Entrevista a Alejandro Camuñas

12/01/2017 | Comparte:

“Hubo un abuelo al que nada más encenderle el audífono le empezaron a caer lágrimas de alegría”

Audioprotesista de Beltone, Alejandro Camuñas se ha estrenado este año como cooperante internacional. Enrolado en una misión auditiva y óptica propiciada por la Fundación Cione Ruta de la Luz, y apoyada técnica y materialmente por Beltone, Alejandro ha  participado como voluntario en el proyecto que ambas entidades pusieron en marcha el año pasado en la ciudad sahariana de Dakhla.

El, y otras dos compañeras más, llevaron a cabo 170 revisiones audiológicas (96 audífonos adaptados), además de prácticamente 300 revisiones ópticas. Fue precisamente en el campo de las audiometrías en el que se centró Camuñas, que reconoce su deseo de volver a esta parte del Sahara, o a cualquier otro lugar donde sea necesario, para seguir ayudando. En el cuerpo se lleva cinco días de trabajo incansable. En el corazón, recuerdos inolvidables y la seguridad de que un audífono le puede cambiar la vida a una persona.

Has viajado a Dakhla con otras dos ópticas y audioprotesistas, ¿cómo ha sido la experiencia, las conocías?

Viajé con dos ópticas y audioprotesistas, la navarra Sheila Muruzabal; y Tania Roris, que es de Pontevedra. A Tania ya la conocía anteriormente; Me presentaron a Sheila el día de antes de viajar a Sahara, en la sede de la Fundación Cione Ruta de la Luz, donde estuvimos preparando el material que íbamos a llevar y organizando cómo íbamos a implementar los protocolos de trabajo durante nuestra estancia en Dakhla. Todo ha ido sobre ruedas.

Tania y Sheila son dos personas comprometidas y muy capaces. Desde el primer día la sintonía fue perfecta, lo que ha ayudado a rentabilizar al máximo estancia en Sahara. La consecuencia ha sido que además de la satisfacción por lo que hemos hecho, me he traído dos buenas amigas con las que mantengo el contacto.

¿Cuál ha sido vuestra labor en Dakhla?

Le hemos dado continuidad al trabajo que se había llevado a cabo en dos misiones de cooperación internacional  anteriores con destino allí, y en mi caso, especialmente, a la labor iniciada en 2015 por Beatriz Camacho en materia de Audiología, que fue pionera en España. Este año, la misión ha tenido dos partes. La audiológica ha estado ligada a la Asociación de Personas Sordas de Dakhla; la óptica,  a la Asociación de Personas con Discapacidad. Cuando llegamos allí, nos cedieron varias instalaciones en la Fundación de Personas Discapacitadas de Dakhla.

En cinco días de trabajo intenso, de lunes a viernes, llevamos a cabo casi 500 revisiones, de audición y de visión. Empezábamos a revisar a los pacientes a las nueve de la mañana y terminábamos pasadas las ocho de la tarde. Ya que habíamos ido y disponíamos de los medios adecuados, nos empeñamos en que todo el mundo quedara atendido, y lo conseguimos.

¿Cómo está la atención audiológica en la ciudad y su comarca?

No es un lugar de extrema pobreza. En la ciudad se pueden encontrar todos los servicios. No es lo mismo que en España, pero, por ejemplo, la gente no pasa hambre, hay conexiones a internet y una buena cobertura en cuanto a telefonía móvil. En materia de sanidad, es otra cosa.

En Dakhla no existe la atención audiológica, de manera que las personas con pérdidas auditivas tienen que desplazarse a un mínimo de 500 kilómetros para revisarse los oídos, o para que les adapten un audífono, hasta ciudades como Rabat y Casablanca. La inmensa mayoría de la población no cuenta con recursos económicos como para desplazarse hasta allí, y aún menos para adquirir unos audífonos, por lo que tener una pérdida auditiva, es poco menos que irresoluble, salvo para unos pocos privilegiados.

¿Os dirigíais a una parte de la población en especial?

