Hiperacusia, tinnitus, misofonía y fonofobia (Segunda parte)

20/08/2024 | Comparte:

Autor/a: Guillermo Escudero
La relación entre misofonía, tinnitus, hiperacusia y fonofobia no está completamente establecida, existen algunas conexiones y superposiciones entre estos trastornos auditivos como síntomas y características. Sin embargo, es importante destacar que son trastornos distintos. En raras ocasiones, se presentan individualmente, siendo lo más frecuente, encontrar en la clínica la aparición simultánea de varios de estos problemas a la vez.

Misofonía

Misofonía (del griego μίσος mísos «aversión» y φωνή foné «sonido») «fuerte odio por el sonido» o sensibilidad selectiva al sonido, describe una actitud negativa al sonido repetido y periódico.

El término misofonía fue propuesto por primera vez por Pawel Jastreboff y Margaret Jastreboffen 2003 para descubrir una reacción anormalmente fuerte que ocurre en respuesta a un sonido que es significativo para ese individuo.

La misofonía junto a la fonofobia se engloba en la esfera psicológica, ya que la molestia dependerá de las experiencias previas del paciente con dicho sonido, normalmente de carácter negativo.

El rango de emociones reportadas en la misofonía es muy amplio. Incluye el término fonofobia: miedo al sonido. La fonofobia es una forma específica de la misofonía que se produce concretamente por el pensamiento irracional del miedo a los sonidos y los daños que estos pueden provocar en el sistema auditivo, como aumentar los tinnitus si existen y/o causar dolor físico (algiacusia). La algiacusia, al igual que la hiperacusia, puede confundirse con el reclutamiento como anteriormente se ha descrito.

La misofonía junto a la fonofobia se engloba en la esfera psicológica (trastorno neurológico), ya que la molestia dependerá de las experiencias previas del paciente con dicho sonido (normalmente de carácter negativo), el contexto del mismo o su propio perfil psicológico. La reacción de intensidad del paciente está determinada no tanto por las características físicas del sonido desencadenante, sino más bien por su perfil psicológico, el contexto y las interpretaciones cognitivas que el individuo hace sobre la fuente específica de los sonidos que influyen en la intensidad y la falta de control de sus reacciones (Brout et al., 2018).

La investigación sugiere que la misofonía podría clasificarse como un trastorno discreto, ya que los síntomas se presentan en un patrón estable y consistente y los pacientes informan vías de desarrollo similares (Schroder et al., 2013; Jager et al., 2020). Una dificultad en la regulación de las emociones y la presencia de habilidad afectiva exacerban la gravedad de los síntomas y pueden afectar el funcionamiento laboral, escolar y social del individuo a largo plazo (Rosenthal et al., 2022). 

Según Swedo et al., (2022), son sonidos cotidianos producidos por el cuerpo de otras personas como comer, sorber o masticar, o por ciertos objetos que generen ruidos o pitidos los que pueden desencadenar ansiedad y conductas agresivas en el paciente. La ansiedad, según algunos autores, es de las emociones más sentidas, mientras que para otros autores esta sería principalmente anticipatoria.

El cuadro sintomático de los sujetos misofónicos incluye correlatos neurofisiológicos como sensación de presión en el pecho, cabeza, brazos y tensión muscular general, entre otros.

Sin embargo, la gama de emociones que se pueden experimentar es muy amplia y los sujetos también reportan tristeza, pérdida de control y alienación (Jager et al., 2020). A menudo, las reacciones de irritación o disgusto se convierten rápidamente en ira o incluso en odio, que se dirige al individuo que lo produce y no al sonido, incluyendo a menudo la idea de daño (Schroder et al., 2013).

El cuadro sintomático de los sujetos misofónicos también incluye correlatos neurofisiológicos como sensación de presión en el pecho, cabeza, brazos y tensión muscular general. En menor medida también se reporta aumento de la presión arterial y ritmo cardíaco, dificultad para respirar, sudoración y dolor físico (Edelstein et al., 2013). Los estímulos que provocan las reacciones descritas se denominan disparadores y pueden ser tanto auditivos como visuales. La masticación y la respiración nasal son los detonantes más comúnmente reportados; los desencadenantes visuales se informan solo ocasionalmente; mientras que los sonidos ambientales ocurren únicamente de manera secundaria en comparación con los desencadenantes auditivos y visuales (Jager et al., 2020). En estos casos se desaconseja diagnosticar misofonía en sujetos cuya elicitación es generada únicamente por sonidos ambientales, invitando a considerarla solo como una hipersensibilidad genérica a los sonidos. 

El contexto social parece jugar un papel importante en la regulación de las reacciones misofónicas. Estos parecen volverse más extremos si los sonidos son producidos por personas importantes para el individuo (Edelstein et al., 2013). La misofonía se asocia a untrastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad.

Etiología

La misofonía se describe inicialmente como una manifestación particular de los trastornos de ansiedad, los trastornos obsesivo-compulsivos (TOC) o una afección subyacente relacionada con la audición (Norris et al., 2022). Hasta la fecha, algunos autores sugieren la posibilidad de tratar la misofonía como un potencial trastorno psiquiátrico discreto, ya que tanto la manifestación sintomatológica como sus vías de desarrollo ocurren de acuerdo con un patrón estable y coherente (Schroder et al., 2013; Jager et al., 2020). Estos avances en el conocimiento del fenómeno se han visto favorecidos por las numerosas investigaciones sobre la etiología, aunque todavía estamos lejos de respuestas ciertas debido a la escasez de estudios experimentales (Rouw y Erfanian, 2018). Dado el creciente número de personas con misofonía, que a menudo se identifican a sí mismas como tales en los grupos de apoyo en línea, es imperativo que esta condición atraiga más atención entre los investigadores y los médicos. Algunos informes sugieren que los síntomas misofónicos pueden ser parte de otras afecciones como el síndrome de Tourette, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), la ansiedad generalizada y el trastorno esquizotípico, lo que indica que ciertos casos de misofonía pueden atribuirse a un trastorno subyacente.

También se han reportado síntomas misofónicos e hiperreactividad sensorial en niños con TOC y varios otros trastornos del desarrollo neurológico, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), los trastornos del espectro autista y el síndrome X frágil. El patrón de síntomas de la misofonía también comparte algunas características que se encuentran en otros trastornos de ansiedad y personalidad (Ferreira et al., 2013).

