La presbiacusia se define como una hipoacusia neurosensorial progresiva, generalmente bilateral y simétrica, asociada al envejecimiento. Se caracteriza por una afectación predominante de las frecuencias agudas y por una dificultad creciente para comprender el habla, especialmente en ambientes con ruido de fondo o en conversaciones con varios interlocutores.
Su prevalencia aumenta con la edad y constituye un problema relevante de salud pública en el contexto del envejecimiento poblacional, tanto por su frecuencia como por sus repercusiones sobre la comunicación, la participación social y la calidad de vida (World Health Organization, 2021; Ministerio de Sanidad, 2020).
Aunque tradicionalmente se ha evaluado mediante la audiometría tonal liminar, la experiencia clínica demuestra que el audiograma no siempre explica por completo la queja del paciente. Muchas personas mayores refieren una frase muy habitual: «oigo, pero no entiendo». Esta expresión resume bien la complejidad de la presbiacusia, ya que no solo implica una reducción de la sensibilidad auditiva, sino también alteraciones en la discriminación del habla, en el procesamiento temporal del sonido y en el esfuerzo cognitivo necesario para mantener una conversación.
Por ello, la presbiacusia debe entenderse desde una perspectiva amplia. No se trata únicamente de medir cuántos decibelios ha perdido una persona en cada frecuencia, sino de comprender cómo esa pérdida afecta a su comunicación, a su autonomía y a su vida cotidiana. Diversos autores han señalado la necesidad de integrar la valoración audiológica clásica con una interpretación funcional más amplia del paciente (Cañete & Manrique, 2018; García Callejo & Martínez-Beneyto, 2016; González & Rivas, 2019).
Características generales de la presbiacusia
El patrón audiométrico más frecuente en la presbiacusia es una pérdida progresiva en las frecuencias agudas. Esta afectación tiene una repercusión directa sobre la percepción del habla, ya que muchas consonantes —fundamentales para la inteligibilidad— contienen información acústica en altas frecuencias.
Como consecuencia, El patrón audiométrico más frecuente en la presbiacusia es una pérdida progresiva en las frecuencias agudas. Esta afectación tiene una repercusión directa sobre la percepción del habla, ya que muchas consonantes —fundamentales para la inteligibilidad— contienen información acústica en altas frecuencias.
En estos contextos, la escucha requiere más atención y puede aparecer fatiga auditiva.
La presbiacusia no aparece de la misma forma en todos los pacientes. En algunos casos predomina el daño coclear sensorial; en otros pueden tener más peso los cambios metabólicos, neurales o centrales. Esta variabilidad explica por qué dos personas con audiogramas parecidos pueden presentar dificultades comunicativas muy diferentes.
Más allá del umbral auditivo
La audiometría tonal liminar es una prueba básica e imprescindible. Permite conocer los umbrales auditivos por frecuencia y estimar el grado de pérdida auditiva. Sin embargo, detectar un sonido puro en una cabina audiométrica no equivale necesariamente a comprender el habla en la vida real.
La comunicación cotidiana es mucho más compleja. El habla es una señal dinámica, rápida y variable. Además, suele producirse en presencia de ruido ambiental, reverberación, distancia, enmascaramiento por otras voces o fatiga atencional. Por este motivo, una persona puede presentar unos umbrales auditivos relativamente conservados y, aún así, tener una dificultad importante para seguir conversaciones.
En la presbiacusia intervienen varios mecanismos:
- Pérdida de sensibilidad auditiva.
- Reducción de la discriminación frecuencial.
- Alteración de la resolución temporal, cambios en la sincronía neural.
- Mayor esfuerzo cognitivo para interpretar el habla.
- Dificultad para separar la voz principal del ruido de fondo.
El envejecimiento auditivo puede afectar a la capacidad del sistema auditivo para procesar señales acústicas complejas y cambios rápidos en el sonido. Esto repercute directamente en la comprensión del habla, especialmente en ambientes ruidosos (Bharadwaj et al., 2021; Parthasarathy et al., 2020).
La comunicación cotidiana es mucho más compleja. El habla es una señal dinámica, rápida y variable. Además, suele producirse en presencia de ruido ambiental, reverberación, distancia, enmascaramiento por otras voces o fatiga atencional.
Estos factores explican por qué el audiograma debe considerarse una parte fundamental de la evaluación, pero no el único elemento para valorar el impacto real de la pérdida auditiva.
Bases fisiopatológicas
La presbiacusia tiene un origen multifactorial. Puede relacionarse con:
- La degeneración progresiva de las células ciliadas.
