El Sistema Auditivo III. Membrana Timpánica o Tímpano

24/04/2025 | Comparte:
Autor/a: Dra. Antonia Angulo

Extraído del libro, Audiología: Teoría y Práctica. Capítulo 2. Anatomía funcional y fisiopatología de los sistemas auditivo, vestibular y fonador

La membrana timpánica o tímpano es una fina lámina semitransparente de tejido epitelial y fibroso, ovalada (9x11 mm), de 80 -100 mm2 de superficie cóncava hacia el exterior y con una depresión central u ombligo timpánico. Está inclinada hacia abajo, afuera y adelante, formando un ángulo con el suelo del CAE de 40º-55º en el adulto y de 30º-35º en el recién nacido (figura 1).

La mayor parte de la superficie timpánica (4/5) o porción tensa se inserta en el surco timpánico del conducto óseo, fijada por el ligamento o anillo fibroso de Gerlach o rodete anular. La porción o «pars» flácida de Shrapnell ocupa 1/5 superior de la membrana timpánica, entre los pliegues maleolares anterior y posterior, los cuales parten del relieve de la apófisis externa del martillo hasta la periferia. Este área triangular y laxa, sin surco óseo en su inserción (segmento de Rivinus en la escama del temporal), tiene escasa capacidad vibratoria y muestra pequeños capilares que se dirigen hacia el mango del martillo. Este hace un relieve longitudinal (de 2-3 mm) en la porción tensa, y se dirige hacia abajo y atrás, terminando en el ombligo timpánico o umbo. Con fines descriptivos y clínicos, en la superficie timpánica se definen cuatro cuadrantes: anterosuperior (I), anteroinferior (II), posteroinferior (III) y posterosuperior (IV). Para ello se traza una línea perpendicular al eje del mango a la altura del ombligo.

En el interior de la cavidad timpánica, la cadena osicular la forman tres pequeños huesecillos articulados entre sí.

Los tejidos epiteliales y conjuntivos que forman la membrana timpánica son derivados de las tres hojas embrionarias. Gracias a su alta capacidad de regeneración y renovación, es posible una total reconstrucción tras pequeñas perforaciones o heridas. La vibración de la porción tensa, ante la presión de las ondas sonoras, es posible por la existencia de una lámina fibrosa de tejido conjuntivo denso con fibras colágenas y elásticas perfectamente organizadas en haces radiales, circulares concéntricos y semilunares. En la porción flácida solo existe una fina capa de tejido conjuntivo laxo, bien vascularizado, correspondiente a la dermis de la capa epitelial epidérmica externa y al corion de la capa epitelial mucosa interna (Angulo y cols., 1997; Gil-Carcedo, 2011; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998).

Figura 1

Membrana timpánica normal del oído izquierdo rodeada de la piel del conducto auditivo externo
(imagen de videotoscopia).

Cuadrantes de la membrana timpánica
ICuadrante anterosuperiorIICuadrante anteroinferior
IIICuadrante posteroinferiorIVCuadrante posterosuperior
Membrana timpánica
1Repliegue maleolar anterior6Repliegue maleolar posterior
2Porción flácida7Anillo o rodete timpánico
3Apófisis externa del martillo8Triángulo luminoso de Politzer
4Mango del martillo con vasos
sanguíneos
9Rama larga del yunque
(por transparencia)
5Ombligo timpánico10Promontorio (por transparencia)
  11Ventana redonda (por transparencia)

Las arterias que irrigan la membrana timpánica son la auricular profunda (cara externa), rama de la arteria maxilar (ambas caras) y rama estilomastoidea de la arteria auricular posterior (cara interna).

El drenaje venoso de la membrana timpánica se realiza hacia la vena yugular interna (cara externa) y el seno transverso, las venas de la duramadre y el plexo venoso de la trompa de Eustaquio (cara interna). La inervación de la cara externa del tímpano depende del nervio auriculotemporal y de la rama de la división mandibular del trigémino (V par), mientras que la cara interna está inervada por nervio vago (X), algunas ramas del glosofaríngeo (IX) y facial (VII) (Williams, 1998).

Cadena de huesecillos, músculos y ligamentos

En el interior de la cavidad timpánica, la cadena osicular la forman tres pequeños huesecillos articulados entre sí. El martillo («malleus») es el más grande (7 a 9 mm) y más externo, fijado a la cara interna del tímpano por el mango. Su cabeza se une al cuerpo del yunque («incus»), de tamaño algo menor, por la articulación yuncomaleolar. El extremo o apófisis lenticular de la rama larga del yunque forma la articulación yuncoestapediana con la cabeza del estribo («stapes»), el más pequeño (2 a 3 mm) e interno de los tres. Sus ramas anterior y posterior terminan en la platina o base, la cual se aloja en la ventana oval de la pared interna de la cavidad timpánica (Figura 2). Dichas articulaciones son de tipo diartrosis con sinovial, es decir, poseen cartílago articular entre las superficies de contacto y una cápsula articular elástica tapizada por membrana sinovial.

