Devolución de audífonos

23/03/2022 | Comparte:
Autor/a: Sonia Bajo. AUDIÓLOGA Y AUDIOPROTESISTA.

Devolución de audífonos tras el período de prueba

Existen múltiples factores por los que los pacientes, tras un período de prueba de los audífonos, los devuelven. Los datos extraídos de los estudios sobre el tema indican que la tasa de devolución oscila entre el 4-8% si bien algunos llegan a situar esta tasa en el 16%. La prueba de un audífono implica un coste en horas de trabajo y recursos. Estos costes son asumidos por el centro audiológico mermando los beneficios que las adaptaciones exitosas aportan. Otro costo adicional, no menos importante, es el deterioro de la confianza en este tipo de soluciones auditivas.

©Natus

Algunos de los motivos de devolución no dependen de la intervención del audiólogo; por ejemplo, la reticencia por el estigma aun cuando la prueba fue satisfactoria. Otros (esperemos que los menos) derivan de fallos en la selección y/o proceso de adaptación de los audífonos. Gracias a la formación que los laboratorios ofrecen sobre sus productos y a los avances tecnológicos en las herramientas objetivas y subjetivas de adaptación, cada vez encontramos menos errores de este tipo.

Pero en este artículo vamos a centrar nuestra atención en aquellas devoluciones en las que ni el estigma, ni los motivos económicos, ni los errores de programación son la causa de la devolución. En porcentaje, no son los motivos que más se aluden al devolver los audífonos.

Jong et al. y Kasewurm estudiaron las razones principales de las devoluciones hallando que el motivo principal era «una mejora auditiva por debajo de lo esperado y dificultades para el uso de los audífonos debido a la amplificación de los ruidos (propia voz, sonidos de ambiente…)».

¿Cómo es posible este resultado negativo tras el correcto trabajo del audiólogo? Si se ha realizado un estudio completo, cumplido el protocolo de adaptación incluyendo pruebas de verificación objetivas (REM) y una valoración funcional satisfactoria, ¿qué parte del proceso ha fallado para que el paciente sienta que su audición no mejora lo esperado y/o no lo quiera usar por la cantidad de ruido que escucha cuando lo utiliza?

«A menudo las devoluciones se producen por la manera en que nos hemos comunicado e interactuado con los pacientes», apunta Gyl Kasewurn. «Estableciendo una comunicación correcta con el paciente, podemos prevenir un buen número de devoluciones y al mismo tiempo tener pacientes más satisfechos. Las devoluciones se verán significativamente reducidas haciendo un ajuste apropiado de las expectativas del paciente […] y proporcionando el mejor counseling posible tras la adaptación».

Pero ¿a qué se refiere cuando dice «la manera en que nos hemos comunicado con el paciente»?
De acuerdo a los datos de T. Jung et al. el motivo más frecuente (32%) por el que se devuelven los audífonos es su «ineficacia». No consiguen lo que se espera de ellos: no cumplen las expectativas.
Es fundamental, para que no se produzcan devoluciones, gestionar las expectativas de forma correcta. Para conseguirlo, tal y como apunta Kasewurn será necesario establecer una comunicación efectiva con el paciente, más allá de las protocolarias preguntas de anamnesis como, por ejemplo, momento de aparición de la hipoacusia, antecedentes familiares o si tiene dificultades para oír por teléfono.

Si queremos gestionar las expectativas del paciente debemos conocerlas y dirigir las interacciones durante las visitas iniciales a este fin. Nuestro objetivo al adaptar un audífono, no debe ser tan solo restablecer su audición. Nuestro propósito deberá centrarse en resolver los problemas que la pérdida auditiva genera en su vida con todas las herramientas que tenemos en nuestra mano: prótesis auditivas, accesorios de conectividad, entrenamiento auditivo y asesoramiento al paciente y su familia sobre estrategias de comunicación para generar entornos auditivos favorables.

Con este fin, parece buena idea incluir dentro de la entrevista inicial con el paciente preguntas similares a estas:
— ¿Cómo le gustaría/espera que los audífonos le ayuden?
— ¿Qué situaciones que provoca su hipoacusia desea que puedan resolverse con la adaptación de audífonos?
— ¿Qué situaciones auditivas de su día a día elude por causa de su dificultad para oír?
— ¿Cuáles son las situaciones auditivas más importantes que quiere solucionar?
Conociendo las respuestas a estas preguntas podremos ajustar expectativas proporcionando «a priori» la información necesaria para que el paciente entienda cuáles se van a cumplir, qué otras van a necesitar de ayudas complementarias (por ejemplo, accesorios de conectividad) incluso cuáles no va a ser posible resolver, explicando siempre con claridad los motivos por los que no se van a poder solucionar. Esta información debe estar sustentada en un estudio audiológico exhaustivo que nos proporcione la información necesaria para conocer las respuestas a estas preguntas.

No habrá decepción respecto al resultado obtenido si el paciente antes de la adaptación entiende hasta dónde va a poder llegar con los audífonos y qué impide que se puedan solucionar otras situaciones. También asumirá como parte del proceso, la propuesta de accesorios de conectividad si antes de la adaptación le hemos explicado porqué es probable que aun con audífonos necesite esa ayuda extra.

Muchos pacientes acuden a la consulta del audiólogo pensando que la simple compra del audífono va a solucionar sus problemas auditivos y piensan que esa solución va a ser rápida e instantánea. Si la gestión de expectativas no se realiza de forma correcta y permitimos que el paciente se vaya a casa con sus nuevos audífonos y estas ideas no gestionadas, es más probable que sienta que los audífonos no le permiten «mejorar lo esperado», especialmente en hipoacusias donde la discriminación máxima posible no llega al 100%.