Valoración clínica

Según Schroder et al. (2013), actualmente sugirieron que la misofonía se clasificara como un trastorno psiquiátrico distinto, en lugar de solo un síntoma de otra afección neurológica o psiquiátrica, y que podría clasificarse dentro de los trastornos del espectro obsesivo-compulsivo. Sin embargo, subrayó que clasificar la misofonía como tal sería prematuro y se necesitan más estudios sobre el tema. Otros autores también propusieron seis criterios diagnósticos para la misofonía:

  A) La presencia o anticipación de sonidos específicos producidos por otras personas provoca una reacción física impulsiva y aversiva, comenzando con irritación o disgusto y que instantáneamente se convierte en ira.
B) Esta ira desencadena una profunda sensación de pérdida de autocontrol con arrebatos potenciales, pero raros, agresivos.
C) El individuo reconoce que la ira o repulsión es excesiva, irrazonable o desproporcionada a las circunstancias o factor estresante.
D) El individuo tiende a evitar la situación misofónica o, si no tiene éxito, permanece en la situación con intensa incomodidad, ira o repulsión.
E) La ira, aversión o evitación del individuo causa angustia o interferencia significativas en su vida.
F) La ira, la aversión o la evitación del individuo no se explican mejor por otro trastorno, como el trastorno obsesivo-compulsivo o el trastorno de estrés postraumático.

Tabla 1. Criterios diagnósticos para la misofonía (Schroder et al., 2013)

Para algunos pacientes, el inicio de los síntomas parece estar relacionado con la sensación de disgusto al escuchar la masticación de los miembros de la familia durante la infancia, lo que resultaría en un proceso de condicionamiento después de la exposición repetida a estos eventos que lleva a manifestaciones misofónicas o conductas de evitación. Los síntomas pueden presentarse simultáneamente con trastornos neurológicos, de salud mental y especialidades médicas diferentes.

Ciertas condiciones pueden ser descartadas a través de análisis de sangre y otras pruebas médicas como las genéticas. Muchos trastornos tienen como base la alteración de genes, «trastornos epigenéticos», donde los genes pueden activarse o desactivarse a través del medio ambiente. Las pruebas genéticas pueden parecer precisas, pero no se debe tomar como un resultado definitivo.

Por último, la neurociencia puede presentarnos diferencias cerebrales y otras pruebas neuronales y fisiológicas, que ayudan con el diagnóstico. Sin embargo, esta es una transición extremadamente lenta y aún no se refleja en el DSM-5 o ICD-11 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales- Asociación Americana de Psiquiatría y Clasificación Internacional de Enfermedades – Organización Mundial de la Salud), por lo que se tiene que encontrar con un diagnóstico diferencial: el proceso de distinguir las condiciones en las que los síntomas se superponen (Vitoratou et al., 2023) (Rosenthal et al., 2021).

Para algunos pacientes, el inicio de los síntomas parece estar relacionado con la sensación de disgusto al escuchar la masticación de los miembros de la familia durante la infancia, lo que resultaría en un proceso de condicionamiento.

Resultados

El paciente puede sufrir misofonía por un trastorno neurológico de base, por experiencias negativas vividas con determinados sonidos, por estímulos auditivos malinterpretados por el sistema límbico o por un posible trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad por no saber controlar los impulsos sonoros. Los principales síntomas que podemos observar son reacciones específicas (ira, ansiedad, pánico), desarrollo de un trastorno neurológico asociado a los sonidos, aislamiento, o en casos graves, reacciones y comportamientos violentos hacia el foco sonoro (objetos, animales o personas). No hay cura para la misofonía, pero los tratamientos actuales tienen un enfoque más psicológico para tratar de disminuir los síntomas del paciente.

La hiperacusia tiene sus causas más centradas en otras enfermedades de origen como la enfermedad de Lyme, enfermedad de Ménière, síndrome de Williams y capítulos traumáticosfísicos como contusión cerebral, exposición prolongada a volúmenes altos de sonido, impactos sonoros (explosión) o lesiones por cirugía del oído, entre otros. Todas estas causas dan lugar a que el paciente en la clínica refiera dolor de oídos, plenitud ótica, malestar, ansiedad o incluso en casos graves, ataques de pánico.

El tinnitus es la patología más común que podemos encontrar en la clínica diariamente debido a la pérdida de audición, infección, problemas cardiovasculares, tumores cerebrales o de oído interno, estrés o bruxismo, entre otras. El paciente indicará principalmente que nota zumbidos en los oídos de características personales (rugidos, chasquidos, murmullo intermitente o constante, uni o bilateral, etc.).

El tratamiento para el tinnitus es el más eficaz de todas las patologías mediante ayudas auditivas, generadores de ruido y terapia TRT, además de incluir una dieta baja en sal y un programa de actividades lúdicas en el día a día del paciente.

Por último, la fonofobia tiene sus causas principales en conductas negativas aprendidas, malas experiencias o una función cerebral alterada. Los síntomas físicos del paciente en la clínica diaria son los propios de las fobias, acompañados de otros psicológicos y conductuales. Los tratamientos más efectivos y utilizados actualmente son la relajación y la terapia de conducta. 

La misofonía se asocia a un trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad.

En las siguientes tablas se indican las causas, síntomas y tratamientos de cada uno de los términos revisados: 

Tabla 2

Causas de cada una de las patologías. Elaboración propia.

MISOFONÍA*HIPERACUSIATINNITUSFONOFOBIA
• Trastorno neurológico de base.
• Experiencias negativas vividas con determinados sonidos.
• Malinterpretación de los estímulos auditivos.
• Posible asociación a un trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad.
• Exposición a altos niveles de decibelios durante un tiempo prolongado.
• Exposición violenta a altos niveles de decibelios en un tiempo corto (disparo arma de fuego).
• Contusión cerebral.
• Enfermedad de Lyme.
• Enfermedad de Ménière.
• Acúfenos.
• Lesión por cirugía del oído.
• Trastornos de la articulación temporomandibular.
• Dehiscencia del conducto semicircular superior del oído interno.
• Parálisis facial periférica.
• Migraña.
• Síndrome de Williams.
• Depresión
• Pérdida de audición.
• Pérdida de audición inducida por ruido.
• Infecciones del oído.
• Enfermedades del corazón o de los vasos sanguíneos.
• Enfermedad de Ménière.
• Tumores (cerebrales, oído interno).
• Estrés emocional.
• Lesión cerebral traumática.
• Cerumen excesivo.
• Causado por varias partes del cerebro, y no solo aquellas que se encargan de la audición.
• Medicaciones
(que contienen quinina 
y quinidina).
• Trastorno neurosensorial (percepción distorsionada de las señales sonoras). 
• Bruxismo o trastornos temporomandibulares.
• Disfunción de la trompa de Eustaquio.
•Experiencias negativas.
• Genética y conducta aprendida.
• Función cerebral.
*Lo cierto es que las causas verdaderas de esta afectación siguen siendo un misterio, aunque se han postulado algunas hipótesis como las antes mencionadas.

