Trastornos de Procesamiento Auditivo

23/07/2019 | Comparte:

Autor/a: Myriam González. Audióloga / Audioprotesista.Técnico Superior en Audiología Protésica.

Trastornos de Procesamiento Auditivo: ¿cosa de niños?

Cuando hablamos de Trastorno de Procesamiento Auditivo (TPA) nos referimos a una disfunción funcional que hace que el cerebro no procese de forma adecuada los sonidos que percibe. Los investigadores estiman que este trastorno afecta a la población entre un 3 y un 5%, aunque, en ocasiones, es difícil de diagnosticar ya  que la audición es aparentemente normal. Como causas se barajan la propia genética, un trauma de nacimiento, las infecciones de oído y, cada vez más en adultos, se asocia al envejecimiento biológico.

En el ámbito de la Audiología, es relativamente frecuente hoy en día escuchar y leer acerca de los Trastornos de Procesamiento Auditivo en niños, pero, ¿es posible que estos trastornos se presenten también en adultos?

La respuesta es «por supuesto». En realidad, es muy probable que los primeros casos reconocidos de Trastornos de Procesamiento Auditivo fueran en adultos, aunque no se etiquetaran inicialmente con esta denominación. De hecho, todos los datos de los que actualmente se dispone para evaluar las funciones auditivas centrales, se recogieron en adultos con lesiones conocidas en el sistema nervioso central.

De este modo, se ha podido investigar qué pruebas de las funciones auditivas centrales se correlacionan con disfunciones o alteraciones en áreas específicas del cerebro.

Por otra parte, durante décadas los pacientes han asistido a las consultas de otorrinolaringólogos quejándose de su cada vez mayor dificultad para oír y entender el habla, especialmente en ambientes ruidosos, teniendo sin embargo una sensibilidad auditiva periférica totalmente normal.

Frecuentemente, además, los audiólogos no estaban –y aún hoy día, en ocasiones–, no están preparados para evaluar el sistema auditivo en su totalidad, desde el oído hasta el cerebro, y se centraban por tanto, en el sistema auditivo periférico.

En la literatura pueden encontrarse algunas referencias como «disfunción auditiva oscura», que claramente describe a estos pacientes. Realmente, los pacientes adultos con Trastornos del Procesamiento Auditivo empezaron a ser identificados como tales cuando el término empezó a ser aplicado mayoritariamente a la población infantil.

Pero, ¿estos pacientes adultos podrían ser en realidad niños con Trastornos de Procesamiento Auditivo que ya han crecido?

Es probable que así sea. Los que trabajamos a menudo con niños de estas características, escuchamos con frecuencia a los padres relatar que ellos tenían las mismas dificultades cuando eran niños y muchos de ellos continúan teniéndolas. Esto hace pensar que hay algún componente familiar hereditario en ciertos tipos de Trastornos de Procesamiento Auditivo.

Pero tampoco tenemos que pensar que los niños con estos trastornos los padecerán durante toda su vida. Hoy día, con una evaluación, rehabilitación y seguimiento apropiados, junto con el paso del tiempo, que a veces ayuda a resolver aquellos casos en los que la raíz del trastorno se encuentra en la madurez neurológica, estos niños pueden perfectamente ser adultos normales.

Por otro lado, no son infrecuentes los casos de adultos con Trastornos de Procesamiento Auditivo que ocurren en familias en las que no hay antecedentes de este trastorno. Pueden ser consecuencia de una enfermedad neurológica, como un derrame cerebral o un tumor. El origen puede ser también iatrogénico, como resultado de una intervención quirúrgica en el cerebro, por ejemplo, o traumático, tras un accidente de automóvil.

Por último, cada vez se encuentran más evidencias de que, en realidad, algunos tipos de Trastornos de Procesamiento Auditivo están directamente ligados al proceso natural de envejecimiento, una condición que ha venido a llamarse con frecuencia «presbiacusia central» o «efectos centrales del envejecimiento biológico».

Los adultos presentan a menudo síntomas y quejas muy similares a las de los niños, que incluyen la dificultad para entender en ambientes ruidosos o en espacios con mucha reverberación, complicación para comprender el habla muy rápida, o de seguir indicaciones orales, y las confusiones de fonemas parecidos.

Quizá la mayor diferencia entre niños y adultos estriba en el impacto que el trastorno tiene en su vida cotidiana; mientras que en los niños, las mayores dificultades aparecen en el ámbito escolar y de aprendizaje, especialmente si se encuentran en proceso de adquisición del lenguaje y lectoescritura, en los adultos, las mayores consecuencias se aprecian en sus relaciones sociales y profesionales.

No obstante, si un paciente adulto accede de nuevo a la enseñanza para, por ejemplo, completar sus estudios o recibir una enseñanza específica de su interés, manifestará las mismas dificultades que los niños en edad escolar.

Entre los síntomas que puede presentar un adulto con un Trastorno de Procesamiento Auditivo podrían destacarse los siguientes:

– Dificultades para seguir indicaciones u órdenes complejas.
– Dificultades para realizar dos tareas, cuando al menos una de ellas es auditiva (por ejemplo, escuchar y tomar notas simultáneamente).
– Dificultades para deletrear, leer o escribir.
– Pérdida de la sensibilidad musical.
– Problemas para localizar la fuente sonora.
– Problemas para seguir una conversación telefónica.
– Problemas para seguir indicaciones o instrucciones.
– Problemas de comprensión cuando el habla se acelera o el acento es desconocido.
– Problemas para seguir conversaciones largas, aunque sea con un solo interlocutor.
– Dificultades en el aprendizaje de una lengua extranjera o en la comprensión cuando el lenguaje utilizado es técnico o poco familiar.
– Dificultades en las situaciones de relación social, tales como eventos familiares, reuniones de amigos, etc., en las que es preciso mantener una atención sostenida a varios interlocutores simultáneamente.

Tal y como se ha mencionado anteriormente, existe cada vez más evidencia de que algunos tipos de Trastornos en el Procesamiento Auditivo están ligados al proceso natural de envejecimiento. Recientes estudios sugieren que, en este sentido, hay diferencias entre hombres y mujeres. Parece claro que las funciones interhemisféricas (y por tanto las destrezas auditivas bilaterales relacionadas con ellas), se van deteriorando con la edad.

La edad de comienzo de este deterioro difiere entre sexos, de modo que los primeros síntomas se presentan en los varones alrededor de los 40 años y en las mujeres las funciones interhemisféricas tienden a preservarse hasta después de la menopausia, momento en el que se inicia un deterioro ligeramente más rápido que en los hombres. En torno a los 70 años, estas diferencias entre sexos ya no son significativas.