En resumen, si queremos que los pacientes no devuelvan los audífonos «por no sentir la mejoría esperada», tenemos que proporcionar la información necesaria para que sus expectativas se ajusten a la realidad de sus posibilidades auditivas.

La segunda razón aludida como motivo de devolución fueron «las dificultades para el uso de los audífonos debido a la amplificación de los ruidos» (23,4%). De nuevo ante esta evidencia cabe analizar qué hay detrás de esta percepción del paciente. Si hemos realizado una adaptación correcta, verificada objetivamente con medidas REM, si los audífonos están ajustados de acuerdo con los métodos prescriptivos seleccionados, ¿por qué el paciente siente que oye demasiados ruidos, hasta el punto de desestimar el uso de audífonos? La respuesta más común a esta pregunta es sencilla: no se ha ofrecido al paciente un correcto asesoramiento sobre el proceso de «aclimatación» que vivirá hasta adaptarse a su «nueva audición».

¿A qué llamamos proceso de aclimatación? P. Dawes lo define como «la mejora con el tiempo del resultado con audífonos, a medida que los usuarios aprenden a hacer un uso óptimo de los patrones alterados de la entrada auditiva».
El cerebro de las personas con hipoacusia necesita tiempo para adaptarse a todos los sonidos que ha olvidado debido a la deprivación auditiva. Esto incluye el sonido de su propia voz y buena parte de sonidos ambientales que nos rodean especialmente los de alta frecuencia.

Dawes define el proceso de adaptación a los audífonos como un proceso de «afinación atencional». El cerebro de una persona normoyente ignora los sonidos de fondo audibles constantemente presentes en su día a día. En las personas con hipoacusia de larga duración esos sonidos de fondo son inaudibles o muy suaves.
Tras la adaptación de un audífono por primera vez se restaura la audibilidad y el usuario vuelve a percibir estos sonidos de fondo. El cerebro presta una atención consciente a estos sonidos «que enmascaran» las señales que interesan al paciente (enmascaramiento informativo). Este proceso de aclimatación ineludible, debe ser explicado al paciente con detalle.

©Natus

Con el paso del tiempo (período de adaptación o aclimatación) el cerebro del paciente aprenderá a realizar un cribado de los sonidos que constantemente le llegan y a ignorar el ruido de fondo. Una vez esto suceda:
— Las tasas de reconocimiento de habla mejorarán.
— La percepción de su propia voz se normalizará.
— Será autoconsciente de la reducción paulatina de la molestia que le producían inicialmente esos sonidos.
— Los sonidos de fondo dejarán de ser foco de atención consciente y pasarán a un segundo plano.
— El paciente notará más eficacia en discriminación con ruido de fondo.


Volviendo sobre la cita inicial de Gyl Kasewurn: «A menudo las devoluciones se producen por la manera en que nos hemos comunicado e interactuado con los pacientes. Estableciendo una comunicación correcta con el paciente, podemos prevenir un buen número de devoluciones y al mismo tiempo tener pacientes más satisfechos. Las devoluciones se verán significativamente reducidas haciendo un ajuste apropiado de las expectativas del paciente […] y proporcionando el mejor counseling posible tras la adaptación».

La relevancia del counseling tras la adaptación es tan importante como el inicial para gestionar las expectativas si queremos evitar la devolución del audífono. Entidades como la ASHA y la BSA introducen este proceso de asesoramiento como parte imprescindible del protocolo de adaptación. Este asesoramiento debe proporcionar al paciente:
— Información sobre el proceso de adaptación que va a afrontar, incluyendo
• Descripción sobre cuáles serán sus sensaciones iniciales y porqué se producirán.
— Autofonía
— Ruido de fondo
— Sonidos al masticar o tragar
— Audición metálica
• Explicación de cómo estas sensaciones irán perdiendo protagonismo con el uso del audífono.
• Protocolo de adaptación recomendado por el audiólogo. Es buena idea entregar una copia por escrito de este protocolo, adaptado a las características de cada paciente.
— Información sobre mantenimiento y limpieza de los audífonos. Es preciso instruir al paciente en la limpieza y mantenimiento para evitar experiencias negativas durante el período en el que está decidiendo. Un filtro obstruido durante ese tiempo de prueba, sin haber recibido las instrucciones para solucionarlo, puede generar sensación de inseguridad sobre la eficacia del audífono.
— Explicación sobre por qué una vez finalizado el proceso de aclimatación, es importante usar los audífonos tanto como sea posible. El paciente debe entender que un uso discontinuo de los audífonos prolongará de forma indefinida el periodo de adaptación hasta el punto de impedir que finalmente se adapte a ellos. Solo con su uso continuado podrá conseguir los mejores resultados.
La prueba de los audífonos es una práctica muy extendida. Esta revisión de los motivos principales que fundamentan las devoluciones propone una toma de conciencia sobre la relevancia de acompañar estas pruebas con la información apropiada dedicando el tiempo necesario de información y formación al paciente para asegurar el éxito del proceso.

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A la vista de lo expuesto en los estudios aludidos, como audiólogos debemos replantearnos prácticas ampliamente extendidas, como pruebas a primeros usuarios a los que se invita a salir del centro con los audífonos puestos o dejar a criterio del paciente el uso que realice de los audífonos durante la prueba. Quizás sea conveniente revisar nuestros protocolos de anamnesis para asegurarnos de que nos permiten investigar de forma exhaustiva lo que esperan los pacientes de la adaptación para poder gestionar correctamente las expectativas.

