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Patologías del oído externo

Artículo Científico

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Patologías del oído externo: aspectos a tener en cuenta en las adaptaciones audioprotésicas

Una visión general de las patologías del oído externo más habituales en la clínica diaria y de sus posibles soluciones auditivas.

Artículo Científico

Laura Palomino*
Audióloga y Audioprotesista
Experto en Audiología por la Universidad de Salamanca

* Todas las imágenes utilizadas pertenecen a la autora y al banco de imágenes de uso libre con licencia Open-I.

Las patologías de oído externo son muy comunes en el día a día de un gabinete de audiología. Todas tienen el denominador común de la hipoacusia de transmisión, pero cada una de ellas podrá tener diferentes tipos de soluciones auditivas. En este artículo intentaremos hablar de la mayoría de las patologías, sus peculiaridades y sus posibles adaptaciones.

Denominamos oído externo a la estructura formada por el pabellón auricular (PA), también llamado oreja, y el conducto auditivo externo (CAE). Este está cerrado en su extremo interno por la membrana timpánica o tímpano. Dependiendo de la bibliografía que consultemos encontraremos que el tímpano forma parte del oído externo o del oído medio.

Como ya sabemos, los pabellones auriculares captan las ondas sonoras y las dirigen hacia el CAE. Este queda protegido básicamente por su orientación dentro de la concha y por la presencia del trago y del antitrago. Así, el oído externo (PA y CAE) conduce y amplifica el sonido a la vez que protege el oído.

Gracias a su posición a ambos lados de la cabeza, los pabellones auditivos nos otorgan, además, una función fundamental para la audición: la localización de la fuente sonora.

La cabeza, que funciona como una pantalla acústica, hace que las ondas sonoras lleguen a cada uno de los pabellones auriculares con diferencias de tiempo e intensidad. Esta audición binaural mejora la sensación perceptiva, la inteligibilidad y la localización del sonido. Este efecto desaparece en las personas que por causas traumáticas han perdido el PA. A estas personas les resulta difícil precisar de qué lado procede el sonido, sobre todo si es emitido por detrás de ellas. Esto es debido a que como la oreja es prácticamente inmóvil, la orientación hacia el sonido se consigue mediante movimientos de cabeza y se lleva a cabo en dos planos, el plano horizontal y el plano vertical.

Las patologías de oído externo a las que haremos alusión pueden clasificarse del siguiente modo:

– Patologías congénitas de oído externo.
– Oclusión o taponamiento del CAE.
– Enfermedades inflamatorias del PA y del CAE.
– Tumores del PA y del CAE.

Patologías congénitas del oído externo

Las patologías congénitas del oído externo son, fundamentalmente, patologías malformativas. Se definen como alteraciones de la forma de un órgano producidas por un desarrollo embrionario anómalo (por enfermedades víricas, herencia o intoxicaciones en el embarazo) y se suelen acompañar de alteraciones funcionales. La frecuencia de aparición es de 1/10000 nacimientos sin preponderancia de sexo, aunque sí que suelen ser generalmente unilaterales. La mayoría de ellas tiene solución mediante cirugía.

Estas anomalías se asocian, a veces, a malformaciones del oído medio, ocasionando importantes hipoacusias de transmisión (podemos encontrar umbrales descendidos hasta los 60 dB cuando afecta también al oído medio).

La evaluación de estos pacientes por parte del personal médico requerirá un examen de cabeza y cuello que excluya patologías congénitas adicionales. La lista de síndromes es muy extensa e incluye el de Goldenhar, el de Treacher Collins o el de Robinow.

Entre las malformaciones congénitas del PA y del CAE más frecuentes se encuentran:

Anotia: ausencia del PA, generalmente unilateral. Suelen asociarse a atresia del CAE y a malformación del oído medio (Fig. 1.A).

Fig. 1. A. Anotia del oído izquierdo. Se observa ausencia del pabellón auricular y el conducto auditivo no es visible.