En materia de Audiología, que era mi cometido, la contraparte local, es decir la Asociación de Discapacitados de Dakhla, había hecho un llamamiento tanto en la ciudad como en su comarca, advirtiendo de nuestra llegada. Después, el personal local nos ayudó con la organización del trabajo y con las citas. Revisamos a todo tipo de pacientes, desde personas que resultaron no tener pérdidas auditivas u otras que sólo tenían un tapón de cera en los oídos, hasta pacientes que venían con pérdidas irrecuperables, ante las que no pudimos hacer nada.

Sin embargo, un 75 u 80 por ciento de los revisados sufrían una pérdida de audición que se podía paliar con la ayuda auditiva. Audiológicamente, revisamos a 170 personas en cinco días, una media de casi 35 diarios, que es muchísimo. Llevamos 102 audífonos, y los adaptamos prácticamente todos, 96.

¿En qué instalaciones habéis trabajado?

Nos cedieron las instalaciones de la Asociación para que nos organizáramos a nuestra conveniencia y ser lo más efectivos posible. Decidimos emplear dos salas para practicar las revisiones audiológicas. En una, instalamos el audiómetro, para practicar una batería completa de pruebas, y en la otra fue donde adaptamos los audífonos a las personas que los necesitaron.

Como llegamos a  tener mucho tránsito de pacientes, instalamos un segundo audiómetro para poder trabajar en las dos salas cuando hacía falta. Tania empleaba prácticamente todo su tiempo en las revisiones audiológicas, mientras que  Sheila se centró más en las ópticas, aunque también nos ayudaba si era necesario.

¿Habéis hecho seguimiento de los casos tratados el año pasado?

Sí. Hemos comprobado que los beneficiarios han seguido perfectamente los consejos que les dio Beatriz Camacho. Nos hemos encontrado sus audífonos en buen estado de uso, limpios, y en su gran mayoría, prestando servicio perfectamente. Sólo hemos tenido que hacer leves ajustes en algunos de ellos. De hecho, algunos de los beneficiarios del año pasado sólo se acercaron para darnos las gracias.

¿A qué tipología de pacientes habéis atendido?

A personas de todas las edades, desde niños pequeños hasta mayores de 90 años. En el caso de los menores, es evidente que la adaptación de los audífonos les va a cambiar la vida, dándoles, por ejemplo, un mejor acceso a la educación. Sin embargo, a mí se me quedó grabado especialmente el caso de un anciano, un abuelo al que, nada más encender el audífono, le empezaron a caer unas lágrimas como puños, de alegría.

Tengo que reconocer que yo también lloré cuando lo vi. Los niños alucinaban con los audífonos. Tamborileaban con los dedos sobre la mesa, o reían sólo porque se estaban escuchando a sí mismos y lo que les rodeaba. Otro chaval, de poco más de 20 años, oyó su voz por primera vez gracias a sus nuevos audífonos. Cuando vi su cara, me di cuenta de que, exactamente en aquel momento, su vida había cambiado. Seguro que las oportunidades que se le abren ahora son muy distintas de las que tenía, mucho más amplias, seguro.

¿Habías tenido alguna experiencia parecida?

No. Ni profesional ni personalmente. En Beltone nos dedicamos a devolver la facultad de comunicarse a las personas, y ya es gratificante, pero los procesos son más graduales, la gente se hace revisiones periódicas…

Nunca había sido testigo de cambios tan radicales. Ese primer plano, ese contacto directo con personas que necesitaban tanto la ayuda auditiva y que se mostraban tan agradecidas con nosotros, no lo había sentido nunca. Los tres hemos trabajado a destajo, terminábamos agotados cada día, pero siempre con la sensación de estar llevándonos en nuestro interior mucho más de lo que aportábamos, en forma de recursos materiales.

Nunca había sido consciente de que mi profesión, mi formación, pudieran abrirle un mundo diferente de posibilidades a otras personas. Siempre que ayudas a alguien que lo necesita, sea donde sea, te sientes bien, pero cuando lo haces con alguien que no tiene otra oportunidad salvo la que se le presenta contigo, eso es indescriptible.

Con una situación internacional tan tensa como la que vivimos, ¿llegaste a tener dudas antes de viajar?