No hay cura para la misofonía, pero los tratamientos actuales tienen un enfoque más psicológico para tratar de disminuir los síntomas del paciente.

Tabla 3

Síntomas de cada una de las patologías. Elaboración propia.

MISOFONÍA*HIPERACUSIATINNITUSFONOFOBIA
• Desarrollo de trastorno neurológico asociado a los sonidos.
• Reacciones específicas de cada
persona (desde ira, ansiedad o pánico).
• Aislamiento progresivo para evitar cualquier tipo de sonido incómodo o intolerante para ellos.
• En casos más graves, el paciente puede manifestar comportamientos violentos hacia los demás, hacia animales o hacia objetos involucrados con dichos sonidos.
• Dolor de oído.  Sensación de tener cuerpos extraños dentro de los oídos.
• Ataques de pánico.
• Ansiedad protagonizada por episodios de llanto difíciles
de justificar.
• Acúfenos (percepción de sonidos generados dentro del oído del paciente).
• Mareos y vértigo (hiperacusia vestibular) cuando se perciben sonidos desagradables.
• Malestar.
• Distorsiones e intolerancia general a muchos sonidos que no afectan a la mayoría de las personas.
• Comportamiento de evitación de situaciones sonoras y sociales.
• Zumbido en los oídos sin existencia de una fuente de sonido externa.
• Rugidos.
• Chasquidos.
• Siseos.
• Campanilleos.
• Murmullos.
• Sonido subjetivo.
• Sonido persistente o intermitente.
• Ronroneo.
• Sonido de ruido blanco.
• Grillos.
• Sonido pulsátil.
• Enfermedad de Wernicke.
• Síntomas habituales de las fobias como son:
— Síntomas físicos: sudoración, respiración anormal, aceleración del latido del corazón, temblores, escalofríos, dolor en el pecho, sequedad de boca, mareos, dolor de cabeza, etc.
— Síntomas psicológicos: pensamientos distorsionados respecto a la situación o estímulo.  
— Síntomas conductuales: evitación de la situación o estímulo temido.

Tabla 4

Tratamientos para cada una de las patologías. Elaboración propia.

MISOFONÍA*HIPERACUSIATINNITUSFONOFOBIA
• La misofonía no tiene cura. Desde un enfoque psicológico suele acudirse a un tratamiento cognitivo-conductual para tratar los síntomas derivados del trastorno, así como los posibles pensamientos disfuncionales asociados al mismo.
El objetivo es que la persona afronte sus miedos y pueda, además, desahogarse durante las terapias. Los profesionales de la medicina más apropiados para atender estos casos son los psiquiatras y neurólogos. Como las opciones terapéuticas distintas a la terapia mental son escasas, el enfoque cognitivo-conductual suele aportar mayores beneficios.
• Restablecer la tolerancia del oído frente a los sonidos (terapias como por ejemplo T. Ruido de banda ancha y ruido rosa o T. Reentrenamiento para acúfenos)
•Antiinflamatorios esteroideos.
• Medidas preventivas como no exponerse a altos niveles de ruido.
• Cesar la toma de cualquier medicamento en caso de sentir sensibilidad elevada a los sonidos. • Reducir el estrés y mejorar la calidad del sueño.
• Adaptación de prótesis auditivas (en caso de pérdidas auditivas, momentos de estrés, con funciones de sonido y música).
• Ocupación de la mente en tareas agradables para el paciente.
• Convivencia con el propio tinnitus asimilándolo.
• Dieta baja en sal y eliminar comida precocinada.
• Terapia sonora secuencial (TSS)
• Terapia de reentrenamiento auditivo (TRT).
• Terapia de conducta (exposición progresiva a los estímulos fóbicos, entrenamiento en técnicas de manejo de ansiedad y reestructuración cognitiva orientada a combatir las ideas catastróficas), en ocasiones combinado con tratamiento psicofarmacológico.
• Hipnosis clínica unida a la relajación.

Conclusiones

Las causas de la misofonía, hiperacusia, tinnitus y fonofobia son muchas y algunas comunes entre sí, por ello, es importante analizar lo que el paciente nos describe en la clínica y preguntarle sus sensaciones, síntomas, dolencias, qué cree que le produce los síntomas que siente. Escuchar al paciente es la clave.

En clínica, es más común encontrar pacientes que sufran un cuadro clínico de varias patologías (tinnitus + misofonía, por ejemplo) que por sí solas, por lo que hay que prestar especial atención a sus explicaciones. Destacar que, mientras la hiperacusia y el tinnitus son afectaciones de funcionamiento del sistema auditivo que pueden ser tratadas, existe la posibilidad de desarrollar otras enfermedades secundarias a nivel de trastornos de conducta si el paciente no es correctamente tratado y escuchado. En este caso pasaríamos a otro nivel de tratamiento más psicológico para ayudar al afectado a sobrellevar la situación y no generar grados más altos de dolencias. El trabajo multidisciplinar es esencial para ayudar al paciente.

Las causas de la misofonía, hiperacusia, tinnitus y fonofobia son muchas y algunas comunes entre sí.

Por último, podemos clasificar la misofonía como un síndrome; hiperacusia y tinnitus como trastornos auditivos relacionados con patologías del sistema nervioso central (SNC); y la fonofobia como una enfermedad englobada en la esfera psicológica.

En clínica, es más común encontrar pacientes que sufran un cuadro clínico de varias de estas patologías, que una por sí sola, por lo que hay que prestar especial atención a las explicaciones que aporten.


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Guillermo Escudero
Audiólogo / Audioprotesista

CV Autor

Director técnico en Centro Auditivo Picarral.
Técnico superior en Audiología Protésica.
Máster en Audiología Clínica y Terapia de la Audición. Escuela de formación Superior SAERA (Castellón).

Publicado en:
GA #57

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Esta condición, que varía desde una pérdida auditiva leve hasta una severa, puede desencadenar efectos negativos que van más allá de la simple dificultad para escuchar, afectando significativamente a la vida cotidiana y emocional de quienes la padecen. Uno de los principales efectos de esta hipoacusia no tratada es el aislamiento social. La audición es fundamental para la comunicación eficaz y cuando esta se ve comprometida, las personas experimentan dificultades para seguir conversaciones, especialmente en entornos ruidosos o cuando hay varias personas hablando simultáneamente. Esta dificultad en la comunicación puede llevar a desconexión y exclusión, haciendo que las personas afectadas eviten situaciones sociales. La evidencia muestra que este aislamiento se convierte en un círculo vicioso, donde el individuo evita más interacciones sociales, lo que a su vez incrementa su aislamiento y soledad privándole de la estimulación necesaria para que su sistema auditivo responda eficazmente en dichas situaciones. La dificultad para comunicarse puede provocar tensiones en las relaciones, generando frustración tanto en el individuo con pérdida auditiva como en sus familiares. Lo anteriormente expuesto hace que, a menudo, el impacto emocional de la hipoacusia no tratada se manifieste en forma de depresión y ansiedad. Al no poder participar plenamente en las actividades cotidianas y en las interacciones sociales, las personas pueden sentirse frustradas y desanimadas. La falta de comunicación efectiva también puede llevar a malentendidos y conflictos interpersonales, lo que exacerba el estrés emocional. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existe una clara correlación entre la pérdida auditiva no tratada y un aumento en los síntomas de depresión y ansiedad, debido a la frustración y al sentimiento de aislamiento social. Todo ello hace que la hipoacusia no tratada tenga repercusiones significativas en la calidad de vida de la persona, de los miembros de su familia y de sus allegados. La dificultad para comunicarse puede provocar tensiones en las relaciones familiares, generando frustración tanto en el individuo con pérdida auditiva como en sus seres queridos. Esto puede generar que los familiares tengan que realizar ajustes constantes para facilitar la comunicación, lo que puede llevar a una sobrecarga emocional y física. En casos extremos, esta situación puede afectar al equilibrio familiar y al bienestar general de los miembros del hogar, generando un ambiente de estrés y conflicto. El impacto negativo de la hipoacusia no tratada también influye en el entorno laboral. Compañeros de trabajo pueden verse en la necesidad de repetir información, de ajustarse a las limitaciones auditivas del individuo y enfrentarse a la frustración derivada de la comunicación deficiente. Esto afecta a la dinámica de trabajo, pues puede influir en la productividad y en el ambiente laboral en general. Las dificultades de comunicación en el trabajo pueden contribuir a una mayor carga de estrés tanto para el individuo con hipoacusia como para sus compañeros, generando un impacto negativo en el rendimiento y en las relaciones laborales. En resumen, la hipoacusia no tratada tiene un impacto muy importante en la vida de las personas afectadas y en sus entornos. La reducción en la calidad de vida debido a la dificultad para comunicarse, el aislamiento social, el aumento en la incidencia de problemas emocionales como la depresión y la ansiedad, y el estrés adicional sobre familiares y compañeros, son consecuencias significativas de esta condición. Por lo tanto, es crucial considerar la intervención temprana y el tratamiento adecuado lo antes posible para mitigar estos efectos y mejorar tanto el bienestar personal como el social de quienes padecen pérdida auditiva y su entorno. La reorganización cortical refleja la capacidad del cerebro para adaptarse a la falta de estímulos auditivos. Aunque una adaptación tardía de audífonos puede ofrecer mejoras en la audición, no siempre revierte completamente los efectos negativos ya establecidos. Es por ello importante abordar las consecuencias de una intervención tardía sobre el pronóstico futuro con audífonos. Las investigaciones muestran que aquellos que comienzan la rehabilitación auditiva de manera temprana tienden a experimentar una mejor aclimatación a los audífonos, tienen adaptaciones más eficientes y su satisfacción con el uso de estos dispositivos es mayor. Esto se debe a que el cerebro, al recibir estimulación auditiva constante, mantiene y refuerza sus conexiones neuronales, lo que facilita el procesamiento de sonidos amplificados. Por otro lado, la privación prolongada del sonido tiene consecuencias perjudiciales para la adaptación y rehabilitación posterior con audífonos. La falta de estimulación auditiva durante un período extenso como se ha indicado unas líneas más arriba, reduce la plasticidad neuronal, lo que hace que el cerebro sea menos flexible para adaptarse a los nuevos sonidos amplificados proporcionados por los audífonos. Esto significa que las personas que comienzan a usar audífonos trascurrido un largo período de privación auditiva pueden enfrentarse a mayores dificultades en la adaptación, ya que las áreas del cerebro responsables del procesamiento auditivo pueden haber experimentado una reorganización o una pérdida funcional significativa (Jerger). Si la intervención se retrasa demasiado, el impacto de la deprivación auditiva puede ser tan profundo que las mejoras posibles con los audífonos se vuelven más limitadas. En conclusión, cuanto antes se inicie el uso de audífonos en personas que han comenzado a experimentar pérdida auditiva, mayor será la probabilidad de preservar tanto su salud auditiva como cognitiva. Además, la prolongada privación auditiva puede afectar de manera considerable a la capacidad de adaptación a los audífonos en etapas posteriores, limitando su efectividad. Es responsabilidad de los profesionales de la salud informar adecuadamente a los pacientes sobre estos riesgos, así como comprender los efectos negativos que puede tener la actitud de «no me adaptaré mientras me maneje» en su tratamiento y calidad de vida. Una adaptación tardía de audífonos puede ofrecer mejoras en la audición, pero no siempre revierte los efectos negativos que ya se hayan producido. Referencias Sharma, A et al. (2014). Cross-modal re-organization in adults with early-stage hearingloss. PLoS ONE, 9(2), e90594. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0090594 Glick, H. A., & Sharma, A. (2020). Cortical neuroplasticity and cognitive function in early-stagemild-to-moderatehearingloss: Evidence of neurocognitive benefit from hearingaid use. Frontiers in Neuroscience, 14, 93. https://doi.org/10.3389/fnins.2020.0009Peelle, J. E. (2018). Listeningeffort: Howthe cognitive consequences of acoustic challenge are reflected in brain and behavior. Ear and Hearing, 39(2), 204–214. https://doi.org/10.1097/AUD.0000000000000494 Sonia BajoAudióloga / Audioprotesista CV Autor Técnico Superior en Audiología Protésica.Diplomada en Logopedia.Habilitación Tinnitus & Hyperacusis Therapy MC.Experta en Acúfenos e Hiperacusia, tratamiento TRT, en RV Alfa Centros Auditivos.Docente en el Máster de Audiología Universidad Europea Miguel de Cervantes.

¿Qué es la pérdida auditiva bilateral leve?

Aunque no es una discapacidad severa, la pérdida auditiva bilateral leve puede influir negativamente en la calidad de vida de los más pequeños. En los primeros meses de vida, la audición juega un papel fundamental en el aprendizaje del lenguaje. Un bebé con pérdida auditiva bilateral leve podría retrasar su capacidad de balbucear y, por consiguiente, de hablar. A medida que el niño crece, una hipoacusia de estas características no tratada, puede afectar a su habilidad para interactuar con otros niños o para desarrollar adecuadamente su vocabulario y comprensión del entorno. La pérdida auditiva bilateral leve se caracteriza por un umbral tonal promedio entre 20 y 40 dB en ambos oídos. Estudios recientes demuestran que aproximadamente un 0,05 % de los recién nacidos presenta este grado de hipoacusia (Sabbagh et al., 2021), mientras que entre los niños en edad escolar el porcentaje aumenta hasta el 9,2 % (Wang et al., 2019). Los métodos de screening auditivo neonatal puede que no descubran pérdidas auditivas leves en bebés, así como tampoco permiten detectar problemas auditivos progresivos o de aparición tardía. En estos casos, los niños evolucionan sin retrasos aparentes en el habla o el lenguaje en la edad preescolar. Cuando se detecta una pérdida auditiva leve en un bebé se suelen realizar múltiples exámenes para confirmar el diagnóstico con el consiguiente tiempo de espera entre las citas. Esto demora considerablemente el momento en que se adaptan los audífonos, cuando lo ideal es que, transcurrido un mes de la identificación de la hipoacusia, el bebé utilice ya sus audífonos de modo regular. Las pérdidas auditivas más severas se identifican con más facilidad por ser más evidentes. ¿Qué suponen las pérdidas auditivas leves? Las pérdidas auditivas leves comprometen la audibilidad de los sonidos más suaves del habla. Estos sonidos contienen rasgos distintivos que permiten diferenciar los fonemas con puntos y modos de articulación próximos, es decir, con gran similitud entre ellos. Una audibilidad reducida en bebés y niños de edad preescolar dificulta la adquisición del lenguaje y repercute negativamente en su desarrollo. Si bien los niños con hipoacusias leves no presentan dificultades en situaciones auditivas favorables y pueden responder bien al sonido, les resulta más difícil reconocer el habla en presencia de ruido y reverberación ya que no pueden percibir toda la información sonora necesaria para una discriminación eficiente. Además necesitan realizar un mayor esfuerzo auditivo, consumiendo mayores recursos cognitivos en condiciones sonoras adversas. Aproximadamente un 0,05 % de los recién nacidos presenta hipoacusia leve bilateral, mientras que entre los niños en edad escolar el porcentaje aumenta hasta el 9,2 %. La audición a distancia y el aprendizaje incidental se ven seriamente comprometidos. Un elevado porcentaje de lo que aprenden los niños procede de estímulos que se producen a distancia y de manera incidental, es decir, no se dirigen intencionadamente al niño, simplemente ocurren a su alrededor. Las pérdidas auditivas leves impiden que estos estímulos impacten en el cerebro del niño impidiendo los aprendizajes o adquisición de habilidades que resultan de los mismos. El uso de audífonos en este grupo de población es inferior al de los niños con pérdidas auditivas más severas. Entre los motivos más frecuentes que alegan los padres se recogen: la no recomendación por parte del otorrinolaringólogo o audiólogo, no percibir la necesidad de amplificación, estigma asociado con el uso de audífonos, coste elevado sin posibilidad de subvención, «esperar y ver» … Numerosos estudios actuales demuestran que los niños con hipoacusias leves pueden tener un bajo rendimiento escolar y del lenguaje, problemas psicosociales y peores habilidades lingüísticas que sus compañeros normoyentes. Se trata de niños a los que se les exige el mismo rendimiento que a sus compañeros sin considerar que ellos no parten de la misma situación y requieren de un mayor esfuerzo para realizar idénticas tareas. Los efectos de este esfuerzo solo son valorables a largo plazo, por eso resulta difícil tomar la decisión de adaptar audífonos cuando no se evidencian aún estas dificultades. Reconocer el impacto acumulativo sustancial de la hipoacusia en las habilidades lingüísticas y auditivas requiere tiempo, no es observable de manera inmediata. Cómo mejora la audibilidad con audífonos La mejoría de la audibilidad con el uso de audífonos puede manifestarse como un aumento de participación en conversaciones, mayor facilidad para seguir instrucciones, especialmente en entornos ruidosos, mayor claridad en el habla, etc. Pero sobre todo el niño dispondrá de un acceso más completo a los sonidos, posibilitando una mayor comprensión del habla y un desarrollo más completo de las habilidades auditivas superiores. El uso de audífonos en este grupo de población es escaso y los motivos citados principalmente son la ausencia de una recomendación por parte del otorrino, el estigma asociado o su coste elevado. Tomar consciencia de los posibles problemas asociados a las pérdidas auditivas leves en los niños permitirá lograr una intervención precoz y adecuada proporcionando las herramientas necesarias para nivelar sus condiciones de desarrollo y aprendizaje con el resto de sus compañeros con audición normal. Lidia RosellóFonoaudióloga CV Autor Licenciada en Fonoaudiología por la Universidad de Buenos Aires.Fundadora y directora de RV ALFA, Centro de Audiología, Logopedia y Audioprótesis.

Cómo mejorar los resultados con audífonos reforzando las experiencias auditivas positivas