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Atresia: desarrollo insuficiente del PA, mostrándose deforme. Muy a menudo se encuentra también afectada la parte cartilaginosa del CAE que, a su vez, afecta a la parte ósea del mismo. Este tipo de malformación produce una hipoacusia de transmisión moderada que suele ser unilateral salvo cuando va asociada a síndromes polimalformativos complejos como el síndrome de Turner, el síndrome de Pierre-Robín o el de Treacher-Collins (Fig. 1.B).

Fig. 1. B. Atresia de oído izquierdo. Existe parte cartilaginosa del pabellón auditivo, pero insuficiente para constituirlo como tal. No se aprecia el conducto auditivo.

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Estenosis: estrechamiento del CAE. Puede ser debido a una atresia completa o un colesteatoma, que producirá una pérdida conductiva de hasta 60 dB (Fig. 1.C).

Fig. 1. C. Estenosis del conducto auditivo del oído derecho. El estrechamiento de las paredes del conducto es tal que impide la correcta visibilidad del tímpano.

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Fístula auris: pequeño orificio delante del trago, generalmente asintomático y de herencia familiar.

Macrotia: desarrollo exagerado de los pabellones auriculares, pero con configuración anatómica normal. Suele ser bilateral.

Microtia: desarrollo escaso del PA. Se puede clasificar en tres grados diferentes dependiendo del aspecto que presente el pabellón comparado con uno normal.

Microtia: desarrollo escaso del PA. Se puede clasificar en tres grados diferentes dependiendo del aspecto que presente el pabellón comparado con uno normal.

Orejas en asa o separadas: lo normal es tener una separación de 25º con el plano del cráneo, pero en estos casos la separación de los pabellones puede llegar hasta 90º (Fig. 1.D).

Fig. 1. D. Antes y después de una cirugía de orejas en asa. En la primera foto, antes de la operación, se aprecia una separación mayor de 25º con respecto al cráneo.

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Poliotia: apéndices auriculares supernumerarios.

Tubérculo de Darwin: eminencia que se encuentra en el borde del hélix. Le confiere a la oreja una forma puntiaguda.

En general, las malformaciones más simples, como el tubérculo de Darwin o la fístula auris, no van a provocar ningún tipo de pérdida auditiva en los pacientes. Pero, si el paciente tuviese una hipoacusia asociada, estas malformacionesno dificultarían la utilización de prótesis por vía aérea (intracanales o retroauriculares) u ósea.

Son las malformaciones congénitas con ausencia de CAE las que nos obligarán a utilizar prótesis por vía ósea, así como aquellas secuelas postraumáticas que cursan con deformidad grave del CAE. En estos casos, el abanico de posibilidades de adaptación también contempla diferentes soluciones protésicas. Dispositivos como Baha o Ad-Hear son muy buenas propuestas en estos casos (Fig. 2).

Figura 2
Niño con atresia del oído derecho y dispositivo de conducción ósea Baha Attract.

Figura-2-artesia-oido-izquierdo

Oclusión o taponamiento del CAE

En los casos de oclusión o taponamiento, el grado de hipoacusia conductiva dependerá de la obstrucción total o parcial del CAE. Esta puede deberse a un tapón de cerumen (el más habitual), un cuerpo extraño (Fig. 3), un coágulo tras la hemorragia por erosión o herida de la piel del conducto, etc. Al eliminar la causa se recupera la audición.

CUERPOS EXTRAÑOS EN EL CAE

Su sintomatología puede pasar desde desapercibida hasta producir grandes molestias o, incluso, dolor. Cuando el cuerpo extraño son larvas de insectos se dice que hay miasis.

En nuestro gabinete, lo más habitual será encontrar obstructores o filtros dentro de los oídos. En estos casos, lo más recomendable es, primero, extraer el objeto tranquilizando al paciente y posteriormente, repasar la correcta manipulación y mantenimiento de los audífonos. En ocasiones, tendremos que considerar utilizar otro tipo de obstructores o fabricar micromoldes para poder volver al uso normal de los audífonos.

Figura 3

Cuerpos extraños en el CAE: oído derecho e izquierdo de un paciente con arena en los conductos auditivos. En este caso el cuerpo extraño es muy pequeño y el paciente no refiere sintomatología.

figura-3-CAE

TAPONES

Hay que distinguir entre dos tipos de tapones: los de cerumen y los epidérmicos.