También cabe revisar los protocolos de aclimatación que proponemos tras la adaptación, a la vista de su relevancia para el éxito de la prueba. No podemos olvidarnos de la excelente información que el registro de datos de los audífonos nos brinda para conocer la manera en que los usuarios han realizado ese proceso de adaptación.

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Finalmente, no puedo dejar de compartir una reflexión importante sobre la «prueba de audífonos» de Kasewurm. Muchos audiólogos ofrecemos un periodo de prueba o hablamos a los pacientes de «probar» los audífonos durante un tiempo determinado. Para ella, este tipo de discurso puede sentar las bases de la devolución. Si hablamos de «probar» implícitamente asumimos la posibilidad de que el paciente no mejore con la adaptación de los audífonos.

Durante las «pruebas» el paciente no se implica económicamente y puede que tampoco haya un compromiso real para intentar oír mejor. Quizás sólo quieran poder decir que lo han intentado, sin que haya habido en ningún momento un compromiso emocional real para intentar mejorar su situación auditiva.

Al mismo tiempo estas pruebas «sin costo» pueden trasladar la creencia de que nuestro trabajo y esfuerzo no tienen valor.
Kasewurn promueve sustituir estos periodos de prueba por «garantías de satisfacción». De esta manera el compromiso del paciente con el proceso será firme. También sugiere establecer un cargo en caso de devolución por el tiempo empleado y los instrumentos utilizados. Al informar al paciente de los motivos del cargo, estaremos poniendo en valor nuestro trabajo.


Referencias bibliográficas

Dawes P, Munro KJ, Kalluri S, Edwards B. Acclimatization to hearing aids. Ear Hear. 2014 Mar-Apr;35(2):203-12. doi: 10.1097/AUD.0b013e3182a8eda4. PMID: 24351612.
Victory, Joy. FAQ´S Hearing Aid Adjustment Period. 2020 ttpps://www.healthyhearing.com/ report/53210-New-hearing-aids-faq
Kasewurm, Gyl. «Only you can prevent hearing aid returns: how to cut down on returns while improving customer satisfaction.» The Hearing Review, vol. 19, no. 5, May 2012, pp. 38+. Gale AcademicneFile, link.gale.com/apps/doc/A350601392/AONE?u=googlescholar&sid=sitemap&xid=f0c47d5d. Accessed 2 Mar. 2022
Hong JY, Oh IH, Jung TS, Kim TH, Kang HM, Yeo SG. Clinical reasons for returning hearing aids. Korean J Audiol. 2014;18(1):8-12. doi:10.7874/kja.2014.18.1.8
American Speech-Language-Hearing Association (n.d.). Hearing Aids for Adults (Practice Portal). Retrieved month, day, year, from www.asha.org/Practice-Portal/Professional-Issues/Hearing-Aids-For-Adults/


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CV Autor:
Sonia Bajo
Audióloga y Audioprotesista
Diplomada en Logopedia.
Habilitación Tinnitus & Hyperacusis Therapy MC.
Experta en Acúfenos e Hiperacusia, tratamiento TRT, Audiología Infantil y Tercera Edad en RV ALFA Centros Auditivos y Logopedia.
Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Publicado en:
GA #43