Estas diferencias «funcionales» entre los dos sexos están en relación con los cambios anatómicos del cuerpo calloso en estos mismos períodos de la edad adulta.

No obstante, el proceso de envejecimiento tiene un componente individual muy importante, y además puede estar influenciado por factores psicosociales o de otra índole, por lo que se requiere mucha más investigación que permita determinar las implicaciones funcionales de estos hallazgos.

Y, ¿qué ocurre con los audífonos?

El impacto funcional de los Trastornos de Procesamiento Auditivo, tal y como se ha descrito con anterioridad, puede presentarse en diferentes aspectos de la vida. Uno de estos aspectos, y quizá el de mayor relevancia para un audiólogo, es el que puede tener en la adaptación de prótesis auditivas, ya que con frecuencia es posible encontrar a pacientes con hipoacusia de diferente grado, incluso leve o moderado, que adicionalmente presentan este trastorno.

En los últimos años, se ha investigado sobre la relación entre las dificultades en la escucha dicótica (la capacidad para integrar señales auditivas distintas que se presentan casi simultáneamente en los dos oídos), y la insatisfacción en la adaptación binaural de audífonos.

Algunos de estos pacientes relatan que se encuentran mejor y su comprensión aumenta cuando llevan un solo audífono (habitualmente el del oído derecho), que cuando llevan los dos.

Aunque esto parece estar en contra de la creencia más extendida, podría tener sentido si tenemos en cuenta que los test de escucha dicótica evalúan directamente la integración y/o la separación binaural, y la amplificación binaural requiere de todas estas destrezas para su uso cotidiano en diferentes situaciones de escucha.

Por tanto, si una persona tiene una dificultad inherente para escuchar por los dos oídos, ese principio ampliamente extendido de que la estereofonía siempre es mejor, podría no ser aplicable.

Sabemos que la amplificación binaural tiene muchos beneficios (eliminación del efecto sombra de la cabeza, sumación binaural, mejora de la localización, etc.). No obstante, muchas de estas ventajas se sustentan, al menos en parte, en un adecuado procesamiento binaural.

Si una persona tiene un Trastorno de Procesamiento Auditivo que afecta específicamente al procesamiento binaural, el beneficio de esta, así como la satisfacción personal que el individuo experimente con dos audífonos, pueden verse seriamente comprometidos.

Este es un campo que requiere mucha más investigación y que puede ayudar a explicar, al menos en parte, por qué algunos pacientes adultos obtienen más y mejor rendimiento con dos prótesis auditivas que otros.

Estos argumentos conducen a concluir que realizar alguna prueba de procesamiento auditivo, previa a la adaptación de audífonos, puede no ser una mala idea, especialmente una prueba de procesamiento auditivo dicótico. No obstante, solo una evaluación íntegra de procesamiento auditivo realizada por un audiólogo experimentado puede ofrecer una información completa acerca de las habilidades de procesamiento auditivo de un paciente en particular.

Incluso las pruebas de discriminación en ruido, que empiezan a incorporarse de forma progresiva a las valoraciones de las adaptaciones protésicas, pueden verse influenciadas por múltiples factores.

Conocer esta circunstancia no tiene necesariamente que conducir al audiólogo a adaptar un audífono en lugar de dos. Es posible que el paciente necesite mayor tiempo de adaptación o quizá un mayor período de tiempo de consejo terapéutico; puede ser también que el paciente utilice la amplificación binaural en la mayor parte de las situaciones auditivas pero decida utilizar un solo audífono en algunas situaciones de escucha específicas.

Por otra parte, en estos casos cobra especial relevancia el entrenamiento auditivo. De todos es sabido que la plasticidad de nuestro cerebro disminuye de forma evidente con la edad, pero, en mayor o menor medida, está presente a lo largo de nuestras vidas.

Algunos estudios recientes evidencian que, en adultos, el entrenamiento auditivo permite no solo apreciar cambios funcionales muy claros, sino también alteraciones en las respuestas neurofisiológicas.

Así, por ejemplo, los pacientes adultos pueden ser entrenados para discriminar contrastes fonéticos que no están presentes en su lengua materna, y los ERP (Potenciales Relacionados con el Evento), también muestran cambios en su registro que reflejan esta nueva habilidad.

Estos hallazgos permiten concluir que, aunque se requiere mucha más investigación en esta línea, la edad por sí sola no puede ser una razón de peso para descartar intervenciones terapéuticas y entrenamiento auditivo correctamente dirigido en los adultos.

De todo lo expuesto, parece concluirse que, si bien es posible trabajar en el procesamiento auditivo de los pacientes adultos, evaluar sus habilidades, y programar un entrenamiento auditivo que permita mejorarlas y favorecer además los beneficios de sus adaptaciones protésicas, hay una parte de deterioro de estas habilidades que parece inevitablemente ligada al envejecimiento.

Cabe entonces preguntarse si existe alguna posibilidad de prevenirlo o evitarlo. Esta es la gran cuestión, que a día de hoy realmente no se puede contestar.

En la literatura popular (y en las aplicaciones de nuestros teléfonos móviles) es posible encontrar una gran variedad de métodos para mantener el cerebro supuestamente «activo» y frenar así el deterioro.

Es perfectamente posible que enfocar estas actividades hacia la discriminación, la localización, la separación y la integración binaural, la transferencia interhemisférica de información y otras destrezas similares, pueda ayudar a preservar las funciones auditivas, de la misma forma que la estimulación auditiva mediante la adaptación protésica puede parcialmente contrarrestar el impacto funcional de la presbiacusia.

No existe aún evidencia empírica de la efectividad de estos tratamientos en lo que respecta a la mejora a largo plazo de las habilidades de procesamiento auditivo en los adultos. Aún así, la lógica parece indicar que, a la hora de preservar las habilidades auditivas, también es posible aplicar la máxima ampliamente extendida de «úsalo o piérdelo».

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Referencias

Bellis, T.J. When the Brain Can’t Hear; Unraveling the Mystery of Auditory Processing Disorder. New York: Pocket Books, 2002.
Bellis, Terri et al. (2005) Technical Report (Central) Auditory Processing Disorders. American Speech, Hearing and LanguageAssociation (ASHA).
Chermak, GD, Musiek FE: Central Auditory Processing Disorders: New Perspectives. San Diego: Singular, 1997.
Musiek F.E., Shinn J.B., Jirsa R., Bamiou D.E., Baran J.A., Zaida E. GIN (Gaps in Noise) test performance in subjects with confirmed central auditory nervous system
involvement. Ear Hear. 2011; 26:608-618.
Obuchi Ch., Ogane S., Sato Y., KimitakaK,(2017) Auditory symptoms and psychological characteristics in adults with auditory processing disorders. Journal of Otology, 2017 Sep; 12 (3):132-137.

