refuerza su compromiso con España, con los profesionales de la audición y con el desarrollo de un proyecto de largo recorrido, basado en la innovación, la excelencia operativa y la cercanía al mercado. El futuro centro de Leganés nace con la vocación de ser mucho más que un edificio: un motor de crecimiento, conocimiento, empleo y servicio para toda Europa.

Cómo abordar la rehabilitación de la hipoacusia generada por el AVD

El acueducto vestibular dilatado (AVD) es una anomalía del oído interno que puede afectar tanto a la audición como al equilibrio. Está encuadrada dentro de las hipoacusias neurosensoriales, en el grupo de alteraciones cocleovestibulares. Conocer sus características clínicas y audiológicas es clave para ofrecer rehabilitaciones auditivas adecuadas y una atención centrada en el paciente, como se ha tratado en otros artículos de esta misma revista. Este artículo explora esta condición y revisa las recomendaciones basadas en la literatura científica para la adaptación de audífonos y el seguimiento de los pacientes. El AVD es la malformación del oído interno más frecuente asociada con hipoacusia neurosensorial (entre un 5% y un 15%). Fue descrito por primera vez en 1791 por Carlo Mondini durante una disección del hueso temporal. Sin embargo, no fue hasta 1969 que Valvassori relacionó estas malformaciones con síntomas similares a los del síndrome de Ménière 1. En 1978, Valvassori y Clemis definieron formalmente el AVD tras revisar 3,700 estudios de tomografía y establecieron que un acueducto vestibular se considerará dilatado cuando su diámetro supere 1,5 mm. En adultos, el diámetro puede oscilar entre 1,5 mm y 8 mm, siendo el promedio de 4 mm. Aunque algunos estudios utilizan criterios diferentes, la definición de Valvassori y Clemis sigue siendo la más aceptada en la actualidad. El acueducto vestibular dilatado se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada y la resonancia magnética. Antes de continuar y para evitar posibles confusiones, cabe destacar que aunque  Mondini fue el primero en describir estructuras relacionadas con el acueducto vestibular dilatado, la condición que se conoce como displasia de Mondini  hace referencia a una malformación de la cóclea, caracterizada por encontrarse una vuelta y media en lugar de dos vueltas y media, y un saco endolinfático bulboso, junto con otras posibles anomalías del oído interno. Es importante destacar que la displasia de Mondini y el acueducto vestibular dilatado (EVA) no son lo mismo, aunque en algunos pacientes con Mondini también puede presentarse EVA. Esta distinción ayudará a evitar confusiones al interpretar diagnósticos y al planificar la rehabilitación auditiva. EL AVD se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). La TC permite visualizar el acueducto vestibular, mientras que la RM muestra el conducto endolinfático y el saco endolinfático. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres, y puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos. Hoy en día, las pruebas de imagen están incluidas en los estudios que se realizan cuando se detectan niños con pérdida auditiva y gracias a esto se ha descubierto que el AVD es la malformación del oído interno que con más frecuencia se encuentra en estas imágenes, aunque en el 40% de los casos aparece junto con otras malformaciones 1. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres. Puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos como el síndrome de Pendred, que provoca problemas tiroideos y bocio, así como a otros síndromes como CHARGE o Branquio-oto-renal (BOR). Los síntomas que podemos encontrar asociados con el AVD pueden ser auditivos y vestibulares. Incluyen no superar el cribado auditivo, menor respuesta a los sonidos en la vida diaria, retraso o dificultades en el desarrollo del habla y el lenguaje, así como problemas para oír, que en algunos casos aparecen tras golpes en la cabeza. Respecto a los síntomas vestibulares, es frecuente que haya retraso para empezar a andar, episodios de vértigo de duración variable y/o sensación persistente de desequilibrio. Las pruebas para evaluar la función auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado (AVD), no difieren de las normales, siendo recomendable que se lleve a cabo una impedanciometría para comprobar la movilidad del tímpano y la presión del oído medio. En contexto clínico también incluyen emisiones otoacústicas (OAE), que verifican la función de las células ciliadas externas de la cóclea, y potenciales evocados vestibulares (VEMP), para valorar la función del sistema vestibular. Esta batería permite diferenciar entre problemas del oído medio y del oído interno, y proporciona información clave para el manejo clínico y la planificación de audífonos o implantes cocleares. No obstante, una vez que se conoce la condición, puede eludirse la medición de los reflejos teniendo en cuenta que pueden generar molestias vestibulares. Con relación al tipo de pérdida, la pérdida auditiva asociada al AVD puede presentarse como conductiva, neurosensorial o mixta, predominando el componente conductivo o mixto en las bajas frecuencias (250–1000 Hz) y el neurosensorial en las frecuencias altas. Si tenemos en cuenta las características del perfil audiométrico, los más frecuentes son tres: curva con caída en agudos y graves normales o más conservados, curva plana o el perfil conocido como «cookie-bite inverso», en el que la audición es peor en las frecuencias bajas y altas, pero se conserva relativamente mejor en las frecuencias medias. La severidad de la hipoacusia asociada al AVD es muy variable, y puede manifestarse desde leve hasta profunda. Una particularidad en esta condición es su evolución, pudiendo permanecer estable o progresar de forma gradual o súbita a lo largo del tiempo. Diferentes estudios, como el de Gopen et al.2, concluyen que entre el 60% y el 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico, mientras que solo el 30–40 % se mantiene estable a lo largo de este período. En este sentido, es muy importante entender que en el AVD puede aumentar el riesgo de un descenso súbito en la audición por factores como traumatismos craneales, cambios de presión, fiebre alta, exposición a ruidos intensos o infecciones respiratorias, aunque no siempre ocurre, especialmente en el caso de los traumatismos si estos son leves. Alrededor del 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico. Los pacientes que han tenido fluctuaciones previas en la audición son más susceptibles de que ocurran nuevos episodios de pérdida. El tamaño del acueducto vestibular y del saco endolinfático no permite predecir cómo evolucionará la pérdida auditiva, aunque algunos estudios sugieren que los acueductos más grandes podrían asociarse a un mayor riesgo de empeoramiento progresivo. Es importante que los audiólogos conozcan que, a medida que progresa la pérdida auditiva, la capacidad de reconocer palabras suele disminuir, y que esta dificultad en la discriminación puede ser mayor a la esperada en comparación con otras hipoacusias con similar componente conductivo o mixto de origen en el oído medio y no coclear. Según las conclusiones de Wolf 1, no existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Se han utilizado procedimientos como el «Shunt», consistente en drenar o derivar el exceso de líquido del saco endolinfático, la oclusión o el uso de corticosteroides, si bien no se han mostrado eficaces y en algunos casos, pueden empeorar la audición. Por ello, el manejo se centra en los síntomas y en mejorar la comunicación del paciente mediante audífonos, implantes cocleares, sistemas FM y estrategias de apoyo a la comunicación, como la ubicación preferencial en el aula y medidas que favorezcan la lectura labial. No existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Como se ha dicho unas líneas más arriba, la pérdida auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado puede ser conductiva, mixta o sensorioneural, y su evolución varía: puede mantenerse estable, fluctuar o empeorar de manera súbita. Es por ello muy importante ante este diagnóstico, utilizar todas las herramientas clínicas disponibles para poder diferenciar componentes conductivos de origen coclear de los relacionados con el oído medio. La vigilancia continua de la audición, el rendimiento de los audífonos y la programación de implantes cocleares es esencial cuando hay fluctuaciones. Además, dado que el EVA puede tener un componente genético, se recomienda también evaluar a otros miembros de la familia. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante el feedback del paciente. En referencia a la programación de los audífonos, no existe una regla estricta sobre si usar los umbrales óseos o tratar la adaptación como pérdida neurosensorial, a pesar del eventual GAP. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante retroalimentación y cuestionarios de validación al paciente, comprobaciones electroacústicas o pruebas verbales en cabina, ajustando la programación según la respuesta funcional del paciente. Por ello, en nuestra práctica, la rehabilitación de la hipoacusia generada por un AVD sugiere contemplar los siguientes aspectos: 1. Asesoramiento y educación familiar como un aspecto clave. • Informar a pacientes y familias sobre actividades que deben evitarse para prevenir la progresión de la pérdida auditiva, como deportes de contacto, golpes en la cabeza o cambios bruscos de presión. •  Explicar la naturaleza fluctuante de la EVA y la importancia del uso constante del audífono. 2. Plan de revisiones y seguimiento flexible. •  Establecer un calendario de controles auditivos que pueda adaptarse a las fluctuaciones auditivas del paciente. •  Permitir evaluaciones anticipadas si se detectan cambios en la audición entre citas programadas. •  Registrar las observaciones de la familia o del paciente sobre la audición y el comportamiento comunicativo para optimizar ajustes. 3. Selección de dispositivos versátiles dada la posibilidad de progresión. •  Elegir audífonos que permitan la modificación flexible de la ganancia (audífonos Rite con diferentes potencias de auricular) a cambios en la audición, evitando usar de entrada una ganancia muy alta que pueda ser perjudicial. •  Informar y formar a los pacientes para que puedan utilizar accesorios de conectividad y aplicaciones como apoyo en el manejo de las fluctuaciones. 4. Programación conservadora de la Máxima Presión de Salida (MPO). •  Ajustar la MPO con precaución debido a los posibles síntomas vestibulares asociados con AVD, evitando molestias y sobrecarga auditiva. 