En el momento de plantearme el viaje, me surgieron dudas, claro que sí, pero que una compañera  como Beatriz Camacho ya hubiera estado el año anterior en el mismo lugar y me contara su experiencia, me ayudó a decidirme. Me habló de la normalidad con la que luego realmente me he encontrado.

¿Notaste choque cultural en cuanto a comidas u otras circunstancias?

Se nota que el nuestro y el suyo son dos mundos diferentes. Allí, por desgracia, la mujer no juega el mismo papel que aquí, eso es evidente. También me llamó mucho la atención que contando con unas playas magníficas, no le presten más atención a sus recursos turísticos. En todo caso, los saharauis, en general, sienten nostalgia de lo español, así que cuando nos ven, nos tratan bien.

¿Cómo os comunicasteis con la gente?

Además de que contábamos con la ayuda local de personas que hablaban perfectamente español, los más mayores solían entender e incluso hablar algo de castellano. Con los demás, íbamos improvisando sobre la marcha. Algunos hablaban francés, que es un idioma con el que yo me defiendo bastante bien. Con los árabes, nos entendíamos en inglés, y cuando nada de esto funcionaba, por gestos. Al final, siempre hay una manera de comunicarse.

¿Habéis tenido apoyo del personal local?

Pese a que no estaban preparados técnicamente, ni contaban con los medios necesarios, han puesto toda su buena voluntad, que ha sido mucha, para ayudarnos. La mayor parte de los equipamientos los llevábamos nosotros, y, lógicamente, ellos no sabían utilizarlos.

¿Qué material habéis llevado?

El año pasado se llevó un audiómetro de vía aérea. Este año hemos llevado uno de vía aérea y otro más completo, que hace vía aérea y vía ósea, con el que las pruebas son mucho más fiables. Además, hemos llevado 102 audífonos y material sanitario básico, como agua oxigenada, algodón, vendas, alcohol…

Ésta ha sido tu primera experiencia en cooperación internacional, ¿tienes intención de repetir?

Es una experiencia que recomiendo a todo el mundo y efectivamente repetiría en la próxima ocasión. Además mantenemos el contacto con la Asociación. Sobre todo a través de Facebook, podemos ir hablando con la asociación y con algunos de los chicos que hemos atendido.