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En función de la fuerza de la gravedad que se ejerce sobre dichas células, estos organismos mantienen una orientación espacial con sentido y dirección vertical. Posteriormente, en algunos moluscos, como el pulpo y la sepia, surgieron las primeras crestas, además del estatocisto, lo que permitió responder a movimientos de aceleración angular, con presencia de nistagmo. La complejidad del laberinto posterior progresa en un grupo de vertebrados con la aparición de los primeros conductos semicirculares verticales y con el cierre de la invaginación del estatocisto, formando una vesícula aislada en el interior, con líquido de producción endógena (endolinfa). La lamprea alcanza una estructura de canales anterior y posterior (con dilataciones bullosas, las ampollas, cada una con un primitivo receptor en forma de cresta), comunicados por un saco bilobulado con mácula sacular y utricular separadas, donde se localizan las células sensoriales. La aparición del canal semicircular horizontal en los primeros peces óseos y cartilaginosos (con mandíbula) permitió un mayor control del espacio tridimensional. A partir del máximo desarrollo de dichas estructuras vestibulares en los peces modernos (hace 100 millones de años), se ha llegado al más alto grado de perfección morfofuncional del órgano del equilibrio. En los vertebrados superiores, las vías nerviosas vestibulares centrales son cada vez más complejas debido a un desarrollo paralelo de aquellos sistemas aferentes que intervienen para mantener el equilibrio. Desarrollo ontogenético En un embrión humano de 19 a 21 días (2 mm de longitud corono- caudal), en el ectodermo superficial de la porción cefálica a la altura del rombo encéfalo, se diferencian las primitivas células que forman la placoda ótica. Tras su invaginación (fosa ótica), la separación de la superficie dará origen al otocisto o vesícula ótica (28 días). A partir de su porción dorsal derivarán las diferentes partes del sistema vestibular (laberinto posterior) y desde su porción ventral surgirán las estructuras de la cóclea (laberinto anterior). Hacia la quinta semana (embrión de 8-9 mm) se forman unos pliegues en la pared del otocisto que corresponderán a los receptores vestibulares. Estos se identifican como sáculo, utrículo y los tres conductos semicirculares (a las 6,5 semanas, 14 mm). En la décima semana (50 mm) todo el laberinto membranoso es muy evidente y se forma a su alrededor un modelo cartilaginoso a partir de la cápsula ótica mesenquimal (Sadler, 2012; Suárez y cols., 2007). Origen de las vías vestibulares centrales Desarrollo filogenético En los vertebrados superiores, las vías nerviosas vestibulares centrales son cada vez más complejas debido a un desarrollo paralelo de aquellos sistemas aferentes que intervienen para mantener el equilibrio (visión y propiocepción), cuyas respectivas vías nerviosas interactúan con la vestibular. La organización de los núcleos vestibulares supraespinales, integrados en la formación reticular, se empieza a observar en la lamprea, con dos agrupaciones neuronales (núcleos dorsal y ventral). A partir de los peces teleósteos se identifican cuatro agrupaciones que van aumentando en el número de células en los vertebrados superiores. Las conexiones vestíbulo-espinales son necesarias para el mantenimiento de la orientación corporal en los vertebrados primitivos. 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La prolongación central (axón) se dirige a regiones del rombo encéfalo donde, a medida que progrese el desarrollo del sistema nervioso central, se diferenciarán las neuronas que constituirán los futuros núcleos vestibulares. Los órganos sensoriales vestibulares alcanzan una maduración con aspecto semejante al adulto hacia la vigésimo tercera semana de gestación. Entre la decimoprimera y la decimotercera semana, cuando se empiezan a diferenciar las células sensoriales en los epitelios de las regiones que corresponderán a las máculas y crestas ampulares, también se pueden identificar terminaciones nerviosas aferentes y eferentes, que se distribuyen por dicho epitelio y establecen algunas sinapsis. Los órganos sensoriales vestibulares alcanzan una maduración con aspecto semejante al adulto hacia la vigésimo tercera semana (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007). Malformaciones del sistema vestibular Las malformaciones del oído interno que afectan a los conductos semicirculares y al acueducto del vestíbulo, son las que suelen causar vértigos en la infancia. Sin embargo, la malformación más frecuente, la dilatación del conducto semicircular horizontal, es raro que se asocie con un trastorno del equilibrio. Los casos de agenesia de los conductos semicirculares son poco frecuentes y suelen ocasionar un trastorno en la marcha. Las malformaciones del oído interno que afectan a los conductos semicirculares y al acueducto del vestíbulo, son las que suelen causar vértigos en la infancia. Anatomía del aparato vestibular periférico Figura 13Receptores sensoriales del equilibrio El sistema vestibular está constituido por el aparato vestibular (contenido dentro del oído interno, donde se encuentran los órganos receptores sensoriales periféricos) y por las vías vestibulares o vías nerviosas sensoriales centrales (aferente y eferente). Vestíbulo En el interior del vestíbulo del laberinto óseo se distinguen el utrículo y el sáculo del laberinto membranoso. Estos se comunican entre sí por el conducto utrículo-sacular, del que parte el conducto endolinfático (alojado en el acueducto vestibular) que acaba en el saco endolinfático situado en el espacio subdural de la cavidad craneal, al nivel de la cara posterior del peñasco. Las máculas sacular y utricular son órganos receptores integrados por células de soporte y células receptoras sensoriales ciliadas recubiertas por una membrana horizontal, con componentes mucopolisacáridos, sobre la que hay una serie de cristales de carbonato cálcico u otolitos. En las máculas utricular y sacular existe una línea imaginaria, la estriola, donde se organizan los manojos de células ciliares a ambos lados y con polarizaciones opuestas. El utrículo es una cavidad conectada a los conductos semicirculares. En el plano horizontal y en su parte anterior, se ubica la mácula (órgano otolítico), pequeña vesícula, aplanada transversalmente y adherida a la fosita semiovoidea, donde se sitúan las células sensoriales o ciliares. Estas son semejantes a las de las ampollas de los conductos semicirculares (con estereocilios y un kinocilio) y con la misma actividad eléctrica. La mácula del utrículo, al estar colocada en el suelo, tiene una orientación horizontal, captando las lateralizaciones hacia los lados, o las inclinaciones de la cabeza y sus desplazamientos lineales hacia atrás y hacia delante. El sáculo está situado por debajo del utrículo, es una pequeña vesícula redondeada adherida a la fosita hemisférica. Al nivel de esta fosita se encuentra la mácula del sáculo. En las máculas utricular y