- Cambios en la estría vascular.
- Alteraciones en las sinapsis cocleares.
- Afectación de las fibras del nervio auditivo.
- Modificaciones en las vías auditivas centrales.
Tradicionalmente se han descrito distintos perfiles de presbiacusia, como la sensorial, la neural, la metabólica, la mecánica o la central. En la práctica clínica, estos perfiles no siempre aparecen de forma aislada, sino que pueden coexistir en un mismo paciente.
La afectación de las células ciliadas externas reduce la sensibilidad y la selectividad frecuencial. La alteración neural puede dificultar la codificación precisa de la señal auditiva. Los cambios centrales, por su parte, pueden afectar a la capacidad de procesar información acústica compleja, especialmente cuando el entorno no es favorable.
La evidencia reciente ha puesto especial atención en fenómenos como la sinaptopatía coclear y la desincronía neural, que pueden contribuir a explicar por qué algunos pacientes presentan una dificultad comunicativa superior a la esperada según sus umbrales tonales (Kujawa & Liberman, 2021; Parthasarathy et al., 2020; Varela-Nieto & Rivera, s.f.).
Esta combinación de factores hace que la presbiacusia sea una condición auditiva y comunicativa compleja, en la que no basta con describir el grado de pérdida auditiva, también es necesario valorar cómo el paciente utiliza la información auditiva disponible y qué dificultades encuentra en su vida diaria.
Impacto clínico y funcional
La presbiacusia no afecta únicamente a la audición. También puede tener consecuencias sobre la comunicación, la participación social, el estado emocional y el rendimiento cognitivo.
Cuando la señal auditiva llega degradada, el cerebro necesita dedicar más recursos a descifrar el mensaje. Este aumento del esfuerzo de escucha puede provocar cansancio, frustración y evitación de situaciones sociales. En muchos casos, el paciente deja de participar en conversaciones porque le resulta difícil seguir el ritmo, especialmente en grupos o en ambientes ruidosos.
La pérdida auditiva no tratada se ha asociado con aislamiento social, menor participación comunicativa y mayor riesgo de deterioro cognitivo, por lo que se considera un factor relevante dentro del envejecimiento saludable (Livingston et al., 2020; Slade et al., 2020; World Health Organization, 2021).

Otro fenómeno relevante es el tinnitus. La reducción de la entrada auditiva periférica puede favorecer cambios compensatorios en la actividad del sistema auditivo central, lo que podría contribuir a la aparición o intensificación de acúfenos en algunos pacientes.
Desde esta perspectiva, la presbiacusia no debe abordarse únicamente como una pérdida de audibilidad, sino como una condición con repercusión funcional. El objetivo no es solo que el paciente oiga más, sino que pueda comunicarse mejor.
El aumento del esfuerzo de escucha puede provocar cansancio, frustración y evitación de situaciones sociales. En muchos casos, el paciente deja de participar en conversaciones porque le resulta difícil seguir el ritmo, especialmente en grupos o en ambientes ruidosos.
Aplicación audiológica
La evaluación audiológica de la presbiacusia debe combinar pruebas subjetivas y objetivas. La audiometría tonal permite cuantificar la pérdida auditiva, pero debe complementarse con pruebas que ayuden a interpretar la función comunicativa real del paciente.
La audiometría verbal es especialmente relevante, ya que permite valorar la capacidad de reconocimiento del habla. Siempre que sea posible, resulta recomendable explorar la comprensión verbal no solo en silencio, sino también en condiciones de ruido, ya que es ahí donde muchos pacientes manifiestan sus principales dificultades.
La timpanometría ayuda a descartar alteraciones del oído medio que puedan coexistir con la pérdida neurosensorial. Las otoemisiones acústicas pueden aportar información sobre la función de las células ciliadas externas, y los potenciales evocados auditivos del tronco cerebral pueden ser útiles en casos seleccionados para valorar la sincronía neural y la transmisión de la señal auditiva.
La evaluación audiológica debe integrar audiometría tonal, audiometría verbal, pruebas objetivas y valoración funcional, con el objetivo de comprender no sólo el grado de pérdida auditiva, sino también su impacto sobre la comunicación cotidiana (Huarte, 2017; González & Rivas, 2019; Pérez Moríñigo, 2024).
Además de las pruebas audiológicas, es fundamental escuchar la queja del paciente. Preguntas sencillas sobre situaciones cotidianas —reuniones familiares, conversaciones telefónicas, televisión, ruido en restaurantes o cansancio al escuchar— pueden aportar información clave para orientar la intervención.