Myriam González
Audióloga / Audioprotesista

Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia.
Técnico Superior en Audiología Protésica.
Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC.
Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

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Percepción de la hipoacusia. ¿Quiénes deciden adaptarse audífonos?

La evidencia científica ya ha confirmado que los pacientes con presbiacusia que se adaptan audífonos tienen vidas más saludables, felices y largas que aquellos que no lo hacen. Sin embargo, solo una pequeña parte de esta población (parece que menos del 25%), se decide por la amplificación. Es una realidad que vivimos cada día en nuestros centros auditivos. Los estudios de Cox (2005) y otros autores, tratan de analizar la personalidad de este pequeño porcentaje de población que sí se decide, con objeto de intentar averiguar si estas personas presentan rasgos de personalidad que los diferencien del resto de la población. Las mejoras tecnológicas introducidas en los audífonos desde comienzos de este siglo han determinado un mayor grado de satisfacción de los usuarios. Las encuestas evidencian esta afirmación. No obstante, la penetración en el mercado y, concretamente, en un colectivo como el de la tercera edad, en constante crecimiento, no ha progresado en la proporción esperada. Este dato, contrastado año tras año en la última década, evidencia la necesidad de mejorar la aceptación de las prótesis auditivas en personas cuyas vidas podrían enriquecerse significativamente gracias a la amplificación.  Las causas por las que un paciente decide ponerse audífonos obedecen a una compleja interacción entre el deterioro funcional y la forma de afrontarlo, determinada por la personalidad de cada individuo. Desde los años 90, muchos autores han tratado de estudiar cuáles son las causas que determinan que un paciente decida ponerse audífonos. En general, todos estos estudios confirman que la decisión es fruto de una compleja interacción entre el deterioro funcional y la actitud del paciente ante este deterioro en el contexto de su vida diaria. 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Entre ellas, las más destacadas son las que se resumen a continuación: — Las personas con mayor grado de pérdida auditiva suelen ser las que primero acuden en busca de amplificación. — De entre las personas con la misma pérdida auditiva, las primeras que buscan ayuda son aquellas que perciben mayor afectación en su calidad de vida y en su comunicación. — Los individuos que, a pesar de tener ya un diagnóstico de pérdida auditiva, no acuden a adaptarse audífonos, suelen desplegar todo un abanico de creencias y argumentos que ralentizan la decisión: los audífonos son demasiado caros, demasiado complicados o poco útiles. La mayoría de los estudios mencionan variables recurrentes como que las personas con mayor grado de pérdida auditiva son las que primero buscan la amplificación. Pero, tal y como se ha mencionado anteriormente, resulta claro que algunos aspectos de la personalidad determinan también la toma de decisiones. La personalidad, según muchos autores, parece definirse por cinco dimensiones o factores fundamentales, que se mantienen estables a partir de los 30 años de vida (Costa y McCrae, 1997). Es el modelo de los Cinco Grandes, propuesto por los psicólogos Lewis Goldberg y Warren Norman en la década de los 60 del pasado siglo, una de las teorías más aceptadas y utilizadas en la actualidad para describir las diferencias individuales en la personalidad. El estudio de Cox describe algunos aspectos de cada una de estas dimensiones que, desde un punto de vista teórico, podrían estar relacionadas con la toma de decisiones. Son las siguientes: — Personalidad «Neurótica»: las personas que presentan muchos rasgos de este tipo tienen clara predisposición a experimentar emociones negativas como enfado, vergüenza o culpa. Suelen ser hostiles y ansiosas y manejan mal las situaciones de estrés. Tienen poca confianza en sí mismas y tienden a culpar a otros de sus problemas. — Personalidad «Extrovertida»: son individuos entusiastas, optimistas y seguros. Disfrutan en compañía de otras personas. Las personas poco extrovertidas suelen ser reservadas e independientes, pero no necesariamente infelices o pesimistas. — Personalidad «Abierta a la experiencia»: son personas con curiosidad intelectual, que buscan constantemente. Son sensibles y emocionales, y siempre están preparados para nuevas experiencias. Las personas con bajo componente de estos rasgos prefieren lo rutinario y familiar, y suelen ser pragmáticos, conformistas y convencionales. — Personalidad «Cordial o amable»: las personas con alto índice de estos rasgos son confiadas, pacíficas y de buen corazón. Son empáticas y les gusta ayudar a otras personas y piensan que los demás también querrán ayudarles en compensación. Las personas poco cordiales son más suspicaces, asertivas, listas, escépticas y demandantes. — Personalidad «Meticulosa o concienzuda»: son individuos proactivos que planifican y desarrollan actividades de forma muy organizada. Suelen ser metódicos, rigurosos y decididos a tener éxito. Las personas poco meticulosas suelen ser más descuidadas, impacientes y despreocupadas. El que una persona tenga más o menos rasgos de cada una de estas personalidades depende de sus circunstancias vitales y sus experiencias personales y, por tanto, pueden ir variando a lo largo del tiempo.  