sacular existe una línea imaginaria (estriola) donde se organizan los manojos de células ciliares a ambos lados y con polarizaciones opuestas. Los estereocilios, están inmersos en una sustancia gelatinosa, la membrana otolítica, que soporta concreciones calcáreas (carbonato cálcico), los otolitos o estatoconias. Estos ejercen una acción gravitacional sobre el conjunto de estereocilios y de la sustancia gelatinosa. Los otolitos están anclados en la masa gelatinosa mediante fibras de colágeno, pero pueden desprenderse y disolverse por el espacio endolinfático (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998). Conductos semicirculares En el interior de los tres conductos semicirculares óseos se encuentran los membranosos, que comunican con el utrículo alojado en el vestíbulo óseo. Están dispuestos en ángulo recto uno respecto al otro, en los tres planos del espacio: los dos de posición vertical son los conductos semicirculares anterior y posterior, y el horizontal, es el conducto semicircular lateral. Tal posición hace posible que detecten la aceleración o desaceleración rotacional. Cada uno presenta una dilatación en su parte inferior denominada ampolla, en el interior de la cual se encuentra una protrusión con las células del órgano receptor del equilibrio o cresta ampular. Cada cresta contiene un grupo de células sensoriales ciliadas y de sostén cubiertas por una pequeña masa de material gelatinoso, la cúpula. De esta forma se crea un espacio hermético que ocluye la luz del conducto impidiendo la circulación libre de la endolinfa. Hay dos tipos de células sensoriales en las crestas ampulares: las células tipo I, que son las que tienen apariencia de botellón adelgazadas en su parte superior, donde, en el borde libre, se hallan los estereocilios de distintos grosores que se dirigen hacia el espacio endolinfático; y las células tipo II, que son de forma cilíndrica y también tienen estereocilios. El nervio vestibular conducirá la información hasta el interior del cerebro, uniéndose al nervio coclear para constituir el VIII par craneal o nervio estatoacústico o cócleo-vestibular, que atraviesa el conducto auditivo interno de la porción petrosa del hueso temporal. Existe un cilio más grueso que los demás, el kinocilio o cinocilio, que está ubicado en uno de los extremos de la célula. Los otros estereocilios se sitúan al lado. Los estereocilios de cada célula ciliar se disponen en cinco hileras decrecientes de ocho cilios cada una. Cada estereocilio posee una porción intracelular y otra mayor extracelular, continuación una de la otra, pudiendo apreciarse en estos una fina estructura o fibrilla centrales y una porción periférica a modo de vaina de aquella. Por tanto, cada célula posee por término medio unos cuarenta estereocilios y un kinocilio. La orientación de este depende del conducto; así, en el conducto lateral, el kinocilio está ubicado en el lado utricular, y en los conductos anterior y posterior, en el sentido opuesto al utrículo. Al mover la cabeza, se desplazan con ella los conductos semicirculares membranosos y las células ciliadas, desencadenando el fenómeno de transducción, es decir, la transformación de la energía mecánica en corriente eléctrica de tipo nervioso. En la base de las células sensoriales establecen sinapsis las prolongaciones de las neuronas del ganglio vestibular de Gasser. De ellas se originan los axones que forman el nervio vestibular, el cual conducirá la información hasta el interior del cerebro, uniéndose al nervio coclear para constituir el VIII par craneal o nervio estatoacústico o cócleo-vestibular, que atraviesa el conducto auditivo interno de la porción petrosa del hueso temporal (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007; Williams, 1998). Funciones del sistema vestibular Para comprender los mecanismos fisiológicos del sistema vestibular se definen los siguientes conceptos básicos: - Equilibrio: estado de un cuerpo sometido a dos o varias fuerzas cuya resultante es nula, permitiendo que el cuerpo permanezca estable. - Desequilibrio: perturbación del equilibrio que aparece mientras se permanece de pie o durante la marcha. Si se pierde el control postural, se produce la caída. - Orientación espacial: capacidad del individuo para orientarse en relación al medio que le rodea. El sentido del equilibrio es un sentido fisiológico que permite al individuo mantener una postura respecto a la fuerza de la gravedad, la orientación espacial, la estabilización de la imagen en la retina y coordinación de respuestas motoras. - Fuerza de la gravedad: es la referencia fundamental para el mantenimiento del equilibrio y para la orientación espacial. - Vertical subjetivo: el equilibrio y la orientación dependen de este sentido que está presente en todo individuo. Gracias a ella, se permite el mantenimiento del equilibrio en posición vertical tomando como referencia la gravedad. - Actitud: postura propia de una especie animal característica de su modo de locomoción. En el humano sería la postura eréctil, que es una posición frágil y difícil de mantener, tanto en situaciones estáticas como dinámicas o de movimiento lineal y angular (rotatorio). El sentido del equilibrio es un sentido fisiológico que permite al individuo mantener una postura respecto a la fuerza de la gravedad y la orientación espacial de su cuerpo, además de estabilizar la imagen en la retina, especialmente durante la marcha y coordinar respuestas motoras. Existen cuatro sistemas sensoriales que mandan información de equilibrio al sistema nervioso central: el sistema vestibular, el propioceptivo, el visual y el táctil. Las máculas del utrículo y sáculo del vestíbulo informan de las posiciones de la cabeza en su relación con la gravedad y con la aceleración de tipo lineal. Los conductos semicirculares advierten de la aceleración angular. El sistema propioceptivo está integrado por receptores sensoriales músculo-tendinosos que reportan a los centros nerviosos superiores la posición de las articulaciones, tendones, músculos, etc. El tacto contribuye informando de los puntos de contacto de la superficie corporal con el entorno. El sistema visual tiene una gran importancia ya que existen abundantes conexiones nerviosas con el sistema vestibular para informar de la posición del cuerpo y ayudar a mantener el equilibrio. La salida efectora es el sistema motor. Con la información que llega al cerebro del sistema vestibular, más la entrada visual, táctil y cinestésica o propioceptiva (fundamentalmente de los músculos de la nuca y miembros inferiores) se puede determinar la orientación motora del cuerpo en el espacio. Además, el cerebro es capaz de conocer la relación de cada uno de sus miembros entre sí y mantener el equilibrio y la postura erecta durante la marcha. A pesar de que el sistema vestibular ha sido diseñado para detectar los movimientos cefálicos en todas las posibles direcciones del espacio, hay limitaciones. Estas consisten en la incapacidad de detectar movimientos lentos de la cabeza a velocidades constantes en