Gracias a su alta capacidad de regeneración y renovación, es posible una total reconstrucción tras pequeñas perforaciones o heridas.

Existen ligamentos de tejido fibroso elástico que fijan los huesecillos a las paredes de la cavidad timpánica por determinados puntos, para favorecer su movilidad. El martillo tiene los ligamentos superior (une cabeza y techo), anterior (une apófisis larga y pared anterior) y externo (une cuello y porción súpero-interna del surco timpánico). En el yunque se encuentra el ligamento superior (une cuerpo y techo) y el posterior (une rama corta y pared posterior). El estribo posee el ligamento articular, alrededor de la articulación yuncoestapediana y el anular, que une la platina al borde óseo recubierto de cartílago de la ventana oval (Netter, 2015; Williams, 1998) (Figura 3).

Otros de los contenidos de la cavidad timpánica son los dos músculos del oído medio (Figura 3). El tensor del tímpano o músculo del martillo tiene su origen en la pared cartilaginosa de la trompa auditiva, hueso esfenoides y superficie interna del conducto óseo, en el cual se aloja a nivel de la cara anterior de la cavidad timpánica, superior al orificio óseo de la trompa auditiva. Su punto de inserción está entre el mango y el cuello del martillo, después de hacer una acodadura casi de 90º al salir del conducto. Su inervación motora depende de una rama del nervio trigémino (V). El músculo del estribo o estapedial se origina en el interior de la pequeña pirámide ósea, que hace relieve en la pared posterior de la cavidad timpánica. Termina insertándose en el cuello del estribo. Su inervación motora depende de una rama del nervio facial (VII) (Netter, 2015; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998).

Figura 2

Cadena de huesecillos del oído medio.

1Martillo: Mango o manubrio9Apófisis lenticular
2Apófisis anterior10Estribo: Cabeza
3Apófisis lateral o externa11Cuello
4Cuello12Rama posterior
5Cabeza13Rama anterior
6Yunque: Cuerpo14Base o platina
7Rama corta15Articulación yuncomaleolar
8Rama larga16Articulación yuncoestapediana

Figura 3

Ligamentos y músculos de la cadena de los huesecillos del oído medio.

1Ligamento posterior del yunque10Cavidad timpánica del oído medio
2Ligamento superior del martillo11Trompa auditiva de Eustaquio
3Ligamento lateral del martillo12Membrana timpánica
4Músculo estapedial13Conducto auditivo externo
5Martillo14Ventana redonda
6Yunque15Aparato vestibular
7Estribo16Nervio vestibular
8Nervio facial17Nervio coclear
9Cóclea del oído interno18Conducto auditivo interno

Mastoides

La porción mastoidea o mastoides del hueso temporal, con cavidades aéreas o celdillas en su interior (sistema neumático del temporal), se localiza posteroinferior al CAE y a la cavidad timpánica, con la que comunica a través del antro mastoideo o celda más amplia en la pared posterior del ático o epitímpano. El amplio orificio de entrada al antro se denomina «aditus ad antrum» y su techo «tegmen antri», y está separado de la cavidad craneal por una fina lámina ósea. Por el tabique limitante entre la pared posterior de la cavidad timpánica y las celdillas mastoideas discurre el conducto óseo (acueducto de Falopio) que aloja al nervio facial, del que sale la rama de la cuerda del tímpano (Figura 3).

Todas las celdas están recubiertas por la misma mucosa que la cavidad timpánica, pero su epitelio plano carece de células secretoras de moco. La eburnación mastoidea, con muy pocas celdas, parece estar relacionada con una mayor predisposición a padecer otitis medias recidivantes y crónicas. Se podría explicar por una insuficiente eficacia biológica de la mucosa, al tener menor extensión que en mastoides ampliamente neumatizadas.

Las arterias que irrigan la membrana timpánica son la auricular profunda (cara externa), rama de la arteria maxilar (ambas caras) y rama estilomastoidea de la arteria auricular posterior (cara interna).

En la vascularización de la cavidad timpánica y mastoides intervienen las arterias meníngea media, estilomastoidea, faríngea ascendente, timpánica anterior (rama de la maxilar interna), subarcuata y carótido-timpánica (Netter, 2015, Suárez y cols. 2007; SEORL, 2011; Williams, 1998).