Hay otras dos variables que según varios autores podrían también modular la relación entre la personalidad y la actitud de las personas con hipoacusia respecto a la toma de decisiones. Son el «Locus de Control» y el «Modelo de Gestión de Conflictos». El «Locus de Control» (LOC), hace referencia a lo que creemos que tiene el control de nuestra vida. Puede ser interno (cuando creemos que tenemos todo el control de lo que nos pasa) o externo (cuando creemos que son otras personas o las circunstancias las que dominan nuestra vida). En lo que respecta al tema de este artículo, según diversos estudios, parece haber relación entre el «Locus de Control» y la angustia que producen los acúfenos o la asimilación de las limitaciones derivadas del envejecimiento. Garstecki y Erler (1998), concluyeron en su investigación que las diferencias en el «Locus de Control» se asocian claramente con la toma de decisiones respecto al uso de audífonos, pero solo en el caso de las mujeres y no en el de los hombres. Respecto al «Modelo de Gestión de Conflictos», parece lógico pensar que si las personas tienen diferentes formas de abordar las dificultades de la vida diaria, las tendrán también a la hora de buscar ayuda auditiva o encarar un problema de salud de cualquier índole. Dado que las personas con diferentes personalidades reaccionan de forma diferente ante las situaciones de la vida diaria, también lo harán cuando se les diagnostique una pérdida auditiva; algunas reconocerán el impacto de la pérdida en su vida diaria y en sus relaciones sociales y pondrán todo su empeño en buscar la ayuda adecuada, y otras negarán sus dificultades o serán incapaces de reconocerlas o de hacer algo para remediarlas, aun reconociéndolas. Los individuos que, a pesar de tener ya un diagnóstico de pérdida auditiva, no acuden a adaptarse audífonos, suelen desplegar todo un abanico de creencias que ralentizan la decisión. En la investigación de Cox del año 2005, se encontraron tres diferencias claramente significativas entre las personas con pérdida auditiva que deciden ponerse en marcha para solucionar sus problemas y la media de rasgos de personalidad de la población general. Algunas de las conclusiones de este estudio se resumen a continuación: 1. Las personas con pérdida auditiva más susceptibles de sentir pena o vergüenza (los que tienen más rasgos de personalidad neurótica) no suelen acudir en busca de ayuda. En estos casos el apoyo de la familia y el consejo terapéutico son fundamentales. Este hallazgo muestra que el estigma de la pérdida auditiva continúa siendo una fuerza que inhibe la búsqueda de soluciones para una proporción importante de pacientes. 2. Las personas más perspicaces y analíticas tienden a buscar otras soluciones a su déficit auditivo, pero no audífonos. Probablemente recibirían una ayuda más eficaz si aceptaran la amplificación. Un programa de entrenamiento auditivo en el que se incluyan ejercicios de inteligibilidad en silencio y en ruido, así como ejercicios de discriminación fina de fonemas, podría ayudar al paciente a tomar conciencia de los potenciales beneficios de la amplificación y allanar así el camino hacia la adaptación de prótesis auditivas.  3. Los pacientes más escépticos y suspicaces, con pocos rasgos de personalidad amable o cordial, rara vez buscan ayuda auditiva y, si finalmente lo hacen, tardan en tomar una decisión. El seguimiento periódico de estos casos, así como los testimonios de usuarios satisfechos, pueden contribuir a mejorar su percepción de la amplificación como posible herramienta de mejora. Este dato revela una vez más la necesidad de optimizar la imagen de los audífonos como instrumento indispensable para la rehabilitación, así como de los protocolos de adaptación. Los pacientes más escépticos y suspicaces rara vez buscan ayuda auditiva y si finalmente lo hacen, tardan en tomar una decisión. Es importante tener en cuenta que entre las conclusiones de este estudio se encuentran algunas que se relacionan con la distinción entre servicios públicos y privados, ya que la muestra estudiada pertenece a un país, los Estados Unidos de América, en el que la dispensación pública de audífonos a los pacientes adultos es una realidad desde hace años. Obviamente estas conclusiones no se mencionan aquí porque, por el momento, no son aplicables a nuestra población. Por último, y volviendo al objetivo fundamental que motivó este estudio de Cox y el de otros muchos investigadores, es importante que los audiólogos tomemos en consideración estos rasgos de personalidad de los potenciales pacientes de la tercera edad y aprendamos a reconocerlos. Esto nos ayudará a implementar nuestra intervención profesional de la forma más efectiva para cada paciente en particular, no solo en lo relativo a la información inicial y el consejo terapéutico, sino también en los protocolos a aplicar en el proceso de adaptación. Esto sin duda mejorará la penetración en el mercado y redundará en la efectividad de nuestros servicios. Bibliografía Cox RM, Alexander GC, Gray GA. Personality, hearingproblems, and amplification characteristics: contributions to self-report hearingaidoutcomes. Ear Hear. 2007 Apr;28(2):141-62. doi: 10.1097/AUD.0b013e31803126a4. PMID: 17496667. Cox RM, Alexander GC, Gray GA. Whowants a hearingaid? Personality profiles of hearing aid seekers. Ear Hear. 2005 Feb; 26(1): 12-26. doi: 10.1097/00003446-200502000-0000200.PMID: 15692301. Curti SA, Taylor EN, Su D, Spankovich C. Prevalence of and Characteristics Associated With Self-reported Good Hearing in a Population With Elevated Audiometric Thresholds. JAMA Otolaryngol Head Neck Surg. 2019; 145 (7): 626–633. doi: 10.1001/jamaoto.2019.1020. Swan IR, Gatehouse S. Factors influencing consultation for management of hearing disability. British Journal of Audiology. 1990, June; 24(3): 155-60. doi: 10.3109/03005369009076550. PMID: 2364186. Myriam GonzálezAudióloga / Audioprotesista CV Autor Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia.Técnico Superior en Audiología Protésica.Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