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Alrededor del 70 % de los pacientes con AVD experimenta pérdida auditiva progresiva o episodios de pérdida súbita en los nueve años posteriores a su diagnóstico. Los pacientes que han tenido fluctuaciones previas en la audición son más susceptibles de que ocurran nuevos episodios de pérdida. El tamaño del acueducto vestibular y del saco endolinfático no permite predecir cómo evolucionará la pérdida auditiva, aunque algunos estudios sugieren que los acueductos más grandes podrían asociarse a un mayor riesgo de empeoramiento progresivo. Es importante que los audiólogos conozcan que, a medida que progresa la pérdida auditiva, la capacidad de reconocer palabras suele disminuir, y que esta dificultad en la discriminación puede ser mayor a la esperada en comparación con otras hipoacusias con similar componente conductivo o mixto de origen en el oído medio y no coclear. Según las conclusiones de Wolf 1, no existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Se han utilizado procedimientos como el «Shunt», consistente en drenar o derivar el exceso de líquido del saco endolinfático, la oclusión o el uso de corticosteroides, si bien no se han mostrado eficaces y en algunos casos, pueden empeorar la audición. Por ello, el manejo se centra en los síntomas y en mejorar la comunicación del paciente mediante audífonos, implantes cocleares, sistemas FM y estrategias de apoyo a la comunicación, como la ubicación preferencial en el aula y medidas que favorezcan la lectura labial. No existen tratamientos quirúrgicos ni farmacológicos que hayan demostrado revertir la pérdida auditiva en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Como se ha dicho unas líneas más arriba, la pérdida auditiva en pacientes con acueducto vestibular dilatado puede ser conductiva, mixta o sensorioneural, y su evolución varía: puede mantenerse estable, fluctuar o empeorar de manera súbita. Es por ello muy importante ante este diagnóstico, utilizar todas las herramientas clínicas disponibles para poder diferenciar componentes conductivos de origen coclear de los relacionados con el oído medio. La vigilancia continua de la audición, el rendimiento de los audífonos y la programación de implantes cocleares es esencial cuando hay fluctuaciones. Además, dado que el EVA puede tener un componente genético, se recomienda también evaluar a otros miembros de la familia. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante el feedback del paciente. En referencia a la programación de los audífonos, no existe una regla estricta sobre si usar los umbrales óseos o tratar la adaptación como pérdida neurosensorial, a pesar del eventual GAP. Dado que la mayoría de las dificultades en el AVD no se originan en el oído medio, lo más recomendable es programar el audífono según la pérdida neurosensorial y evaluar el resultado mediante retroalimentación y cuestionarios de validación al paciente, comprobaciones electroacústicas o pruebas verbales en cabina, ajustando la programación según la respuesta funcional del paciente. Por ello, en nuestra práctica, la rehabilitación de la hipoacusia generada por un AVD sugiere contemplar los siguientes aspectos: 1. Asesoramiento y educación familiar como un aspecto clave. • Informar a pacientes y familias sobre actividades que deben evitarse para prevenir la progresión de la pérdida auditiva, como deportes de contacto, golpes en la cabeza o cambios bruscos de presión. •  Explicar la naturaleza fluctuante de la EVA y la importancia del uso constante del audífono. 2. Plan de revisiones y seguimiento flexible. •  Establecer un calendario de controles auditivos que pueda adaptarse a las fluctuaciones auditivas del paciente. •  Permitir evaluaciones anticipadas si se detectan cambios en la audición entre citas programadas. •  Registrar las observaciones de la familia o del paciente sobre la audición y el comportamiento comunicativo para optimizar ajustes. 3. Selección de dispositivos versátiles dada la posibilidad de progresión. •  Elegir audífonos que permitan la modificación flexible de la ganancia (audífonos Rite con diferentes potencias de auricular) a cambios en la audición, evitando usar de entrada una ganancia muy alta que pueda ser perjudicial. •  Informar y formar a los pacientes para que puedan utilizar accesorios de conectividad y aplicaciones como apoyo en el manejo de las fluctuaciones. 4. Programación conservadora de la Máxima Presión de Salida (MPO). •  Ajustar la MPO con precaución debido a los posibles síntomas vestibulares asociados con AVD, evitando molestias y sobrecarga auditiva. 5. Diferenciación de causas de fluctuaciones. •  Considerar que a los síntomas producidos por el AVD pueden sumarse otros problemas típicos de oído medio (mucosidad, infecciones, tapones de cerumen). •  Realizar pruebas como timpanometría para diferenciar si la fluctuación se debe al AVD o a condiciones del oído medio. 6.  Ajustes de ventilación (venting). •  Tras seleccionar la ventilación según las características de la pérdida auditiva, es fundamental su verificación objetiva mediante mediciones en oído real (REM), asegurando que no se genere presión sonora inesperada. 7. Programación basada en pérdida neurosensorial. •  Aunque pueda existir un componente conductivo, se recomienda programar los audífonos considerando la pérdida neurosensorial, ajustando según la respuesta del paciente y las evaluaciones de desempeño auditivo. Puede ocurrir que en este tipo de condición finalmente sea necesario un implante coclear. En cuanto al resultado de esta intervención,  los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados 3 si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En adultos, la duración del uso previo de audífonos puede influir en el rendimiento posoperatorio, afectando la adaptación y aprovechamiento del implante. Los niños con acueducto vestibular dilatado suelen obtener muy buenos resultados si se implantan tempranamente y reciben el apoyo adecuado, incluso, cuando presentan pérdida auditiva profunda. En conclusión, el conocimiento del Síndrome del Acueducto Vestibular Dilatado y la atención a las consideraciones clínicas asociadas es fundamental para un manejo adecuado de la rehabilitación auditiva de esta población, permitiendo abordar con confianza una patología no siempre bien conocida, así como tomar decisiones más precisas. Referencias: 1 Wolf, J. (s.f.). Advanced management of complex cases: Enlarged Vestibular Aqueduct. Audiology Online. https://www.audiologyonline.com 2 Gopen Q, Zhou G, Whittemore K, Kenna M. Enlarged vestibular aqueduct: review of controversial aspects. Laryngoscope. 2011 Sep;121(9):1971-8. doi: 10.1002/lary.22083. Epub 2011 Aug 16. PMID: 22024854. 3 Hura, N., Stewart, M., & Walsh, J. (2020). Progression of hearing loss and cochlear implantation in large vestibular aqueduct syndrome. International Journal of Pediatric Otorhinolaryngology, 135, 110133. https://doi.org/10.1016/j.ijporl.2020.110133