Trompa Auditiva

La trompa de Eustaquio, auditiva o conducto faringotimpánico, comunica la parte lateral de la nasofaringe o rinofaringe (orificio de 8 mm de diámetro) con la cavidad timpánica haciendo posible la aireación de todos los espacios del oído medio labrados en el temporal. Su eje principal forma un ángulo de 30º con el plano horizontal y 45º con el sagital de la cabeza. Con una longitud total de 36-45 mm, se dispone hacia abajo, adelante y adentro. Tiene una porción ósea corta (1/3) que se abre en la zona superior de la pared anterior de la cavidad timpánica con un orificio de 5 mm de diámetro. Sobre la pared de su porción fibrocartilaginosa larga (2/3) de luz virtual, se insertan los músculos elevadores del velo del paladar (periestafilino externo e interno) que intervienen en su apertura durante la deglución. En la unión entre ambas porciones hay una angulación de 160º de abertura inferior y un estrechamiento o istmo de unos 2 mm de diámetro. La superficie interna de la porción ósea es semejante a la mucosa timpánica y está vascularizada por una rama de la arteria meníngea media. En la porción cartilaginosa hay una mucosa de tipo respiratorio (epitelio pseudoestratificado ciliado con abundantes células mucosas) con gran contenido de tejido linfoide propio del sistema inmunitario, que contribuye a la defensa frente a los gérmenes del exterior (amígdala tubárica de Gerlach), y con pliegues longitudinales que actúan a modo de válvulas facilitando su apertura y cierre. Está irrigada por la arteria faríngea ascendente y palatina ascendente (Figuras 1,2, 4 y 8, Tablas 4 y 5) (Gil-Carcedo, 2011; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998).

Función del oído medio

La principal función del oído medio en su conjunto es la transmisión o conducción de las vibraciones de la membrana timpánica (producidas por acción de la presión sonora del aire) a los líquidos laberínticos (perilinfa y endolinfa) del oído interno. Esto supone una transformación de la energía sonora a mecánica, a la vez que se realiza una amplificación de la presión mecánica (entre el tímpano y la base del estribo) para compensar la mayor impedancia o resistencia a la vibración sonora de los líquidos y demás estructuras sólidas (laberinto membranoso) del oído interno. Por ello, se considera al oído medio como un sistema adaptador de impedancias.

La porción mastoidea o mastoides del hueso temporal, con cavidades aéreas o celdillas en su interior (sistema neumático del temporal), se localiza posteroinferior al CAE y a la cavidad timpánica, con la que comunica a  través del antro mastoideo o celda más amplia en la pared posterior del ático o epitímpano.

Gracias a un mecanismo de palancas realizado por las articulaciones de los huesecillos, suspendidos estratégicamente de las paredes de la cavidad timpánica por sus ligamentos, se consigue aumentar la intensidad sonora (relación 1:1,3) en casi 3 dB, dependiendo de la frecuencia sonora y con sonidos no muy intensos.

Además, cuando la presión sonora ejerce su fuerza sobre la mayor superficie del tímpano (unos 60 mm2) respecto a la de la platina del estribo (unos 3 mm2), se aumenta la energía transmitida a los líquidos internos unas 20 veces, lo cual viene a ser equivalente a unos 30 dB. Este hecho viene explicado físicamente porque el valor de la energía depende de la relación inversa entre la fuerza y la unidad de superficie (Gil-Carcedo, 2011; Suárez y cols., 2007).

En definitiva, la amplificación total realizada por las estructuras del oído medio, puede llegar a ser hasta un máximo de 60 dB. La falta o lesión importante de membrana timpánica origina una pérdida de audición de hasta 30 dB y si se añade una ausencia de la función amplificadora de la cadena osicular (disrupción, bloqueo), se pierden otros 30 dB. Por tanto, la pérdida de audición por problemas de conducción puede ser como máximo de 60 dB. Si es superior, se debe a problemas que afectan al receptor coclear o a la vía auditiva.

Otra de las funciones importantes del oído medio es la de protección del órgano sensorial frente a sonidos intensos (superiores a 70 dB, siendo más efectivo ante sonidos graves que agudos), por medio de la activación del reflejo estapedial con contracción del músculo estapedio. El músculo del martillo igualmente se contrae y tensa el tímpano, dificultando su vibración y la transmisión de sonidos intensos. Si se produce la parálisis de estos músculos (por lesión del nervio facial, trigémino u otras causas), este sistema defensivo queda anulado, y el paciente refiere hiperacusia (molesta sensación de que los sonidos se perciben más intensos de lo habitual), apareciendo un riesgo de trauma acústico por lesión irreversible de las células sensoriales.