La importancia de una buena anamnesis

FAQ's Nº30 Somos conscientes de que la anamnesis, que supone una recopilación detallada de información sobre la historia clínica de un paciente, es un paso de gran relevancia para ayudar a los profesionales de la salud a diagnosticar y tratar de manera efectiva y personalizada a sus pacientes. Pero ¿sabemos si la estamos realizando correctamente? ¿Cuál es el significado de la anamnesis? Es el proceso mediante el cual el profesional sanitario obtiene datos del paciente a través de un diálogo, para averiguar así los motivos básicos por los cuales acude a nosotros. Esta información se adquiere preguntando acerca de sus hábitos de vida y antecedentes familiares o personales, con el objetivo de establecer un diagnóstico del problema a tratar. De hecho, la anamnesis representa la primera fase de la visita para que el profesional sanitario pueda enfocar y tratar el problema que sufre el paciente. El desarrollo posterior de este proceso asistencial nos permite detectar posibles síntomas que expresa el paciente, así como los que omite o desconoce. Por lo tanto, es muy importante no solo estar pendiente de lo que dice, sino también de cómo lo dice y de la comunicación no verbal que realiza, para, incluso, ver la importancia que concede el propio afectado respecto a su problema. Se debe realizar directamente al paciente, aunque, en ocasiones, resulta muy recomendable llevar a cabo este proceso también con los familiares o personas allegadas para obtener una visión más concreta e imparcial de su sintomatología. La anamnesis representa la primera fase de la visita para que el profesional sanitario pueda encaminarse y tratar el problema que sufre el paciente. ¿Cómo hacer la anamnesis? Para hacer una correcta anamnesis, el diálogo establecido entre profesional y paciente tiene que recopilar ciertos datos que deben reflejar aspectos esenciales. Concretamente han de aparecer los siguientes detalles: — Identificación: se deben recoger los datos básicos de la persona, tales como el nombre, la fecha de nacimiento, la dirección y el teléfono. Si es posible obtener más de un número de contacto para futuros avisos, sería ideal. — Motivo de la consulta: se debe dejar constancia de la razón por la cual el paciente acude a la consulta, anotando la problemática principal. — Historia de la problemática actual: es esencial para comprender totalmente la situación del paciente y cómo su problema lo limita en la vida cotidiana. Además, aquí se deberá recoger cuándo ha comenzado la pérdida auditiva, el acúfeno o la dolencia que presente. Es importante también saber qué causas considera el paciente que se la han provocado, así como los síntomas que presenta. — Influencia en la vida personal: los problemas auditivos que declaran los pacientes tienen su efecto y su consecuencia en su vida cotidiana; normalmente suponen un efecto negativo. De hecho, esta problemática repercute de manera transversal con sus relaciones sociales, laborales o familiares. Es muy importante saber la limitación que le causa su problema porque nos va a ayudar a la hora de establecer el tipo de estrategias a emplear, con el objetivo de aportar soluciones y con la intención de devolverle la calidad de vida que tenía antes de la aparición de la pérdida de audición.  — Antecedentes personales: es fundamental conocer patologías o problemas que el paciente ha padecido anteriormente, así como saber las consecuencias que estos han tenido, ya que acotará en gran medida el diagnóstico y la posible solución. — Antecedentes familiares: es importantísimo conocer las patologías que han presentado los familiares del paciente si se saben, ya que, en muchos casos, reduce el tiempo del diagnóstico si resultan ser genéticas. — Valoración del problema: «a priori» acudirán al centro personas con disfunciones auditivas, pero cada caso debe ser analizado y tratado de forma individual. Ningún paciente es igual a otro, aunque presenten cuadros semejantes de la problemática, por lo que el audioprotesista no debe dar nada por sentado, ya que esto podría dar lugar a errores a la hora de la elección del audífono y su posterior adaptación. Es muy importante saber la limitación concreta que causa el problema auditivo en el paciente porque nos va a ayudar a establecer el tipo de estrategias a emplear y a devolverle la calidad de vida que tenía. Pero… ¿Cuánto tiempo le dedicas a la anamnesis? Seguro que muchas veces, por rutina o falta de tiempo, no prestamos suficiente atención a esta parte esencial de la visita de nuestros usuarios. La información que el audioprotesista puede obtener durante la anamnesis le permite conocer diversos datos relevantes que le van a ser de extraordinaria utilidad para establecer el diagnóstico, así como en la elección del audífono que sea la mejor solución respecto a la pérdida auditiva y estilo de vida del cliente. A la hora de adaptar, no es lo mismo una persona que trabaja en ambientes ruidosos, que otra que vive una vida más relajada y sin alteraciones. Como hemos explicado en el punto anterior, la anamnesis nos ofrece información importante acerca de la existencia de alguna enfermedad que pueda estar padeciendo el paciente, por lo que dicha prueba es un proceso que debemos dominar a la perfección y no saltárnoslo ni pasarlo a la ligera, ya que una buena realización nos permitirá ser más eficientes. Además, ahorraremos tiempo en la adaptación de los audífonos evitando la repetición de pruebas auditivas. Realizar preguntas como las que sugerimos a continuación, nos va a orientar sobre la correcta elección del audífono y con ello, nos garantizará la satisfacción por parte del usuario al haber acertado con la prótesis seleccionada: — ¿Cada cuánto sales a cenar con amigos? — ¿Sueles frecuentar lugares con ruido? — ¿Qué tal escuchas al cura en misa? — ¿Te gusta ir a conciertos o escuchar música en directo? — ¿Ves mucho la TV?  — ¿Te molestan los ruidos? Estas son solo algunas de las cuestiones más relevantes, pero según lo que te revele el paciente, deberás adecuarlas a su entorno. Es importante dejarle claro que las preguntas que realizamos las hacemos con el fin de obtener la mayor satisfacción para su problema y, en ningún momento, para entrometernos en su vida personal. Hay que entender la relación profesional-paciente como un mecanismo para mejorar el tratamiento; si no hay avances, se puede producir una pérdida de confianza en el audioprotesista. Consejos para tener una buena relación audioprotesista-usuario En primer lugar, hay que entender que la relación profesional/paciente debe ser interpretada como un mecanismo para mejorar el tratamiento y, por tanto, su salud. Si con el paso del tiempo, no aprecia mejoras respecto a su estado, esto puede suponer una pérdida de confianza del paciente en el profesional, que perjudicará, probablemente, su implicación en el uso de los audífonos y, por consiguiente, la mejora de su salud auditiva. Para evitar estas situaciones de desconfianza de los pacientes y facilitar su comprensión y adaptación al uso de los audífonos, los profesionales deberían de implementar las siguientes pautas: — Promover un lenguaje bidireccional que facilite la comprensión, evitando palabras excesivamente técnicas. — Preguntar directa e indirectamente sobre aspectos de la vida del paciente. — Promover un clima de confianza mutua. — Adoptar nuevos canales de comunicación que hagan el proceso comunicativo mucho más fluido, si fuera necesario. — Conseguir una buena adherencia por parte del paciente y evitar el rechazo de los audífonos. — Fomentar hábitos de vida saludable, claves si sufre enfermedades patológicas como la diabetes, que genera fluctuación de audición, o de cara a evitar la exposición a lugares ruidosos. En definitiva, una correcta anamnesis y tener una buena relación con el paciente va a repercutir muy positivamente en su calidad de vida, y un cliente contento, siempre es una victoria. El correcto uso de audífonos va a generar una mejora importante en la salud auditiva de la persona y de todo aquel que le rodea. Además, va a significar un gran avance para futuras dolencias o empeoramiento de audición que pueda presentar el paciente, estén relacionadas o no, ya que la percepción que va a tener el usuario sobre el audioprotesista que le atiende y que se preocupa por su salud, va a ser muy positiva, trayendo consigo éxitos profesionales. Bibliografía Teixidó, D. B. (2022, 8 junio). Una buena relación médico-paciente mejora la adherencia de los pacientes. Blog de Uniteco. https://www.unitecoprofesional.es/blog/buena-relacion-medico-paciente-mejora-adherencia-pacientes Teixidó, D. B. (2022b, octubre 19). Una buena anamnesis es clave en el diagnóstico del paciente. Blog de Uniteco. https://www.unitecoprofesional.es/blog/buena-anamnesis-clave-diagnostico-paciente Fátima CambónAudióloga / Audioprotesista CV Autor Técnico Superior en Audiología Protésica.Gerente de Auris Audición e Visión.Escritora colaboradora del libro Gestión de Empresas.