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El reto de la audiología pediátrica: muchos roles y una sola misión

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Jace Wolfe, especialista en Audiología pediátrica, escribe en un reciente artículo publicado en el blog de audiología del fabricante de audífonos Phonak, sobre los muchos «sombreros» que el audiólogo pediátrico debe llevar, con el objetivo de proporcionar el mejor asesoramiento posible a la familia y de optimizar los resultados de la estimulación. Aunque la evidencia de que la Audiología pediátrica tiene muchas caras existe desde que se publicaron los primeros «manuales» de Audiología en niños, allá por los años 70 (inevitable acordarse, por ejemplo, de la primera edición de Hearing in Children de Northern, en 1974), está claro que la detección precoz ha hecho que muchas familias entren por primera vez en el mundo de la pérdida auditiva con sus bebés de tres o cuatro meses, con la ilusión de la nueva vida ensombrecida por el reciente hallazgo y con una absoluta y total incertidumbre hacia el futuro. 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Partiendo de los resultados de su estudio, los autores concluyeron que garantizar que las familias tengan acceso a una intervención temprana eficaz aumenta las posibilidades de que se adopte un enfoque de comunicación adecuado lo antes posible y de que un niño con necesidades educativas especiales adquiera la capacidad de escuchar y hablar a un ritmo acorde con su potencial. En lo relativo a la edad de implantación o adaptación protésica, las conclusiones son idénticas; la edad de intervención es un factor determinante, ya que la plasticidad neuronal y por tanto los efectos de la hipoacusia en el desarrollo del sistema auditivo y sus diferentes conexiones, cambian drásticamente con la edad, y las consecuencias de una intervención tardía pueden ser devastadoras. La Dra. Oshinaga-Itano, profesora de niños con hipoacusia, audióloga e investigadora, lleva los últimos veinte años estudiando la importancia de la detección e intervención precoz. Para ella, es absolutamente crítico que la intervención se realice en los primeros seis meses de vida, para que los niños con hipoacusia congénita puedan alcanzar los hitos del lenguaje al mismo tiempo que sus pares normoyentes. Señala también que existe un período sensible en el desarrollo de la comunicación que requiere acceso al desarrollo del lenguaje en etapas tempranas de la vida. Aunque son muchos los factores que pueden condicionar la edad de intervención, es evidente que el sistema sanitario español cada vez se acerca más a estos estándares de excelencia. Actualmente, con algunas diferencias determinadas principalmente por el área geográfica de nacimiento, la gran mayoría de los niños diagnosticados con hipoacusia congénita son equipados antes de los seis meses. El tiempo de intervención puede dilatarse algo más en el caso de niños con otras patologías asociadas, especialmente si se trata de patologías graves, o con hipoacusias moderadas o con importante componente transmisivo que pueden dificultar el diagnóstico. Idealmente, según algunos autores, habría que «correr» un poco más, de modo que los niños con hipoacusia deberían tener adaptados sus audífonos a los tres meses y los implantes cocleares (cuando se considere necesario), como máximo entre los 6 y 9 meses. Es crítico que la intervención se realice en los primeros seis meses de vida para que los niños con hipoacusia congénita puedan alcanzar los hitos del lenguaje al mismo tiempo que sus pares normoyentes. Dado que está sobradamente demostrada la importancia de actuar cuanto antes con todo, nuestro papel consiste también en abordar estos temas con determinación cuando hablamos con las familias, especialmente cuando nos encontramos en tiempo «límite». En este sentido, podría decirse también, en palabras de Wolfe, que somos «constructores de cerebros». No es lo mismo hoy que mañana y no es lo mismo una sesión de rehabilitación auditiva a la semana que dos, o tres. En palabras de Carol Flexer, doctora en Audiología norteamericana de extraordinaria trayectoria profesional (la primera