Cuando los sonidos no son intensos, los músculos están relajados y la base del estribo se mueve por igual en toda su superficie, como un pistón hidráulico que entra y sale en la ventana oval y desplaza la perilinfa de la rampa vestibular del caracol.

Si los sonidos son moderadamente intensos (60-70 dB), la contracción del músculo estapedial es débil y solo limita la movilidad de un lado de la platina del estribo, el cual se desplaza como una bisagra. Cuando los sonidos son superiores a 70 dB lo fijan aún más, moviéndose como un pistón con componente giratorio en el mismo plano de la ventana oval, por lo que disminuye la transmisión de la presión sonora a la perilinfa (Suárez y cols., 2007).

La función de la trompa auditiva de Eustaquio es la de mantener un equilibrio entre la presión atmosférica del aire contenido en el oído medio y la de la rinofaringe, comunicada con el exterior por las fosas nasales y la boca. Esto contribuye al correcto funcionamiento de todo el sistema de transmisión sonora.

Al realizar movimientos para la deglución y el bostezo (contracción de los músculos tensor y elevador del velo del paladar cada minuto en vigilia y cada cinco minutos en sueño), ya sean voluntarios o reflejos, se abre la porción cartilaginosa de la trompa que normalmente tiende a cerrarse por la propia fuerza elástica de su cartílago. Ello permite el paso de pequeñas cantidades de aire a la cavidad timpánica, haciendo que el tímpano consiga el punto de equilibrio (presión 0 mmHg) que hace posible su máxima vibración. Cuando hay presión positiva en el CAE por aumento de la presión atmosférica, el tímpano está deprimido hacia la cavidad timpánica y con poca o nula movilidad. Inversamente, con presiones negativas en el CAE, el tímpano está abombado hacia afuera y con mayor tensión. Esto provoca la sensación de taponamiento de oídos con ligera pérdida de audición que es reversible al hacer maniobras que reequilibren las presiones (por ej. con la maniobra de Valsalva). Mientras está cerrada la trompa, el O2 del aire endocavitario se reabsorbe por los vasos sanguíneos de la mucosa timpánica provocando una ligera hipopresión que automáticamente es compensada por la apertura de la trompa tras la frecuente deglución de saliva.

En casos de insuficiencia de la ventilación tubárica se desencadenan cambios fisiopatológicos que provocan otitis serosas y seromucosas, las cuales pueden evolucionar a casos más complicados por infecciones secundarias con otitis media aguda (Gil-Carcedo, 2011; SEORL, 2011; Suárez y cols. 2007).

La principal función del oído medio en su conjunto es la transmisión o conducción de las vibraciones de la membrana timpánica (producidas por acción de la presión sonora del aire) a los líquidos laberínticos (perilinfa y endolinfa) del oído interno.


Dra. Antonia Angulo
Profesora universitaria

CV Autor

Doctora en Medicina y Cirugía.
Especialista en Audiología y Audioprótesis.
Profesora Titular de Anatomía y Embriología Humana en la Universidad de Alicante.