5. Diferenciación de causas de fluctuaciones. •  Considerar que a los síntomas producidos por el AVD pueden sumarse otros problemas típicos de oído medio (mucosidad, infecciones, tapones de cerumen). •  Realizar pruebas como timpanometría para diferenciar si la fluctuación se debe al AVD o a condiciones del oído medio. 6.  Ajustes de ventilación (venting). •  Tras seleccionar la ventilación según las características de la pérdida auditiva, es fundamental su verificación objetiva mediante mediciones en oído real (REM), asegurando que no se genere presión sonora inesperada. 7. Programación basada en pérdida neurosensorial. •  Aunque pueda existir un componente conductivo, se recomienda programar los audífonos considerando la pérdida neurosensorial, ajustando según la respuesta del paciente y las evaluaciones de desempeño auditivo. Puede ocurrir que en este tipo de condición finalmente sea necesario un implante coclear. En cuanto al resultado de esta intervención,  los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados 3 si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En adultos, la duración del uso previo de audífonos puede influir en el rendimiento posoperatorio, afectando la adaptación y aprovechamiento del implante. Los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En conclusión, el conocimiento del Síndrome del Acueducto Vestibular Dilatado y la atención a las consideraciones clínicas asociadas es fundamental para un manejo adecuado de la rehabilitación auditiva de esta población, permitiendo abordar con confianza una patología no siempre bien conocida, así como tomar decisiones más precisas. Referencias: 1 Wolf, J. (s.f.). Advanced management of complex cases: Enlarged Vestibular Aqueduct. Audiology Online. https://www.audiologyonline.com 2 Gopen Q, Zhou G, Whittemore K, Kenna M. Enlarged vestibular aqueduct: review of controversial aspects. Laryngoscope. 2011 Sep;121(9):1971-8. doi: 10.1002/lary.22083. Epub 2011 Aug 16. PMID: 22024854. 3 Hura, N., Stewart, M., & Walsh, J. (2020). Progression of hearing loss and cochlear implantation in large vestibular aqueduct syndrome. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 135, 110133. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2020.110133

Beltone refuerza su compromiso con la audiología en ópticas durante ExpoÓptica 2026

Madrid. 8 de abril de 2026 La compañía participa en el principal encuentro del sector para impulsar el desarrollo de la audiología como línea estratégica de crecimiento sanitario y empresarial. Beltone participa un año más en ExpoÓptica 2026, el principal encuentro profesional del sector óptico y audiológico en España, que se celebra del 9 al 11 de abril en IFEMA Madrid (pabellón 10, stand E12). Con motivo de esta edición, la compañía presentará un espacio expositivo orientado a la experiencia directa con la innovación, donde los asistentes podrán interactuar con las soluciones tecnológicas y conocer de primera mano su aplicación práctica en el ámbito audiológico. Ubicación: Stand Beltone. Pabellón 10 | 10E12 Horario: De 10:00 a 20:00 Entre los principales contenidos del stand destacan: Novedades de producto Presentación de las últimas innovaciones y del portfolio completo de soluciones auditivas de Beltone. Experiencia SAR 01 Espacio diseñado para la demostración práctica de la tecnología auditiva en condiciones reales de escucha. Nueva imagen Beltone Ópticas Evolución de la identidad orientada a reforzar la integración de la audiología en el entorno óptico y mejorar la conexión con el profesional. Con esta presencia, Beltone reafirma su compromiso con el desarrollo de la audiología dentro de las ópticas, una línea de actividad en crecimiento que combina impacto sanitario y oportunidad empresarial para los profesionales del sector. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el aumento de los problemas auditivos, la audiología se consolida como un servicio con elevado potencial. Las ópticas, gracias a su proximidad, capilaridad y relación de confianza con el cliente, se sitúan en una posición estratégica para integrar esta disciplina en su propuesta de valor. Según datos del estudio EuroTrak, cerca del 30 % de las ópticas españolas ya ofrecen servicios de audiología, una tendencia al alza que refleja la evolución del sector hacia un modelo de atención más integral, en el que visión y audición se abordan de forma conjunta. En este contexto, Beltone se posiciona como aliado de los profesionales, facilitando la incorporación y el desarrollo de la audiología mediante soluciones, herramientas y programas de apoyo orientados a garantizar la calidad asistencial, la sostenibilidad del negocio y una experiencia óptima para el paciente. Durante la feria, la compañía centrará su actividad en la generación de conocimiento, la resolución de consultas y el fomento del intercambio profesional en torno al desarrollo de esta área dentro de los establecimientos ópticos. Con su participación en ExpoÓptica, Beltone consolida su papel como partner estratégico del sector óptico, impulsando la evolución hacia modelos más completos de atención sanitaria y contribuyendo a mejorar el acceso de la población a soluciones auditivas de calidad.
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