persona a la que escuché decir en una conferencia que «oímos con el cerebro») y autora de varias publicaciones sobre Audiología pediátrica, la pérdida auditiva es una «emergencia para el neurodesarrollo». En este sentido, las investigaciones mencionadas en el blog señalan que: — Las áreas cerebrales encargadas del lenguaje hablado se desarrollan durante el primer año de vida. — Hacia el final del primer año, cuando falta la estimulación auditiva, se produce una importante reducción de las sinapsis en las áreas auditivas del cerebro. La privación auditiva durante el primer o segundo año puede provocar cambios irreparables en las redes del lenguaje hablado. — Si los adultos que cuidan a los niños hablan de forma clara e inteligible, se desarrollan redes neuronales que optimizan las habilidades de lenguaje expresivo y lectura. En esta primera etapa tan esencial para el desarrollo, sin llegar a la saturación, podría decirse que «más es mejor», sin perder de vista el bien llamado «aprendizaje incidental», tan importante en este período, que se produce en situaciones no estructuradas de aprendizaje. Las familias tienen que conocer las claves para generar en la vida diaria entornos en los que este aprendizaje incidental pueda producirse y aprovechar al máximo estas oportunidades espontáneas de adquisición de conocimiento. Es vital que transmitamos a las familias la conexión que existe entre estas experiencias auditivas tempranas y el desarrollo del cerebro. Dice Wolfe que otro de nuestros sombreros (¡qué gran responsabilidad!), es ser catalizadores de sueños. De la misma forma que los buenos profesores son catalizadores de conocimiento cuando generan en sus alumnos la curiosidad o el interés por aprender, los audiólogos pediátricos somos catalizadores de sueños (de los niños y de sus familias), cuando favorecemos las condiciones para que alcancen un adecuado desarrollo del lenguaje comprensivo y expresivo. Según los interesantísimos estudios de Moeller y Tomblin (2015), nuestra responsabilidad como catalizadores de sueños es mucho mayor de lo que pensamos. Basta con leer sus conclusiones: — Los niños con pérdida auditiva de leve a severa/profunda corren el riesgo de sufrir un desarrollo del lenguaje insuficiente y la probabilidad aumenta cuando la hipoacusia es mayor y no está convenientemente equipada. — La adaptación de audífonos correctamente programados reduce el riesgo y brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje. Una mayor audibilidad con audífonos se asocia con mejores resultados en el lenguaje en edad preescolar. — Una proporción sustancial (más de la mitad) de los audífonos de los niños no se ajustan de manera óptima, lo que afecta negativamente a la audibilidad asistida. — La adaptación precoz de audífonos facilita mejores resultados en las primeras adquisiciones lingüísticas, pero los niños adecuadamente adaptados más tarde, presentan patrones de crecimiento acelerado en el lenguaje cuando dicha adaptación se lleva a efecto. La adaptación de audífonos correctamente programados brinda cierto grado de protección contra el retraso del lenguaje en edad preescolar. — El uso continuado de audífonos proporciona cierta protección contra el retraso del lenguaje y favorece el desarrollo auditivo. — Las dimensiones cualitativas de la intervención de los especialistas (audiólogos y logopedas) influyen en los resultados del lenguaje del niño. — Tanto el nivel de lenguaje receptivo como la audibilidad asistida influyen en las habilidades funcionales auditivas y de reconocimiento del habla de los niños. — Los niños con dificultades auditivas parecen tener un riesgo particular de sufrir retrasos en los aspectos estructurales, es decir, formales, del lenguaje. — La valoración fundamentada exclusivamente en puntuaciones normativas puede sobrestimar (yo diría que también subestimar) los resultados de los niños con dificultades auditivas. — Según las conclusiones de este estudio, los ajustes y prestaciones de la audibilidad asistida, el uso regular de los audífonos y las características del entorno lingüístico interactúan para moderar la influencia de la pérdida auditiva en los resultados de los