Publicado en:
GA #61

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La adaptación de audífonos correctamente programados brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje en edad preescolar. — El uso continuado de audífonos proporciona cierta protección contra el retraso del lenguaje y favorece el desarrollo auditivo. — Las dimensiones cualitativas de la intervención de los especialistas (audiólogos y logopedas) influyen en los resultados del lenguaje del niño. — Tanto el nivel de lenguaje receptivo como la audibilidad asistida influyen en las habilidades funcionales auditivas y de reconocimiento del habla de los niños. — Los niños con dificultades auditivas parecen tener un riesgo particular de sufrir retrasos en los aspectos estructurales, es decir, formales, del lenguaje. — La valoración fundamentada exclusivamente en puntuaciones normativas puede sobrestimar (yo diría que también subestimar) los resultados de los niños con dificultades auditivas. — Según las conclusiones de este estudio, los ajustes y prestaciones de la audibilidad asistida, el uso regular de los audífonos y las características del entorno lingüístico interactúan para moderar la influencia de la pérdida auditiva en los resultados de los niños. Es, por tanto, nuestra responsabilidad estudiar con detenimiento cada caso de hipoacusia infantil, valorar la adaptación protésica más adecuada, tanto en capacidad de amplificación como en formato y prestaciones, y utilizar todos los recursos a nuestro alcance para proporcionar una amplificación óptima: evaluación auditiva exhaustiva, tonal y verbal, método prescriptivo apropiado, medidas de la amplificación en oído real o en caja, valoración funcional de la ayuda proporcionada, seguimiento de la adaptación, etc. En lo relativo a nuestro papel en la adaptación, Wolfe hace referencia al cuarto y último de nuestros «sombreros»: el de coaches o mentores. No podemos eludir la enorme responsabilidad que tenemos a la hora de instruir a las familias sobre el adecuado uso de los audífonos. Son importantes las cuestiones prácticas de manejo y colocación, de limpieza, de cambio de pilas o recarga de baterías. También es conveniente orientarles sobre las ayudas técnicas de las que pueden disponer y que consideramos adecuadas en cada caso, así como de los procedimientos para acceder a ellas. Las familias tienen que conocer las claves para generar en la vida diaria entornos en los que el aprendizaje incidental pueda producirse y aprovechar al máximo estas oportunidades. Pero cuando Wolfe habla de mentores y coaches se refiere principalmente al compromiso de inculcar a los padres la absoluta necesidad de usar los audífonos de forma continuada y de generar, como hemos visto anteriormente, situaciones facilitadoras de aprendizaje. Señala la trascendencia de que los familiares hablen, canten, lean cuentos y jueguen con los niños desde el primer minuto, de que narren -como si fueran los comentaristas de un partido- las actividades cotidianas que realizan con ellos. Según sus propias palabras, el lenguaje hablado es el «nutriente» que mejor alimenta el desarrollo del cerebro, y hablar, cantar, leer y jugar son las mejores maneras de desarrollar los cerebros de los pequeños. Los audiólogos pediátricos somos catalizadores de sueños cuando favorecemos las condiciones para que estos niños alcancen un adecuado desarrollo del lenguaje comprensivo y expresivo. Una vez revisados todos estos aspectos, a nadie se le escapa que ser audiólogo pediátrico es una tarea compleja; no hay que tenerle miedo, pero hay que formarse bien y, a la vista de lo expuesto anteriormente, ser muy conscientes de lo que tenemos entre manos. Nuestros «sombreros» no solo son importantes para garantizar el desarrollo auditivo de los niños, sino también para abrirles las puertas a un futuro lleno de posibilidades, comunicación y calidad de vida. Este artículo es una adaptación personal de: https://audiologyblog.phonakpro.com/the-many-hats-pediatric-audiologists-must-wear/ Para saber más: Burigo, L. S. P., Quialheiro, A., de Paiva, K. M., dos Santos, T. V., Woide, L. K., Cigana, L. B., Massignani, J., & Haas, P. (2024). Hearing and Language Skills in Children Using Hearing Aids: Experimental Intervention Study. Journal of Personalized Medicine, 14(4), 372. https://doi.org/10.3390/jpm14040372 Moeller, M. P., Tomblin, J. B., & OCHL Collaboration (2015). Epilogue: Conclusions and Implications for Research and Practice. Ear and hearing, 36 Suppl 1(0 1), 92S–8S. https://doi.org/10.1097/AUD.0000000000000214. Sahli, a. s. (2024). Cochlear implantation in children with hearingloss. Current Research in Medicine and Health Sciences-2024, 57. Werker, J. F., & Hensch, T. K. (2015). Critical periods in speech perception: New directions. Annual Review of Psychology, 66, 173–196. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010814-015104 Yoshinaga-Itano C. (2003). From Screening to Early Identification and Intervention: DiscoveringPredictors to Successful Outcomes for ChildrenWith Significant Hearing Loss. Journal of deafstudies and deafeducation, 8(1), 11–30. https://doi.org/10.1093/deafed/8.1.11 Myriam GonzálezAudióloga / Audioprotesista CV autor: Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia. Técnico Superior en Audiología Protésica.   Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.  