Síntomas de la hipoacusia no tratada vs hiperacusia

La hiperacusia es una condición auditiva en la que una persona experimenta una extrema sensibilidad al ruido, lo que hace que sonidos cotidianos que son cómodos para la mayoría de las personas puedan resultar intolerables para quienes la padecen. Sin embargo, no siempre este síntoma debe asociarse a una hiperacusia; en ocasiones, puede estar provocado por una hipoacusia, ¿cómo puede ser? Es frecuente que el audiólogo experto en el tratamiento de hiperacusia reciba pacientes que desean ser tratados por padecer este síntoma, pues según ellos mismos relatan, «a pesar de presentar pérdida leve, poco importante, su principal problema es la molestia que le generan sonidos normales, especialmente agudos». No toleran los entornos bulliciosos, no entienden y el ruido ambiente que el resto soporta, para ellos es tan alto que les impide entender y/o estar en esa situación con comodidad. No soportan sonidos de los platos si se descarga el lavavajillas, ni el tono de los niños o las conversaciones en cafeterías por su «hiperacusia» y han empezado a rechazar exponerse a determinados entornos auditivos. Los pacientes que presentan hiperacusia describen molestias ante un espectro de sonidos muy amplio, independientemente de sus características frecuenciales. Ante este discurso, el audiólogo tiene que sospechar que puede que estos síntomas no obedezcan a un problema de hiperacusia sino que, simplemente, sean indicios, ya conocidos, de un paciente con hipoacusia no tratada. Una persona que lleva años estimulando incorrectamente su oído, percibiendo los sonidos (especialmente agudos) por debajo de lo normal por su hipoacusia, suele desarrollar mayor sensibilidad a estos mismos sonidos. Incluso, en ocasiones, esta molestia les hace pensar que no pueden beneficiarse de corrección auditiva: «si me molestan esos sonidos sin audífonos, con ellos van a ser insoportables». Una persona que lleva años estimulando incorrectamente su oído, percibiendo los sonidos por debajo de lo normal por su hipoacusia, suele desarrollar mayor sensibilidad a los mismos. La hiperacusia se describe como excesiva sensibilidad auditiva o intolerancia a sonidos cotidianos que para la mayoría de las personas parecerían habituales. Se diagnostica cuando los UCL quedan por debajo de valores normales (menos de 95 dB) y los cuestionarios de valoración de la afectación (por ejemplo, THS) corroboran que, al tener dichos umbrales bajos, el día a día de la persona está afectado. En las situaciones descritas unas líneas más arriba (hipoacusia no tratada), tanto los UCL como los cuestionarios suelen registrarse dentro de la normalidad o mínimamente desviados.  Los pacientes que presentan hiperacusia describen molestias ante un espectro de sonidos muy amplio, independientemente de sus características frecuenciales. En general, cualquier entorno ruidoso genera incomodidad y rechazo. Sin embargo, los síntomas de la hipoacusia no tratada suelen aparecer en aquel rango frecuencial en el que el paciente ha sufrido más tiempo deprivación auditiva, por lo general, los agudos. Estos pacientes, toleran bien entornos sonoros muy ruidosos como la calle, centros comerciales, etc. y su malestar se relaciona con sonidos de ciertas características frecuenciales o con situaciones de ruido en las que su hipoacusia les impide entender correctamente.  Será importante entonces explicar al paciente la diferencia entre hiperacusia e hipoacusia no tratada, haciendo hincapié en la importancia de tratar cuanto antes dicha hipoacusia para que los síntomas que está notando no se agudicen. Sonia BajoAudióloga y Logopeda CV Autor Diplomada en Logopedia.Habilitación Tinnitus & Hyperacusis Therapy MC.Experta en Acúfenos e Hiperacusia, tratamiento TRT, Audiología Infantily Tercera Edad en RV Alfa Centros Auditivos.Docente en el Máster de Audiologíade la Universidad Europea Miguel de Cervantes.