niños. Es, por tanto, nuestra responsabilidad estudiar con detenimiento cada caso de hipoacusia infantil, valorar la adaptación protésica más adecuada, tanto en capacidad de amplificación como en formato y prestaciones, y utilizar todos los recursos a nuestro alcance para proporcionar una amplificación óptima: evaluación auditiva exhaustiva, tonal y verbal, método prescriptivo apropiado, medidas de la amplificación en oído real o en caja, valoración funcional de la ayuda proporcionada, seguimiento de la adaptación, etc. En lo relativo a nuestro papel en la adaptación, Wolfe hace referencia al cuarto y último de nuestros «sombreros»: el de coaches o mentores. No podemos eludir la enorme responsabilidad que tenemos a la hora de instruir a las familias sobre el adecuado uso de los audífonos. Son importantes las cuestiones prácticas de manejo y colocación, de limpieza, de cambio de pilas o recarga de baterías. También es conveniente orientarles sobre las ayudas técnicas de las que pueden disponer y que consideramos adecuadas en cada caso, así como de los procedimientos para acceder a ellas. Las familias tienen que conocer las claves para generar en la vida diaria entornos en los que el aprendizaje incidental pueda producirse y aprovechar al máximo estas oportunidades. Pero cuando Wolfe habla de mentores y coaches se refiere principalmente al compromiso de inculcar a los padres la absoluta necesidad de usar los audífonos de forma continuada y de generar, como hemos visto anteriormente, situaciones facilitadoras de aprendizaje. Señala la trascendencia de que los familiares hablen, canten, lean cuentos y jueguen con los niños desde el primer minuto, de que narren -como si fueran los comentaristas de un partido- las actividades cotidianas que realizan con ellos. Según sus propias palabras, el lenguaje hablado es el «nutriente» que mejor alimenta el desarrollo del cerebro, y hablar, cantar, leer y jugar son las mejores maneras de desarrollar los cerebros de los pequeños. Los audiólogos pediátricos somos catalizadores de sueños cuando favorecemos las condiciones para que estos niños alcancen un adecuado desarrollo del lenguaje comprensivo y expresivo. Una vez revisados todos estos aspectos, a nadie se le escapa que ser audiólogo pediátrico es una tarea compleja; no hay que tenerle miedo, pero hay que formarse bien y, a la vista de lo expuesto anteriormente, ser muy conscientes de lo que tenemos entre manos. Nuestros «sombreros» no solo son importantes para garantizar el desarrollo auditivo de los niños, sino también para abrirles las puertas a un futuro lleno de posibilidades, comunicación y calidad de vida. Este artículo es una adaptación personal de: https://audiologyblog.phonakpro.com/the-many-hats-pediatric-audiologists-must-wear/ Para saber más: Burigo, L. S. P., Quialheiro, A., de Paiva, K. M., dos Santos, T. V., Woide, L. K., Cigana, L. B., Massignani, J., & Haas, P. (2024). Hearing and Language Skills in Children Using Hearing Aids: Experimental Intervention Study. Journal of Personalized Medicine, 14(4), 372. https://doi.org/10.3390/jpm14040372 Moeller, M. P., Tomblin, J. B., & OCHL Collaboration (2015). Epilogue: Conclusions and Implications for Research and Practice. Ear and hearing, 36 Suppl 1(0 1), 92S–8S. https://doi.org/10.1097/AUD.0000000000000214. Sahli, a. s. (2024). Cochlear implantation in children with hearingloss. Current Research in Medicine and Health Sciences-2024, 57. Werker, J. F., & Hensch, T. K. (2015). Critical periods in speech perception: New directions. Annual Review of Psychology, 66, 173–196. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010814-015104 Yoshinaga-Itano C. (2003). From Screening to Early Identification and Intervention: DiscoveringPredictors to Successful Outcomes for ChildrenWith Significant Hearing Loss. Journal of deafstudies and deafeducation, 8(1), 11–30. https://doi.org/10.1093/deafed/8.1.11 Myriam GonzálezAudióloga / Audioprotesista CV autor: Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia. Técnico Superior en Audiología Protésica.   Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos.  
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