Estudios recientes han analizado las causas del escaso tiempo de uso de audífonos entre un importante porcentaje de pacientes a los que se les prescriben. Los expertos coinciden en que mejorar la percepción del beneficio obtenido por los pacientes es clave para incrementar la satisfacción y prolongar su uso, un objetivo que podría alcanzarse mediante un adecuado consejo terapéutico especializado. La importancia del consejo terapéutico (counseling), es hoy día incuestionable para todos los que trabajamos en el ámbito de la audiología. Sus aplicaciones han sido ampliamente estudiadas en las etapas iniciales por las que transita un paciente con hipoacusia, acompañándole desde el inicio del proceso para explicarle cuestiones relacionadas con la hipoacusia, bajo una perspectiva profesional, pero al mismo tiempo cercana y empática, favoreciendo la escucha activa, cuidando el lenguaje corporal y tratando de proporcionar respuestas a sus múltiples interrogantes e inquietudes, así como posibles alternativas de tratamiento. Sabemos también que algunas terapias concretas, como la T.R.T. (Tinnitus Retraining Therapy), aplican el consejo terapéutico como su herramienta principal. No obstante, las aplicaciones del consejo terapéutico van mucho más allá y, por supuesto, no terminan cuando el paciente toma la decisión de adaptarse unos audífonos, tanto si ya es usuario de estos previamente como si es la primera vez que los utiliza. Uno de los retos más importantes que se plantea en la rehabilitación auditiva con audífonos es que hay un porcentaje considerable de pacientes que no utiliza sus audífonos o que los usa esporádicamente. Un estudio de la EHIMA (European Hearing Instrument Manufacturers Association), cuyos datos se recogieron entre 2018 y 2022, concluyó que entre el 20 y el 40% de los usuarios de audífonos utilizaban sus prótesis auditivas menos de cuatro horas al día.  Numerosos estudios se han centrado en analizar no solo las causas de esta «desidia» en el uso de los audífonos, sino también y sobre todo, las posibles herramientas que permitan mejorar esta situación. Un estudio de la EHIMA concluyó que en torno al 40% de los usuarios de audífonos utilizan sus prótesis auditivas menos de cuatro horas al día. Todos ellos apuntan hacia la misma conclusión: enfatizar el beneficio obtenido con los audífonos puede incrementar la satisfacción y el tiempo de uso de nuestros pacientes. Por tanto, mejorar la percepción del beneficio que los usuarios obtienen de sus audífonos parece ser un camino certero hacia el éxito, y esto es algo que solo se puede conseguir a través del consejo terapéutico. El estudio realizado en 2022 por Rakita, Joy y Singh, arroja resultados esclarecedores en esta línea, concluyendo que aquellos pacientes que recibieron un consejo terapéutico positivo sobre los audífonos antes de la adaptación obtuvieron mejores resultados en el QuickSIN (una prueba estandarizada de inteligibilidad en ruido), que aquellos que recibieron un consejo neutro o negativo, utilizando los mismos audífonos en el grupo experimental y en el de control. Otras investigaciones realizadas la pasada década arrojan resultados similares, y si bien no hay unanimidad en lo que respecta a los argumentos o elementos narrativos más «efectivos», lo que sí parece evidente es que hay factores no audiológicos que pueden influir en la experiencia auditiva del usuario. Así las cosas, cabe preguntarse lo siguiente: ¿qué efectos puede tener que animemos a los usuarios a describir sus experiencias positivas de audición y a hablar sobre ellas? Es probable que si lo hacemos, aprecien más la ayuda que reciben de los audífonos y mejore su percepción de los mismos, frente a experiencias negativas que puedan «ensombrecer» este beneficio. Enfatizar el beneficio obtenido con los audífonos puede incrementar la satisfacción y el tiempo de uso de nuestros pacientes. En la práctica clínica sabemos que los usuarios tienden con frecuencia a magnificar sus experiencias negativas; en una primera revisión de sus nuevos audífonos, un paciente puede conceder importancia a la dificultad que encuentra para cambiar los filtros y no reparar en el hecho de que utiliza los audífonos 17 horas diarias y ya no puede vivir sin ellos. Un extraordinario trabajo realizado en este mismo año 2024 por Lelic, Parker et Al. y publicado en el International Journal of Audiology, aborda estas interesantísimas cuestiones, ya que según los propios autores, no existe hasta la fecha ningún estudio que evalúe específicamente en qué medida poner el foco repetidamente en las experiencias de escucha positivas de la vida cotidiana puede influir en la satisfacción de los usuarios y la percepción de los resultados con audífonos. Básicamente, en el estudio de Lelic y colaboradores, se seleccionó una muestra de 21 participantes a los que no se aclaró inicialmente el objetivo concreto del estudio para evitar sesgos de intención. Simplemente se les indicó que se pretendía aprender de las experiencias de los usuarios de audífonos para entender mejor sus demandas y necesidades. Los participantes se dividieron en dos grupos, uno de 10 usuarios (grupo de control) y otro de 11 (grupo experimental). Todos los integrantes de la muestra tenían experiencia con audífonos de al menos un año. Otros criterios de inclusión utilizados fueron: pérdida auditiva neurosensorial susceptible de adaptación de prótesis auditivas, dominio del idioma (danés, en este caso) y usuario hábil con la tecnología de aplicaciones móviles y smartphones. Se excluyó a los pacientes con deterioro cognitivo incompatible con el objeto de estudio, a los que no se podían desplazar al laboratorio de pruebas (tenían que hacerlo en dos ocasiones) y a los que padecían patologías auditivas complejas, como el síndrome de Ménière. Todos los participantes se descargaron una aplicación móvil, My Hearing Experience, a la que accedieron con un código individual. Una vez en la aplicación, rellenaron una serie de cuestionarios: a) En primer lugar, una encuesta sobre personalidad, llamada «Inventario Big 5», en la que, a través de 44 ítems, se evaluaba las cinco grandes dimensiones de la personalidad: extraversión versus introversión, amabilidad versus antagonismo, meticulosidad versus desorganización o neuroticismo versus estabilidad emocional.b) Una pregunta sobre su grado de satisfacción con los audífonos, a valorar en una escala de 1 a 10 (1 nada satisfecho y 10 extremadamente satisfecho). A través de esta pregunta se pretendía obtener una valoración global del beneficio subjetivo, no referida a escenarios o situaciones concretas.c) El International Outcome Inventory for Hearing Aids (IOI-HA) (Cox et al., 2000), un cuestionario con siete preguntas orientadas a evaluar la efectividad de la adaptación protésica, ampliamente utilizado en la investigación audiológica.d) Por último, el Hearing-Related Life style Questionnaire (HEARLY-Q) (Lelic et al., 2022), un cuestionario basado en el CoSS (Marco de Escenarios Sonoros Comunes), para evaluar el estilo de vida auditivo, las demandas, las necesidades y los beneficios que se obtienen en las situaciones auditivas cotidianas. Según los autores, este es el primer cuestionario que indaga en el día a día «auditivo» de cada usuario, utilizando 23 escenarios comunes en los que se les pide que evalúen cuatro factores: frecuencia con que se presentan, importancia de oír bien, dificultad para oír en esa situación concreta y grado de satisfacción con los audífonos. ¿Qué efectos puede tener que incitemos a los usuarios a describir sus experiencias positivas de audición y a hablar sobre ellas? El objetivo de recabar toda esta información inicial era comprobar que los dos grupos estaban equilibrados desde el punto de partida respecto a varios parámetros que pueden influir en la percepción del beneficio y la satisfacción con sus audífonos. Una vez cumplimentados los cuestionarios, se animó a los usuarios a contestar un formulario cada dos horas durante una semana a través de la aplicación móvil, desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche (EMA). A través de esta herramienta, los autores pudieron recoger impresiones puntuales sobre situaciones auditivas inmediatas y diversas sin el sesgo de la memoria. Después de este primer proceso, los participantes visitaron el laboratorio. Se les realizó un estudio audiométrico de control, se les explicó que se les iban a adaptar nuevos audífonos a todos ellos y se les preguntó sobre sus expectativas. Igualmente, se aplicó a todos los pacientes el cuestionario COSI (Client-Oriented Scale of Improvement), en el que se instó a los participantes a identificar al menos 5 situaciones auditivas en las que les gustaría mejorar y a asignarles una puntuación en función de su importancia. A continuación, se adaptó a todos los participantes el mismo modelo de audífonos, con el mismo formato y el mismo software. Todos ellos fueron adaptados por el mismo audiólogo siguiendo las recomendaciones del fabricante, tanto en lo relativo a los adaptadores (olivas o micromoldes), como en lo relativo a la ganancia, ya que se permitió una desviación máxima de ± 6 dB. Se indicó a todos ellos que utilizaran estos audífonos durante las tres semanas siguientes y que pasados 15 días volvieran a rellenar los cuestionarios en la aplicación móvil. Igualmente, se instó al grupo experimental a prestar especial atención a aquellas situaciones auditivas en las que habían experimentado mejora o que valoraban como positivas, simplemente clicando en un icono sonriente que aparecía en la aplicación del grupo experimental, pero no en la del grupo control. Obviamente, al grupo control no se le dio esta instrucción. Después de dos semanas de uso, período que se considera suficiente para una persona con experiencia con audífonos, todos contestaron de nuevo los cuestionarios especificados previamente y volvieron a registrar sus experiencias auditivas durante la siguiente semana, la tercera, cada dos horas, de 9 de la mañana a 9 de la noche. Cuando el audiólogo anima al paciente a reflexionar sobre el beneficio concreto que le aportan las prótesis auditivas, se mejora considerablemente la aceptación de los audífonos. En su segunda y última visita al laboratorio, se revisó y rellenó de nuevo el cuestionario COSI, se repasaron las situaciones que los usuarios habían descrito inicialmente como «conflictivas» desde el punto de vista auditivo y se les animó a evaluar la evolución o el grado de cambio que habían experimentado y el nivel de satisfacción final para cada una de esas situaciones. Por último, se les realizó una entrevista semiestructurada para recoger sus impresiones generales del estudio y todos ellos devolvieron los audífonos adaptados para la prueba. El análisis de los datos reveló lo que los autores ya vaticinaban al inicio; reparar en las experiencias positivas de escucha mejora la percepción del beneficio con los audífonos. Esto se observó en el pretest-postest de los dos grupos, tanto en el registro diario de situaciones auditivas (EMA), como en los cuestionarios cumplimentados en la aplicación, y especialmente en el COSI, en el que se registró una relación estadísticamente significativa entre el grado de cambio a mejor en las situaciones auditivas y el número de veces que se clicó el icono sonriente en la aplicación. Es decir, los participantes que registraron más situaciones auditivas positivas tenían mejores puntuaciones en la escala COSI en lo relativo al cambio experimentado, respecto al grupo de control. Otro de los resultados esclarecedores de este estudio se relaciona con la entrevista semiestructurada final. El grupo de control habló del experimento en sí mismo, de la aplicación móvil, de los cuestionarios o las indicaciones, pero ninguno de ellos hizo mención alguna a los audífonos adaptados. Sin embargo, la mayor parte de los integrantes del grupo experimental, reportaron las experiencias positivas que habían tenido con los audífonos. Todo parece indicar que el hecho de tener que reparar en las experiencias positivas y reportarlas, mejora la percepción general del beneficio. Hay que reparar en el «efecto dominó» de esta práctica: es más probable que aquellos pacientes que están contentos con sus audífonos y los recomienden. Este enfoque de colaboración, en el que el audiólogo acompaña y anima al paciente a reflexionar sobre el beneficio concreto que le aportan las prótesis auditivas en diferentes situaciones parece erigirse como herramienta fundamental para mejorar su adaptación, su aceptación y el reconocimiento de que los audífonos se han convertido en una ayuda eficaz para su vida. Es importante señalar que simplemente escribir estas experiencias en un papel no parece tener el mismo efecto que compartirlas, bien presencialmente con el audiólogo o bien a través de la aplicación móvil (Lambert et al. 2012). Los autores reparan también en el «efecto dominó» que esta práctica puede aportar: es más probable que aquellos pacientes que están contentos con sus audífonos y que verbalizan sus experiencias positivas los recomienden a sus familiares y amigos, que aquellos que no lo están o que no hablan de ello. Considerando, por supuesto, las limitaciones de este estudio y la dificultad para extrapolar los resultados a todos los pacientes con hipocusia, sus conclusiones apoyan una idea que ya muchos otros autores habían avanzado previamente; nuestro trabajo como audiólogos y, concretamente, el beneficio que nuestros pacientes perciben está condicionado por factores «no audiológicos» de incuestionable importancia que tenemos que analizar, cuidar y revisar periódicamente. Cada centro auditivo puede buscar la herramienta más adecuada a sus circunstancias e idiosincrasia, pero la excelencia de nuestro trabajo, incluso ante otros potenciales usuarios, depende también de ello. Nuestro trabajo como audiólogos y el beneficio que nuestros pacientes perciben está condicionado por factores «no audiológicos» que tenemos que analizar, cuidar y revisar periódicamente. Referencias bibliográficas Dina Lelic, Daniel Parker, Petra Herrlin, Florian Wolters&KarolinaSmeds (2024) Focusing on positive listening experiences improves hearing aid out comesInexperienced hearing aidusers, International Journal of Audiology, 63:6, 420-430, DOI:10.1080/14992027.2023.2190006https://doi.org/10.1080/14992027.2023.2190006 Myriam GonzálezAudiólogo / Audioprotesista CV Autor Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia.Técnico Superior en Audiología Protésica.Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Goya: ¿cómo le afectó su sordera en la pintura?