Mejorando nuestras adaptaciones: análisis de errores de concepto habituales

La práctica de la audiología se basa entre otros aspectos en el conocimiento del audiólogo de la tecnología de los audífonos. Bryan Taylor y Gustav Mueller han revisado un conjunto de creencias, extendidas pero erróneas, sobre la tecnología de los audífonos y las técnicas de adaptación. La experiencia diaria, las conclusiones extraídas tras la lectura de información y nuestra interpretación de lo transmitido en las formaciones de producto de los laboratorios, nos hacen desarrollar, en ocasiones, creencias basadas en conceptos erróneos. El siguiente artículo pretende resumir con fines divulgativos algunas de las conclusiones de dicha revisión. El primer concepto analizado alude a las medidas REM: ¿cuándo consideramos, tras hacer una medida REM, que un audífono está ajustado al objetivo? Los audiólogos sabemos que al adaptar un audífono tenemos que ajustar la ganancia a los objetivos prescritos, midiendo dicha ganancia con pruebas en oído real (medidas REM). El primer dilema que presentan Mueller y Taylor y en el que se aprecian errores de concepto por parte de los audiólogos es: la medida REM, ¿tiene que ser una «coincidencia perfecta» con la curva objetivo? Sea cual sea el método prescriptivo de verificación de la adaptación, normalmente, es necesario hacer ajustes para conseguir que la curva de ganancia del audífono coincida con la prescrita por el fabricante. El análisis realizado por los autores se centra en los dos métodos prescriptivos «validados» en la actualidad: NAL-NL2 y DSLv5.0. Introducen el concepto «método prescriptivo validado» para diferenciarlo de los algoritmos de adaptación desarrollados por los laboratorios, que, a diferencia de los primeros, no cuentan de momento con tanta investigación sobre sus resultados (ver Mueller 2020 para más información).  Sea cual sea el método prescriptivo utilizado para la verificación de la adaptación, generalmente, es necesario hacer ajustes para conseguir que la curva de ganancia del audífono medida con sonda (REM) coincida con la curva objetivo prescrita por el programa del fabricante. La curva que nos muestran los equipos de medidas REM es el punto central del objetivo. Pero la falta de coincidencia perfecta de nuestra curva con la curva objetivo, no significa siempre estar fuera de objetivo.  Los estudios realizados para el desarrollo de NAL-NL2 compararon la ganancia prescrita por NAL-NL1 con las correcciones que los pacientes hacían con el control de volumen tras adaptar los audífonos con REM al objetivo. Estos estudios concluyeron que, para todos los niveles de pérdida, la ganancia de uso preferida por los usuarios era más baja, con variaciones promedio entre -12 dB a 16 dB. Finalmente, NAL-NL2 tomó este hecho en cuenta y redujo la prescripción de ganancia 3 dB. Con esta reducción, el 60% de las adaptaciones quedaban en un rango de +/- 3 dB con respecto al nivel preferido por el usuario. Sabiendo que las preferencias de nivel de sonoridad entre los pacientes se mueven en una horquilla de -12 a +16 dB, Mueller y Taylor consideran que un rango de +/-5 dB de variación respecto al punto objetivo que se muestra en la pantalla (rango total de 10 dB) es un rango razonable y aceptado en la verificación clínica. Es importante para el audiólogo entender que cuenta con ese rango para atender a las sensaciones de confort del paciente. Asumiendo el rango aceptado de +/- 5 dB, los autores recalcan que lo que es realmente importante es que esa diferencia sea homogénea en toda la curva. Pongamos, por ejemplo, el caso de una adaptación en la que inicialmente dejamos la curva objetivo a -5 dB, atendiendo a las preferencias del paciente. Generalmente, los audiólogos consideran que cuanto mayor es el índice de audibilidad -más cercano a 1-, mejor es la adaptación. Puede ocurrir que una vez habituado, con el paso del tiempo y ante mayor nivel de experiencia, el paciente solicite un aumento de ganancia. Si en nuestra curva de ganancia inicial, la diferencia respecto al objetivo no es homogénea en todas las frecuencias, un aumento posterior puede alejar mucho determinadas frecuencias del objetivo.  Existe un último error de concepto respecto a la valoración de los resultados de las medidas REM: el índice de inteligibilidad del habla. ¿Qué errores cometemos al analizar este valor? Generalmente, los audiólogos consideran que cuanto mayor es el índice de audibilidad (más cercano a 1), mejor es la adaptación. Sin embargo, observemos el siguiente cuadro en el que se registra el índice de audibilidad que se obtendría ante diferentes perfiles de pérdida para una coincidencia perfecta con los objetivos de los métodos DSLv5.0 o NL2. Tabla.  1   SII que se obtendría para una coincidencia con la propuesta del método prescriptivo perfecta (Johnson y Dillon 2011). Los audiólogos consideramos que cuanto más grande sea el valor SII mejor será nuestra adaptación. Para conseguirlo tendemos a subir ganancia, especialmente en frecuencias agudas, área en la que suele haber más discrepancia entre la ganancia que podemos proporcionar y la curva objetivo. Sin embargo, existe evidencia de que esto puede tener efectos negativos (Mueller et al. 2017): — Provoca una percepción incómoda del volumen general del audífono por lo que los pacientes tienden a reducir la ganancia de forma global. — El aumento de ganancia en esas áreas puede generar una percepción de la propia voz inaceptable por lo que, de nuevo, es probable que el paciente reduzca la ganancia de forma global por debajo de lo deseado. — Además, una mayor audibilidad no siempre significa mejor discriminación. Un aumento de la ganancia en esas áreas puede generar un efecto enmascarador de otras frecuencias. Figura 1 y 2.Gráficas REM en objetivo REM desviada. Una mayor audibilidad no siempre significa mejor discriminación: un aumento de la ganancia en esas áreas puede generar un efecto enmascarador de otras frecuencias. Revisando la evidencia de la tabla podemos considerar como óptimo y en objetivo, un SII, en torno a 0.7. Igualmente, con relación a la búsqueda de la coincidencia exacta, tenemos que aprender que el «objetivo» no es un punto exacto, sino un rango que como hemos apuntado es de +/- 5 dB, y que hay que prestar más atención a que la desviación sea homogénea en todas las frecuencias para que posteriores aumentos de ganancia globales no generen picos de desviación no aceptables en algunas de ellas. El segundo concepto erróneo analizado tiene relación con el efecto de ventilación al usar adaptadores estándar (olivas). Habitualmente, ante una nueva adaptación nuestra decisión para la selección del tipo de adaptador a utilizar está determinada por los umbrales audiométricos en frecuencias graves: a mayor pérdida, mayor necesidad de oclusión y viceversa; a mejor umbral, mayor necesidad de ventilación. Es de sobra conocido el gráfico de Dillon desarrollado para NAL que muestra los efectos de la ventilación usando la frecuencia de 500Hz como referencia. En la actualidad, los softwares de ajuste de los fabricantes requieren el dato de ventilación, pues corrigen la ganancia de acuerdo a dicho dato.  