el plano horizontal y en la imposibilidad de distinguir la inclinación de la cabeza en una aceleración lineal. FUNCIÓN DE LOS ÓRGANOS SENSORIALES DEL APARATO VESTIBULAR En los mecanorreceptores ampulares de los conductos semicirculares no se han encontrado diferencias funcionales entre sus dos tipos de células. Ambas, en ausencia de movimiento ciliar, provocan una descarga eléctrica basal. Cuando hay desplazamiento de la endolinfa y se movilizan los estereocilios hacia el kinocilio, la descarga basal aumenta (excitación); si tiene una dirección contraria, disminuye (inhibición). Ante un movimiento de la cabeza hacia la izquierda, en el conducto lateral o externo izquierdo habrá un desplazamiento ampulípeto (hacia la ampolla, por la inercia de la endolinfa) con desviación de la cresta hacia el utrículo, mientras que en el derecho habrá un movimiento inverso (ampulífugo). A consecuencia de esto, habrá un aumento de la descarga basal en el lado izquierdo y una disminución en el derecho. Por lo tanto, cuando hay un movimiento de la cabeza, hay un aparato sensorial que aumenta sus descargas y otro que las disminuye. Si sigue la rotación se detiene la activación, dado que la endolinfa y la cresta igualan su desplazamiento con el de la cabeza. Cuando cesa, el proceso se invierte y vuelven a activarse los órganos sensores. De esta forma, los canales semicirculares informan del inicio y del final de la rotación, y no de la rotación en sí. En los otros planos cualquier movimiento angular estimulará como mínimo un par de canales semicirculares. Con la información que llega al cerebro del sistema vestibular, más la entrada visual, táctil y cinestésica o propioceptiva se puede determinar la orientación motora del cuerpo en el espacio. Los conductos semicirculares predicen de antemano un desequilibrio. Cuando se produce un movimiento rotatorio que produce desequilibrio se activan dos canales semicirculares, mientras que los otros cuatro actúan de manera opuesta para así favorecer la vuelta a una posición de equilibrio nueva. Aunque con menos efectividad que las aceleraciones y desaceleraciones lineales, las máculas son también estimuladas por las fuerzas gravitatorias y por las aceleraciones de traslación centrífugas y centrípetas. Para entender la función de los órganos sensoriales ampulares se toma como ejemplo el canal semicircular horizontal. Además, estos son los más importantes fisiológicamente ya que son estimulados con la aceleración angular de la cabeza en el plano horizontal (movimiento de negar con la cabeza). La estimulación de un canal semicircular horizontal da lugar a la activación de diferentes grupos musculares del cuerpo: musculatura ocular (contracción del músculo recto interno homolateral y externo contralateral), musculatura axial (contracción músculos homolaterales del tronco) y musculatura de las extremidades (contracción músculos extensores homolaterales y flexores contralaterales). Por ello, en reposo, la actividad de ambos conductos semicirculares horizontales es equivalente y hay un reparto uniforme del tono muscular en todo el cuerpo. El nistagmo se caracteriza por movimientos alternantes oculares. Consta de dos fases: una rápida y otra lenta. El sentido del nistagmo viene dado por el movimiento que se realiza en la fase rápida. Un movimiento muy amplio de la cabeza hacia la izquierda originaría un movimiento ocular hacia la derecha para compensar y poder tener una visión correcta. Sin embargo, si la amplitud del movimiento es muy grande, el ojo no va a girarse sobre sí mismo, por ello vuelve a su posición normal en un rápido movimiento hacia la izquierda. La vía vestibular aferente comprende el conjunto de neuronas conectadas entre sí y en sinapsis con las células de los receptores del aparato vestibular para transmitir señales nerviosas al tronco del encéfalo y a la corteza cerebral. Las leyes de Ewald fueron establecidas para explicar la fisiología del laberinto posterior y se enuncian así: 1ª Ley: el movimiento de la endolinfa es el mismo que el de la desviación del cuerpo y extremidades y que la fase lenta del nistagmo. 2ª Ley: en el canal horizontal, la excitación que da el movimiento ampulípeto es mayor que la del ampulífugo. En el canal vertical es al contrario. 3ª Ley: en los canales semicirculares verticales se invierte la segunda ley, es decir, es más activa la corriente ampulífuga que la ampulípeta    (Bartual y Pérez, 1998; Haines, 2013; Purves, 2015). Anatomía funcional de las vías vestibulares centrales Vías vestibulares aferente y eferente Desde cada uno de los receptores vestibulares (tres crestas ampulares y dos máculas) se identifican fibras aferentes que constituyen fascículos, los cuales transmiten información independiente hasta llegar al sistema nervioso central. No obstante, se agrupan para formar dos divisiones del nervio vestibular a su entrada al conducto auditivo interno. La división superior está formada por fibras utriculares, algunas saculares y las de los conductos semicirculares horizontal y anterior. La división inferior del nervio vestibular se constituye por la mayor parte de las fibras saculares y las del canal posterior. La porción ventral del núcleo vestibular lateral o de Deiters proyecta al núcleo del motor ocular común e interviene en la producción de los reflejos vestíbulo-oculares. En el conducto auditivo interno, por delante y por debajo del nervio vestibular, se dispone el nervio coclear o auditivo formado por fibras provenientes de la cóclea. Ambos nervios se unifican anatómicamente en el VIII par craneal o nervio vestíbulococlear o estatoacústico. Junto a las fibras aferentes, se encuentran fibras eferentes originadas en el sistema nervioso central para realizar un control o modulación de la actividad de los órganos receptores periféricos (Bartual y Pérez, 1998; Suárez y cols., 2007). La vía vestibular aferente comprende el conjunto de neuronas conectadas entre sí que, partiendo de sinapsis con las células sensoriales de los receptores del aparato vestibular (dos máculas y tres crestas ampulares), transmiten señales nerviosas al tronco del encéfalo y a la corteza cerebral haciendo escala en otras regiones encefálicas. A lo largo de todo este trayecto hay asociaciones con la información recibida por los sistemas sensoriales visual y propioceptivo. El nervio vestibular (raíz vestibular del VIII par craneal) surge de las neuronas bipolares en el ganglio vestibular o ganglio de Scarpa, primer nivel de la vía vestibular aferente. Las fibras periféricas o dendritas terminan en las células sensoriales de las crestas ampulares de los conductos semicirculares y máculas del sáculo y del utrículo. Las fibras centrales o axones entran lateralmente en el bulbo raquídeo y pasan entre el pedúnculo inferior y el tracto espinal del trigémino. Estas fibras aferentes se bifurcan en ramas ascendentes y descendentes y hacen sinapsis con neuronas situadas en los núcleos vestibulares, segundo nivel de la vía vestibular aferente. Los núcleos vestibulares están formados por cuatro