Cómo abordar la rehabilitación de la hipoacusia generada por el AVD

El acueducto vestibular dilatado (AVD) es una anomalía del oído interno que puede afectar tanto a la audición como al equilibrio. Está encuadrada dentro de las hipoacusias neurosensoriales, en el grupo de alteraciones cocleovestibulares. Conocer sus características clínicas y audiológicas es clave para ofrecer rehabilitaciones auditivas adecuadas y una atención centrada en el paciente, como se ha tratado en otros artículos de esta misma revista. Este artículo explora esta condición y revisa las recomendaciones basadas en la literatura científica para la adaptación de audífonos y el seguimiento de los pacientes. El AVD es la malformación del oído interno más frecuente asociada con hipoacusia neurosensorial (entre un 5% y un 15%). Fue descrito por primera vez en 1791 por Carlo Mondini durante una disección del hueso temporal. Sin embargo, no fue hasta 1969 que Valvassori relacionó estas malformaciones con síntomas similares a los del síndrome de Ménière 1. En 1978, Valvassori y Clemis definieron formalmente el AVD tras revisar 3,700 estudios de tomografía y establecieron que un acueducto vestibular se considerará dilatado cuando su diámetro supere 1,5 mm. En adultos, el diámetro puede oscilar entre 1,5 mm y 8 mm, siendo el promedio de 4 mm. Aunque algunos estudios utilizan criterios diferentes, la definición de Valvassori y Clemis sigue siendo la más aceptada en la actualidad. El acueducto vestibular dilatado se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada y la resonancia magnética. Antes de continuar y para evitar posibles confusiones, cabe destacar que aunque  Mondini fue el primero en describir estructuras relacionadas con el acueducto vestibular dilatado, la condición que se conoce como displasia de Mondini  hace referencia a una malformación de la cóclea, caracterizada por encontrarse una vuelta y media en lugar de dos vueltas y media, y un saco endolinfático bulboso, junto con otras posibles anomalías del oído interno. Es importante destacar que la displasia de Mondini y el acueducto vestibular dilatado (EVA) no son lo mismo, aunque en algunos pacientes con Mondini también puede presentarse EVA. Esta distinción ayudará a evitar confusiones al interpretar diagnósticos y al planificar la rehabilitación auditiva. EL AVD se diagnostica principalmente mediante técnicas de imagen, como la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM). La TC permite visualizar el acueducto vestibular, mientras que la RM muestra el conducto endolinfático y el saco endolinfático. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres, y puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos. Hoy en día, las pruebas de imagen están incluidas en los estudios que se realizan cuando se detectan niños con pérdida auditiva y gracias a esto se ha descubierto que el AVD es la malformación del oído interno que con más frecuencia se encuentra en estas imágenes, aunque en el 40% de los casos aparece junto con otras malformaciones 1. El AVD suele afectar a ambos oídos con mayor frecuencia que a uno solo y es ligeramente más común en mujeres que en hombres. Puede presentarse de forma aislada o asociarse a trastornos genéticos como el síndrome de Pendred, que provoca problemas tiroideos y bocio, así como a otros síndromes como CHARGE o Branquio-oto-renal (BOR). Los síntomas que podemos encontrar asociados con el AVD pueden ser auditivos y vestibulares. Incluyen no superar el cribado auditivo, menor respuesta a los sonidos en la vida diaria, retraso o dificultades en el desarrollo del habla y el lenguaje, así como problemas para oír, que en algunos casos aparecen tras golpes en la cabeza. Respecto a los síntomas vestibulares, es frecuente que haya retraso para empezar a andar, episodios de vértigo de duración variable y/o sensación persistente de desequilibrio. Las pruebas para evaluar la función auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado (AVD), no difieren de las normales, siendo recomendable que se lleve a cabo una impedanciometría para comprobar la movilidad del tímpano y la presión del oído medio. En contexto clínico también incluyen emisiones otoacústicas (OAE), que verifican la función de las células ciliadas externas de la cóclea, y potenciales evocados vestibulares (VEMP), para valorar la función del sistema vestibular. Esta batería permite diferenciar entre problemas del oído medio y del oído interno, y proporciona información clave para el manejo clínico y la planificación de audífonos o implantes cocleares. No obstante, una vez que se conoce la condición, puede eludirse la medición de los reflejos teniendo en cuenta que pueden generar molestias vestibulares. Con relación al tipo de pérdida, la pérdida auditiva asociada al AVD puede presentarse como conductiva, neurosensorial o mixta, predominando el componente conductivo o mixto en las bajas frecuencias (250–1000 Hz) y el neurosensorial en las frecuencias altas. Si tenemos en cuenta las características del perfil audiométrico, los más frecuentes son tres: curva con caída en agudos y graves normales o más conservados, curva plana o el perfil conocido como «cookie-bite inverso», en el que la audición es peor en las frecuencias bajas y altas, pero se conserva relativamente mejor en las frecuencias medias. La severidad de la hipoacusia asociada al AVD es muy variable, y puede manifestarse desde leve hasta profunda. Una particularidad en esta condición es su evolución, pudiendo permanecer estable o progresar de forma gradual o súbita a lo largo del tiempo. Diferentes estudios, como el de Gopen et al.2, concluyen que entre el 60% y el 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico, mientras que solo el 30–40 % se mantiene estable a lo largo de este período. En este sentido, es muy importante entender que en el AVD puede aumentar el riesgo de un descenso súbito en la audición por factores como traumatismos craneales, cambios de presión, fiebre alta, exposición a ruidos intensos o infecciones respiratorias, aunque no siempre ocurre, especialmente en el caso de los traumatismos si estos son leves. Alrededor del 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico. Los pacientes que han tenido fluctuaciones previas en la audición son más susceptibles de que ocurran nuevos episodios de pérdida. El tamaño del acueducto vestibular y del saco endolinfático no permite predecir cómo evolucionará la pérdida auditiva, aunque algunos estudios sugieren que los acueductos más grandes podrían asociarse a un mayor riesgo de empeoramiento progresivo. Es importante que los audiólogos conozcan que, a medida que progresa la pérdida auditiva, la capacidad de reconocer palabras suele disminuir, y que esta dificultad en la discriminación puede ser mayor a la esperada en comparación con otras hipoacusias con similar componente conductivo o mixto de origen en el oído medio y no coclear. Según las conclusiones de Wolf 1, no existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Se han utilizado procedimientos como el «Shunt», consistente en drenar o derivar el exceso de líquido del saco endolinfático, la oclusión o el uso de corticosteroides, si bien no se han mostrado eficaces y en algunos casos, pueden empeorar la audición. Por ello, el manejo se centra en los síntomas y en mejorar la comunicación del paciente mediante audífonos, implantes cocleares, sistemas FM y estrategias de apoyo a la comunicación, como la ubicación preferencial en el aula y medidas que favorezcan la lectura labial. No existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Como se ha dicho unas líneas más arriba, la pérdida auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado puede ser conductiva, mixta o sensorioneural, y su evolución varía: puede mantenerse estable, fluctuar o empeorar de manera súbita. Es por ello muy importante ante este diagnóstico, utilizar todas las herramientas clínicas disponibles para poder diferenciar componentes conductivos de origen coclear de los relacionados con el oído medio. La vigilancia continua de la audición, el rendimiento de los audífonos y la programación de implantes cocleares es esencial cuando hay fluctuaciones. Además, dado que el EVA puede tener un componente genético, se recomienda también evaluar a otros miembros de la familia. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante el feedback del paciente. En referencia a la programación de los audífonos, no existe una regla estricta sobre si usar los umbrales óseos o tratar la adaptación como pérdida neurosensorial, a pesar del eventual GAP. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante retroalimentación y cuestionarios de validación al paciente, comprobaciones electroacústicas o pruebas verbales en cabina, ajustando la programación según la respuesta funcional del paciente. Por ello, en nuestra práctica, la rehabilitación de la hipoacusia generada por un AVD sugiere contemplar los siguientes aspectos: 1. Asesoramiento y educación familiar como un aspecto clave. • Informar a pacientes y familias sobre actividades que deben evitarse para prevenir la progresión de la pérdida auditiva, como deportes de contacto, golpes en la cabeza o cambios bruscos de presión. •  Explicar la naturaleza fluctuante de la EVA y la importancia del uso constante del audífono. 2. Plan de revisiones y seguimiento flexible. •  Establecer un calendario de controles auditivos que pueda adaptarse a las fluctuaciones auditivas del paciente. •  Permitir evaluaciones anticipadas si se detectan cambios en la audición entre citas programadas. •  Registrar las observaciones de la familia o del paciente sobre la audición y el comportamiento comunicativo para optimizar ajustes. 3. Selección de dispositivos versátiles dada la posibilidad de progresión. •  Elegir audífonos que permitan la modificación flexible de la ganancia (audífonos Rite con diferentes potencias de auricular) a cambios en la audición, evitando usar de entrada una ganancia muy alta que pueda ser perjudicial. •  Informar y formar a los pacientes para que puedan utilizar accesorios de conectividad y aplicaciones como apoyo en el manejo de las fluctuaciones. 4. Programación conservadora de la Máxima Presión de Salida (MPO). •  Ajustar la MPO con precaución debido a los posibles síntomas vestibulares asociados con AVD, evitando molestias y sobrecarga auditiva. 5. Diferenciación de causas de fluctuaciones. •  Considerar que a los síntomas producidos por el AVD pueden sumarse otros problemas típicos de oído medio (mucosidad, infecciones, tapones de cerumen). •  Realizar pruebas como timpanometría para diferenciar si la fluctuación se debe al AVD o a condiciones del oído medio. 6.  Ajustes de ventilación (venting). •  Tras seleccionar la ventilación según las características de la pérdida auditiva, es fundamental su verificación objetiva mediante mediciones en oído real (REM), asegurando que no se genere presión sonora inesperada. 7. Programación basada en pérdida neurosensorial. •  Aunque pueda existir un componente conductivo, se recomienda programar los audífonos considerando la pérdida neurosensorial, ajustando según la respuesta del paciente y las evaluaciones de desempeño auditivo. Puede ocurrir que en este tipo de condición finalmente sea necesario un implante coclear. En cuanto al resultado de esta intervención,  los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados 3 si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En adultos, la duración del uso previo de audífonos puede influir en el rendimiento posoperatorio, afectando la adaptación y aprovechamiento del implante. Los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En conclusión, el conocimiento del Síndrome del Acueducto Vestibular Dilatado y la atención a las consideraciones clínicas asociadas es fundamental para un manejo adecuado de la rehabilitación auditiva de esta población, permitiendo abordar con confianza una patología no siempre bien conocida, así como tomar decisiones más precisas. Referencias: 1 Wolf, J. (s.f.). Advanced management of complex cases: Enlarged Vestibular Aqueduct. Audiology Online. https://www.audiologyonline.com 2 Gopen Q, Zhou G, Whittemore K, Kenna M. Enlarged vestibular aqueduct: review of controversial aspects. Laryngoscope. 2011 Sep;121(9):1971-8. doi: 10.1002/lary.22083. Epub 2011 Aug 16. PMID: 22024854. 3 Hura, N., Stewart, M., & Walsh, J. (2020). Progression of hearing loss and cochlear implantation in large vestibular aqueduct syndrome. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 135, 110133. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2020.110133

GN pone la primera piedra de su nueva sede en España, ubicada en el Parque Tecnológico de Leganés

Leganés – Madrid. 20 de marzo de 2026 La compañía refuerza su apuesta por el mercado español con una inversión superior a los 4 millones de euros en un edificio inteligente y sostenible que será centro de referencia en Europa. GN celebró ayer, 19 de marzo, el acto de puesta de la primera piedra de su futura sede en España, un nuevo edificio ubicado en la Avenida Juan Caramuel, en el Parque Tecnológico de Leganés, que marcará un nuevo hito en el desarrollo de la compañía en nuestro país. Con una inversión superior a los 4 millones de euros, el proyecto contempla la construcción de un edificio de 4.000 metros cuadrados, de los que aproximadamente la mitad se destinarán a fabricación. Las nuevas instalaciones integrarán, además, oficinas, departamento comercial, operaciones, ingeniería, calidad, formación y espacios concebidos para seguir reforzando la cercanía con los profesionales de la audición en España y Europa. La previsión es que la nueva sede entre en funcionamiento a lo largo de 2027. Una vez concluido, el nuevo edificio tendrá capacidad para acoger hasta 500 trabajadores y ha sido concebido como un espacio inteligente y sostenible, preparado para acompañar el crecimiento futuro de la compañía. Para Jose Luis Otero, General Manager del Sur de Europa y Brasil, “este día marca un hito en la compañía y representa nuestra voluntad de seguir creciendo, invirtiendo y estando cada vez más cerca de nuestros clientes, los profesionales de la audición, con más capacidad, más servicio y más cercanía”. [gallery size="large" link="none" columns="2" ids="30408,30409,30410,30411,30412,30413,30414,30415"] Julio García Adeva, Head Manufacturing para EMEA y Brasil de GN y una de las figuras clave en la gestación de este proyecto, subraya que “comienza una nueva era para GN en España, este proyecto es el resultado de muchos años de esfuerzo, conocimiento y pasión, y nace con la ambición de convertir estas instalaciones en un centro de excelencia productiva, tecnológica y de servicio, con vocación de referencia internacional”. Carlos García, Country Manager de GN, destaca que “este nuevo centro es una palanca para seguir mejorando nuestro servicio, ganar capacidad, estrechar aún más la relación con nuestros clientes y continuar creciendo con una propuesta cada vez más sólida para el sector”. Por su parte, Alfonso Ríos, Deputy General Manager del Sur de Europa y Brasil, señala que “cuando te rodeas de gente con tanto talento y tanta fuerza, el impacto se multiplica, y este proyecto refleja muy bien lo que somos como compañía, una organización unida, proactiva, cercana al cliente y con ambición de seguir siendo una referencia en nuestro sector”. Más allá de su dimensión empresarial e industrial, el acto de ayer tuvo también un marcado componente simbólico y emocional. Durante la ceremonia, empleados de distintas áreas y generaciones depositaron recuerdos de su trayectoria en GN en una cápsula del tiempo que quedó enterrada junto a la primera piedra del edificio, como testimonio del recorrido compartido y de la cultura de compañía que ha acompañado a la organización durante décadas. Con esta nueva sede, GN refuerza su compromiso con España, con los profesionales de la audición y con el desarrollo de un proyecto de largo recorrido, basado en la innovación, la excelencia operativa y la cercanía al mercado. El futuro centro de Leganés nace con la vocación de ser mucho más que un edificio: un motor de crecimiento, conocimiento, empleo y servicio para toda Europa.
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