En 1792, a la edad de 46 años, Goya sufre una extraña enfermedad neurológica que le provoca fuertes dolores de cabeza, vértigo, alucinaciones y pérdida de audición en ambos oídos. Tras dos años de convalecencia, no llegó a recuperarse del todo y le quedaron importantes secuelas permanentes en forma de sordera. La coincidencia de este episodio de su vida con un cambio en su estilo pictórico hace pensar a sus estudiosos en una fuerte influencia de la enfermedad en la obra del artista. Su sordera le provocó inseguridad, aislamiento, soledad, tristeza y todo este conjunto de emociones fueron reflejadas en cada cuadro de esta época. No es únicamente el artista lo que nos importa en este artículo, sino también el hombre. Surgido de un ambiente modesto, consiguió sortear los peligros de una juventud borrascosa y supo dominar su miedo a la pobreza, evitando caer en la ambición material cuando su tenacidad se vio compensada con la fama. Sin embargo, sus idas y venidas con sus continuas depresiones donde se aislaba del mundo, provocaron en Goya una tendencia a encerrarse en sí mismo, inapreciable al principio de su vida, puesta de manifiesto como consecuencia de la grave enfermedad que le dejó sordo a los cuarenta y seis años de edad, y en progresiva acentuación como consecuencia de una serie de circunstancias, como la guerra, la muerte de su esposa, el destierro, y como no, su propio envejecimiento. Todo ello conlleva que Goya se encierre en sí mismo y su pesimismo le invada en su producción pictórica. ¿Cómo afectó la sordera a su pintura? Aunque la grave enfermedad que lo dejó sordo no fue obstáculo para su carrera, sí marcó un nuevo rumbo en su vida. Durante la larga convalecencia, tal como cuenta en una carta:  «una serie de cuadros de gabinete en que he logrado hacer observaciones a que regularmente no dan lugar las obras encargadas y en que el capricho y la invención no tienen ensanche». Son obras ejecutadas con extraña delicadeza y animadas por una especie de inquietud que en pinturas posteriores habrían de alcanzar una intensidad alucinante, culminando en la Quinta del Sordo. Fruto también de esta obsesión son los álbumes de dibujos de Sanlúcar, que constituyen el material preparatorio para su primera colección de grabados: «Los Caprichos». Cansado de convencionalismos académicos y de disimular sus sentimientos al mundo, sus retratos no respondieron a los gustos cortesanos del momento. A partir de aquí se acentuaría progresivamente su retraimiento, dedicándose a pintar a su aire y grabar otras dos series: la Tauromaquia y los Disparates. Dispuesto a retirarse definitivamente, adquirió la que sería conocida como la «Quinta del Sordo». Las pinturas que la decoran son una síntesis de la forma monumental desarrollada en sus anteriores obras murales. La desgraciada muerte de Pepe-Hillo en la plaza de Madrid.Francisco de Goya, 1816.Aguafuerte. Grabado número 33 de la serie.Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Negras por su temática más que por su colorido, parecen responder a una íntima necesidad de exponer las fuerzas que el artista consideraba motor elemental y terrible de la existencia humana. Su sordera le provocó inseguridad, aislamiento, soledad, tristeza y todo este conjunto de emociones fueron reflejadas en cada cuadro de esta época. Todo ello, más los acontecimientos que estaban ocurriendo en la España de aquella época, provocaron en Goya una sensación de inseguridad en sí mismo que le llevó a exiliarse en Francia. Incendio Este es uno de los célebres cuadros de gabinete pintados por Goya durante la convalecencia de la enfermedad que lo dejó sordo. Ejecutado con absoluta libertad, marca el inicio de la tendencia que, a falta de mejor término, podríamos calificar de «expresionista». Deja de lado todo anecdotismo para concentrarse en la representación de los impulsos que mueven a este grupo de seres humanos, presa del pánico. La composición, con la mayor parte de la superficie dedicada al humo y al resplandor de las llamas, transmite magistralmente la impotencia y el terror de los protagonistas del drama, que se apiñan en la zona inferior derecha. La pincelada, de gran precisión, confiere rotundidad a los volúmenes mediante nerviosos toques de luz, sobre la mancha que termina la masa de los cuerpos. Incendio es uno de los cuadros pintados por Goya durante la convalecencia, ejecutado con absoluta libertad, marca el inicio de la tendencia que podríamos calificar de «expresionista». Probablemente, lo que quería transmitirnos con esta obra, sería sus propios miedos. El miedo a quedarse completamente aislado por su sordera; en un silencio total, que no pudiera relacionarse con nadie. Terror, nerviosismo… Un cúmulo de sentimientos muy bien representados en esta obra pictórica.  Con su obra El Perro quiso hacer visible su soledad. La cabeza del perro solo ocupa un uno por ciento de la superficie del cuadro. El perro mira hacia arriba con ojos asustadizos y suplicantes que claman por su libertad, como si esperara algo, pero nadie le salva. No hay nadie. Así se tuvo que sentir Goya. Visión fantástica o Asmodea(fragmento).Francisco de Goya, 1823.Óleo sobre lienzo, Museo del Prado. Asmodea y La Leocadia Pinturas procedentes de la Quinta del Sordo. Las pinturas negras son la culminación de la personalidad del artista como creador imaginativo y como técnico de la expresión pictórica. Difíciles de interpretar, nos enfrentan a un mundo alucinante, plagado de seres elementales que actúan movidos por oscuras fuerzas instintivas. Se recoge en ellas la esencia de todo aquello que Goya expresó a través de sus pinceles, cuando pintaba con absoluta libertad: barbarie, insensibilidad, instinto sexual, incongruencia, misterio, brujería, retraimiento emotivo… En el aspecto técnico se llega aquí casi al límite de la audacia de la pincelada y del modelado, creándose la imagen por efectos de contrastes de las tintas planas. La seguridad del pintor es absoluta y las deformaciones nacen de la voluntad de expresar vida y energía. Resumiendo, con su sordera entró en un momento de pánico, pero también encontró libertad. Le daba igual lo que opinaran, dijesen y pensaran sobre sus obras. Encontró liberación para hacer lo que quería y cuando quería y como quería. Sus últimas obras son un canto a la belleza y a la vida. Goya empezó a buscar en sus obras intensificar al máximo los valores matéricos y textuales para transmitir la sensación de la vida. Carolina Caramés Posada, Licenciada en Historia, para revistadehistoria.es Bibliografía Carlos Carbonell Alfonseca y Carolina Caramés Posada: Historia de la Sordera: desde la Antigüedad hasta la Actualidad en Nonnullus, Revista de Historia nº 10, pp 74 – 75. 2012. Pies de foto portada: El pintor Francisco de Goya.Vicente López, 1826.Óleo sobre lienzo.Museo del Prado.
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