áreas principales situadas lateralmente y debajo del suelo del cuarto ventrículo. Las proyecciones de estos núcleos van por el fascículo longitudinal medial, cordón nervioso largo y delgado que corre a ambos lados de la línea media que va hacia abajo (bulbo y médula espinal), y hacia arriba (a los lados del acueducto de Silvio) y termina en los núcleos del III par, conectando así los núcleos vestibulares con los núcleos motores del ojo, cuello, extremidades y tronco (Bartual y Pérez, 1998; Haines, 2013; Purves, 2015; Suárez y cols., 2007). El fastigius es regulado por el pyramis, que a su vez está controlado por la corteza cerebral a través de la vía córticopontocerebelosa. El núcleo vestibular superior o de Betcherew, en posición rostral, recibe las aferencias de las crestas ampulares. De aquí salen proyecciones (fascículo longitudinal medial) a las neuronas motoras del núcleo troclear (patético o IV par craneal) homolateral y al núcleo motor ocular común homolateral y contralateral. Está implicado en el reflejo vestíbulo-oculomotor en el plano vertical. El núcleo vestibular lateral o de Deiters recibe colaterales de las crestas ampulares en su porción dorsal y proyecciones de las máculas en porción ventral. La porción dorsal da lugar al tracto vestíbulo -espinal lateral que proyecta contralateralmente a las interneuronas y motoneuronas que inervan de forma inhibitoria a los músculos extensores de las extremidades. Contribuye al mantenimiento del tono de los músculos antigravitatorios. La porción ventral de este núcleo proyecta al núcleo del motor ocular común e interviene en la producción de los reflejos vestíbulo-oculares. El núcleo vestibular medial o principal (Schwalbe) recibe aferencias de las máculas y colaterales que llegan al núcleo lateral. Su proyección va por el fascículo longitudinal medial, ascienden y descienden directas y cruzadas; las ascendentes constituyen la vía oculomotora y sinaptan con las motoneuronas y neuronas del núcleo motor ocular externo homolateral y contralateral (responsable del nistagmo horizontal) y con las del núcleo motor ocular común. También emite fibras para los núcleos motores del cuello y centros vegetativos. Las fibras desencadenantes forman la vía vestibulo-espinal. Además, envía fibras hacia la sustancia reticular media y núcleos del neumogástrico siendo responsables de reflejos vegetativos como náuseas, vómitos, sudoración palidez, diarrea, etc. Participa en los reflejos vestíbulo-oculares, sobre todo, los horizontales y en los reflejos posturales compensatorios. El núcleo vestibular inferior o espinal (Roller) recibe aferencias periféricas del sáculo y utrículo y algunas fibras colaterales de las crestas. Su salida forma parte de las vías vestíbulo-espinales e integra las señales periféricas con las llegadas del cerebelo, teniendo un efecto inhibitorio sobre los músculos extensores contralaterales. La acción que ejerce sobre los reflejos y tono muscular se hace a través de este. Relación vestibular-cerebelar y cerebelar-vestibular: la mayoría de las aferencias vestibulares también se dirigen homolateralmente a través del cuerpo restiforme hacia los núcleos floconodular y fastigius del cerebelo. De estos se envían  terminaciones a los núcleos vestibulares medial e inferior, inhibiendo a las neuronas vestibulares de segundo orden. Del fastigius salen fibras cruzadas que inhiben el área vestibular contralateral. El fastigius es regulado por el pyramis, que a su vez está controlado por la corteza cerebral a través de la vía corticopontocerebelosa. La función principal del cerebelo es el mantenimiento del equilibrio por medio del núcleo fastigius y lóbulo floconodular, y su lesión da lugar a trastornos: en reposo, caída hacia adelante, atrás o lateral, y en movimiento, marcha bamboleante con las piernas separadas para aumentar la base de sustentación. El cerebelo también regula el tono muscular y coordina los movimientos de todo el cuerpo. A la corteza cerebral también llegan proyecciones de los núcleos vestibulares, específicamente al lóbulo temporal (circunvolución temporal superior) a través de la vía reticulotalámica. Las vías eferentes vestibulares están constituidas por el fascículo eferente de Petroff y Gacek. Sus fibras se distribuyen por las células sensoriales a razón de una fibra eferente por cada 60 fibras aferentes (Suárez y cols., 2007). Reflejos vestibulares Los cambios espaciales estimulan los reflejos posturales vestibulares, ayudando a mantener el equilibrio, la postura y la mirada. De esta forma se anticipa al desequilibrio que se generará en cuestión de segundos ante un desplazamiento del cuerpo en el espacio (Suárez y cols., 2007). REFLEJO VESTÍBULO-OCULAR Desempeña una importante función, cuando se cambia de forma brusca de posición o incluso con el movimiento de la cabeza, permitiendo mantener estable la mirada en la retina. Este reflejo se puede observar también en personas ciegas. Cada vez que la cabeza rota en una dirección los ojos rotan suavemente en la dirección opuesta. El reflejo actúa, por ejemplo, al producirse un movimiento hacia la izquierda. La endolinfa se desplaza dentro de los canales semicirculares hacia el lado opuesto, aumenta la descarga hacia los núcleos vestibulares de aquí, y las fibras que van a los núcleos óculomotores aumentan la actividad del músculo recto lateral derecho del ojo e inhiben al músculo recto medial. Los cambios espaciales estimulan los reflejos posturales vestibulares, ayudando a mantener el equilibrio, la postura y la mirada. Cuando el giro se interrumpe, los ojos siguen moviéndose en la dirección contraria y después vuelven rápidamente a la posición de la línea media con un movimiento de sacudida (nistagmo vestibular) (Suárez y cols., 2007). REFLEJOS POSTURALES Y DEL EQUILIBRIO La orientación espacial está basada en la interacción visual, vestibular y cinestésica que permite la coordinación de los movimientos. La vía para los reflejos del equilibrio comienza en los nervios vestibulares, que pasan cerca del cerebelo y de los núcleos vestibulares desde donde se envían señales hacia los núcleos reticulares. Hay señales que van hacia la médula espinal y el cerebelo adapta el tono muscular para cubrir la nueva situación. La función principal del cerebelo es el mantenimiento del equilibrio y su lesión da lugar a trastornos como la caída hacia adelante, atrás o lateral estando en reposo, o la marcha bamboleante, en movimiento. El área vestíbulo-cerebelosa, es importante en el control del equilibrio, sobre todo en la ejecución de movimientos rápidos. Calcula, a partir de distintas velocidades y direcciones, dónde estarán las distintas partes del cuerpo en los próximos milisegundos. Durante los cambios de posición, el sistema vestibular tiene una influencia estimuladora en el control autonómico respiratorio, modificándose esta actividad muscular. Los estímulos vestibulares asociados a movimientos de la cabeza realizan un rol inhibitorio vagal mediante el control del reflejo barorreceptor (Suárez y cols., 2007).