En los tapones ceruminosos el paciente acude generalmente porque nota una pérdida más o menos brusca de audición. Pueden aparecer también acúfenos y sensación de plenitud ótica o de cuerpo extraño en el CAE. En la exploración con el otoscopio se aprecia una masa parda o casi negra que ocupa todo el calibre del CAE. Afecta por igual a hombres y a mujeres, pero hay más casos de tapones en aquellas personas con conductos auditivos estrechos y en usuarios de audífonos (por el propio tapón que supone el audífono para la expulsión de la cera del CAE de manera natural).

Los tapones epidérmicos están formados por superposición de varias capas descamadas de la piel que se enrollan formando masas de color gris o amarillo claro.

Cuando un paciente usuario de audífonos presenta un tapón, su queja principal suele ser de pitidos del audífono. Efectivamente, el audífono, en presencia del tapón, pierde las referencias con las que trabaja su antifeedback. Este desajuste provoca que la onda sonora emitida vuelva a ser captada por los micrófonos resultando en un acople del sonido, es decir, en una retroalimentación del audífono.

Para corregir esto, será conveniente la retirada por parte del profesional correspondiente del tapón y, una vez hecho, pasar de nuevo el test antifeedback. Ahora el audífono deberá volver a funcionar con normalidad.

Enfermedades inflamatorias del PA y del CAE
Dentro de este grupo podemos encontrar: heridas del pabellón auricular, otohematomas, pericondritis, congelaciones, quemaduras y otitis. Aquí hablaremos de las más comunes en nuestra práctica.

TRAUMATISMOS

Los traumatismos del oído externo afectan normalmente al PA debido a su posición. El CAE suele lesionarse menos, pero es muy frecuente encontrar heridas en personas con dermatitis (Fig. 4) o en aquellas que suelen usar bastoncillos u otros objetos para limpiar la cera.
En portadores de audífonos, esto aumenta el riesgo de padecer otitis externas por alteración de los mecanismos naturales de autodesinfección y autolimpieza del conducto.

Figura 4
Paciente con dermatitis en el CAE del oído derecho. Se observa irritación y herida en pared medial debido a rascado.

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OTOHEMATOMA

Acúmulo de sangre entre el esqueleto cartilaginoso de la oreja y su pericondrio. Es típico que aparezcan tras golpes romos discretos pero repetidos con frecuencia (por ejemplo en boxeadores). Se observa tumefacción blanda del PA o de parte de él. Suele ser poco doloroso y de color rojizo.
Si el otohematoma es muy agudo, puede ser que la inflamación reduzca considerablemente el calibre del CAE, teniendo que retirar los audífonos momentáneamente hasta su recuperación.

OTITIS EXTERNA

Las otitis son enfermedades inflamatorias del CAE normalmente ocasionadas por bacterias Gramnegativas (otitis externa difusa, otitis externa bullosa, etc.). Suele ser una afección muy frecuente en primavera y verano y, especialmente, cuando hay sequedad del CAE y escasez de cerumen. En la clínica se refiere dolor en mayor o menor medida, otorrea, prurito, sensación de plenitud ótica y/o ensordecimiento. Otro tipo de otitis de mayor gravedad (como la otitis externa maligna) puede incorporar síntomas como afectación de pares craneales o complicaciones endocraneanas.

Las otitis externas serán un impedimento para el uso de los audífonos, especialmente aquellos que sean intracanales, durante el proceso de la enfermedad. En estos casos, lo prioritario es permitir que el oído pueda estar ventilado para facilitar la expulsión de la otorrea y no empeorar los síntomas. Además, en aquellas otitis externas que sean de base eccematosa, los audífonos pueden producir maceración sobre la piel.

Con frecuencia, nos hemos encontrado en la práctica diaria a pacientes que seguían usando los audífonos mientras sus oídos supuraban por la infección. De este modo, no solo se contribuye a empeorar la patología (por la falta de ventilación y acúmulo de secreciones que se generan en el oído), sino que aumenta el riesgo de avería de los audífonos debido a la humedad e infiltraciones de la supuración en los auriculares.

