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La lengua de signos

Origen, desarrollo y evolución.

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La lengua de signos. Origen, desarrollo y evolución en España y otros países europeos

Autor: Redacción GA

En la actualidad, la lengua de signos española tiene más de 150.000 usuarios y está reconocida en múltiples ámbitos de nuestra sociedad. Parece que está entre nosotros desde siempre, como una alternativa lógica para aquellos que sufren discapacidad auditiva, pero no siempre fue así.
Para buscar los orígenes del moderno lenguaje de signos debemos remontarnos a los siglos XVI y XVII, cuando dos españoles elaboraron el primer abecedario para enseñar a leer a los mudos.

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En otras ocasiones, hemos hecho referencia a las dificultades sociales que representaba tener esta discapacidad en la Antigüedad. Personajes ilustres, como el propio Aristóteles, creían que los sordos de nacimiento carecían de ideas morales y de capacidad de pensamiento abstracto y por ello, aun sin ser mudos, no eran capaces de hablar. El derecho romano negaba a un sordo de nacimiento la potestad para firmar un testamento porque «se presume que no entiende nada y es como hombre muerto; por lo que no es posible que haya podido aprender nunca a leer y escribir». San Agustín, por su parte, llegó a afirmar que «aquel que no tiene oído no puede oír, y el que no puede oír jamás podrá entender, y la falta de oído desde el nacimiento impide la entrada de la fe». Estos son tan solo algunos ejemplos de cómo este colectivo ha sido sistemáticamente marginado y relegado al olvido durante muchos siglos.

Hubo que esperar hasta el Renacimiento para que se realizaran los primeros intentos de sacar a las personas sordas de esta situación de discriminación y falta de reconocimiento, enseñándoles a hablar y a comunicarse como a los demás. Los precursores en enfrentarse a estas creencias fueron Rodolfo Agrícola y Gerolamo Cardano, que defendieron la certidumbre de que a los sordos sí se les podía enseñar a hablar. La primera experiencia positiva en este sentido fue la del monje benedictino Pedro Ponce de León (1506-1584), quien logró enseñar a hablar a dos niños sordos de nacimiento, sobrinos del IV condestable de Castilla. Existen indicios de que Ponce de León dejó por escrito su método, pero esta obra no ha llegado hasta nuestros días.

En 1620, Juan Pablo Bonet publicó el primer tratado conservado sobre la educación de los discapacitados auditivos: Reducción de las letras y arte para enseñar a hablar a los mudos. Con su obra, Bonet censuraba los métodos que se usaban hasta ese momento para hacer hablar a los sordos, a base de «violentas voces».

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Hauser y Menet, Alfabeto manual para la instrucción de los sordos del Real Colegio de Madrid, 1851. Biblioteca Nacional de España.

Bonet proponía un «arte claro y fácil» para que los sordos aprendieran a pronunciar las palabras y a construir progresivamente frases con sentido. Está considerado como el primer tratado moderno de fonética y logopedia, en el que se proponía un método de enseñanza oral de los sordos mediante el uso de señas manuales en forma de alfabeto.

Así, cada letra era expresada mediante una figura de la mano derecha. Este alfabeto, muy semejante al de la lengua de signos actual, estaba inspirado en la mano aretina o mano musical, un sistema de signos creado por un monje italiano en la Edad Media para ayudar a los cantantes a leer a primera vista las notas musicales.

Con esta referencia, la persona sorda debía identificar cada letra del alfabeto con los sonidos que el maestro le enseñaba a emitir. El proceso de aprendizaje era complejo, sobre todo cuando se trataba de términos abstractos como las conjunciones y los verbos.

A partir de 1760, el sacerdote francés Charles-Michel de L’Épée elaboró un método de educación de sordomudos más completo, que culminó con la fundación de la Institución Nacional de Sordomudos en París. L’Épée utilizó una lengua de signos francesa que ya existía y añadió unos signos de invención propia, los llamados signos metódicos, que servían para expresar preposiciones, conjunciones y otros elementos gramaticales. Frente a los signos naturales, L’Épée creó todo un sistema comunicativo que puede considerarse como una lengua propiamente dicha.

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El Abbé de l’Epée instruyendo a sus alumnos en presencia de Luis XVI. Gonzagues Privat, 1875. Colección INJS. París.

Los discípulos de L’Épée fundaron escuelas de sordomudos en otros países de Europa, como Austria, Italia, Suiza, Holanda o España.
En 1795, Lorenzo Hervás y Panduro publicó el libro Escuela española de sordomudos o arte para enseñarles a escribir y hablar el idioma español, considerado como el primer diccionario básico de signos españoles, recopilados por el autor gracias a su trabajo como profesor de alumnos sordos en la escuela de Roma, bajo el sistema educativo de Charles-Michel de L’Épée.

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