Beltone refuerza su compromiso con la audiología en ópticas durante ExpoÓptica 2026

Madrid. 8 de abril de 2026 La compañía participa en el principal encuentro del sector para impulsar el desarrollo de la audiología como línea estratégica de crecimiento sanitario y empresarial. Beltone participa un año más en ExpoÓptica 2026, el principal encuentro profesional del sector óptico y audiológico en España, que se celebra del 9 al 11 de abril en IFEMA Madrid (pabellón 10, stand E12). Con motivo de esta edición, la compañía presentará un espacio expositivo orientado a la experiencia directa con la innovación, donde los asistentes podrán interactuar con las soluciones tecnológicas y conocer de primera mano su aplicación práctica en el ámbito audiológico. Ubicación: Stand Beltone. Pabellón 10 | 10E12 Horario: De 10:00 a 20:00 Entre los principales contenidos del stand destacan: Novedades de producto Presentación de las últimas innovaciones y del portfolio completo de soluciones auditivas de Beltone. Experiencia SAR 01 Espacio diseñado para la demostración práctica de la tecnología auditiva en condiciones reales de escucha. Nueva imagen Beltone Ópticas Evolución de la identidad orientada a reforzar la integración de la audiología en el entorno óptico y mejorar la conexión con el profesional. Con esta presencia, Beltone reafirma su compromiso con el desarrollo de la audiología dentro de las ópticas, una línea de actividad en crecimiento que combina impacto sanitario y oportunidad empresarial para los profesionales del sector. En un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el aumento de los problemas auditivos, la audiología se consolida como un servicio con elevado potencial. Las ópticas, gracias a su proximidad, capilaridad y relación de confianza con el cliente, se sitúan en una posición estratégica para integrar esta disciplina en su propuesta de valor. Según datos del estudio EuroTrak, cerca del 30 % de las ópticas españolas ya ofrecen servicios de audiología, una tendencia al alza que refleja la evolución del sector hacia un modelo de atención más integral, en el que visión y audición se abordan de forma conjunta. En este contexto, Beltone se posiciona como aliado de los profesionales, facilitando la incorporación y el desarrollo de la audiología mediante soluciones, herramientas y programas de apoyo orientados a garantizar la calidad asistencial, la sostenibilidad del negocio y una experiencia óptima para el paciente. Durante la feria, la compañía centrará su actividad en la generación de conocimiento, la resolución de consultas y el fomento del intercambio profesional en torno al desarrollo de esta área dentro de los establecimientos ópticos. Con su participación en ExpoÓptica, Beltone consolida su papel como partner estratégico del sector óptico, impulsando la evolución hacia modelos más completos de atención sanitaria y contribuyendo a mejorar el acceso de la población a soluciones auditivas de calidad.
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