OTOMICOSIS

Se desarrollan especialmente en verano gracias a la humedad que se produce en el CAE. En una revisión con otoscopio se observan masas de hongos que pueden tomar diferentes formas, pero especialmente de formaciones algodonosas. El paciente refiere principalmente picor y otorrea, aunque esta no suele ser muy intensa.

Para su tratamiento es muy importante la limpieza del CAE, usar un antifúngico y evitar a toda costa el contacto de la zona afectada con agua. Igual que con las otitis externas, el paciente deberá retirar los audífonos mientras dura el tratamiento para facilitar la recuperación del oído.

Tumores del PA y del CAE

La presencia de prominencias o abultamientos en la piel del PA y del CAE (a veces acompañadas de inflamaciones en ganglios linfáticos o zonas vecinas) debe ser consultada con un especialista. Según su localización y tamaño puede ocluir el conducto (dificultando ligeramente la audición) o suponer una molestia (por roce, compresión, etc.) al adaptar un audífono.

Dos de los tumores benignos que más frecuentemente podemos encontrar en nuestra práctica son las exostosis y los osteomas.

Las exostosis son neoformaciones de hueso en la porción medial del CAE. Son múltiples y bilaterales y surgen como resultado de una estimulación del periostio inducida por agua fría. (Fig. 5). Los osteomas, en contra, constituyen una sola formación. Suelen ser pedunculados y, a menudo, con núcleo vascular.

Aunque tanto la exostosis como los osteomas suelen ser asintomáticas y de crecimiento lento, a veces se recomienda la extracción de los mismos, pues una lesión agrandada puede llegar a ocluir el CAE provocando así una pérdida de audición conductiva y la posibilidad de infecciones.

Aunque tanto la exostosis como los osteomas suelen ser asintomáticas y de crecimiento lento, a veces se recomienda la extracción de los mismos, pues una lesión agrandada puede llegar a ocluir el CAE provocando así una pérdida de audición conductiva y la posibilidad de infecciones.

No hay ninguna contraindicación para el uso de audífonos en estos casos, pero será más aconsejable el uso de modelos tipo RITE o BTE por el crecimiento de las masas en el CAE.

Para finalizar, si bien los pacientes aquejados de las patologías aquí descritas necesitarán de supervisión médica, es nuestra responsabilidad como profesionales sanitarios conocer sus causas, síntomas y tratamientos. Como audiólogos, es nuestro deber saber en qué casos es recomendable derivar al especialista y, sobre todo, cómo ayudar a mejorar la calidad auditiva de nuestros pacientes: bien sea aportando soluciones protésicas a aquellos casos en los que esta sea una opción, o reajustando las prótesis de aquellos pacientes que ya sean usuarios.

Figura 5

Exostosis del conducto auditivo en un oído izquierdo. Se aprecian múltiples prominencias que disminuyen el calibre normal del conducto.

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BIBLIOGRAFÍA

Angulo, Antonia et al. (1997). Audioprótesis: teoría y práctica: Masson.
Bajo, Sonia. (2018). Soluciones auditivas en hipoacusias conductivas: Gaceta Audio, 21 (37-41).
Gil-Carcedo, Luis María et al. (2011). Otología: Panamericana.
Katz, Jack et al. (2015). Handbook of Clinical Audiology: Wolters Kluwer.
Lalwani, Anil K (2005). Current Diagnosis & Treatment. Otolaryngology – Head & Neck Surgery: Mc Graw Hill.
Roland, Peter S. et al. (1997). Disorders of the External Auditory Canal: Journal of the American Academy of Audiology, 8 (367-378).

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Laura Palomino
Audióloga y Audioprotesista

Audióloga y Audioprotesista en Rv Alfa.
Experto en Audiología por la Universidad de Salamanca.
Máster en Optometría clínica avanzada e Investigación, Centro Boston de Optometría y la UCJC.
rvalfa.com

revistagacetaudio@gmail.com

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