A modo de síntesis, la Tabla 1 resume las principales pruebas audiológicas que pueden utilizarse en la evaluación de la presbiacusia y su utilidad clínica.

Intervención y seguimiento
La intervención audiológica debe adaptarse a las necesidades de cada persona. En muchos casos, la adaptación de audífonos es una herramienta fundamental para mejorar la audibilidad y favorecer la comunicación. Sin embargo, la amplificación por sí sola no siempre resuelve todas las dificultades, especialmente cuando existe una alteración importante de la comprensión en ruido o un elevado esfuerzo de escucha.
La audiometría verbal es especialmente relevante, ya que permite valorar la capacidad de reconocimiento del habla. Siempre que sea posible, resulta recomendable explorar la comprensión verbal no solo en silencio, sino también en condiciones de ruido, ya que es ahí donde muchos pacientes manifiestan sus principales dificultades.
Por ello, el abordaje puede incluir orientación comunicativa, entrenamiento auditivo, estrategias para mejorar la escucha en ambientes complejos y seguimiento continuado. También es importante implicar al entorno familiar, ya que pequeños cambios en la comunicación pueden mejorar notablemente la participación del paciente.
Entre estas estrategias se incluyen hablar de frente, reducir el ruido ambiental cuando sea posible, vocalizar sin exagerar, respetar los turnos de conversación y comprobar que el mensaje ha sido comprendido. Estas medidas, aunque sencillas, pueden tener un impacto importante en la vida diaria.
Conclusiones
La presbiacusia es mucho más que una pérdida auditiva medida en el audiograma. Su impacto real se manifiesta en la dificultad para comprender el habla, especialmente en ruido, en el aumento del esfuerzo de escucha y en la reducción de la participación social.
Por este motivo, la evaluación audiológica debe ir más allá de los umbrales tonales. Integrar audiometría verbal, pruebas objetivas, valoración funcional y escucha activa de la queja del paciente permite comprender mejor sus necesidades y orientar una intervención más eficaz.
El objetivo final no debe limitarse a mejorar la audibilidad, sino a facilitar una comunicación más cómoda, reducir el esfuerzo auditivo y favorecer un envejecimiento más activo y participativo.
Bibliografía:
Bharadwaj, H. M., Verhulst, S., Shaheen, L., Liberman, M. C., & Shinn-Cunningham, B. (2021). Auditory processing in aging: Temporal resolution and neural synchrony. Trends in Hearing, 25, 1–20.
Cañete, O., & Manrique, M. (2018). Presbiacusia: actualización y manejo clínico. Revista ORL, 9(2), 75–84.
García Callejo, F. J., & Martínez-Beneyto, P. (2016). Presbiacusia: diagnóstico y tratamiento. Acta Otorrinolaringológica Española, 67(1), 1–10.
González, J., & Rivas, A. (2019). Evaluación audiológica en el adulto mayor: interpretación clínica. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología, 39(3), 123–131.
Huarte, A. (2017). Audiología clínica. Editorial Médica Panamericana.
Kujawa, S. G., & Liberman, M. C. (2021). Synaptopathy in the aging cochlea: Implications for hidden hearing loss. Hearing Research, 402, 108071.
Livingston, G., Huntley, J., Sommerlad, A., et al. (2020). Dementia prevention, intervention, and care: 2020 report of the Lancet Commission. The Lancet, 396(10248), 413–446.
Ministerio de Sanidad. (2020). Guía de atención a la pérdida auditiva en personas mayores. Gobierno de España.
Parthasarathy, A., Herrmann, B., Bartlett, E., & Kujawa, S. (2020). Aging alters neural coding of temporal envelope cues. Journal of Neuroscience, 40(4), 682–699.
Pérez Moríñigo, S. M. (2024). Presbiacusia: concepto y manifestaciones audiológicas. SAERA.
Slade, K., Plack, C. J., & Nuttall, H. E. (2020). The effects of age-related hearing loss on cognitive decline. The Lancet Healthy Longevity, 1(1), e12–e22.
Varela-Nieto, I., & Rivera, T. (s.f.). Presbiacusia. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
World Health Organization. (2021). World report on hearing. World Health Organization.
Autores
Lucía Cirujano Burgos
Nelly Michelle Burgoa Achá
Dilan Revilla Torrez
Coordinación docente:
Javier Povedano Montero, PhD.
Asignatura:
Técnicas de Acústica y Audiometría. Grado en Óptica y Optometría. UCM