Si la información proporcionada al software difiere de lo que ocurre realmente en el oído del paciente, estaremos incurriendo en errores que comprometen el resultado de la adaptación. Todos los tipos de adaptadores/moldes tienen cierta fuga debida al contacto del adaptador/molde con las paredes del CAE («SlitLeak»). Esta fuga dependerá de la longitud de la zona de contacto. En los adaptadores personalizados hay más zona de contacto (8-10 mm). En los adaptadores estándar la zona de contacto es menor, lo que hace que se sienta más ligero y cómodo. Sin embargo, a menor zona de contacto, mayor fuga («SlitLeak»). Balling et al. midieron la fuga (SlitLeak) para diferentes tipos de adaptadores estándar. Estas medidas también se realizaron para adaptadores personalizados. En los adaptadores a medida cerrados, bien ajustados, la fuga hallada no fue mayor a 2-3 dB en frecuencias graves. Figura 3.Dillon, efectos de la ventilación. En los adaptadores potentes de doble copa sería de esperar una fuga similar. Sin embargo, se demostró que la fuga promedio de estos adaptadores es de 8 dB en la frecuencia de 500 Hz y 16 dB en la frecuencia de 250 Hz. En conclusión, para esas frecuencias, con el adaptador estándar supuestamente más cerrado, la fuga era similar a la registrada con una ventilación de 3.5 mm Figura 4.Programación automática para misma audiometría seleccionando adaptador cerrado y abierto. Pero, que haya una ventilación indeseada no solo genera efectos sobre la ganancia. La estanqueidad de los adaptadores impacta de manera significativa en el efecto de los reductores de ruido y la direccionalidad. La eficacia de los reductores de ruido en los audífonos estriba en disminuir la ganancia en frecuencias graves. En adaptaciones abiertas (ya sea con intención o por el efecto SlitLeak observado aún en adaptadores estándar de doble copa), los reductores de ruido no son tan eficaces pues al no haber amplificación no pueden restar ganancia en esas áreas frecuenciales (graves). Igualmente, ante efectos de ventilación tan grandes, el ruido ambiente es capaz de llegar al tímpano directamente y los efectos de la direccionalidad y los reductores de ruido no se podrán aplicar sobre esa señal directa. Se ha demostrado que el efecto de la mejora en la relación señal ruido de los gestores de los audífonos actuales puede disminuir hasta un 50% en la condición abierto vs cerrado. El «objetivo» no es un punto exacto, sino un rango +/- 5 dB, y hay que prestar más atención a que la desviación sea homogénea en todas las frecuencias. En conclusión, tras lo expuesto, hay que asumir que en general con los adaptadores estándar las adaptaciones son mucho más abiertas de lo que suponemos. Las medidas REOR vuelven a tomar protagonismo para poder identificar este fenómeno y aplicar los ajustes necesarios. En segundo lugar, tenemos que ser conscientes de que en una adaptación más cerrada se obtendrá mayor beneficio de los avances de la tecnología. El tercer concepto analizado como posiblemente erróneo tiene relación con los ajustes sobre la MPO del audífono. En la actualidad es aceptada la idea de que el software de los audífonos maneja la MPO y es preferible no hacer ajustes manuales pues esa gestión automática será más acertada que los ajustes manuales que haga el audioprotesista. Mueller y Taylor proponen una revisión de esta creencia, por ser causa de errores en adaptaciones. Para entender la preocupación por este parámetro, mostraron qué ocurre ante un incorrecto ajuste de la MPO. Si el error hace que la señal de la MPO sea demasiado alta, los pacientes rechazarán los audífonos, los utilizarán de forma inadecuada para no someterse a situaciones de molestia o reducirán la ganancia globalmente rebajando así la ayuda en intensidades suaves (donde resulta más necesaria). Si por el contrario, el ajuste de MPO queda bajo, se puede generar distorsión en la señal de habla si esta queda en el nivel de salida máxima del audífono. También, el habla puede resultar monótona si el MPO rebaja picos constantemente. Otro efecto negativo generado por un MPO bajo tendrá relación con el rango de «percepción de volumen diferente». Las diferencias entre volúmenes distintos serán reducidas pues habrá poca variación en dB entre sonido normal y alto. Por último, ante un MPO bajo, los sistemas de reducción de ruido pueden no ser tan eficaces, pues podría ocurrir que al actuar, la reducción de la señal de habla sea mayor que la disminución de ruido. Cuando dejamos que el software controle el MPO de un audífono nos olvidamos de que los niveles de UCL son muy variables para la misma pérdida en diferentes personas. Simultáneamente, se ha demostrado que entre los diferentes fabricantes los valores predeterminados de MPO prescritos para los mismos datos audiométricos y el mismo método prescriptivo variaban entre los 18-21 dB(Bentler y Cooley). Ante una nueva adaptación nuestra decisión para la selección del tipo de adaptador está determinada por los umbrales audiométricos en frecuencias graves: a mayor pérdida, mayor necesidad de oclusión y viceversa; a mejor umbral, mayor necesidad de ventilación. Ante esta situación Mueller y Taylor proponen realizar medidas REM, ajustar los valores de MPO ligeramente por debajo de los valores medidos de UCL y validar este ajuste con el paciente, usando escalas de sonoridad, como por ejemplo test de COX. Por último, hablaremos sobre un error de concepto relacionado, en este caso con, la precisión de los sistemas de clasificación de ambiente de los audífonos. La capacidad de los audífonos para adaptarse a los entornos es uno de los grandes avances de la tecnología en estos dispositivos. Desde la modificación de la respuesta en frecuencias (generalmente bajas) de los años 40, se ha pasado por la aparición de los micrófonos direccionales en los 70 o la implementación de diferentes programas de escucha que el paciente tenía que activar de forma manual con la aparición de los audífonos programables (comprobándose que finalmente estas opciones eran poco utilizadas). En los 2000, con el desarrollo de los circuitos digitales, aparecieron los sistemas de clasificación de señales. Mueller y Taylor consideran que la fe por parte de los audiólogos en este sistema puede necesitar algún matiz. Ricketts (2019) realizó una revisión del funcionamiento de los sistemas de clasificación de entornos sonoros. Los criterios que definían a un sistema de este tipo como eficaz fueron: — Que la señal de entrada esté correctamente identificada. — Que los algoritmos de procesamiento se activen mediante el uso de un conjunto de reglas de decisión. — Que estos algoritmos de procesamiento tienen que conseguir que intervenir el resultado, sea mejor que no activarse. — Que el algoritmo que se activa no puede producir artefactos ni interactuar negativamente con otros algoritmos. Todo esto, en suma, hace muy difícil que los algoritmos trabajen bien o, al menos, que lo hagan todo el tiempo en todas las situaciones, como se evidenció en su estudio. Cui y Groth (2017) y Yellamsetty (2021) analizaron la capacidad de identificación de ambientes de audífonos de gama premium de fabricantes diferentes usando el método prescriptivo propio de cada uno. Los resultados en ambos estudios arrojaron valores de precisión en la identificación muy variables entre los modelos, así como valores de precisión diferentes dependiendo de la escena sonora que se medía con un mismo audífono. En la escena «habla en silencio» todos los dispositivos lograron niveles de identificación altos. Sin embargo, en la identificación «habla en ruido» la precisión varió desde el 90% de algunos productos hasta el 40% de éxito en la identificación de este entorno del producto con peor resultado. La identificación de la música generó una amplia variabilidad del 95% al 5%, dependiendo del producto y del estilo de música con el que se evaluó.  Taylor y Mueller defienden el valor de la herramienta automática de selección de ambiente recomendándolo sobre la selección manual del paciente. Sin embargo, a la vista de los resultados, en los que se encontraron evidencias de errores de identificación relevantes dependiendo de la marca o de la escena sonora a identificar, los audioprotesistas necesitan estar alerta de las quejas reiteradas que puedan hacernos sospechar de problemas de identificación, y ofrecer alternativas manuales de selección y corrección de ambiente a través de las aplicaciones o botones, o plantear el cambio de producto si el elegido no se adapta a los requerimientos de la forma esperada. En conclusión, el análisis de estos errores de concepto, ampliamente generalizados, nos ayuda a contar con un paradigma diferente a la hora de utilizar las herramientas de adaptación a nuestra disposición de una forma más efectiva. Ante un MPO bajo, los sistemas de reducción de ruido pueden no ser tan eficaces, pues podría ocurrir que al actuar, la reducción de la señal de habla sea mayor que la disminución de ruido. CV Autor Sonia Bajo Audióloga / Audioprotesista Diplomada en Logopedia.Habilitación Tinnitus & Hyperacusis Therapy MC.Experta en Acúfenos e Hiperacusia, tratamiento TRT, Audiología Infantil y Tercera Edad en RV Alfa Centros Auditivos.Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes.